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13:39 · 18 de febrero de 2026

El 4% del Treasury y el rebote que quiere nacer en Wall Street

Conclusiones clave
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Conclusiones clave
  • Con el Treasury a 10 años estabilizándose en torno al 4% y el S&P 500 defendiendo los 6.900 puntos, Wall Street podría estar gestando un rebote técnico, siempre que los rendimientos no vuelvan a presionar las valoraciones.

Hay momentos en los que el mercado aparenta calma, pero internamente se está reorganizando. Eso es exactamente lo que estamos viendo ahora en Estados Unidos. El S&P 500 terminó a apenas un 1,9% de su máximo histórico de enero, una cifra que, a primera vista, sugiere fortaleza. Sin embargo, esa cercanía a récords oculta una tensión evidente en el núcleo del mercado: la tecnología está corrigiendo mientras el capital busca refugio en otros activos.

El movimiento del Treasury a 10 años hacia el 4% no es un dato aislado; es una señal. Durante meses, el mercado operó bajo la narrativa de que la inteligencia artificial justificaría múltiplos elevados, inversiones masivas y expectativas prácticamente ilimitadas. Ahora el debate ha evolucionado. Ya no se trata solo de cuánto invierten las grandes tecnológicas en IA, sino del impacto real que esa tecnología tendrá sobre sectores completos y sobre el empleo. Cuando el mercado comienza a cuestionar si habrá recortes de plantilla en la segunda mitad del año para sostener esas inversiones, el tono cambia. Y cuando el tono cambia, el capital rota.

En febrero esta dinámica se ha hecho evidente. Grandes tecnológicas han registrado caídas de doble dígito, algunas superiores al 15% en cuestión de semanas, mientras el ETF de software acumula retrocesos relevantes en lo que va de año. Aun así, el índice amplio resiste. Esto indica que no estamos ante una salida generalizada del mercado, sino ante una redistribución del riesgo. El mercado no está colapsando; está reasignando capital.

En este contexto, el bono estadounidense a 10 años ha recuperado atractivo. El rendimiento ha oscilado alrededor del 4,05%, incluso tocando el 4,02% intradía, reflejando una búsqueda de estabilidad en medio de la volatilidad tecnológica y de datos de inflación algo más moderados. El mensaje es claro: cuando el riesgo percibido se concentra en un segmento específico, el capital tiende a equilibrarse en activos que ofrecen mayor previsibilidad. No es una señal de recesión inminente, sino de cautela selectiva.

Desde el punto de vista técnico, lo relevante es que esta fase de tensión podría estar dando paso a un intento de rebote. Ayer se observó un giro diario en el índice de volatilidad, un detalle que rara vez es anecdótico. Cuando la volatilidad implícita se modera tras un episodio de presión, suele anticipar al menos un movimiento de alivio en la renta variable. No es un fenómeno casual, sino mecánica de mercado: menor demanda de coberturas urgentes, cierre de posiciones cortas y recomposición táctica de carteras.

En el S&P 500, la zona de 6.900 puntos vuelve a ganar protagonismo. Es un nivel que el mercado ha respetado como referencia y que ahora actúa como frontera psicológica y técnica. Si el índice logra consolidar por encima de esa cota, el rebote dejaría de ser un simple respiro y comenzaría a adquirir estructura. No se trata únicamente de superarlo en intradía, sino de sostenerlo. Esa diferencia es la que separa un movimiento táctico de un intento más consistente de continuidad alcista.

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Fuente: xStation 5

El Dow Jones muestra un comportamiento distinto. Más expuesto a sectores tradicionales y menos dependiente de las grandes tecnológicas de crecimiento, puede convertirse en el termómetro de un rebote más amplio. Aquí el nivel clave se sitúa en torno a los 49.830 puntos. Si el mercado consigue asentarse por encima de esa zona, la señal sería que el rebote no responde solo a una rotación puntual, sino que comienza a extenderse de forma más transversal.

Todo esto ocurre en un entorno en el que el mercado continúa debatiéndose entre dos narrativas opuestas sobre la IA. Una la presenta como motor de productividad y crecimiento; la otra la percibe como un factor disruptivo para modelos de negocio consolidados y empleo cualificado. Esta dualidad explica por qué el índice puede mantenerse cerca de máximos mientras determinados valores corrigen con fuerza. No es contradicción; es transición.

El 4% del Treasury, en este escenario, actúa como barómetro emocional. Si los rendimientos se estabilizan y no vuelven a tensionarse al alza, la renta variable podría encontrar el espacio necesario para construir un rebote más sólido. Si, por el contrario, los tipos repuntan con intensidad, la presión sobre las valoraciones volvería a activarse.

Nos encontramos, en definitiva, ante un punto delicado pero relevante. No es un mercado deteriorado, sino un mercado que está ajustando expectativas. La tecnología ha dejado de ser una apuesta unidireccional y los inversores comienzan a exigir resultados tangibles. Mientras tanto, el gráfico empieza a esbozar un posible suelo de corto plazo. Si los niveles técnicos se confirman, el rebote podría consolidarse. Si no, la incertidumbre continuará dominando el escenario.

En este tipo de entornos, el mercado no premia la intuición precipitada, sino la disciplina. El precio debe confirmar primero. Y ahora mismo está intentando determinar si lo reciente ha sido una simple sacudida o el inicio de una etapa más selectiva y exigente.

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Fuente: xStation5

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Alejandro de Luis
Editor de Hispatrading Magazine, revista de trading con mayor difusión en español, Alejandro ha trabajado como trader en diferentes sociedades de valores y firmas de trading propietario, así como en áreas de negociación y análisis durante casi dos décadas. Autor de varios libros de trading publicados en más de 5 países ha impartido conferencias formativas y programas de especialización ante audiencias de más de 40 países, entre ellas alumnos de varias universidades europeas de prestigio.

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