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13:13 · 16 de febrero de 2026

Cobre en máximos con inventarios disparados: ¿descuento adelantado o rebote en construcción?

Conclusiones clave
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Conclusiones clave
  • El cobre cotiza cerca de máximos mientras los inventarios alcanzan niveles no vistos desde 2003; la narrativa de escasez sostiene el precio, pero el deterioro técnico y la abundancia física elevan el riesgo de ajuste, aunque con potencial para rebotes tácticos en el corto plazo.

El cobre vuelve a situarse en el centro del debate macro. Mientras el precio ha llegado a cotizar cerca de los máximos nominales en dólares por tonelada, los inventarios globales en las tres grandes bolsas superan las 1,1 millones de toneladas métricas, el nivel más alto desde 2003. Es decir, el mercado cotiza narrativa de escasez en un momento en el que las existencias físicas dicen exactamente lo contrario.

Desde comienzos de año, el inventario global en bolsas ha aumentado en unas 300.000 toneladas. Solo en Estados Unidos, las existencias en almacenes vinculados al mercado de futuros pasaron de 85.000 toneladas a principios de 2025 a más de 536.000 toneladas en la actualidad. Gran parte de este flujo respondió al arbitraje generado por la prima que llegó a ofrecer el mercado estadounidense frente al precio internacional. La amenaza de aranceles disparó el incentivo para enviar metal físico a EE.UU., y el flujo fue masivo: 1,45 millones de toneladas importadas en los primeros once meses del año pasado, más de 600.000 adicionales respecto al año anterior.

Pero esa prima se ha evaporado. Y cuando desaparece el incentivo, desaparece el flujo especulativo. Las entradas continúan, sí, pero ahora se redirigen parcialmente hacia almacenes de Londres en puertos como Baltimore o Nueva Orleans. El mensaje es claro: ya no hay urgencia.

China tampoco muestra tensión inmediata. Las existencias en la Bolsa de Futuros de Shanghái han aumentado en más de 127.000 toneladas desde principios de enero, superando ya los máximos estacionales del año anterior antes incluso de que comience plenamente el ciclo de reactivación tras el Año Nuevo Lunar. Además, el indicador de demanda de importación, la prima de Yangshan, tocó mínimos de 18 meses. No parece el comportamiento típico de un mercado con escasez inminente.

A esto se suma la estructura de mercado. El diferencial cash-tres meses en Londres ha pasado de backwardation a un contango cómodo superior a 100 dólares por tonelada. Cuando un mercado entra en contango y las curvas forward se suavizan, lo que suele reflejar es disponibilidad amplia de metal físico. Las tensiones de corto plazo desaparecen. No hay prisa por pagar más hoy que mañana.

Entonces, ¿por qué el precio sigue tan alto?

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Fuente: xStation

Porque el cobre no solo cotiza inventarios. Cotiza expectativas. Cotiza transición energética, electrificación, infraestructuras, inteligencia artificial, redes eléctricas, desdolarización y cobertura macro. En cierto modo, ha absorbido parte de la fiebre especulativa que primero impulsó al oro y luego a la plata. Se ha convertido en un activo híbrido: mitad industrial, mitad financiero.

Ahora bien, si trasladamos todo esto al gráfico diario, el mercado parece empezar a descontar la realidad física. Tras marcar máximos históricos el mes pasado, el precio ha comenzado a dibujar máximos decrecientes. La estructura técnica empieza a deteriorarse. No hablamos todavía de un cambio de tendencia confirmado, pero sí de una pérdida de momentum. Un activo que hace máximos históricos mientras el inventario sube de forma agresiva es un activo que depende cada vez más de la narrativa. Y cuando la narrativa pierde fuerza, el precio suele adelantarse.

Desde el punto de vista técnico, la secuencia de máximos decrecientes sugiere que la presión compradora ya no es tan contundente como antes. Cada nuevo intento alcista encuentra ventas antes que el anterior. Eso no es casual. Es el reflejo de que el mercado está ajustando expectativas. Sin embargo, conviene no caer en el extremo contrario. Que el gráfico diario muestre deterioro no significa que no pueda haber rebotes de corto plazo. De hecho, en mercados que han vivido movimientos tan verticales, los retrocesos suelen alternarse con repuntes técnicos intensos.

En temporalidades más cortas, cualquier zona de soporte relevante puede generar reacciones técnicas. Además, el posicionamiento especulativo extremadamente cargado en un sentido suele dar lugar a movimientos violentos cuando se producen coberturas o cierres parciales. Si el mercado percibe que los datos macro o algún catalizador geopolítico reavivan la narrativa de escasez futura, el cobre podría experimentar impulsos alcistas puntuales incluso dentro de una estructura diaria más débil.

Aquí es donde entran los dos conceptos clave que conviven ahora mismo:

Primero, el ajuste estructural. Inventarios altos, contango, relajación de diferenciales y debilitamiento de primas físicas apuntan a que el argumento de escasez inmediata no está respaldado por la realidad actual.

Segundo, la volatilidad táctica. El mercado no es una línea recta. Mientras el precio no confirme una ruptura clara de soportes estructurales, los rebotes seguirán apareciendo. Especialmente si el dólar vuelve a debilitarse o si se reactiva el apetito por metales industriales como cobertura frente a políticas fiscales expansivas.

En definitiva, el cobre está en una fase de transición. El relato de déficit futuro sigue vivo, pero el presente muestra abundancia. El gráfico diario empieza a reflejar esa contradicción mediante máximos decrecientes, señal de que el mercado podría estar adelantando una normalización de precios. Eso no elimina la posibilidad de repuntes de corto plazo. Pero sí obliga a diferenciar entre impulso estructural y rebote técnico.

El cobre siempre ha sido considerado un termómetro de la economía global. Hoy, más que un diagnóstico claro, parece estar enviando señales mixtas. Y cuando el precio y los inventarios cuentan historias diferentes, el mercado suele necesitar tiempo para decidir cuál de las dos termina imponiéndose.

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