- La exposición estratégica a metales preciosos se posiciona como el catalizador principal para revitalizar los márgenes de beneficio ante el riesgo soberano y garantizar la competitividad patrimonial en una era de nacionalismo de recursos.
- La exposición estratégica a metales preciosos se posiciona como el catalizador principal para revitalizar los márgenes de beneficio ante el riesgo soberano y garantizar la competitividad patrimonial en una era de nacionalismo de recursos.
La cotización del oro ha logrado una hazaña sin precedentes al consolidarse por encima de la marca de los 4.700 dólares por onza durante la jornada de negociación de este martes. Este movimiento alcista ha sido impulsado por el estancamiento de las negociaciones en Davos respecto al control de Groenlandia, donde la administración estadounidense mantiene su amenaza de imponer aranceles a ocho naciones de la Unión Europea. La incertidumbre sobre la respuesta del bloque europeo y la intención del presidente francés Emmanuel Macron de activar instrumentos de defensa comercial han generado un flujo de capital masivo hacia el metal amarillo, el cual ha registrado un incremento del 75% en los últimos doce meses.
Los inversionistas institucionales han interpretado la falta de un fallo de la Corte Suprema sobre los aranceles de Trump como una señal de persistencia en la inestabilidad regulatoria, lo que refuerza el estatus del oro como el activo de reserva final en tiempos de fragmentación geopolítica.
La plata alcanza niveles inéditos
De manera paralela, la plata ha protagonizado un repunte agresivo, alcanzando un máximo histórico de 94 dólares por onza, lo que representa una triplicación de su valor en el último año calendario. Este despertar de los metales blancos se produce en un contexto de alta fragilidad en los mercados de renta fija global, donde un colapso en los bonos del gobierno japonés ha generado ondas de choque en las tasas internacionales. Las propuestas de recorte de impuestos y el elevado déficit fiscal en las economías desarrolladas han llevado a los operadores a apostar por la inflación como la única vía hacia la solvencia soberana, lo que beneficia directamente a las materias primas duras. El canciller alemán Friedrich Merz ha intentado moderar la retórica europea frente a los ataques de Washington hacia sectores específicos como el vino y el champán francés, buscando evitar una guerra comercial total que erosione aún más la confianza en el sistema monetario basado en el dólar.
El impacto geopolítico
La amenaza de imponer aranceles de hasta el 25% sobre aliados históricos ha fracturado el mercado de divisas, impulsando el denominado comercio de Sell America (fuga masiva de capitales: caen los precios de los bonos del Tesoro, repunta el rendimiento y el índice del dólar retrocede cerca de 1% frente a las divisas con mayor intercambio). Además, el sentimiento general ha girado hacia un hyper-bull (hiper-alcista), provocando que los niveles de efectivo en las carteras caigan drásticamente hasta el 3,2%. Según el informe de BofA, un neto del 38% de los gestores espera ahora una economía más fuerte, mientras que los temores a una recesión han caído a su mínimo en dos años y el escenario de un "no aterrizaje" económico se ha consolidado como el caso base.
Esta euforia, sin embargo, ha desplazado a la burbuja de la IA como el principal "riesgo de cola", situando a la geopolítica en el centro de las preocupaciones institucionales. En este contexto, el oro largo se ha posicionado como el comercio más saturado del mercado, funcionando como el lastre necesario para estabilizar carteras desprovistas de liquidez que han abandonado las coberturas tradicionales. Bajo esta lógica fundamental, la rotación hacia activos tangibles ignora las métricas de sobrecompra, consolidando la ruptura del oro por encima de los 4.700 dólares como una póliza de seguro obligatoria ante la degradación monetaria y la inestabilidad del sistema transatlántico.
Análisis técnico
El mercado de metales preciosos mantiene una estructura alcista sólida, aunque con matices técnicos distintos en cuanto a su madurez y riesgo de reversión. Mientras la plata exhibe una tendencia con margen de expansión, el oro comienza a mostrar señales de estiramiento extremo en sus niveles de volatilidad.
La plata conserva un sesgo marcadamente alcista, operando con una diferencia del 7% respecto a su EMA de 50 periodos. Esta brecha, lejos de ser una señal de agotamiento, se ve respaldada por la arquitectura de las Bandas de Bollinger. El hecho de que el precio se mantenga oscilando dentro del canal superior sin perforar de forma agresiva la banda externa sugiere que todavía existe espacio para que la tendencia se prolongue en el corto plazo. Mientras la cotización respete la banda superior como un límite dinámico y no como una barrera de ruptura, el escenario de continuidad sigue siendo el más probable.
En contraste, el oro presenta una tendencia alcista (validada por una brecha del 3,40% sobre su EMA de 50), con una lectura de volatilidad que advierte sobre un posible techo temporal. El precio actual ha comenzado a penetrar la banda superior de Bollinger, un comportamiento que técnicamente suele preceder a una reversión a la media o a una fase de consolidación por sobrecompra. Esta incursión fuera de los límites de desviación estándar indica que el movimiento ha alcanzado un punto de clímax, incrementando las probabilidades de un retroceso técnico hacia niveles de soporte dinámico.
Fuente: xStation5
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