- El oro y la plata podrían haber formado un suelo de corto plazo gracias a la capitulación, el doble suelo y la recuperación de niveles clave que apuntan a un cambio en la estructura.
- Las tasas siguen siendo el factor decisivo ya que el comportamiento del oro depende más de las expectativas de tasas reales y de la Reserva Federal que del miedo geopolítico.
- La recuperación es relevante pero aún necesita confirmación porque para consolidar una tendencia alcista hace falta continuidad, apoyo de ETF y un entorno de tasas menos restrictivo.
- El oro y la plata podrían haber formado un suelo de corto plazo gracias a la capitulación, el doble suelo y la recuperación de niveles clave que apuntan a un cambio en la estructura.
- Las tasas siguen siendo el factor decisivo ya que el comportamiento del oro depende más de las expectativas de tasas reales y de la Reserva Federal que del miedo geopolítico.
- La recuperación es relevante pero aún necesita confirmación porque para consolidar una tendencia alcista hace falta continuidad, apoyo de ETF y un entorno de tasas menos restrictivo.
Los metales preciosos empiezan a dejar una sensación distinta a la de hace solo unas semanas. Ya no parecen activos arrastrándose sin convicción bajo el peso de tasas altas, petróleo caro y dólar firme. Ahora están intentando reconstruirse. Y eso importa mucho, porque el mercado venía de castigar al oro y a la plata de una forma que hizo dudar incluso de su papel clásico de refugio. La clave es entender qué cambió.
Durante la primera fase del conflicto con Irán, el oro decepcionó a mucha gente. En lugar de comportarse como refugio perfecto, cayó con fuerza. Morgan Stanley lo resumía muy bien: el metal se volvió mucho más sensible a las expectativas de tasas reales y a la política monetaria que al miedo geopolítico puro. Es decir, el problema no era que el mercado dejara de respetar al oro, sino que el shock de energía elevaba las expectativas de inflación y retrasaba la idea de recortes, algo que pesa sobre un activo que no ofrece rendimiento. Además, los bancos centrales y los ETF también retiraron algo de apoyo en marzo, lo que añadió presión adicional.
Dicho de forma más directa: el mercado no estaba vendiendo refugio, estaba vendiendo un activo sin cupón en un entorno de tasas reales más altas.
Señales técnicas: posible cambio de estructura
Pero esa fase parece haber dejado una huella técnica importante. El 23 de marzo vimos una capitulación bastante clara en el oro. Ese tipo de día, cuando el precio se acelera violentamente a la baja y da la sensación de que nadie quiere tocarlo, muchas veces no confirma debilidad estructural, sino agotamiento vendedor de corto plazo. Y eso encaja con lo que ha venido después: el oro fue construyendo una base, dejando una zona de soporte consistente y, a partir de ahí, empezó a dibujar una estructura mucho más interesante.
Hoy esa estructura tiene nombre bastante claro: doble suelo en gráfico de cuatro horas. Y lo más importante no es el nombre, sino que ya ha roto la zona de 4.660. Mientras se mantenga por encima de ese nivel, la proyección inmediata favorece continuidad alcista, con un objetivo razonable en la zona de 4.850. Esa es ahora la referencia clave. Si el mercado acepta precios por encima de 4.660, el patrón gana credibilidad. Si los pierde con rapidez, el movimiento se enfriaría bastante.
Lo interesante es que este rebote técnico está recibiendo ayuda también del frente fundamental. El oro ha tocado su nivel más alto en más de una semana, apoyado por la esperanza de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, por la caída del dólar y por una moderación del miedo a un escenario de tasas aún más altas. Además, el mismo día la plata avanzó también con fuerza una señal importante porque suele moverse con más violencia cuando el apetito vuelve al complejo de metales.
Eso importa porque no estamos viendo solo un rebote tímido de oro. Estamos viendo una recuperación más amplia del espacio de metales preciosos.
Y hay más. En las últimas horas, otros análisis han reforzado la idea de que la presión bajista podría haber quedado bastante desgastada. UBS insiste en que la debilidad reciente del oro parece temporal, y sigue viendo una subida hacia 5.900 dólares por onza a final de año, apoyada por demanda institucional, compras oficiales y fondos soberanos. No significa que vaya a ir en línea recta, pero sí que el mercado sigue teniendo soporte estructural debajo del precio, incluso aunque en marzo y abril el comportamiento haya sido errático.
Esto encaja muy bien con la idea de que el oro ha dejado suelo de corto plazo aunque todavía no haya despejado del todo el medio plazo.
Riesgos y lo que falta por confirmar
Porque una cosa es tocar suelo y otra muy distinta es entrar en una tendencia alcista limpia. Para lo primero basta con capitulación, doble suelo y recuperación de niveles importantes. Para lo segundo hace falta algo más: continuidad, aceptación de precios más altos y, sobre todo, un entorno donde el mercado no vuelva a castigar al metal por culpa de yields demasiado tensas o un dólar excesivamente fuerte. Ahí sigue estando el principal riesgo.
Si el conflicto con Irán vuelve a tensionar el petróleo y eso reactiva el miedo a inflación más persistente, el oro podría volver a sufrir. Morgan Stanley advertía de eso con bastante claridad: si el mercado empieza a descontar más tiempo de tasas altas o incluso nuevas subidas, el oro puede tener dificultades aunque el contexto geopolítico siga siendo negativo. Dicho de otra manera, el oro ya no responde automáticamente al miedo; responde al miedo después de pasar por el filtro de la Reserva Federal. Por eso ahora mismo la lectura más útil es dual.
En el corto plazo, la estructura ha mejorado bastante. El suelo del 23 de marzo ha ganado valor como soporte, el doble suelo en 4 horas está activado y la ruptura de 4.660 deja una proyección alcista hacia 4.850 mientras ese nivel aguante. Además, el repunte reciente del oro se está produciendo al mismo tiempo que se modera el petróleo, cae algo el dólar y se reduce la presión inmediata sobre tasas.
En el medio plazo, todavía faltan pruebas. El metal sigue necesitando que el mercado no vuelva a endurecer demasiado la expectativa de tasas reales. Necesita también que los ETF y los compradores oficiales sigan reenganchándose, algo que Morgan Stanley y UBS creen probable, pero que el precio aún tiene que convertir en tendencia visible.
En el caso de la plata, el dibujo es parecido, pero con más nervio. Eso suele pasar siempre. La plata tiene algo de metal precioso y algo de activo industrial, y cuando el mercado gira, lo hace con más violencia que el oro. Cuando vuelve algo de confianza al complejo, la plata exagera el movimiento.
Técnicamente, si el patrón que está formando la plata es similar al del oro, entonces la lectura también es parecida: probablemente ya hemos visto un suelo táctico, o al menos un intento serio de construirlo. Pero con la plata siempre conviene exigir confirmación extra, porque es mucho más dada a los movimientos bonitos que se deshacen deprisa. Aun así, si acompaña al oro en esta fase y no se descuelga, la señal mejora mucho. En metales, cuando el oro sube solo, el movimiento puede ser más defensivo. Cuando suben oro y plata a la vez, el mercado suele estar diciendo algo más constructivo.
No es el momento de hablar de triunfo definitivo. Pero sí de algo mucho más útil: el mercado ha dejado de comportarse como si quisiera seguir cayendo sin freno. Y en trading, muchas veces esa es la primera señal de que el suelo ya no es una hipótesis. Empieza a ser una estructura.
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Alejandro de Luis
Editor de Hispatrading Magazine, revista de trading con mayor difusión en español, Alejandro ha trabajado como trader en diferentes sociedades de valores y firmas de trading propietario, así como en áreas de negociación y análisis durante casi dos décadas. Autor de varios libros de trading publicados en más de 5 países ha impartido conferencias formativas y programas de especialización ante audiencias de más de 40 países, entre ellas alumnos de varias universidades europeas de prestigio.
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