- La narrativa de la inteligencia artificial sigue siendo el principal motor del mercado tecnológico.
- Los bonos y yields altos empiezan a presionar las valoraciones, especialmente en compañías más especulativas.
- El mercado está entrando en una fase más selectiva, donde importan más los beneficios reales y la monetización.
- La narrativa de la inteligencia artificial sigue siendo el principal motor del mercado tecnológico.
- Los bonos y yields altos empiezan a presionar las valoraciones, especialmente en compañías más especulativas.
- El mercado está entrando en una fase más selectiva, donde importan más los beneficios reales y la monetización.
La inteligencia artificial ha demostrado que puede convivir con tasas altas bastante mejor de lo que muchos esperaban. La pregunta ya no es si el rally puede seguir con yields elevadas. La pregunta es dónde está el punto en el que los bonos dejan de ser ruido y empiezan a convertirse en un freno serio.
Ese punto importa porque el mercado está enviando dos mensajes al mismo tiempo. Por un lado, sigue premiando a las grandes tecnológicas y a los semiconductores porque el crecimiento de beneficios ligado a IA sigue siendo muy fuerte. Por otro, la deuda pública está recordando que el costo del dinero importa, y mucho, cuando las valoraciones ya están exigidas. Lo interesante no es elegir entre una historia u otra. Lo interesante es entender cómo conviven.
La IA sigue liderando el mercado
Ahora mismo, la historia de la IA sigue mandando. BlackRock resumía hace unos días una idea muy útil: no ve contradicción entre mercados estadounidenses en máximos y yields altos, porque el mercado está poniendo precio a dos cosas a la vez, crecimiento impulsado por IA y prima inflacionaria/geopolítica. Eso explica bastante bien lo que hemos visto en las últimas semanas. El mercado no está actuando como si la aumentos de los rendimientos negara el rally. Está actuando como si, de momento, el crecimiento de beneficios compensara ese endurecimiento financiero.
Y la base fundamental de esa fortaleza sigue siendo potente. UBS insistía en que la exposición a inteligencia artificial continúa siendo clave porque el crecimiento del sector sigue siendo sólido, los grandes resultados han acompañado y el mercado todavía ve recorrido en el capex tecnológico. J.P. Morgan va más allá y en su outlook de mitad de año sitúa la IA como uno de los tres grandes motores del nuevo régimen de mercado, junto con fragmentación e inflación. Es decir, la IA ya no es una tendencia de mercado. Es un eje central de asignación.
El riesgo de los bonos y la subida de yields
Pero conviene no pasarse. Los bonos sí pueden frenar el rally. No lo frenan necesariamente por existir, sino por el nivel al que llegan y por lo que implican. El Treasury a 30 años está cerca del 5,13%, su nivel más alto desde 2007, mientras Japón y Europa también ven cómo la parte larga de la curva seguía tensionándose. Ese tipo de movimiento no es irrelevante para la tecnología. Cuando la parte larga de la curva sube con esa fuerza, sube también la tasa de descuento sobre beneficios futuros, y eso afecta justo al tipo de compañías que mejor han corrido con la narrativa de IA.
Ahí está el punto delicado. La IA nos cuenta una historia de crecimiento de muy largo plazo. Y las historias de largo plazo son precisamente las más sensibles al costo del dinero. Una compañía que promete enormes beneficios dentro de tres, cinco o diez años vale menos hoy si el bono a largo plazo se pone a ofrecer un retorno más alto y más visible. Ese mecanismo no es teórico. Es matemático. Y por eso los bonos pueden hacer daño incluso cuando el negocio sigue yendo bien.
Lo que pasa es que, hasta ahora, la fuerza del ciclo de inversión ha sido más poderosa. Morgan Stanley lo ha descrito como un gasto en IA extraordinariamente poco sensible al precio. Su lectura es clara: el capex sigue subiendo porque los grandes grupos consideran que no invertir lo suficiente en infraestructura de IA es mucho más peligroso que invertir demasiado. Dicho de otra forma, el miedo a quedarse atrás sigue siendo mayor que el miedo al coste del capital. Mientras eso sea así, los bonos molestan, pero no frenan la narrativa.
El mercado empieza a ser más selectivo
Eso encaja con lo que se ve por dentro del mercado. No todas las acciones de IA están reaccionando igual. Las más grandes, las que ya tienen caja, escala, beneficios y control del ecosistema, están soportando mejor el entorno de yields altas. Las más pequeñas, más especulativas o más dependientes de promesas lejanas, son bastante más vulnerables. Y eso tiene lógica. Cuando suben los rendimientos, el mercado se vuelve más selectivo. Sigue comprando ganadores evidentes, pero empieza a castigar con más facilidad las historias que necesitan demasiado tiempo o demasiado crédito para demostrar que tenían razón.
Esa es la parte donde los bonos sí están empezando a hacer de filtro.
J.P. Morgan ya advertía en su outlook que, en un escenario de corrección tecnológica seria, la renta fija volvería a comportarse como contrapeso potente. El mensaje es bastante simple: cuanto más estirado está el trade tecnológico, más relevante se vuelve la competencia del bono. No porque el bono tenga una historia mejor, sino porque empieza a ofrecer rendimiento visible en un mundo donde algunas tecnológicas ya descuentan un crecimiento perfecto.
Además, hay una cuestión de composición del rally que no conviene pasar por alto. La subida reciente del mercado ha dependido demasiado de un grupo muy reducido de grandes tecnológicas. Eso vuelve al índice más concentrado y, por tanto, más sensible a cualquier factor que golpee de forma específica a esos nombres. Si los bonos siguen subiendo, el daño no tiene que venir como desplome general del S&P 500. Puede venir como algo más sutil: una compresión de múltiplos en las grandes tecnológicas que quite fuerza al índice aunque el resto de sectores aguanten mejor.
La IA entra en una etapa más madura
También hay que mirar la calidad del crecimiento. BlackRock lo planteó muy bien en su outlook del segundo trimestre: la IA sigue teniendo una base estructural fuerte, pero el mercado está entrando en una fase en la que ya no basta con celebrar capex histórico; también hay que empezar a demostrar retorno económico. Mientras el dinero fue abundante y el crecimiento de beneficios aceleró, esa pregunta se podía aplazar. Con yields más altas, ya no tanto. Si los inversores empiezan a sospechar que la monetización va más lenta que la inversión, los bonos pasarán de ser un telón de fondo a convertirse en una herramienta muy atractiva.
Eso no significa que el rally haya terminado. Significa que ya no todo vale. Y ahí está probablemente la mejor forma de responder a la pregunta que hacíamos.
Sí, los bonos pueden frenar el rally de la inteligencia artificial. Pero no necesariamente en seco ni a todas las compañías.
A los líderes de verdad les cuesta más hacerles daño, porque hoy siguen teniendo detrás beneficios, caja, capex y una demanda que no se enfría. Pero incluso ahí el margen se va estrechando. Cuando el bono a largo plazo se mueve hacia el 5%, el mercado ya no puede comportarse como si el dinero fuera gratis. Tiene que empezar a distinguir.
Esa es la parte interesante del momento actual. La IA no parece estar entrando en crisis. Parece estar entrando en una fase más madura. El único trabajo que debemos hacer, por tanto, es distinguir unas compañías de otras.
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