- El rendimiento del bono estadounidense a 30 años alcanzó el 5,28%, su nivel más elevado desde 2007.
- La inflación, las necesidades de financiación del Tesoro y la prima por plazo mantienen la presión sobre el tramo largo.
- El IPC del 12 de agosto y la subasta a 30 años del 13 de agosto serán las siguientes referencias relevantes.
- El rendimiento del bono estadounidense a 30 años alcanzó el 5,28%, su nivel más elevado desde 2007.
- La inflación, las necesidades de financiación del Tesoro y la prima por plazo mantienen la presión sobre el tramo largo.
- El IPC del 12 de agosto y la subasta a 30 años del 13 de agosto serán las siguientes referencias relevantes.
El rendimiento del bono estadounidense a 30 años cerró julio en el 5,27% después de alcanzar el 5,28%, su nivel más elevado desde 2007. Tras el débil informe de empleo publicado el 7 de agosto, la rentabilidad ha retrocedido hacia el 5,21%, pero continúa muy cerca de esos máximos y claramente por encima del 5% que frenó anteriores intentos alcistas.
El movimiento no significa que Estados Unidos esté cerca de una crisis de deuda. Sí indica que los inversores exigen una compensación cada vez mayor para prestar dinero durante tres décadas a un Gobierno con inflación elevada, déficits persistentes y enormes necesidades de financiación.
La diferencia entre el corto y el largo plazo resulta especialmente significativa. El bono a dos años ofrece alrededor del 4,21%, el de diez años se mueve cerca del 4,65% y el de treinta años supera el 5,20%. Esta pendiente muestra que el mercado no está descontando únicamente nuevas subidas de los tipos oficiales. También está incorporando una prima adicional por inflación, duración, oferta de deuda y riesgo fiscal.
Cuando aumenta el rendimiento, cae el precio del bono. Debido a su elevada duración, el vencimiento a 30 años amplifica cualquier cambio en las expectativas. Una subida relativamente pequeña de la rentabilidad puede provocar una pérdida importante para quien compró el bono cuando ofrecía rendimientos inferiores.
La inflación continúa siendo el primer problema. El IPC estadounidense aumentó un 3,5% interanual en junio y la inflación subyacente se situó en el 2,6%. La energía todavía acumulaba un encarecimiento del 15,7% frente al año anterior. Sin embargo, existe un matiz importante: durante junio el IPC cayó un 0,4%, la energía retrocedió un 5,7% y la gasolina un 9,7%. Por tanto, el dato interanual sigue siendo elevado, pero la presión mensual se moderó claramente.
El mercado tendrá que comprobar ahora si ese alivio fue sostenible o simplemente consecuencia temporal del retroceso del petróleo. El próximo IPC, correspondiente a julio, se publicará el 12 de agosto y será una de las referencias decisivas para el bono. Un nuevo aumento de la inflación energética podría devolver rápidamente el rendimiento hacia los máximos.
La decisión de la Reserva Federal del 29 de julio tampoco consiguió tranquilizar al tramo largo. La institución mantuvo los tipos entre el 3,50% y el 3,75%, pero tres miembros votaron a favor de subirlos en 25 puntos básicos. Después de la reunión, el rendimiento a 30 años aumentó entre siete y ocho puntos básicos.
La reacción fue incómoda para la Fed. Normalmente, una política monetaria más restrictiva debería contener las expectativas de inflación a largo plazo. Sin embargo, el mercado interpretó que mantener los tipos sin ofrecer una estrategia suficientemente clara podía obligar a endurecer la política más adelante o permitir que la inflación permaneciera elevada durante más tiempo.
ING señaló precisamente que la subida del tramo largo reflejaba dudas sobre si la Reserva Federal respaldaría con acciones su discurso contra la inflación. La entidad considera ahora que la debilidad de los datos puede ser suficiente para evitar una subida en septiembre, pero advierte de que el camino es estrecho: la Fed necesita contener la inflación sin provocar una caída más profunda del mercado de bonos.
El informe laboral del 7 de agosto ha proporcionado cierto alivio. Estados Unidos perdió 23.000 empleos en julio, frente al aumento cercano a 80.000 que esperaba el mercado. Además, mayo fue revisado desde 129.000 hasta 63.000 puestos y junio desde 57.000 hasta 20.000. En conjunto, las revisiones eliminaron otros 103.000 empleos.
La tasa de paro descendió desde el 4,2% hasta el 4,1%, pero lo hizo al mismo tiempo que la participación laboral cayó al 61,4%, su nivel más bajo desde 2021. El empleo público disminuyó en 53.000 puestos, el comercio minorista perdió 19.000 y el sector privado solo creó 30.000. Los salarios aumentaron un 3,2% interanual, por debajo de la inflación general.
Estos datos reducen la presión para subir los tipos inmediatamente y explican el retroceso de los rendimientos durante la sesión. No obstante, un mercado laboral más débil no elimina el problema del bono a 30 años. Puede rebajar las expectativas sobre el tipo oficial, pero no reduce automáticamente la inflación acumulada, el déficit ni la cantidad de deuda que debe absorber el mercado.
El Tesoro y la prima por plazo mantienen la presión
El segundo gran factor es precisamente la oferta. El Tesoro estadounidense prevé captar 739.000 millones de dólares de deuda negociable neta entre julio y septiembre, 68.000 millones más de lo estimado anteriormente. Para el cuarto trimestre espera otros 628.000 millones. En solo seis meses, las necesidades previstas alcanzan 1,367 billones de dólares.
Además, el 13 de agosto celebrará una subasta de 25.000 millones en bonos a 30 años dentro de una refinanciación total de 125.000 millones. La subasta permitirá comprobar si existe suficiente demanda final a los rendimientos actuales o si el Tesoro necesita ofrecer una rentabilidad todavía mayor.
Una demanda sólida, con elevada participación de inversores institucionales y extranjeros, permitiría estabilizar el rendimiento. Una subasta débil, con mayor absorción por parte de los intermediarios, reforzaría la idea de que el mercado necesita precios más bajos y rendimientos más altos para digerir la nueva deuda.
Aquí aparece la prima por plazo. El rendimiento de un bono a 30 años puede dividirse entre la expectativa sobre los tipos futuros y la compensación exigida por mantener el capital inmovilizado durante tres décadas. Esta segunda parte aumenta cuando crecen la incertidumbre fiscal, la inflación esperada y la cantidad de bonos disponibles.
Goldman Sachs lleva meses advirtiendo de que los déficits estructurales están elevando esta prima fiscal. La entidad considera que los inversores necesitan una compensación adicional para asumir duración y que esta presión afecta especialmente al tramo largo. J.P. Morgan también espera que los rendimientos permanezcan elevados y puedan avanzar moderadamente durante el resto de 2026 por la combinación de oferta, inflación y endurecimiento monetario internacional.
Los bancos de inversión mantienen, no obstante, posiciones diferentes sobre la Reserva Federal. Bank of America continúa esperando tres subidas de 25 puntos básicos durante 2026, comenzando en septiembre, aunque esta previsión fue formulada antes del débil empleo de julio.
PNC mantiene el escenario contrario. Su previsión central es que los tipos permanezcan entre el 3,50% y el 3,75% durante el resto del año, aunque reconoce que los riesgos están inclinados hacia nuevas subidas si la inflación subyacente no se modera.
UBS también se muestra prudente con la duración. La entidad elevó su previsión para el bono a diez años hasta el 4,25% a finales de 2026 y considera que la mejor relación entre rentabilidad y riesgo se encuentra en los vencimientos cortos y medios. El banco reconoce que los bonos de mayor duración están más expuestos a la inflación y a la situación fiscal.
Niveles técnicos y consecuencias para los mercados
Desde el punto de vista técnico, el 5% continúa siendo la referencia principal. Su ruptura confirmó el deterioro del precio del bono y transformó una resistencia histórica en soporte para el rendimiento. Mientras permanezca por encima, la estructura continúa siendo alcista para la rentabilidad y bajista para el bono. A corto plazo, el 5,20% actúa como primer nivel de control. Si el rendimiento consolida nuevamente por encima, podría volver a probar la zona comprendida entre el 5,27% y el 5,28%. Una ruptura confirmada de esos máximos permitiría proyectar el movimiento hacia el intervalo del 5,40%-5,50%. Por debajo del 5,20% aumentaría la posibilidad de una corrección hacia el 5,10%, equivalente a una recuperación del precio del bono. Sin embargo, solamente una pérdida clara y consolidada del 5% empezaría a cuestionar la estructura construida durante los últimos meses.
Las consecuencias se extienden al conjunto de los mercados. El tipo hipotecario fijo a 30 años alcanzó una media del 6,69% durante la semana terminada el 6 de agosto, frente al 6,66% anterior, según Freddie Mac. Este coste frena la compraventa de viviendas, encarece las refinanciaciones y mantiene fuera del mercado a numerosos compradores.
Para el S&P 500, un rendimiento a 30 años por encima del 5,20% representa una competencia seria. Los inversores pueden obtener una rentabilidad elevada sin asumir el riesgo empresarial de la bolsa. Además, unos tipos a largo plazo más altos elevan la tasa utilizada para descontar los beneficios futuros, afectando especialmente a las compañías tecnológicas con valoraciones exigentes.
La relación con el oro es más compleja. Si los rendimientos aumentan porque la Fed endurece su política y suben los tipos reales, el movimiento suele perjudicar al metal. Pero si avanzan porque el mercado teme inflación, déficit o pérdida de credibilidad monetaria, el oro puede subir al mismo tiempo. Esto ayuda a explicar que el metal haya defendido los 4.000 dólares mientras el bono a 30 años sufría una nueva oleada de ventas.
El empleo ha dado un respiro, pero todavía no demuestra que lo peor haya pasado para el bono. Las siguientes pruebas serán el IPC del 12 de agosto y la subasta a 30 años del día 13. Una inflación moderada acompañada por una demanda sólida permitiría una corrección del rendimiento hacia el 5%. Una inflación persistente o una subasta débil devolverían la atención al 5,28% y posteriormente al 5,50%.
Mientras la rentabilidad permanezca por encima del 5%, el mensaje seguirá siendo claro: financiar a Estados Unidos durante treinta años exige la mayor compensación observada desde antes de la crisis financiera. No es una crisis de deuda, pero sí una advertencia sobre inflación, disciplina fiscal y credibilidad monetaria que la Reserva Federal, el Tesoro y la bolsa ya no pueden ignorar.
_______
Alejandro de Luis
Editor de Hispatrading Magazine, revista de trading con mayor difusión en español, Alejandro ha trabajado como trader en diferentes sociedades de valores y firmas de trading propietario, así como en áreas de negociación y análisis durante casi dos décadas. Autor de varios libros de trading publicados en más de 5 países ha impartido conferencias formativas y programas de especialización ante audiencias de más de 40 países, entre ellas alumnos de varias universidades europeas de prestigio.
El dólar se hunde tras los datos del NFP💲📉
Dólar hoy México: dólar extiende caída tras destrucción de empleo en EE. UU. e inflación mexicana en mínimo de seis años
APERTURA DE EE. UU.: Rebote moderado ante un mercado laboral débil
🔴CIERRE SEMANAL DE MERCADOS (07.08.2026)
"Este informe se proporciona sólo con fines de información general y con fines educativos. Cualquier opinión, análisis, precio u otro contenido no constituyen asesoramiento de inversión o recomendación en entendimiento de la ley de Belice. El rendimiento en el pasado no indica necesariamente los resultados futuros, y cualquier persona que actúe sobre esta información lo hace bajo su propio riesgo. XTB no aceptará responsabilidad por ninguna pérdida o daño, incluida, sin limitación, cualquier pérdida de beneficio, que pueda surgir directa o indirectamente del uso o la confianza de dicha información. Los contratos por diferencias (""CFDs"") son productos con apalancamiento y acarrean un alto nivel de riesgo. Asegúrese de comprender los riesgos asociados. "