En toda Europa, tanto los mercados como los consumidores se están planteando interrogantes sobre el amplio y controvertido acuerdo Mercosur. ¿Cuáles son los hechos? ¿Quiénes se beneficiarán y quiénes podrían verse perjudicados por esta nueva iniciativa comercial?
El acuerdo para eliminar restricciones comerciales entre la Unión Europea y los países de América Latina es un documento de alta complejidad. Sin embargo, pese a negociaciones que se han extendido por 25 años, solo ha captado una atención pública significativa en su etapa final.
Mercosur vs. agricultores
Antes de analizar el impacto del acuerdo sobre la economía y los mercados, resulta necesario abordar la avalancha de controversias y desinformación en torno al propio tratado. Mercosur no implica la destrucción de la agricultura europea ni un deterioro de la calidad de los alimentos en Europa.
Se trata de una iniciativa estratégica y no negociable, clave para preservar la competitividad de la economía europea en un entorno global cada vez más desafiante. Además, sus principales áreas de impacto se concentran en minería, maquinaria y la industria automotriz, y no en el sector agrícola, como suele afirmarse en el debate público.
Este matiz es central para entender el verdadero alcance económico del acuerdo y su relevancia en la estrategia comercial de largo plazo de la Unión Europea.
Actualmente, las importaciones de carne bovina hacia la Unión Europea ascienden a cerca de 0,5 millones de toneladas, mientras que las de aves rondan los 0,3 millones de toneladas. Europa, por su parte, produce aproximadamente 6–7 millones de toneladas de carne bovina y 14 millones de toneladas de carne avícola. La cuota libre de aranceles prevista en el acuerdo se sitúa apenas entre 100.000 y 200.000 toneladas.
En contraste, el panorama es completamente distinto en materias primas estratégicas como litio, niobio, tierras raras o cobre. Europa cuenta con extracción y reservas prácticamente insignificantes de estos recursos, mientras que la demanda crecerá de forma exponencial para abastecer fábricas avanzadas y la transición energética. Las importaciones necesarias deberán multiplicarse entre dos y tres veces, mientras que en América Latina varios países disponen de grandes yacimientos y capacidad minera sin explotar.
Para los agricultores y la industria alimentaria, el acuerdo sí implica una mayor competencia de mercado. Los consumidores europeos podrían ver una desaceleración en el alza de precios (o incluso caídas locales) en carne bovina y avícola, que serán los principales productos agrícolas importados a la UE. Esto no se produce a costa de la calidad: los estándares alimentarios exigidos a los productores europeos también se aplican a los productos importados. El acuerdo aborda aranceles, no estándares. Además, las eventuales pérdidas por menores precios de las materias primas estarán limitadas por cuotas restrictivas y compensadas mediante subsidios bajo la Política Agrícola Común (PAC), por lo que, para la mayoría de los agricultores, el acuerdo no representa una amenaza.
Europa puede permitirse no sabotear iniciativas estratégicas para proteger intereses ad hoc y poco definidos de una fracción de la población, cuyo aporte a la economía es marginal y, en muchos casos, con impacto fiscal negativo.
¿Quién pierde más con el acuerdo Mercosur?
Contrario a la percepción común, los mayores perdedores no serían los agricultores europeos, sino Estados Unidos, China y Rusia. El acuerdo busca, ante todo, asegurar el acceso de Europa a materias primas minerales estratégicas, un ámbito en el que el continente sufre una clara desventaja geológica. Estas potencias han utilizado históricamente esa dependencia como herramienta de presión. Diversificar suministros desde América Latina, rica en recursos pero con menor desarrollo tecnológico, mitiga ese riesgo.
En sentido inverso, Europa podrá exportar productos industriales y de alta tecnología a América Latina. Sectores como el automotriz, químico, óptico, electrónico y de maquinaria (con márgenes de expansión cada vez más limitados en Europa y en los mercados estadounidense y chino) encontrarán en el continente latinoamericano un nuevo espacio de crecimiento, con competencia aún acotada y oportunidades significativas.
¿Qué significa esto para empresas y mercados?
En Europa no faltan empresas listadas expectantes ante la apertura de un nuevo capítulo en la historia económica del continente. Entre los principales beneficiados destacan los fabricantes europeos, como Volkswagen, BMW y Stellantis. La apertura de un nuevo mercado puede contribuir a frenar el deterioro estructural del sector automotor europeo y mejorar sus perspectivas de crecimiento de mediano y largo plazo.
BMW.DE (D1)
En el gráfico se observa un rebote desde los mínimos, un cruce alcista de las medias móviles exponenciales de 100 y 200 períodos (EMA 100 y EMA 200) y un retorno a una tendencia alcista.
Fuente: xStation5
En este contexto, los fabricantes de maquinaria y el sector defensa también se verán favorecidos. Gigantes industriales como Siemens, BASF, ZF y ABB se beneficiarán de la apertura de nuevos mercados de ventas.
Por su parte, el sector defensa (representado, entre otros, por Rheinmetall, BAE Systems, Hensoldt y Leonardo) obtendrá ventajas a partir de cadenas de suministro más sólidas y seguras para materias primas estratégicas, un factor clave en el entorno geopolítico actual.
SIE.DE (D1)
La compañía ha mantenido una sólida tendencia alcista durante muchos años, según se observa en el gráfico.
Fuente: xStation5
Entre los potenciales perdedores figuran algunos productores de alimentos, aunque el impacto se concentraría principalmente en empresas más pequeñas y en aquellas con una alta dependencia de productos cárnicos. En contraste, grandes productores como Nestlé, Danone, Lindt o Kerry presentan una exposición limitada a los sectores analizados y, además, cuentan con mecanismos suficientes para protegerse de una mayor competencia, ya sea por diversificación, escala o posicionamiento de marca.
Naturalmente, este análisis no pretende ser una lista exhaustiva de todas las entidades económicas y de mercado involucradas. El acuerdo está llamado a convertirse en la mayor zona de libre comercio del mundo, abarcando innumerables proyectos, industrias, empresas e iniciativas.
En un contexto global donde las negociaciones comerciales suelen desarrollarse bajo amenazas y presiones, una iniciativa europea en la que todas las partes obtienen beneficios representa una excepción positiva. No obstante, aunque el acuerdo se encuentra en su fase final, su entrada en vigor no está garantizada. Tanto Europa como América del Sur atraviesan un período de mayor inestabilidad política, mientras que Estados Unidos y China siguen de cerca el proceso y podrían intentar influir en las negociaciones y en el trámite legislativo.
Kamil Szczepański
Analista Junior de Mercados Financieros, XTB
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