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Los precios internacionales de los alimentos aumentaron un 5,8% interanual en septiembre de 2026, mientras las interrupciones energéticas elevan los costos agrícolas.
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La urea y el fosfato diamónico (DAP) muestran trayectorias diferentes: desde abril, la urea cayó 52,4%, mientras el DAP subió 10,4%.
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La combinación de fertilizantes costosos y riesgos climáticos asociados a El Niño podría reducir las cosechas de 2027, aunque las reservas mundiales todavía ofrecen cierto margen de protección.
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Los precios internacionales de los alimentos aumentaron un 5,8% interanual en septiembre de 2026, mientras las interrupciones energéticas elevan los costos agrícolas.
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La urea y el fosfato diamónico (DAP) muestran trayectorias diferentes: desde abril, la urea cayó 52,4%, mientras el DAP subió 10,4%.
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La combinación de fertilizantes costosos y riesgos climáticos asociados a El Niño podría reducir las cosechas de 2027, aunque las reservas mundiales todavía ofrecen cierto margen de protección.
Los precios internacionales de los alimentos registraron un aumento de 5,8% interanual en septiembre de 2026, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Este incremento se produce en un escenario marcado por las interrupciones del suministro energético desde Medio Oriente, que han encarecido los combustibles y dificultado el acceso a insumos fundamentales para la agricultura. Aunque cada cultivo responde también a sus propias condiciones de oferta y demanda, un reciente informe de S&P Global advierte que las restricciones energéticas, combinadas con los riesgos climáticos asociados a El Niño, podrían comprometer parte de las cosechas de 2027 y prolongar las presiones sobre los precios alimentarios.
Cómo la crisis energética afecta a los fertilizantes y la producción agrícola
Por el estrecho de Ormuz transita normalmente cerca del 29% del comercio mundial de urea y el 47% del azufre comercializado internacionalmente, una materia prima fundamental para producir fertilizantes fosfatados. A las dificultades para acceder a estos insumos se suman los mayores costos del gas natural, esencial para fabricar fertilizantes nitrogenados, y del diésel utilizado en maquinaria, riego y transporte agrícola. Si estas condiciones persisten, los productores podrían optar por reducir la aplicación de fertilizantes o disminuir la superficie sembrada, trasladando el impacto de la crisis energética desde sus costos actuales hacia la producción de alimentos de las próximas cosechas.
Urea y DAP: dos trayectorias diferentes durante la crisis energética
En abril de 2026, el precio promedio de la urea alcanzó US$856,9 por tonelada, mientras que el fosfato diamónico (DAP) se situó en US$725,3. Para septiembre, la urea había caído un 52,4%, hasta US$407,5, pero el DAP había subido un 10,4%, hasta US$800,6. En esos mismos cinco meses, el petróleo Brent (OIL) apenas retrocedió un 3,0%. La diferencia muestra que, incluso bajo una misma interrupción energética, cada fertilizante puede seguir una trayectoria distinta dependiendo de su abastecimiento y de la demanda que enfrenta.
Gráfico comparativo de la evolución del Brent, la urea y el fosfato diamónico (DAP) durante 2026.En el caso de la urea, parte del alivio llegó desde China, que autorizó cuotas de exportación cercanas a nueve millones de toneladas durante 2026. Esta mayor disponibilidad coincidió con una menor demanda estacional y con el uso de alternativas como el sulfato de amonio, factores que ayudaron a moderar los precios. El DAP enfrentó una situación diferente, ya que la escasez de azufre procedente del golfo Pérsico encareció una materia prima esencial para fabricar fertilizantes fosfatados. Según S&P Global, estas dificultades llevaron a productores como OCP, en Marruecos, y Mosaic, en Brasil, a reducir sus operaciones. Mientras la oferta de urea consiguió adaptarse parcialmente, la producción de fosfatados continuó limitada por la disponibilidad de sus insumos.
Del petróleo a los cultivos: ¿cómo se relacionan los precios de la energía y los alimentos?
Al pasar de los fertilizantes a los cultivos, la relación con el petróleo aparece menos marcada. A partir de veinte variaciones mensuales entre febrero de 2025 y septiembre de 2026, XTB Latam Research calculó una correlación de Pearson de 0,50 entre el Brent y el trigo, de 0,37 con el maíz y de 0,30 con la soja, utilizando precios de referencia del Banco Mundial. Aunque los tres coeficientes son positivos, esto no significa que los movimientos del petróleo expliquen por sí solos los precios agrícolas, que también responden al clima, las perspectivas de cosecha y la demanda internacional.
Gráficos de correlación entre el Brent y las materias primas agrícolas, junto con sus variaciones de precios entre 2025 y 2026.En septiembre de 2026, el trigo acumulaba un aumento interanual de 48,4%, mientras que el aceite de soja avanzaba un 39,3%, la soja un 29,7% y el maíz un 21,4%. Estos productos participan en distintas cadenas alimentarias, desde la elaboración de harinas y aceites hasta la alimentación animal. Sin embargo, el maíz y algunos aceites vegetales también se utilizan para producir biocombustibles, cuya demanda puede fortalecerse cuando el petróleo encarece los combustibles convencionales. De esta manera, la energía no solo influye en los costos agrícolas, sino también en la demanda por determinadas materias primas, aunque su impacto final sobre los consumidores depende de los costos de procesamiento, transporte y distribución.
Inflación alimentaria: cereales, aceites y azúcar lideran las alzas
El impacto tampoco es uniforme entre los distintos alimentos. Según la FAO, en septiembre de 2026 los índices internacionales de precios de los cereales y aceites vegetales registraban aumentos interanuales de 17,2% y 18,3%, respectivamente, mientras que el azúcar avanzaba un 14,7%. En contraste, las carnes prácticamente no mostraban variación y los lácteos acumulaban una caída de 19,1%. Cada mercado enfrenta condiciones particulares de producción, inventarios y demanda, por lo que el encarecimiento de los insumos agrícolas no termina reflejándose con la misma intensidad en todos los productos.
Gráfico de variación interanual de los índices internacionales de precios de alimentos de la FAO en septiembre de 2026.El Niño y las cosechas de 2027: los riesgos para Australia y Brasil
Con los costos agrícolas todavía bajo presión, las próximas cosechas quedarán expuestas además a los efectos de El Niño durante 2027. Según S&P Global, si el fenómeno se intensifica junto con un dipolo positivo en el océano Índico, Australia podría producir 22 millones de toneladas de trigo en lugar de las 28 millones previstas. En Brasil, la proyección de maíz ya fue recortada en seis millones de toneladas, hasta 137 millones, y podría disminuir otros diez millones ante condiciones climáticas más adversas. Para la soja brasileña, un modelo diferente que combina El Niño con una menor aplicación de fertilizantes fosfatados entrega una estimación de 168 millones de toneladas, frente a los 177 millones de la previsión actual. Estas pérdidas adicionales todavía no están confirmadas, pero muestran cómo el encarecimiento de los insumos podría amplificar el impacto de una mala temporada agrícola.
Gráfico de escenarios de producción agrícola para 2027 en Australia y Brasil ante condiciones climáticas adversas.Reservas mundiales de cereales: ¿existe margen para enfrentar una crisis alimentaria?
Pese a estos riesgos, las perspectivas actuales de abastecimiento muestran que el mercado mundial todavía cuenta con cierto margen para enfrentar eventuales interrupciones. En su actualización de octubre, la FAO proyectó una producción de 2.979 millones de toneladas de cereales para 2026, un 2,1% inferior al récord del año anterior, pero todavía la segunda cosecha más alta de la historia. A ello se suman reservas estimadas en 950 millones de toneladas al cierre de las campañas de 2027, equivalentes al 31,7% de la utilización mundial prevista. Sin embargo, estas existencias no se distribuyen de manera uniforme entre países, por lo que una reducción de las cosechas en grandes regiones exportadoras podría generar nuevas alzas de precios, especialmente en las economías más dependientes de las importaciones.
Perspectivas: ¿puede la crisis energética convertirse en una crisis de alimentos?
Durante los próximos meses, los agricultores deberán definir cuánto fertilizante aplicar y qué superficie sembrar en un escenario de costos elevados, mientras El Niño pone a prueba las cosechas de 2027. Si ambas presiones terminan reduciendo la producción de varios países exportadores al mismo tiempo, el encarecimiento internacional podría llegar con retraso a los consumidores, especialmente en las economías más dependientes de las importaciones. Aunque las reservas mundiales todavía ofrecen cierto margen para absorber estas tensiones, una sucesión de malas cosechas podría reducir esa capacidad de respuesta y trasladar el problema desde los precios hacia la disponibilidad de alimentos.
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