- Los mercados de deuda mundial sufren una fuerte ola de ventas ante el temor a un repunte de la inflación, impulsado por el encarecimiento del petróleo y la escalada entre EE. UU. e Irán.
- Las rentabilidades de los bonos se disparan a máximos de décadas, mientras los inversores anticipan tipos más altos y mayores costes de financiación para gobiernos y empresas.
- Los mercados de deuda mundial sufren una fuerte ola de ventas ante el temor a un repunte de la inflación, impulsado por el encarecimiento del petróleo y la escalada entre EE. UU. e Irán.
- Las rentabilidades de los bonos se disparan a máximos de décadas, mientras los inversores anticipan tipos más altos y mayores costes de financiación para gobiernos y empresas.
Los mercados de deuda soberana viven esta semana uno de sus episodios de venta más intensos de los últimos años. Los inversores están exigiendo una compensación cada vez mayor por prestar dinero a los gobiernos, ante el temor de que la inflación vuelva a descontrolarse.
¿Qué está pasando?
Los rendimientos de la deuda pública han subido con fuerza en prácticamente todas las grandes economías —Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Alemania y también España— en lo que está siendo un desplome generalizado del mercado de bonos. Cuando los precios de los bonos caen, sus rendimientos suben, y eso es justo lo que ha ocurrido de forma simultánea en varios continentes.
La deuda mundial se sigue vendiendo, extendiendo un desplome que ha llevado los costes de financiación a máximos de varias décadas, en un contexto donde el conflicto en Oriente Medio está empujando al alza los precios de la energía y alimentando el temor a una inflación persistente y a un endeudamiento público desbocado.
El detonante: petróleo y geopolítica
El origen inmediato de esta ola de ventas se encuentra en la escalada bélica entre Estados Unidos e Irán. Nuevos ataques estadounidenses contra Irán en los últimos días han reavivado la preocupación por posibles disrupciones en el estrecho de Ormuz, una de las arterias más importantes del comercio mundial de crudo.
El resultado ha sido una subida notable del petróleo: el Brent cotiza en torno a los 95-96 dólares por barril, cerca de máximos de cinco semanas, mientras el WTI se mueve alrededor de los 90-91 dólares. Un crudo más caro se traduce directamente en mayores costes de transporte, energía y producción, lo que reactiva el fantasma de una inflación importada a través de la factura energética justo cuando muchos bancos centrales creían tener la situación bajo control.
La inflación, el verdadero motor del movimiento
Aunque la chispa ha sido geopolítica, lo que de verdad está moviendo los mercados es la inflación, o más bien el miedo a que repunte de nuevo tras meses de enfriamiento parcial.
En la Eurozona, los datos conocidos esta semana han sido un jarro de agua fría para el Banco Central Europeo (BCE): la inflación interanual repuntó hasta el 3,3% en agosto, frente al 2,9% de julio, su nivel más alto desde 2023. El repunte se explica casi en su totalidad por el encarecimiento de la energía, mientras que la inflación subyacente (que excluye energía y alimentos) incluso se moderó ligeramente, del 2,5% al 2,4%. El caso español destaca especialmente: la inflación en España escaló hasta el 4,5% en agosto, muy por encima de la media de la eurozona y frente al 3,9% de julio. Italia se situó en el 3,2% y Alemania en el 2,9%.
Este dato ha reforzado la práctica certeza de que el BCE subirá los tipos de interés otros 25 puntos básicos en su reunión del 10 de septiembre, hasta situar la facilidad de depósito en el 2,50%. Sería la segunda subida del año tras la de junio, cuando el organismo ya elevó los tipos hasta el 2,25%.
En Estados Unidos, el último dato de inflación (CPI de julio) se situó en el 3,4% interanual, con una tasa subyacente del 2,5%, cifras que en su momento se interpretaron como una moderación. Sin embargo, el indicador de gasto en consumo personal (PCE), la referencia que realmente vigila la Reserva Federal, repitió en el 3,7% interanual en julio, muy por encima del objetivo del 2%, con la inflación subyacente estable en el 3,3%. El mercado ya descuenta que la próxima lectura del CPI de agosto, que se publicará el 11 de septiembre, podría volver a sorprender al alza por el nuevo repunte del crudo.
A ello se suma un factor añadido de presión: declaraciones recientes del presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, advirtiendo de que la inflación "no se ha moderado de forma significativa" y que la institución todavía tiene "trabajo por hacer" para devolverla al objetivo del 2%. Estas palabras han disparado las expectativas de que la Fed pueda subir tipos, en lugar de recortarlos, algo que hace apenas unos meses parecía descartado.
¿Cómo se traduce esto en los rendimientos de la deuda?
El resultado de esta combinación —petróleo al alza, inflación persistente y bancos centrales más beligerantes— se ve con claridad en los mercados de bonos:
- Estados Unidos: el bono a 10 años (Treasury) ha subido hasta rondar el 4,80%, su nivel más alto desde comienzos de 2025 tras cinco sesiones consecutivas de subidas. El bono a 30 años se sitúa en torno al 5,27-5,28%, cerca de niveles no vistos desde 2007. El bono a 2 años, muy sensible a las expectativas sobre la Fed, ha subido hasta cerca del 4,35-4,40%, frente al 3,50% con el que arrancó el año.
- Reino Unido: el Gilt a 10 años ha superado el 5,23-5,27%, su nivel más alto desde 2008, en plena crisis financiera global, mientras el Gilt a 30 años ha llegado a tocar el 5,89%, su cota más elevada desde 1998. El Reino Unido es, de hecho, uno de los mercados más golpeados por el temor a la inflación y por la presión sobre las cuentas públicas.
- Japón: el bono a 10 años ha superado el umbral del 3%, algo que no ocurría desde 1996, mientras el título a 2 años ha marcado un máximo de 31 años en el 1,81%. El bono nipón a 30 años ha llegado a cotizar en niveles históricos desde que existen registros, en 1999.
- Alemania: el Bund a 10 años, considerado la referencia de la deuda de la eurozona, ha subido hasta el entorno del 3,35%, un máximo de 15 años.
- Australia: el bono a 10 años ha alcanzado el 5,2%, su nivel más alto en más de 15 años.
Lo que viene por delante
Los inversores en bonos están exigiendo cada vez una mayor prima por el riesgo de inflación, por el riesgo fiscal y por el simple volumen de deuda que los gobiernos están emitiendo. A esto se suma un factor más novedoso: la intensa necesidad de financiación de las grandes compañías tecnológicas para sufragar la expansión de los centros de datos de inteligencia artificial, que compite con los gobiernos por el mismo capital en los mercados de deuda.
La subida de los rendimientos de la deuda no es un fenómeno aislado: al encarecerse la financiación "libre de riesgo", también se resienten las bolsas, especialmente los valores tecnológicos y de semiconductores, más sensibles a los tipos de interés al depender de expectativas de crecimiento a largo plazo. Las acciones asiáticas caen con fuerza (Nikkei 225: -2,96%), dando continuidad al cierre bajista de ayer en Wall Street, en un comienzo de septiembre teñido de rojo.
Todas las miradas apuntan ahora a dos citas clave: la reunión del BCE del 10 de septiembre, donde se espera casi con total seguridad una subida de tipos hasta el 2,50%, y la publicación del dato de inflación estadounidense de agosto el 11 de septiembre, que podría confirmar si el repunte del petróleo ya se está trasladando a los precios al consumo en Estados Unidos. Mientras tanto, el mercado también vigila de cerca la evolución del conflicto entre Estados Unidos e Irán: cualquier señal de una escalada mayor —o, por el contrario, de una tregua— podría marcar el siguiente movimiento, tanto del petróleo como de los rendimientos de la deuda soberana en todo el mundo.
En definitiva, el mercado de bonos está enviando un mensaje inequívoco: la inflación ha vuelto a situarse en el centro de las preocupaciones de los inversores, y el precio que están dispuestos a pagar los gobiernos por financiarse ya refleja esa desconfianza.
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