- ExxonMobil y Chevron ganaron conjuntamente más de 26.500 millones de dólares durante el segundo trimestre, favorecidas por el petróleo más caro, los elevados márgenes de refino y la alta utilización de sus instalaciones.
- Una parte de los resultados fue excepcional y podría moderarse si el Brent permanece cerca de 80 dólares, se normalizan los márgenes de los combustibles y aumenta la actividad de mantenimiento.
- Las declaraciones de Donald Trump introducen un riesgo político y reputacional, aunque todavía no se han traducido en medidas regulatorias concretas contra las compañías.
- ExxonMobil y Chevron ganaron conjuntamente más de 26.500 millones de dólares durante el segundo trimestre, favorecidas por el petróleo más caro, los elevados márgenes de refino y la alta utilización de sus instalaciones.
- Una parte de los resultados fue excepcional y podría moderarse si el Brent permanece cerca de 80 dólares, se normalizan los márgenes de los combustibles y aumenta la actividad de mantenimiento.
- Las declaraciones de Donald Trump introducen un riesgo político y reputacional, aunque todavía no se han traducido en medidas regulatorias concretas contra las compañías.
ExxonMobil y Chevron cerraron el segundo trimestre con unos beneficios extraordinarios. El encarecimiento del crudo, la escasez de productos refinados y la elevada utilización de sus instalaciones permitieron que ambas compañías obtuvieran conjuntamente más de 26.500 millones de dólares. Sin embargo, esa fortaleza financiera ha abierto un riesgo inesperado: el político. Donald Trump acusó el 3 de agosto a Exxon y Chevron de estar ganando demasiado dinero gracias a la escasez y les reclamó que redujeran los precios pagados por los consumidores. Sus palabras no estuvieron acompañadas de una medida concreta, pero introducen una nueva prima de riesgo para dos compañías que hasta ahora se habían beneficiado de una Administración favorable a la producción de hidrocarburos.
La cuestión para el mercado no consiste únicamente en determinar si Trump trasladará su discurso al terreno regulatorio. Los inversionistas también deben evaluar si los resultados del segundo trimestre representan un nuevo nivel sostenible de rentabilidad o el punto máximo de un ciclo excepcional provocado por la guerra con Irán y las dislocaciones del mercado energético.
Exxon y Chevron presentan beneficios extraordinarios, pero no completamente recurrentes
ExxonMobil obtuvo un beneficio neto de 14.525 millones de dólares, equivalente a 3,48 dólares por acción. El beneficio ajustado alcanzó los 14.680 millones, mientras el flujo de caja operativo se situó en 23.600 millones y el flujo de caja libre llegó a 17.200 millones.nLa compañía distribuyó 9.400 millones de dólares entre sus accionistas, mediante el pago de 4.300 millones en dividendos y la ejecución de 5.100 millones en recompras de acciones.
Por su parte, Chevron registró un beneficio de 12.072 millones de dólares, frente a los 2.490 millones obtenidos un año antes. El resultado diluido alcanzó los 6,11 dólares por acción y el beneficio ajustado se situó en 11.977 millones.bEl flujo de caja operativo de Chevron ascendió a 22.600 millones de dólares, lo que permitió reducir su deuda en aproximadamente 8.400 millones durante el trimestre. Las cifras son correctas, pero requieren una lectura menos espectacular que la sugerida por los titulares. El beneficio ajustado de Chevron todavía incluyó alrededor de 1.400 millones de dólares en efectos temporales favorables, relacionados principalmente con derivados e inventarios. Por tanto, no todo el salto representa una mejora recurrente de la actividad.
En Exxon ocurre algo diferente, ya que la empresa excluye esos desfases de su beneficio ajustado. Su división Energy Products obtuvo 5.465 millones de dólares según la contabilidad GAAP, frente a una pérdida de 1.262 millones durante el primer trimestre. Sin embargo, una comparación operativa más limpia muestra que el beneficio ajustado de esta división pasó de 2.799 millones a 4.099 millones de dólares. La mejora sigue siendo considerable, pero no equivale al giro de casi 6.700 millones que sugieren las cifras contables sin ajustar.
La principal explicación de estos resultados se encuentra en el precio del petróleo. El Brent al contado promedió aproximadamente 104 dólares por barril durante el segundo trimestre, frente a 81 dólares durante los tres primeros meses del año y 68 dólares en el mismo periodo de 2025. Esta referencia permitió elevar los precios obtenidos por la producción del negocio upstream y, al mismo tiempo, favoreció unos márgenes extraordinarios en la comercialización de combustibles. Las condiciones han cambiado desde entonces. Durante la sesión del 4 de agosto, el Brent llegó a retroceder cerca de un 5%, hasta situarse alrededor de los 80 dólares por barril, después de que aumentaran las expectativas de un acuerdo para mejorar el tránsito por el estrecho de Ormuz.
Goldman Sachs considera que el crudo podría permanecer dentro de un rango de entre 80 y 90 dólares mientras no exista un acuerdo confirmado entre Estados Unidos e Irán ni se produzca una escalada militar considerable. Ese rango continuaría siendo rentable para Exxon y Chevron, pero difícilmente permitiría repetir unos resultados construidos con un precio medio del Brent de 104 dólares. La comparación secuencial del tercer trimestre será exigente, incluso si el petróleo se mantiene por encima de los niveles anteriores al conflicto.
La integración protege sus márgenes, aunque el ciclo comienza a normalizarse
La principal ventaja de ambas compañías es que no dependen exclusivamente de la extracción de petróleo. Exxon obtuvo 9.189 millones de dólares de beneficio ajustado en upstream, pero su división Energy Products aportó otros 4.099 millones. Chemical Products generó 1.214 millones y Specialty Products sumó 969 millones. Su red integrada permitió desplazar crudo y combustibles entre regiones, optimizar los inventarios y capturar las diferencias de precios provocadas por las interrupciones logísticas. Chevron presentó una estructura similar. El negocio upstream aportó aproximadamente 8.182 millones de dólares, mientras el downstream generó 4.868 millones.
Dentro de Estados Unidos, el negocio de refino y comercialización obtuvo un beneficio de 2.411 millones de dólares, casi seis veces superior al registrado un año antes. Las refinerías estadounidenses de Chevron procesaron 1,07 millones de barriles diarios y operaron con una utilización del 97%, un nivel próximo a su capacidad máxima. Esta fortaleza también anticipa una posible normalización. Las refinerías no pueden mantener indefinidamente utilizaciones cercanas al 100% y deben detenerse periódicamente para realizar tareas de mantenimiento. Chevron ya espera que una mayor actividad de mantenimiento reste entre 175 y 225 millones de dólares al beneficio downstream del tercer trimestre.
La demanda también introduce una señal de cautela. Chevron vendió un 4% menos de productos refinados en Estados Unidos que un año antes, debido principalmente a una reducción del consumo de gasolina. En sus operaciones internacionales, las ventas descendieron un 13% por las interrupciones de suministro y la menor demanda de gasolina y diésel. Los precios elevados sostienen inicialmente los márgenes de las compañías, pero también terminan reduciendo el consumo y fomentando una utilización más eficiente de los combustibles.
Las advertencias de Trump elevan el riesgo político para las petroleras
La presión de Trump debe analizarse dentro de este contexto. El precio pagado por los consumidores en una estación de servicio no depende únicamente del beneficio obtenido por una petrolera. En la formación del precio intervienen el coste del crudo, la disponibilidad de las refinerías, los niveles de inventarios, el transporte, las mezclas estacionales, los impuestos y los márgenes comerciales. Además, muchas estaciones de servicio no pertenecen directamente a Exxon o Chevron. Según la Administración de Información Energética, la gasolina regular promedió 4,079 dólares por galón durante la semana terminada el 3 de agosto, frente a los 4,096 dólares de la semana anterior. El precio había alcanzado los 4,50 dólares en mayo y posteriormente descendió, aunque todavía se mantiene aproximadamente un dólar por encima de los niveles registrados antes del conflicto.
Trump puede presionar públicamente a las compañías, promover investigaciones sobre los precios o utilizar las reservas estratégicas. También podría proponer restricciones a las exportaciones, modificaciones fiscales o límites a determinadas prácticas comerciales. Sin embargo, el presidente no anunció ninguna de esas medidas durante sus declaraciones del 3 de agosto. Un impuesto extraordinario necesitaría apoyo legislativo y chocaría con la orientación energética mantenida hasta ahora por la Administración. Limitar las exportaciones podría reducir temporalmente algunos precios domésticos, pero también desorganizaría el funcionamiento de las refinerías estadounidenses.
Estas instalaciones producen determinados combustibles destinados a mercados exteriores y, al mismo tiempo, importan otros productos adaptados a las especificaciones regionales. Por tanto, el riesgo inmediato es principalmente político y reputacional, pero todavía no regulatorio. La elevada rentabilidad de las compañías petroleras las convierte en un objetivo fácil cuando los hogares pagan más por combustible, alimentación y transporte. Además, los 9.400 millones de dólares distribuidos por Exxon en un solo trimestre pueden convertirse políticamente en una imagen más incómoda que sus inversiones productivas.
Las dos compañías responderán previsiblemente destacando que sus beneficios financian nuevas reservas, una mayor producción y balances más resistentes. Exxon invirtió 13.000 millones de dólares durante el primer semestre y mantiene sus proyectos de crecimiento en Permian y Guyana. Su quinta unidad flotante de producción en Guyana tiene previsto comenzar a operar durante el cuarto trimestre y añadirá aproximadamente 250.000 barriles diarios de capacidad. La producción de Exxon en Permian superó el récord de 1,8 millones de barriles equivalentes diarios. Además, la compañía ha acumulado 16.300 millones de dólares en ahorros estructurales desde 2019. Estas mejoras reducen el coste necesario para mantener la producción y permiten conservar márgenes elevados incluso con un precio del petróleo más bajo.
Chevron también dispone de motores de crecimiento que no dependen completamente de las cotizaciones del crudo. Su producción mundial aumentó un 20% interanual, gracias a la incorporación de Hess y al crecimiento registrado en Permian y el Golfo de América. La producción estadounidense alcanzó los 2,077 millones de barriles equivalentes diarios, aproximadamente 382.000 más que un año antes. La empresa alcanzó 3.000 millones de dólares de ahorro estructural anualizado seis meses antes de su objetivo y obtuvo aproximadamente 1.500 millones en sinergias anualizadas relacionadas con Hess durante el primer año. La integración también aumenta la exposición de Chevron a Guyana, uno de los proyectos petroleros de menor coste y mayor crecimiento de la industria. Estas mejoras ofrecen una protección importante, pero no eliminan la sensibilidad de los resultados al precio del crudo.
Chevron recibió una media de 70,80 dólares por barril de líquidos producido en Estados Unidos, frente a 51,94 dólares durante el primer trimestre. En sus operaciones internacionales, el precio obtenido aumentó desde 77,50 hasta 96,41 dólares. Si estas referencias retroceden siguiendo el comportamiento del Brent, el impacto sobre los márgenes aparecerá antes de que puedan ajustarse costes como el personal, la depreciación y la infraestructura.
Exxon y Chevron corrigen en bolsa ante la caída del petróleo
La reacción bursátil posterior a las declaraciones de Trump refleja esta incertidumbre. Exxon cerró la sesión del 3 de agosto alrededor de los 155 dólares, mientras Chevron finalizó cerca de los 193 dólares. Durante las primeras horas del 4 de agosto, Exxon llegó a perder aproximadamente un 3,8% y Chevron alrededor de un 3,5%, coincidiendo con la caída del precio del petróleo. Ambas acciones recuperaron posteriormente una parte del descenso. El movimiento no responde únicamente a las palabras presidenciales, sino también al deterioro de la referencia energética.
Fuente: xStation5.
Desde el punto de vista técnico, Exxon ha dejado una primera zona de apoyo entre los 149 y 150 dólares, correspondiente al mínimo alcanzado durante la sesión del 4 de agosto. Mientras consiga conservar esta zona, la caída puede interpretarse como una corrección posterior a la publicación de resultados. Una pérdida confirmada aumentaría el riesgo de una extensión hacia soportes anteriores. Por el contrario, una ruptura de los 158,5 dólares podría devolver impulso a la acción. Chevron presenta una estructura semejante alrededor de los 190 dólares. Una recuperación estable por encima de los 198,4 dólares reduciría el impacto de la caída inicial, mientras que una ruptura de los 186 dólares abriría la puerta a una corrección más amplia. En ambos casos, recuperar los máximos recientes requeriría que el mercado descartase medidas políticas materiales y estabilizase sus expectativas sobre el precio del petróleo.
Fuente: xStation5.
¿Podrán Exxon y Chevron sostener su generación de caja?
El escenario favorable combinaría un Brent dentro de un rango de entre 80 y 90 dólares, márgenes de refino todavía superiores a la media histórica, crecimiento de la producción y ausencia de medidas políticas punitivas. En estas condiciones, los beneficios descenderían desde el máximo alcanzado durante el segundo trimestre, pero el flujo de caja seguiría siendo suficiente para financiar inversiones, dividendos, recompras y reducción de deuda. Las acciones no necesitarían que Exxon volviera a ganar 14.500 millones ni que Chevron repitiera 12.100 millones cada trimestre.
Sería suficiente con que el mercado concluyera que los proyectos de bajo coste, las sinergias y el crecimiento productivo han elevado permanentemente su capacidad normalizada de generación de caja. El escenario adverso combinaría un acuerdo que devolviera rápidamente el Brent por debajo de los 80 dólares, la normalización de los márgenes de refino, una menor demanda de combustibles y alguna medida política concreta relacionada con precios, exportaciones o retornos al accionista. Si los negocios upstream y downstream se debilitaran simultáneamente, la integración dejaría de proporcionar la protección observada durante el segundo trimestre.
La conclusión es menos dramática que las cifras y más incómoda que el discurso corporativo. Exxon y Chevron pueden mantener una generación de caja muy elevada, pero difícilmente repetirán de forma inmediata los beneficios del segundo trimestre si el Brent permanece cerca de los 80 dólares. Sus mejoras operativas son reales, pero una parte importante del resultado también tuvo un carácter excepcional. Las advertencias de Trump elevan la incertidumbre, aunque todavía no modifican el valor fundamental de las compañías. El verdadero riesgo aparecerá si la presión política se transforma en medidas ejecutables. Hasta entonces, la dirección de las acciones dependerá más del precio del petróleo, los márgenes de refino y la capacidad de convertir el crecimiento de producción en caja recurrente que de una declaración procedente del Despacho Oval.
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