- El oro rompió la directriz bajista que ordenaba su caída desde los máximos, pero todavía necesita confirmación fundamental.
- La debilidad del dólar, el descenso del petróleo y la caída de las rentabilidades favorecen la recuperación del metal.
- Los próximos datos de empleo e inflación, junto con los flujos hacia ETF, serán determinantes para confirmar el movimiento.
- El oro rompió la directriz bajista que ordenaba su caída desde los máximos, pero todavía necesita confirmación fundamental.
- La debilidad del dólar, el descenso del petróleo y la caída de las rentabilidades favorecen la recuperación del metal.
- Los próximos datos de empleo e inflación, junto con los flujos hacia ETF, serán determinantes para confirmar el movimiento.
El oro (GOLD) acaba de romper la línea que había ordenado su caída desde los máximos, pero la pregunta importante no es si el gráfico ha mejorado durante una sesión. La cuestión es ¿ha desaparecido realmente la presión que llevó al metal a corregir o solo estamos ante un rebote favorecido por posiciones, un dólar más débil y un descenso de las rentabilidades de la deuda? La respuesta exige mirar más allá de la directriz. El movimiento es relevante, aunque todavía necesita confirmación fundamental para convertirse en un cambio de tendencia sostenible.
El avance se produce después de varios meses difíciles.Entre marzo y junio encadenó cuatro meses negativos. La corrección no eliminó la tesis de largo plazo, pero sí expulsó parte del posicionamiento más especulativo que había acompañado la subida hacia los máximos de enero. La ruptura actual comienza, por tanto, desde una base menos saturada que la existente al inicio del año.
El elemento más llamativo es que la distensión parcial en Oriente Medio está ayudando al oro, cuando en principio una reducción del riesgo geopolítico debería restarle demanda como refugio. La explicación está en el petróleo y los tipos de interés. Las señales de negociación entre Estados Unidos e Irán han reducido la prima de riesgo del crudo, moderando el temor a una nueva oleada inflacionista. Al bajar el petróleo y las rentabilidades de los bonos, disminuye el coste de oportunidad de mantener un activo que no paga cupón. En esta fase, ese alivio monetario pesa más que la pérdida de una parte de la prima geopolítica.
La guerra había colocado al oro en una posición paradójica. Por un lado, la inseguridad favorecía la búsqueda de protección. Por otro, la interrupción de flujos energéticos elevaba el petróleo, alimentaba la inflación y aumentaba la probabilidad de que la Reserva Federal endureciera su política. El refugio y el coste de oportunidad actuaban en direcciones contrarias. La posibilidad de un acuerdo reduce ambos impulsos, pero alivia con mayor intensidad el segundo. El oro puede subir con una distensión si el mercado interpreta que la menor inflación energética permitirá a la autoridad monetaria mantener los tipos sin volver a elevarlos.
La reunión de la Reserva Federal del 29 de julio dejó claro que el riesgo de endurecimiento no era imaginario. El Comité mantuvo el rango objetivo de los fondos federales entre el 3,50% y el 3,75%, pero tres miembros votaron a favor de subirlo un cuarto de punto. El comunicado afirmó que la inflación continúa por encima del objetivo del 2%, en parte por las perturbaciones de oferta y energía. El precio del oro no solo responde al nivel vigente de los tipos, sino a cómo cambia la trayectoria esperada. Si el petróleo retrocede, una subida en septiembre resulta menos necesaria y las rentabilidades reales pueden ceder.
El dólar completa ese mecanismo. Un billete verde más débil abarata el metal para compradores de otras divisas y suele facilitar la entrada de capital internacional. Durante la fase bajista, la fortaleza del dólar y el aumento de las expectativas de tipos habían actuado como freno. La recuperación reciente invierte parcialmente esas condiciones. Sin embargo, un par de sesiones no forman una tendencia monetaria. Los próximos datos de empleo e inflación estadounidenses determinarán si el movimiento se consolida o si el mercado vuelve a descontar una Reserva Federal más restrictiva.
Demanda, oferta y previsiones del oro
Por debajo de las oscilaciones diarias, la demanda mantiene una estructura favorable. El Consejo Mundial del Oro calcula que la demanda total, incluidas las operaciones extrabursátiles, alcanzó 1.269 toneladas durante el segundo trimestre, sin cambios frente al mismo periodo de 2025. En el primer semestre sumó 2.522 toneladas, un 2% más, y alcanzó un valor récord de 380.000 millones de dólares. El mercado no atraviesa una desaparición de compradores, sino una rotación entre tipos de compradores.
Los fondos cotizados respaldados por oro sufrieron salidas de 45 toneladas durante el segundo trimestre. Esa retirada reflejó el aumento de las expectativas de inflación y tipos, sobre todo en Norteamérica, y la fortaleza del dólar. En sentido contrario, los bancos centrales adquirieron 289 toneladas. La diferencia temporal es crucial. Los ETF reaccionan con rapidez a cambios en el coste de oportunidad y en el sentimiento. Los bancos centrales compran para diversificar reservas y reducir riesgos monetarios durante años. La demanda oficial proporciona un suelo estructural, pero no garantiza que el precio suba cada semana.
State Street observó una estabilización de los flujos en julio. Los ETF estadounidenses registraron entradas netas de 44 millones de dólares, una cantidad pequeña frente a los 6.400 millones retirados durante mayo y junio, pero relevante como cambio de dirección. La gestora considera que las ventas anteriores pudieron limpiar buena parte del dinero rápido y de las posiciones apalancadas. Si el retorno de entradas continúa, la ruptura técnica tendría un respaldo financiero más consistente. Si se trata de una única lectura, el impulso podría agotarse con facilidad.
La demanda física también presenta matices. El precio medio del oro de referencia de Londres fue de 4.506,29 dólares durante el segundo trimestre, un 37% superior al de un año antes. Ese encarecimiento redujo la demanda de joyería hasta 278 toneladas, el menor volumen trimestral desde la pandemia. El consumidor gastó más dinero, pero compró menos metal. Por eso, una subida demasiado rápida puede debilitar uno de los apoyos que normalmente aparece en las correcciones.
La oferta no muestra una restricción inmediata capaz de convertir cada compra en escasez. La producción minera creció un 2% interanual en el segundo trimestre y compensó parte de la fortaleza de la demanda oficial. El reciclaje disminuyó un 6%, porque la caída del precio respecto al trimestre anterior redujo el incentivo para vender joyas usadas. El equilibrio continúa siendo favorable a largo plazo, pero no tan ajustado como para impedir fases de consolidación o correcciones profundas.
Las previsiones de las grandes casas reflejan la tensión entre corto y largo plazo. J.P. Morgan mantiene la expectativa de que el oro pueda avanzar hacia una media de 6.000 dólares por onza en el último trimestre de 2026. State Street utiliza un escenario más prudente para el corto plazo: espera que el metal permanezca en la zona baja de los 4.000 durante el tercer trimestre, con potencial de aproximarse a 4.500 o 5.000 hacia final de año o comienzos de 2027. Son escenarios condicionados, no objetivos garantizados, y dependen de compras oficiales, demanda china y una Reserva Federal que no endurezca mucho más.
Deutsche Bank mantiene un objetivo de 4.600 dólares para final de 2026, pero advierte que el comportamiento sigue siendo extraordinariamente volátil. La dispersión entre estimaciones no debe interpretarse como falta de rigor. Cada modelo asigna un peso diferente a los bancos centrales, los ETF, los tipos reales y la sostenibilidad fiscal. Esa dispersión recuerda que la ruptura de una directriz puede mejorar la probabilidad de un suelo sin resolver la incertidumbre sobre el valor razonable del metal.
El posicionamiento en futuros tampoco apunta a una capitulación completa ni a una nueva euforia. Según la CFTC, a 28 de julio los operadores no comerciales mantenían 219.622 contratos largos y 37.552 cortos en el futuro de oro del COMEX, cuyo contrato estándar representa 100 onzas troy. Durante esa semana redujeron tanto largos como cortos. La posición neta continuó siendo claramente positiva, pero la disminución de exposición mostró prudencia. Un mercado menos cargado puede subir con mayor facilidad, aunque todavía necesita nuevas compras para sostener la ruptura.
Niveles técnicos y escenarios para el oro
En el apartado técnico conviene limitarse a las referencias más visibles. El área de 4.000 dólares en el oro al contado actuó como soporte psicológico durante la consolidación y State Street la identifica como una zona de apoyo flexible. La recuperación de 4.100 y el ataque a 4.200 mejoran la estructura de corto plazo. Para considerar terminada la fase bajista sería importante que el precio se mantuviera sobre la directriz rota y evitara volver de forma consistente bajo 4.100. Por arriba, 4.300 constituye la siguiente zona de fricción evidente. No son señales de entrada ni salida, y deben adaptarse al spot, al futuro o al CFD utilizado.
El escenario constructivo requiere que la ruptura reciba confirmación macroeconómica. Una moderación del empleo o de la inflación sin deterioro severo de la actividad reduciría la probabilidad de nuevas subidas de tipos. El retroceso del petróleo aliviaría las expectativas inflacionistas, el dólar podría perder fuerza y los ETF recuperarían demanda. En ese entorno, las compras de bancos centrales dejarían de actuar solo como suelo y pasarían a convivir con flujos financieros positivos.
Fuente: xStation5.
El principal riesgo es que la distensión fracase o que el descenso del petróleo sea temporal. Un nuevo bloqueo de rutas energéticas reactivaría la inflación y devolvería presión a las rentabilidades de los bonos. También podría perjudicar al oro un informe de empleo muy fuerte o una inflación subyacente resistente, porque reforzarían a los miembros de la Reserva Federal que ya prefieren subir tipos. En sentido contrario, una recesión brusca podría generar demanda defensiva, aunque al principio también provocaría ventas de activos líquidos para cubrir pérdidas en otras posiciones.
La ruptura de la directriz bajista es una señal de mejora, pero no certifica por sí sola el fin de la caída. Su valor reside en que coincide con un alivio en los tipos, un dólar menos firme y una estabilización incipiente de los flujos. La tesis estructural, apoyada por bancos centrales y diversificación de reservas, nunca desapareció. Lo que faltaba era un catalizador táctico. El mercado empieza a encontrarlo, pero tendrá que demostrar que puede conservarlo cuando lleguen los próximos datos estadounidenses y cuando la diplomacia en Oriente Medio deje de producir titulares favorables.
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Alejandro de Luis
Editor de Hispatrading Magazine, revista de trading con mayor difusión en español, Alejandro ha trabajado como trader en diferentes sociedades de valores y firmas de trading propietario, así como en áreas de negociación y análisis durante casi dos décadas. Autor de varios libros de trading publicados en más de 5 países ha impartido conferencias formativas y programas de especialización ante audiencias de más de 40 países, entre ellas alumnos de varias universidades europeas de prestigio.
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