- La inflación en Estados Unidos bajó al 3,4% anual en julio y la subyacente al 2,5%, pero ambas cifras mantienen abierto el debate sobre la política de la Reserva Federal.
- El comportamiento del petróleo y la energía será determinante porque parte del reciente encarecimiento del crudo todavía no aparece completamente reflejado en el IPC.
- La decisión de septiembre dependerá especialmente de Jackson Hole, el PCE subyacente, el empleo de agosto, el IPP y el IPC de septiembre, después de que tres miembros de la Fed ya votaran por subir tasas en julio.
- La inflación en Estados Unidos bajó al 3,4% anual en julio y la subyacente al 2,5%, pero ambas cifras mantienen abierto el debate sobre la política de la Reserva Federal.
- El comportamiento del petróleo y la energía será determinante porque parte del reciente encarecimiento del crudo todavía no aparece completamente reflejado en el IPC.
- La decisión de septiembre dependerá especialmente de Jackson Hole, el PCE subyacente, el empleo de agosto, el IPP y el IPC de septiembre, después de que tres miembros de la Fed ya votaran por subir tasas en julio.
El Índice de Precios al Consumidor de julio subió 0.1% mensual y llevó la tasa anual a 3.4%, desde el 3.5% de junio, mientras la lectura subyacente que excluye alimentos y energía avanzó 0.2% en el mes y bajó a 2.5% anual desde 2.6%, todo exactamente en línea con el consenso de Dow Jones.
La vivienda explicó alrededor de dos terceras partes del incremento mensual con un alza de 0.1%, los alimentos subieron otro 0.1% y el componente energético cayó 1.5% en el mes, de manera que la inflación bajó de nivel pero no se acercó al objetivo de 2% de la Reserva Federal ni corrigió el daño acumulado sobre el bolsillo del consumidor, sobre todo cuando el crecimiento salarial va en 3.2% anual según el propio BLS y por lo tanto sigue corriendo por debajo de los precios.
Energía y gasolina explican buena parte de la inflación general

La tabla deja ver de dónde viene cada parte de ese 3.4%. La energía acumula 14.7% en doce meses, con la gasolina en 24.6%, mientras la subyacente, que es la que mide la presión de demanda dentro de la economía, se queda en 2.5%.
Esa diferencia de casi un punto porcentual entre la inflación general y la subyacente es prácticamente toda energía, o sea, quitando el petróleo la inflación estadounidense ya está operando muy cerca del objetivo del banco central y el exceso restante no lo produce un consumidor sobrecalentado sino un barril que se encareció por la guerra.
El IPC todavía no refleja por completo el movimiento reciente del petróleo
El componente energético del reporte además viene desfasado respecto a lo que ya está ocurriendo en el mercado físico. La caída de 1.5% en energía y el retroceso de 2.9% en la gasolina reflejan un promedio de 4.064 dólares por galón en julio, contra 4.184 dólares en junio y 4.609 dólares en mayo según la Administración de Información Energética.
Es decir, el IPC está capturando la normalización posterior al pico de mayo y no lo que trae el crudo hoy, con el Brent operando alrededor de 88 dólares y el WTI cerca de 81 dólares por barril, 31.5% y 28.4% arriba respectivamente contra el año pasado después de haber tocado los 100 dólares en julio por la escalada con Irán.
La gasolina al menudeo tarda entre dos y cuatro semanas en reflejar el movimiento del barril y lo hace de forma asimétrica, sube rápido cuando el crudo sube y baja lento cuando el crudo baja, así que ese 24.6% anual que reporta el IPC todavía se queda corto frente al más de 30% que acumula el crudo y el traslado real va a aparecer hasta el reporte del 11 de septiembre, cinco días antes de la decisión de la Fed.
El contrapeso está en que los inventarios de crudo estadounidenses subieron 9.1 millones de barriles la semana pasada, su mayor incremento semanal desde febrero, y en que las conversaciones sobre el Estrecho de Ormuz avanzan, dos factores que pueden frenar el barril antes de que siga al alza.
Petróleo e inflación: una relación que vuelve a ser clave en 2026
La relación entre el crudo y la inflación estadounidense en los últimos diez años se ve con claridad en la gráfica. Las dos series se mueven juntas con un rezago de semanas, se hundieron al mismo tiempo en 2020, subieron en paralelo durante 2021 y 2022 hasta que el barril superó los 110 dólares y la inflación llegó cerca de 9%, y bajaron juntas en 2023 cuando el crudo regresó al rango de 70 a 80 dólares.
Entre 2024 y 2025 el petróleo se mantuvo dentro de ese rango y la inflación se quedó entre 2.5% y 3%. En 2026 el barril se dispara con la guerra con Irán y la inflación pasa de 2.9% a 4.2% en mayo antes de retroceder a 3.4% en julio conforme el crudo corrigió.
En la parte derecha de la gráfica el barril ya giró de nuevo al alza y se acerca a 88 dólares mientras la línea de inflación sigue bajando, una divergencia que en los diez años previos duró poco cada vez que apareció.
El IPP mantiene vivas las presiones de costos
El Índice de Precios al Productor publicado este jueves apunta en la misma dirección. El IPP de demanda final quedó en 0.0% mensual en julio, con los bienes cayendo 0.7% por la energía y los servicios subiendo 0.2%.
Pero en términos anuales la demanda final sigue en 4.7% y la medida subyacente que excluye alimentos, energía y servicios comerciales se aceleró a 0.4% en el mes, lo cual significa que la presión de costos en la etapa de producción continúa viva y que todavía no termina de absorber ni de trasladar todo lo que trae encima.
La Fed llega dividida a la discusión de septiembre
La Fed llega a esa discusión con el rango en 3.50%-3.75% tras cinco reuniones consecutivas sin cambios y con una votación de 9-3 el 29 de julio donde Beth Hammack, Neel Kashkari y Lorie Logan disintieron porque querían subir tasas de inmediato.
Fue un nivel de disidencia poco común que Kevin Warsh describió como una discusión de familia y que el mercado leyó como la antesala de un movimiento en septiembre.
Después del IPC la probabilidad implícita de un alza de 25 puntos base para la reunión del 16 de septiembre se ubicó cerca de 38% según la herramienta FedWatch de CME, contra 48% del día previo y más de 54% antes del reporte de empleo del viernes anterior.
Es decir, la combinación de una nómina débil con una inflación que no sorprendió al alza le quitó urgencia al ala más restrictiva del comité sin desactivarla.
Los rendimientos del Tesoro cedieron a lo largo de toda la curva, el S&P 500 abrió con avance de 0.51%, el Nasdaq de 1.01% y el Dow de 0.30%.
Argumentos para que la Fed suba las tasas en septiembre
La Fed sí puede subir tasas en septiembre y las razones están sobre la mesa.
La inflación general lleva demasiados meses instalada arriba de 3% cuando el mandato apunta a 2%, tres miembros del comité ya votaron por subir en julio y esa disidencia rara vez se queda estática, el traslado del crudo a la gasolina todavía no aparece en las cifras y puede volver a levantar la inflación general en el reporte del 11 de septiembre, y el bono a 30 años cerca de máximos de dos décadas indica que el mercado ya está exigiendo prima por riesgo inflacionario de largo plazo.
Ese es el argumento de credibilidad que sostienen Bank of America y Omair Sharif de Inflation Insights: si el banco central tolera un 3.4% durante demasiado tiempo las expectativas de inflación se desanclan y corregirlas después cuesta mucho más que subir 25 puntos base ahora.
Argumentos para que la Reserva Federal mantenga las tasas
La Fed también tiene motivos sólidos para no moverse y probablemente pesen más, ya que el repunte de precios de 2026 nace de un choque de oferta energética por el conflicto en Medio Oriente y no de un exceso de demanda interna, y eso es exactamente lo que muestra la subyacente en 2.5%.
La política monetaria no produce barriles ni reabre rutas de transporte, así que un alza solo enfriaría la demanda agregada para compensar un encarecimiento que viene de afuera y golpearía justo la parte de la economía que ya se está debilitando.
El reporte de nóminas de julio mostró pérdida inesperada de empleos, la inflación sigue por encima de los salarios y el extremo largo de la curva ya está haciendo buena parte del trabajo restrictivo, de modo que las condiciones financieras efectivas son más apretadas de lo que sugiere la tasa de referencia.
El consenso de economistas recopilado por FactSet mantiene que no habrá alza en lo que resta del año e incluso proyecta recortes de medio punto en 2027, y subir en este entorno convertiría un choque temporal de precios en una desaceleración real del empleo, que es el error de política que la mayoría del comité está tratando de evitar.
Cinco datos decidirán si la Fed sube tasas en septiembre
Cinco datos van a definir la decisión antes del 16 de septiembre.
Jackson Hole del 27 al 29 de agosto, donde Warsh puede calibrar expectativas sin comprometer al comité; el PCE subyacente del 26 de agosto; el reporte de empleo de agosto a principios de septiembre, que dirá si la pérdida de plazas de julio fue distorsión estacional o cambio de tendencia; y el IPP del 10 de septiembre junto con el IPC del 11 de septiembre.
Si la energía vuelve a empujar la inflación arriba de 3.5% y la subyacente se atora por encima de 2.5%, las tres disidencias de julio se convierten en mayoría y el alza se podría materializar.
Mientras que si el empleo sigue enfriándose y el traslado energético resulta menor al temido, la pausa se extiende hacia octubre y diciembre, reuniones que el mercado de futuros todavía descuenta con probabilidades de alza cercanas a 55% y 75% respectivamente.
Para quien opera esto, la conclusión práctica es que las reuniones de la Fed volvieron a ser genuinamente inciertas después de años de trayectoria telegrafiada, y esa incertidumbre se paga en volatilidad implícita elevada, en un dólar que reacciona con más nervio a cada publicación y en una curva de rendimientos que puede empinarse o aplanarse con un solo dato.
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Raúl Ojeda Espino, Analista Colaborador en XTB LATAM, especializado en Instrumentos Derivados.
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