- El conteo inconcluso y los retrasos extienden la incertidumbre política hasta la segunda vuelta.
- La fragmentación electoral y la crisis institucional elevan el riesgo país y afectan la inversión.
- Los mercados financieros reaccionan con cautela, priorizando liquidez y activos menos expuestos.
- El conteo inconcluso y los retrasos extienden la incertidumbre política hasta la segunda vuelta.
- La fragmentación electoral y la crisis institucional elevan el riesgo país y afectan la inversión.
- Los mercados financieros reaccionan con cautela, priorizando liquidez y activos menos expuestos.
El proceso electoral peruano entra en una fase de alta sensibilidad política a medida que avanza el escrutinio de la primera vuelta realizada el 12 de abril, con un conteo que aún no alcanza el cierre definitivo y que ha dejado al país en un estado de incertidumbre prolongada. Con más del 93% de actas procesadas, las autoridades electorales han reconocido retrasos significativos asociados a votos rurales, del extranjero y a miles de actas impugnadas, lo que ha postergado la oficialización de resultados hacia la primera quincena de mayo, apenas semanas antes de la segunda vuelta prevista para el 7 de junio. Este desfase temporal introduce una ventana de incertidumbre política en un país donde la estabilidad institucional ha sido históricamente frágil.

¿Cómo van los comicios electorales hasta ahora?
Las cifras preliminares reflejan un escenario altamente fragmentado, donde Keiko Fujimori lidera con aproximadamente 17,0% de los votos, seguida por Roberto Sánchez con cerca de 12,0%, mientras Rafael López Aliaga se mantiene muy cerca con cifras ligeramente inferiores, generando una disputa cerrada por el segundo lugar. Esta dispersión del voto confirma un patrón estructural en Perú, donde más de 30 candidaturas presidenciales fragmentan el electorado y hacen prácticamente inevitable una segunda vuelta con bajos niveles de legitimidad inicial. La diferencia de poco más de 20.000 votos entre los contendientes por el segundo lugar subraya que el desenlace responde a una atomización política que dificulta cualquier lectura direccional.
El deterioro institucional se ha hecho evidente con la renuncia del jefe de la ONPE, Piero Corvetto, en medio de cuestionamientos logísticos y operativos que afectaron incluso a más de 52.000 votantes en Lima por falta de material electoral. A esto se suman acusaciones de fraude sin evidencia sólida, denuncias penales por incitación a disturbios y una creciente presión social sobre las autoridades electorales. Este entorno no solo refleja debilidad operativa, también evidencia un problema más profundo de confianza en las instituciones, un factor que históricamente ha tenido impacto directo en flujos de inversión y percepción de riesgo país.
Economía bajo tensión electoral
Perú llega a este proceso con una economía que ha mostrado señales de recuperación moderada tras años de bajo crecimiento, aunque con desafíos estructurales persistentes como informalidad elevada, desigualdad y limitada productividad. En este contexto, la incertidumbre política adquiere un peso mayor en la toma de decisiones de inversión, especialmente considerando que el Fondo Monetario Internacional ha estimado que episodios de inestabilidad política en economías emergentes pueden reducir los flujos de inversión extranjera directa hasta en un 20%.
El mercado ya está reflejando esta tensión en términos cualitativos y en variables cuantificables. La prima de riesgo país del Perú, medida a través del EMBI, ha pasado de aproximadamente 127 puntos básicos a fines de 2025 a cerca de 144 puntos básicos en marzo de 2026, lo que implica un incremento cercano al 13% en pocos meses. Este ajuste no responde a deterioro macroeconómico, sino a una reevaluación del riesgo político en un contexto electoral fragmentado y con baja visibilidad institucional. En paralelo, el comportamiento de la renta variable muestra un cambio más sutil, pero igualmente relevante. A diferencia de ciclos anteriores marcados por caídas abruptas, el mercado peruano ha transitado hacia una fase de mayor selectividad, donde los flujos se concentran en activos menos expuestos al ciclo interno, mientras se reduce exposición en sectores domésticos. Este patrón es consistente con episodios preelectorales previos, donde la volatilidad no siempre se expresa en caídas generalizadas, sino en una recomposición del posicionamiento.
El análisis de expectativas muestra además un escepticismo significativo entre economistas respecto a la viabilidad de los planes fiscales y económicos propuestos. Encuestas del Instituto Peruano de Economía indican que cerca del 65% de los especialistas no considera creíbles las metas de déficit fiscal planteadas por los candidatos, lo que introduce un riesgo adicional en términos de sostenibilidad macroeconómica . Esta desconexión entre propuestas políticas y factibilidad técnica es un factor que el mercado monitorea con especial atención, ya que condiciona la trayectoria futura de variables como deuda pública, inflación y tipo de cambio.
Fragmentación, gobernabilidad y precedentes históricos
En la última década, Perú ha tenido ocho presidentes, ninguno completando su mandato, lo que ha debilitado de manera sostenida la gobernabilidad y la capacidad de implementar políticas públicas de largo plazo. Esta dinámica genera un entorno donde el riesgo político deja de ser un shock puntual y pasa a convertirse en una variable estructural dentro de la valoración de activos peruanos.
La fragmentación del sistema político, con más de 35 candidaturas presidenciales y un electorado altamente indeciso, refleja una crisis de representación que no se resolverá con una sola elección. Cerca de la mitad de los votantes no tiene una preferencia clara, lo que aumenta la probabilidad de resultados volátiles y de gobiernos con baja base de apoyo congresal. Este punto es especialmente relevante porque el nuevo Congreso bicameral, compuesto por 130 diputados y 60 senadores, requerirá acuerdos políticos amplios para aprobar reformas estructurales, algo que ha sido históricamente difícil en el país.
El riesgo está en la capacidad del próximo gobierno para gobernar en un entorno de alta fragmentación y presión social. La experiencia reciente sugiere que incluso administraciones con respaldo inicial enfrentan rápidamente crisis políticas, lo que eleva la probabilidad de episodios de volatilidad recurrente. Este patrón condiciona la forma en que los inversionistas internacionales evalúan Perú, donde la estabilidad macroeconómica convive con una fragilidad institucional que limita el potencial de crecimiento sostenido.
Mercado y posicionamiento
La lectura del mercado frente a este proceso electoral apunta a un ajuste gradual en expectativas de riesgo país y crecimiento económico. Los inversionistas ya están anticipando un escenario en el que la incertidumbre política se extenderá al menos hasta la segunda vuelta de junio, e incluso más allá, dependiendo de la capacidad del próximo gobierno para consolidar alianzas y definir una hoja de ruta económica clara. Este comportamiento se traduce en una preferencia por liquidez, cobertura y exposición selectiva, más que en apuestas direccionales agresivas.
En términos históricos, procesos electorales en Perú con alta fragmentación han estado asociados a periodos de menor dinamismo bursátil y mayor volatilidad en activos locales, especialmente en sectores sensibles al consumo interno y a la inversión privada. La actual coyuntura muestra características similares, aunque con un matiz adicional, que es la coexistencia de estabilidad macro relativa con debilidad política persistente. Este desajuste genera un entorno donde el mercado no castiga de forma abrupta, pero tampoco premia con claridad, manteniendo una valoración contenida a la espera de mayor visibilidad.
Mientras el proceso electoral continúe bajo cuestionamientos, con resultados demorados y con un escenario de segunda vuelta altamente polarizado, el mercado seguirá operando bajo una lógica de cautela estructural. La pregunta que domina el posicionamiento es si el próximo gobierno será capaz de romper un ciclo de inestabilidad que lleva más de una década condicionando el potencial económico del país.
Análisis técnico
EPU.US (H1)
Fuente: xStation
El precio de EPU.US en H1 mantiene una estructura bajista dentro de un canal descendente bien definido, con máximos y mínimos decrecientes respetando la directriz superior. Tras el rechazo en la zona de 87.7, el activo ha continuado presionado a la baja, con velas de cuerpo relativamente pequeño pero consistentes, lo que refleja una tendencia ordenada más que un movimiento impulsivo. La media móvil actúa como resistencia dinámica, conteniendo los intentos de rebote y reforzando el sesgo bajista de corto plazo.
En el escenario actual, el precio se aproxima a la zona de 80.5 tras salir de niveles de sobreventa en el RSI, lo que sugiere posibilidad de rebote técnico dentro del canal. Sin embargo, mientras no se rompa con claridad la parte alta del canal, cualquier recuperación podría ser correctiva. Un quiebre por debajo de 80 abriría espacio hacia 77.5, mientras que una recuperación sostenida por encima de 82.5–83 podría buscar nuevamente la zona de 85, donde convergen resistencias relevantes.
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