- Bitcoin permanece cerca de los 63.600 dólares pese a la debilidad del dólar y a una menor probabilidad de nuevas subidas de tipos.
- La falta de continuidad en las entradas de ETF, la moderación de las compras corporativas y los tipos todavía elevados limitan la demanda marginal.
- La zona de 64.000 dólares funciona como primera barrera inmediata, mientras 60.000 y 58.000 representan referencias inferiores relevantes.
- Bitcoin permanece cerca de los 63.600 dólares pese a la debilidad del dólar y a una menor probabilidad de nuevas subidas de tipos.
- La falta de continuidad en las entradas de ETF, la moderación de las compras corporativas y los tipos todavía elevados limitan la demanda marginal.
- La zona de 64.000 dólares funciona como primera barrera inmediata, mientras 60.000 y 58.000 representan referencias inferiores relevantes.
Las bolsas estadounidenses rozan máximos, el dólar se debilita y la probabilidad de una subida de tipos disminuye. En otro momento, esa combinación habría sido suficiente para impulsar a Bitcoin. Sin embargo, la criptomoneda permanece cerca de 63.600 dólares y tropieza repetidamente con la zona de 64.000. ¿Qué falta cuando el entorno macroeconómico deja de empeorar, pero el activo que suele anticipar la liquidez no consigue despegar?
La primera respuesta es que dejar de recibir malas noticias no equivale a recibir dinero nuevo. Bitcoin necesita demanda marginal constante porque todos los días aparecen vendedores, mineros que cubren gastos, inversores que reducen riesgo, fondos que atienden reembolsos y tenedores antiguos que aprovechan rebotes. Si los compradores institucionales solo compensan esa oferta, el precio puede estabilizarse sin iniciar una tendencia. Eso es lo que parece estar ocurriendo.
Bitcoin sigue muy por debajo de sus máximos
Bitcoin sigue aproximadamente un 50% por debajo del máximo cercano a 126.000 dólares registrado en octubre de 2025. Esa distancia crea una estructura de oferta complicada. Muchos inversores compraron durante la fase final del ciclo y utilizan cada rebote para recuperar capital. A diferencia de un máximo reciente, donde casi todos los participantes tienen beneficios, una caída prolongada deja capas de posiciones con distintos precios de entrada. Superarlas requiere un flujo comprador persistente.
El principal motor institucional, los fondos cotizados estadounidenses de Bitcoin al contado, ha perdido continuidad. Durante 2025, las entradas de ETF y las compras de tesorerías corporativas absorbieron gran parte de la nueva oferta. En 2026, el flujo se ha ralentizado y varias rachas de reembolsos han obligado a los fondos a vender Bitcoin. Los episodios de entrada duran pocos días, mientras que las salidas se agrupan y cortan los intentos de recuperación.
Bernstein calculó en junio que las entradas combinadas de ETF y compañías con tesorería en Bitcoin alcanzaban unos 12.000 millones de dólares en 2026, frente a aproximadamente 60.000 millones durante todo 2025. Más importante que la comparación anual es la dirección reciente. En julio, los ETF estadounidenses llegaron a acumular cerca de 5.800 millones de salidas netas en el año antes de registrar algunos días positivos. La mejora posterior no ha construido todavía una secuencia suficientemente larga para cambiar la percepción.
Esta fragilidad explica por qué un dato de inflación favorable produce una reacción modesta. Los inversores de ETF no compran de forma automática cuando baja el rendimiento de los bonos. Evalúan el impulso del activo, la volatilidad y la posibilidad de nuevas pérdidas. Si el precio no responde a una noticia positiva, algunos interpretan esa falta de reacción como debilidad y reducen exposición. Se forma así un círculo en el que flujos pequeños generan un precio débil y el precio débil impide que los flujos crezcan.
Las tesorerías corporativas tampoco ofrecen el mismo apoyo marginal que en la fase expansiva. Strategy continúa siendo el comprador más visible y en abril declaró más de 818.000 bitcoins. Sin embargo, el ritmo de adquisición depende de su capacidad para emitir acciones, deuda o instrumentos preferentes en condiciones atractivas. Cuando disminuye la prima de mercado de esos vehículos o aumenta el coste de financiación, las compras se moderan. Una gran posición acumulada no equivale a una demanda diaria ilimitada.
Tipos de interés, oro y regulación frenan el impulso
El segundo freno es el coste de oportunidad. La Reserva Federal mantiene los fondos federales entre el 3,50% y el 3,75%, y los bonos ofrecen una rentabilidad positiva sin asumir la volatilidad de Bitcoin. La menor probabilidad de una subida en septiembre ayuda, pero el mercado todavía no descuenta una expansión monetaria agresiva. Para que Bitcoin reciba un impulso sostenido, suele ser necesario que la liquidez crezca, que los tipos reales caigan de forma clara o que aparezca una demanda propia capaz de compensar esa competencia.
Existe además una diferencia entre Bitcoin y el oro en el actual entorno. Ambos activos carecen de cupón, pero el oro recibe compras de bancos centrales y demanda defensiva ante conflictos geopolíticos. Bitcoin continúa comportándose principalmente como un activo de riesgo de alta duración. Cuando aumenta la incertidumbre en Oriente Medio, parte del capital busca oro, dólares o deuda pública antes que criptomonedas. La narrativa de “oro digital” no ha desaparecido, pero la conducta observada sigue dependiendo mucho del apetito especulativo.
El tercer elemento es regulatorio. El Comité Bancario del Senado aprobó en mayo la Ley de Claridad sobre la Estructura del Mercado de Activos Digitales por quince votos frente a nueve. El proyecto intenta repartir competencias, establecer reglas para intermediarios y proteger a los consumidores. Sin embargo, todavía necesita superar el pleno del Senado y el resto del proceso legislativo. La ausencia de calendario firme reduce la probabilidad de que bancos, fondos de pensiones y grandes plataformas aceleren su exposición.
Citi recortó en julio su previsión a doce meses para Bitcoin desde 112.000 hasta 82.000 dólares y redujo a cero su supuesto de entradas netas en ETF para 2026. La cifra no debe leerse como un objetivo garantizado. Resulta más útil como síntoma de un cambio de modelo. La entidad pasó de asumir adopción institucional continua a exigir un nuevo catalizador. Esa revisión resume el problema actual, Bitcoin no carece de compradores, pero carece de aceleración.
La competencia por el capital también ha aumentado. Las acciones vinculadas a inteligencia artificial han recuperado protagonismo y ofrecen una narrativa de crecimiento respaldada por ingresos, contratos y beneficios corporativos. Los fondos que buscan exposición a activos de alta beta pueden elegir entre criptomonedas, semiconductores, infraestructura de datos o compañías espaciales. Bitcoin ya no monopoliza la historia de innovación y escasez que atraía al capital especulativo.
Derivados, liquidaciones y tenedores de largo plazo
La propia estructura del mercado cripto amplifica la espera. Una parte relevante de la negociación se realiza con derivados perpetuos y apalancamiento. Cuando el precio intenta romper una resistencia, el aumento rápido de posiciones largas eleva la financiación y crea un grupo vulnerable a liquidaciones. Una corrección pequeña fuerza ventas, devuelve el precio al rango y desanima al comprador al contado. El resultado son impulsos breves que parecen prometedores, pero no modifican la tendencia.
Las liquidaciones de comienzos del verano ilustran ese riesgo. En una de las fases más tensas, la reducción forzada de posiciones largas alcanzó aproximadamente 1.800 millones de dólares en una sesión. Los ETF devolvieron cerca de 59.400 bitcoins durante una racha de salidas. Aunque esa cantidad representaba menos del 5% de sus tenencias y no implicaba una retirada institucional completa, sí añadió oferta real en un mercado con escasa profundidad.
La actividad interna de la red tampoco muestra la euforia de otros ciclos. La participación minorista es más débil, muchas operaciones se desplazan a custodios y mercados extrabursátiles, y el crecimiento de direcciones activas no acompaña al precio con la misma intensidad. Esto no significa que la red haya dejado de utilizarse. Significa que la formación del precio depende más de ETF, futuros y grandes tenedores, lo que concentra la importancia de unos pocos canales de capital.
La oferta de los tenedores de largo plazo es otro obstáculo. Quienes compraron antes de 2024 conservan beneficios incluso con Bitcoin cerca de 63.000 dólares. Parte de ellos distribuye en los rebotes, mientras nuevos compradores institucionales absorben monedas mediante operaciones extrabursátiles. Si ambas fuerzas se equilibran, las reservas de los fondos pueden crecer sin una subida proporcional del precio visible. Para romper el rango, la demanda debe superar esa distribución, no simplemente igualarla.
Tampoco conviene interpretar la escasez programada como una garantía de avance mensual. El límite de 21 millones y la reducción periódica de la emisión condicionan la oferta a largo plazo, pero el precio depende del inventario disponible y de la voluntad de vender. Millones de bitcoins ya emitidos pueden volver al mercado cuando cambian las expectativas. La escasez es una característica estructural, no un comprador.
Análisis técnico de Bitcoin
Fuente: xStation5.
En el plano técnico, sin entrar en una lectura exhaustiva, la zona de 64.000 dólares funciona como primera barrera inmediata. Superarla de forma puntual tendría menos importancia que mantener cierres y comprobar que los ETF acompañan. Por debajo, el área de 60.000 representa una referencia psicológica y el entorno de 58.000 coincide con mínimos relevantes del verano. La pérdida de esa franja devolvería atención al riesgo de liquidaciones, mientras una ruptura sostenida de 64.000 permitiría evaluar resistencias posteriores con una estructura de demanda más saludable.
Qué necesitaría Bitcoin para volver a subir
El escenario favorable necesita tres piezas. La primera es una secuencia de entradas netas en ETF, no uno o dos días aislados. La segunda es una caída más clara de los rendimientos reales o una señal de expansión de liquidez. La tercera es progreso regulatorio que reduzca el coste jurídico para nuevos participantes. Si además disminuye la distribución de tenedores antiguos, el equilibrio podría inclinarse rápidamente porque la oferta nueva de Bitcoin es limitada.
El escenario adverso no requiere una prohibición ni un colapso tecnológico. Bastaría con que los ETF continúen perdiendo activos, la Reserva Federal mantenga tipos elevados y el proyecto regulatorio quede bloqueado. Una escalada geopolítica podría favorecer al dólar y al oro mientras perjudica a Bitcoin como activo de riesgo. En ese caso, el mercado seguiría atrapado entre compradores de largo plazo y vendedores que aprovechan cualquier recuperación.
Bitcoin no sube porque el entorno ha dejado de ser tan negativo, pero la demanda marginal aún no ha recuperado la fuerza necesaria. El activo conserva escasez, infraestructura institucional y una base de tenedores amplia. Lo que ha perdido es la sincronización entre ETF, tesorerías corporativas, liquidez macroeconómica y entusiasmo minorista. La próxima tendencia no dependerá de una explicación nueva, sino de que vuelva a entrar más capital del que sale durante suficientes semanas.
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Alejandro de Luis
Editor de Hispatrading Magazine, revista de trading con mayor difusión en español, Alejandro ha trabajado como trader en diferentes sociedades de valores y firmas de trading propietario, así como en áreas de negociación y análisis durante casi dos décadas. Autor de varios libros de trading publicados en más de 5 países ha impartido conferencias formativas y programas de especialización ante audiencias de más de 40 países, entre ellas alumnos de varias universidades europeas de prestigio.
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