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El gran driver macro para 2026 se resume en tres variables que se retroalimentan: tasas, dólar y confianza institucional.
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Dicho eso, la pregunta “¿hasta dónde puede llegar?” no se responde con un número único, sino con escenarios: el oro no solo sube por crecimiento débil; también puede subir cuando el crecimiento sorprende, pero el mercado percibe que la estabilización viene con más inflación, más déficit o más fricción geopolítica.
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En el gráfico diario compartido, la estructura sigue siendo claramente alcista: el precio se ubica en torno a 4.629, por encima de la SMA 50 (≈4.261) y muy alejado de la SMA 200 (≈3.688), mientras el RSI (≈71) sugiere zona de sobrecompra.
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El gran driver macro para 2026 se resume en tres variables que se retroalimentan: tasas, dólar y confianza institucional.
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Dicho eso, la pregunta “¿hasta dónde puede llegar?” no se responde con un número único, sino con escenarios: el oro no solo sube por crecimiento débil; también puede subir cuando el crecimiento sorprende, pero el mercado percibe que la estabilización viene con más inflación, más déficit o más fricción geopolítica.
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En el gráfico diario compartido, la estructura sigue siendo claramente alcista: el precio se ubica en torno a 4.629, por encima de la SMA 50 (≈4.261) y muy alejado de la SMA 200 (≈3.688), mientras el RSI (≈71) sugiere zona de sobrecompra.
El oro llega a 2026 con un punto de partida poco común, porque viene de un 2025 excepcional, sostenido por una mezcla de incertidumbre geopolítica, ruido en política comercial (aranceles y represalias) y un mercado que, en distintos momentos, volvió a tratar al metal como activo monetario más que como simple cobertura táctica. En ese marco, el flujo de demanda no ha sido solo de inversionistas, también ha destacado el rol de bancos centrales, que han seguido elevando asignaciones como parte de un proceso de diversificación de reservas y reducción de dependencia de activos financieros tradicionales.
Drivers macro
Hoy, con el metal operando en máximos y con episodios recurrentes de incertidumbre política y financiera, la pregunta que se instala en el mercado es: ¿hasta dónde puede llegar? La respuesta no es un número único, sino un mapa de condiciones. El desempeño de GOLD depende, sobre todo, de cómo evolucionen las tasas reales, el régimen del dólar, la percepción sobre inflación y disciplina fiscal, y el papel de bancos centrales e inversionistas como fuentes de demanda estructural. Con esa base, el análisis se centra en identificar qué combinación de drivers mantiene la tendencia viva, qué señales anticipan pausas o correcciones y cuáles serían los gatillantes capaces de habilitar un nuevo tramo de extensión.
Tasas reales y expectativa de política monetaria

Tasa de interés real a 10 años en EE.UU.. Fuente: FRED.
El primer motor, y el más sistemático, es el nivel de tasas reales (tasa nominal menos inflación esperada). El oro no paga cupón, así que compite contra instrumentos que sí lo hacen: cuando el mercado descuenta recortes o una trayectoria de tasas menos restrictiva, el costo de oportunidad de mantener oro cae y el metal suele ganar tracción. En cambio, si la narrativa gira hacia tasas más altas por más tiempo o un repunte de rendimientos reales, el oro tiende a perder momentum, incluso si el contexto político sigue tenso. La clave no es solo la Fed sube o baja, sino el pricing de la curva: cuando el mercado ve que la autoridad monetaria tolerará inflación más persistente o se vuelve más “dovish” de lo esperado, el oro suele capturar esa prima.
Inflación, debasement y credibilidad del ancla nominal
Un segundo driver, más estructural, es la percepción de pérdida de poder adquisitivo y de debasement (depreciación gradual de la moneda por inflación y expansión de liquidez). Este factor no necesita hiperinflación para operar: basta con que los inversionistas concluyan que el piso de inflación será más alto de lo que el consenso creía, o que el costo fiscal de sostener deuda empujará políticas más expansivas. En tus referencias aparece un ejemplo concreto: el crecimiento de la oferta monetaria (M2) en EE. UU. en los últimos años, que alimenta la idea de que hay un componente monetario detrás del refugio en activos reales. Cuando el mercado internaliza que el retorno real de bonos puede ser erosionado por inflación y política fiscal, el oro se vuelve una alternativa para preservar valor.
Dólar: no solo nivel, también régimen
El oro suele moverse de forma inversa al dólar porque está denominado en dólares, un dólar más débil tiende a abaratar el oro para compradores fuera de EE. UU. y favorece la demanda. Pero lo importante es el régimen del dólar, en episodios de guerra comercial y fragmentación, crece el incentivo a usar el tipo de cambio como válvula de ajuste. Ahí el oro puede subir incluso sin un colapso del dólar, simplemente porque aumenta la demanda por un activo que no depende del crédito de un emisor soberano. Si el mercado vuelve a un escenario de dólar firme por diferencial de tasas y menor incertidumbre, ese viento de cola se reduce.
Riesgo geopolítico
Aquí no se trata solo de conflictos en abstracto, sino del uso de recursos críticos (metales, energía, tecnología) como herramienta de negociación. Cuando se instala la lógica de restricciones, controles de exportación o represalias comerciales, el mercado tiende a exigir una prima de incertidumbre y el oro absorbe parte de esa demanda como seguro. Este driver también opera por segunda vía: si el shock geopolítico golpea expectativas de crecimiento y empuja a bancos centrales hacia políticas más laxas, se activan simultáneamente tasas reales más bajas + mayor demanda de refugio, una combinación especialmente favorable para el oro.
Bancos centrales

El oro ha superado a los bonos del Tesoro en las reservas de divisas de los bancos centrales. Fuente: Bloomberg.
Uno de los factores más relevantes del último ciclo ha sido el rol de bancos centrales como compradores estructurales. A diferencia del inversor financiero, que entra y sale por precio y momentum, el banco central compra por objetivos de reserva como diversificación, resiliencia frente a sanciones y menor dependencia de activos financieros tradicionales. Cuando la demanda oficial se mantiene firme, el mercado suele percibir un piso más sólido, porque es una demanda menos elástica al precio. Además, si se refuerza la narrativa de reducir exposición a Treasuries y reciclar reservas hacia oro, el driver deja de ser táctico y pasa a ser de mediano plazo.
Fiscal y deuda

Deuda federa de EE.UU.l: deuda pública total como porcentaje del producto interno bruto. Fuente: FRED.
Un cambio importante en la narrativa global es que, con déficits altos y mayores necesidades de refinanciamiento, parte del mercado empieza a cuestionar el rol de la deuda soberana como refugio perfecto. Si la percepción es que la disciplina fiscal no mejora y que la deuda eleva la tentación de políticas más inflacionarias o de represión financiera, el oro gana terreno como cobertura. Este driver no depende de un evento puntual; funciona como un goteo que sostiene asignaciones estratégicas, especialmente en carteras que buscan reducir correlaciones.
Flujos financieros
Finalmente, está el motor de flujos, cuando entran recursos de forma masiva a vehículos financieros (ETF y estrategias sistemáticas), el oro puede moverse con dinámica de momentum, extendiendo tendencias más allá de lo que justificaría el macro promedio. Esto explica por qué el oro puede acelerar y luego corregir sin que cambie el fundamento central, es posicionamiento. En fases de sobrecompra, el riesgo no es que se rompa la tesis, sino que aparezca una toma de utilidades que limpie exceso de apuestas antes de que el macro vuelva a mandar.
Escenarios 2026
En un escenario base de continuidad, incertidumbre elevada, pero sin shock, el oro tiende a alternar tramos de avance con fases de consolidación, el mercado absorbe toma de utilidades, pero la demanda estructural (diversificación y reservas) pone piso. En ese caso, más que dispararse, el metal suele moverse por escalones: rompe, descansa y vuelve a intentar.
El escenario alcista aparece cuando confluyen dos fuerzas, más recortes esperados (o caída de rendimientos reales) y un aumento del premio por riesgo político/geopolítico. Ahí la dinámica suele ser de momentum, la ruptura de niveles redondos atrae flujos sistemáticos y cobertura, y el precio camina hacia la siguiente zona técnica.
El escenario bajista no exige que el mundo esté bien, basta con que el mercado perciba un giro hacia tasas más altas por más tiempo y un dólar más fuerte, o que parte de la demanda financiera (ETF y posiciones especulativas) decida realizar ganancias de forma coordinada. En esos episodios, el oro suele corregir rápido, no tanto por fundamentos de largo plazo, sino por posicionamiento.
Tendencia intacta, pero señales de sobreextensión
Fuente: xStation5.
En el gráfico diario, la estructura sigue siendo claramente alcista. El precio se ubica en torno a 4.629, por encima de la SMA 50 y muy alejado de la SMA 200, lo que refleja tendencia fuerte y gap amplio respecto de la media de largo plazo. Al mismo tiempo, el RSI sugiere un mercado en zona de sobrecompra, condición que no implica giro inmediato, pero sí eleva la probabilidad de pausas o retrocesos técnicos antes de un nuevo impulso.
Por niveles, el área de 4.568 (marcada como 61,8) funciona como primer soporte técnico cercano dentro del tramo actual, perder ese nivel suele abrir espacio para una corrección más ordenada hacia zonas previas de congestión. Hacia arriba, el mapa es más directo, la siguiente referencia está en el eje psicológico de 5.000, muy alineado con la zona técnica de 4.978 (marcada como 100). Si el mercado logra consolidar por encima de 4.600–4.650 sin devolver el avance, el camino técnico más natural apunta a testear ese sector. En un escenario de extensión más agresiva, que normalmente requiere un shock macro o geopolítico adicional, la proyección superior relevante aparece en torno a 5.640 (marcada como 161,8), que ya corresponde a un tramo de euforia y no a un avance lineal.
Entonces, ¿hasta dónde puede llegar el oro en 2026?
Con el set de catalizadores que domina el inicio de 2026, el oro tiene dos lecturas simultáneas: por macro, sigue teniendo combustible mientras el mercado mantenga la necesidad de cobertura (geopolítica, fiscal, institucional) y un sesgo de tasas menos restrictivas. Por técnico, la tendencia apoya continuidad, pero el timing luce exigente por sobrecompra. En términos de zonas, el comportamiento alrededor de 4.600–4.650 define si el movimiento se transforma en una consolidación saludable con sesgo alcista (habilitando 4.978–5.000) o si se impone una toma de utilidades que devuelva el precio hacia 4.568 primero. Más arriba, 5.640 queda como escenario de extensión, típicamente asociado a un empeoramiento material del riesgo global o a una intensificación del “trade” de desconfianza en monedas y deuda soberana.
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