- Japón habría destinado cerca de US$100.000 millones en dos jornadas, con US$53.000 millones el jueves y US$33.000 millones el viernes, y logró un avance semanal del yen de 4,09% frente al dólar.
- Washington vendió euros en lugar de dólares para comprar yenes, una decisión que evita debilitar su propia moneda mientras protege el mercado de bonos del Tesoro de una eventual liquidación japonesa.
- Una subasta fallida de bonos japoneses a diez años el martes elevó el rendimiento a 2,87% y devolvió al USD/JPY unos 300 puntos básicos, borrando un tercio del efecto de la intervención.
- Japón habría destinado cerca de US$100.000 millones en dos jornadas, con US$53.000 millones el jueves y US$33.000 millones el viernes, y logró un avance semanal del yen de 4,09% frente al dólar.
- Washington vendió euros en lugar de dólares para comprar yenes, una decisión que evita debilitar su propia moneda mientras protege el mercado de bonos del Tesoro de una eventual liquidación japonesa.
- Una subasta fallida de bonos japoneses a diez años el martes elevó el rendimiento a 2,87% y devolvió al USD/JPY unos 300 puntos básicos, borrando un tercio del efecto de la intervención.
Cuando Donald Trump describió la participación estadounidense en la intervención cambiaria como un gesto de amistad hacia Japón, ofreció la explicación menos plausible de todas las disponibles. Washington no movilizó a la Reserva Federal de Nueva York por cortesía diplomática, sino porque un yen en caída libre amenaza directamente tres cosas que le importan: el precio de su propia deuda, la eficacia de su política arancelaria y la estabilidad de la operación financiera más apalancada del mundo. Entender ese cálculo exige mirar menos a Tokio y más al mercado de bonos del Tesoro.
La verdadera razón está en el extremo largo de la curva estadounidense
Fuente: Tradingeconomics.
Japón es el mayor tenedor extranjero de bonos del Tesoro, de modo que cada vez que su Ministerio de Finanzas interviene en solitario necesita liquidar parte de esa cartera para obtener los dólares que luego venderá contra yenes. Ese flujo vendedor presiona al alza los rendimientos estadounidenses justo cuando el extremo largo ya está tensionado, con el bono a treinta años tocando 5,27%, su nivel más alto desde 2007. Existe además un canal indirecto igual de relevante, dado que un yen débil obliga a los inversionistas japoneses a desprenderse de bonos locales, lo que empuja los rendimientos de los JGB desde el 1,5% de hace un año hasta cerca de 2,87%, y a medida que ese papel se vuelve competitivo a escala global, la demanda japonesa por deuda estadounidense se reduce. La participación de Washington refleja el temor a que la inestabilidad del mercado de bonos japonés termine contagiando al del Tesoro.
Cuando el mayor tenedor extranjero de deuda estadounidense se convierte en vendedor, el extremo largo debe revalorizarse por completo. Bajo esa lectura, el episodio se parece menos a una operación cambiaria de rutina y más al inicio de un reordenamiento del sistema, aunque conviene tomar esa interpretación como una hipótesis y no como un hecho establecido.
Por qué Washington vendió euros y no dólares
La Reserva Federal de Nueva York vendió euros contra yenes por cuenta del Tesoro, en lugar de vender dólares, y esa decisión responde a un problema de coherencia interna. Vender la propia moneda para comprar otra habría debilitado al dólar de forma explícita, algo incompatible con la retórica oficial de moneda fuerte y potencialmente contraproducente para el mercado de deuda que se buscaba proteger.
Una foto de Reuters tomada durante la reunión del Gabinete del presidente Trump en Camp David el viernes mostró una libreta que pertenecía al secretario del Tesoro, Scott Bessent, con una lista escrita a mano de "Pendientes" que incluía "Comprar yenes japoneses (JPY) $5–10 bil.
Según datos de la CFTC, los especuladores mantienen su mayor posición larga bruta en dólares frente a divisas desarrolladas y emergentes de la que se tenga registro, mientras la posición larga neta en euros contra yenes alcanza su nivel más alto en dos años. Operar sobre el cruce EUR/JPY equivalía, por tanto, a empujar una puerta que ya estaba abierta. Hay también un componente comercial que rara vez se menciona, un yen artificialmente débil neutraliza buena parte de la ventaja que Washington buscaba con sus aranceles, porque abarata los productos japoneses en dólares y compensa el efecto del gravamen. Corregir el tipo de cambio equivale, desde esa óptica, a restituir la eficacia de la política comercial sin necesidad de subir tarifas.
La venta de euros genera más preguntas que respuestas, porque el mercado inevitablemente se cuestionará por qué Estados Unidos no financió la compra con dólares, y sostiene que la intervención cambiaria es fundamentalmente un juego de confianza donde sembrar dudas resulta costoso.
El carry trade convierte un problema local en uno global
El yen es la principal moneda de financiamiento del carry trade mundial, una estrategia que consiste en endeudarse a tasas bajas en Japón para invertir en activos de mayor rendimiento, desde el peso mexicano hasta la renta variable tecnológica estadounidense. Esa operación superó el retorno total del S&P 500 durante los últimos cinco años, según datos de Bloomberg, lo que da una idea del capital acumulado y de la magnitud del riesgo asociado.
El problema aparece cuando la moneda se aprecia con rapidez, porque los inversionistas apalancados deben entonces vender sus posiciones de mayor rendimiento y recomprar yenes, lo que acelera la apreciación y genera pérdidas en cascada sobre divisas emergentes, crédito y acciones de alta beta, tal como ocurrió con efecto caótico hace dos años. La intervención coordinada busca cortocircuitar el riesgo de un colapso del yen, un disparo de los rendimientos japoneses y un contagio hacia los bonos de Corea y Taiwán.
El incentivo para apostar contra el yen, sin embargo, permanece intacto. Con el diferencial de tasas superando los 200 puntos base en el tramo corto de la curva y un alza plenamente descontada para cada banco central antes de fin de año, la rentabilidad de mantener posiciones cortas sigue siendo superior a la que ofrecen apuestas equivalentes contra el dólar canadiense o el euro.
La subasta de bonos japoneses expuso el límite de la operación
El desenlace llegó apenas cuarenta y ocho horas después, con la primera subasta relevante de bonos japoneses a diez años tras la intervención resultó catastrófica, con una cola que fue la segunda mayor desde el inicio del siglo y una relación de demanda sobre oferta de 2,56 veces frente a un promedio de 3,3, la más baja desde mayo de 2025. El rendimiento del papel a diez años saltó hasta 2,87%, aproximándose al máximo de julio en torno a 2,90%.
Ratio de cobertura de ofertas en la subasta de bonos japoneses a 10 años. Fuente: Zerohedge.
Ese resultado explica por qué la operación no logró consolidarse, la tibia recepción de la subasta demuestra que la intervención no cambió el sentimiento hacia los activos japoneses, y la continuidad debe venir del Banco de Japón antes que del Tesoro estadounidense o del Ministerio de Finanzas. El USD/JPY, que había caído hasta 155,20 el lunes, recuperó cerca de 300 puntos básicos y borró aproximadamente un tercio del efecto conseguido con casi US$100.000 millones.
El Banco de Japón elevó su tasa a 1%, máximo en treinta y un años, pero se resiste a acelerar porque un alza pronunciada comprometería un mercado de deuda donde la propia entidad ya posee más de la mitad del papel en circulación. La reunión del 17 y 18 de septiembre concentra ahora las expectativas, con el mercado dividido entre un escenário de alza y un movimiento recién en enero de 2027.
Análisis técnico del USD/JPY en D1 y M15
En gráfico diario, el USD/JPY cotiza en 157,55 tras una vela bajista que perforó el canal ascendente vigente desde marzo de 2025 y dejó al par por debajo de sus medias móviles de 200 y 50 periodos, ubicadas en 158,52 y 161,44, con un RSI desplomado hasta 25,6 que refleja sobreventa extrema. El soporte relevante aparece en 155,11 y luego en 152,44, mientras la recuperación de 157,92 y 160,44 marcaría el retorno a la estructura previa.
Fuente: xStation5.
En gráfico de 15 minutos, el par consolida justo entre ambas medias, con la de 200 periodos en 157,35 actuando como soporte inmediato y la de 50 en 157,63 como resistencia, en un rango estrecho que va desde 156,32 hasta 157,84. Un RSI en 50,7 y un ADX cercano a 24 confirman la ausencia de dirección definida, coherente con un mercado que espera el próximo movimiento de las autoridades antes de comprometerse.
Fuente: xStation5.
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