- El oro entra en fase lateral tras la euforia, con un soporte clave en 4.850 dólares que definirá si la consolidación es una pausa saludable dentro de la tendencia alcista o el inicio de una corrección más profunda.
- El oro entra en fase lateral tras la euforia, con un soporte clave en 4.850 dólares que definirá si la consolidación es una pausa saludable dentro de la tendencia alcista o el inicio de una corrección más profunda.
El oro ha pasado en cuestión de semanas de ser el activo estrella del mercado a convertirse en un campo de batalla técnico y psicológico. Después de una subida casi vertical que lo llevó a rozar y superar la zona de los 5.300 dólares por onza en enero, el metal ha entrado en una fase diferente. Ahora ya no se trata de perseguir máximos, sino de determinar si estamos ante una simple consolidación o frente al inicio de un ajuste más profundo.
El contexto no es menor. El precio llegó a cotizar en torno a 4.937–4.960 dólares en las últimas sesiones, perdiendo el nivel psicológico de 5.000 dólares en un entorno de liquidez reducida, con buena parte de Asia cerrada por el Año Nuevo Lunar y Estados Unidos también fuera del mercado por festivo. En mercados con menor liquidez, los movimientos tienden a amplificarse, lo que explica parte de la volatilidad reciente.
A nivel fundamental, el telón de fondo sigue siendo intenso: negociaciones geopolíticas en marcha, reuniones clave de bancos centrales, publicación de actas de la Reserva Federal, expectativas sobre futuros recortes de tipos y un dólar que ha recuperado algo de fortaleza. El índice del dólar ha avanzado en torno a un 0,3 % en las últimas jornadas, encareciendo el oro para quienes operan en otras divisas y ejerciendo presión bajista a corto plazo.
Más allá de la coyuntura diaria, hay un elemento que merece especial atención: el posicionamiento. Las encuestas recientes entre gestores globales muestran que el “largo oro” sigue siendo considerado el trade más concurrido del mercado. Aproximadamente la mitad de los gestores lo identifican como la posición más masificada, muy por encima de las grandes tecnológicas estadounidenses. Cuando un activo se convierte en consenso mayoritario, la probabilidad de correcciones técnicas aumenta, incluso si la tendencia de fondo permanece intacta.
Fuente: xStation5
Al mismo tiempo, las expectativas continúan siendo ambiciosas. Una parte significativa del mercado ve al oro alcanzando niveles cercanos a 6.000–6.200 dólares este año, e incluso hay proyecciones que apuntan por encima de 7.000. Frente a ese optimismo, otro grupo relevante considera que el máximo podría haberse alcanzado. Esa división refleja con precisión lo que muestra el gráfico: un mercado en transición.
Más interesante aún es lo que ocurre en gráfico horario y en cuatro horas. Ahí se aprecia con claridad una directriz de máximos decrecientes que se traza desde el techo. Cada rebote encuentra ventas antes que el anterior. Esto indica que los compradores ya no entran con la misma agresividad en niveles elevados. El impulso se ha moderado.
Mientras el precio no rompa soportes relevantes, seguimos hablando de consolidación y no de un cambio de tendencia confirmado.
En este contexto, entra en juego la zona clave: 4.850 dólares aproximadamente. Ese nivel está actuando como el soporte más relevante del rango actual. Es la referencia que separa una corrección técnica dentro de una tendencia alcista de un posible desarrollo bajista más estructural.
Mientras el oro se mantenga por encima de 4.850, el mercado puede interpretar el movimiento como una pausa saludable. Es razonable que, tras una subida del 60–65 % en un año, el precio necesite lateralizar, depurar el exceso de posiciones especulativas y absorber beneficios.
Sin embargo, si ese nivel se pierde con decisión, especialmente con cierres diarios consistentes por debajo, el escenario cambia. Una ruptura clara bajo 4.850 abriría la puerta a una extensión bajista más amplia, probablemente acompañada de liquidación de posiciones largas apalancadas. Cuando un activo es el “trade más concurrido”, las salidas suelen ser rápidas y violentas.
Por la parte alta, el nivel inmediato a vigilar es la zona de 4.950 dólares. En el muy corto plazo, el oro necesita recuperar y consolidar por encima de ese umbral para enviar una señal de fortaleza renovada. No basta con un movimiento intradía puntual; el mercado necesita ruptura y confirmación.
Si logra superar 4.950 con convicción, el siguiente gran nivel técnico se sitúa en torno a 5.120 dólares. Ese punto marcaría un antes y un después en el actual proceso lateral. A partir de ahí, el mercado tendría margen para intentar nuevamente el asalto a máximos históricos.
El oro se encuentra ahora atrapado entre dos fuerzas. Por un lado, la narrativa estructural continúa siendo sólida: incertidumbre geopolítica, tensiones comerciales, dudas sobre el crecimiento, posibles recortes de tipos en la segunda mitad del año y un entorno en el que muchos inversores buscan diversificación frente al dólar y los activos tradicionales. Incluso en el corto plazo, parte del mercado contempla consolidaciones por encima de 5.000 antes de retomar el avance hacia niveles superiores.
Por otro lado, la realidad inmediata es más contenida: el dólar se ha estabilizado, las expectativas de política monetaria se ajustan constantemente y la euforia especulativa requiere depuración. Además, en entornos de baja liquidez, los precios tienden a comprimirse dentro de rangos definidos, salvo que un catalizador macro relevante rompa el equilibrio.
Conviene recordar que el oro no genera rendimiento por sí mismo. En entornos de tipos elevados o cuando el mercado percibe que los recortes no son tan inminentes como se anticipaba, el atractivo relativo del metal disminuye. Si las próximas actas de la Fed o los datos de inflación sorprenden en tono más restrictivo, el dólar podría fortalecerse y presionar nuevamente al oro hacia su soporte clave.
Por el contrario, si los datos macroeconómicos muestran debilidad y aumentan las probabilidades de recortes más agresivos, el metal podría recuperar con rapidez la iniciativa alcista.
En este momento, el oro no está en modo tendencia; está en modo decisión.
El rango está claramente definido: soporte en 4.850, resistencia inmediata en 4.950 y nivel estructural en 5.120. Mientras el precio oscile dentro de este marco, cada movimiento debe interpretarse como parte de una fase lateral.
Los traders de corto plazo pueden operar el rango. Los inversores de medio plazo deben vigilar el soporte con especial atención. En mercados con posicionamiento tan concentrado, la ruptura del nivel equivocado puede desencadenar movimientos que, en pocos días, transformen por completo el sentimiento.
El oro ha demostrado su capacidad para sorprender tanto al alza como a la baja. Ahora, tras la euforia y la corrección, está configurando una nueva estructura. La cuestión no es si se moverá, sino en qué dirección romperá el equilibrio.
Y esa respuesta, como suele ocurrir en los mercados, la dará el precio.
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Alejandro de Luis
Editor de Hispatrading Magazine, revista de trading con mayor difusión en español, Alejandro ha trabajado como trader en diferentes sociedades de valores y firmas de trading propietario, así como en áreas de negociación y análisis durante casi dos décadas. Autor de varios libros de trading publicados en más de 5 países ha impartido conferencias formativas y programas de especialización ante audiencias de más de 40 países, entre ellas alumnos de varias universidades europeas de prestigio.
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