Se cumplen dos años desde el inicio del conflicto bélico en Ucrania. Mientras la guerra parece estancarse, los mercados financieros no descansan, cotizando gran parte de ellos en sus máximos históricos, gracias al boom de la tecnología en general y de la inteligencia artificial en particular.
El protagonismo geopolítico ha dividido su atención ante otros conflictos como la guerra en Oriente Medio o las elecciones presidenciales en EEUU, mientras que a nivel económico las decisiones de los bancos centrales están centrando el día a día de los mercados.
La evolución de los precios en estos dos años, ha ido de más a menos, y si en los años previos a la guerra, las mayores economías del mundo inventaban medidas de estímulo adicionales con el objetivo de llegar a una inflación del 2%, la guerra propició la mayor subida en los precios en la historia de Europa. Los alimentos fueron uno de sus principales componentes, ya que tanto Rusia como Ucrania, eran dos de los mayores productores del mundo. Sin embargo, el mayor impulso al alza, fue provocado por las materias primas energéticas, que sufrieron grandes dosis de volatilidad, con subidas históricas, dada la condena internacional sobre Rusia. Europa se había convertido en su mayor cliente poco antes de la invasión, y las sanciones aplicadas provocaron enormes subidas en su cotización. Dos años después, el precio del petróleo y el gas cotiza más de un 10% por debajo de los niveles previos al inicio del conflicto bélico.
Estas caídas se deben principalmente al mayor abastecimiento procedente de Estados Unidos, que se ha visto beneficiado de la exportación de recursos energéticos, convirtiéndose en el mayor proveedor de gas de Europa. Las exportaciones de gas licuado han aumentado, pero las exportaciones de petróleo, han experimentado un aumento sustancial, alcanzando un crecimiento del 60% respecto a principios de 2022.
A nivel sectorial las compañías ligadas a la exploración de petróleo y gas, firmaron en 2022 un año histórico, provocando movimientos corporativos en el sector, inversión en sectores de energía renovable, o un aumento considerable en la remuneración al accionista que estamos viendo incrementarse en los últimos meses. El incremento en el gasto en defensa acordado entre Europa y EEUU, sigue generando contratos significativos en el sector, permitiendo que la industria mantenga un crecimiento estable. De hecho la industria acumula rentabilidades al alza de un 20% desde entonces. Aunque el fin de la guerra parece algo lejano, el siguiente sector que podría beneficiarse de ello podría ser el de la infraestructura, ya que la reconstrucción del país costará alrededor de los 500.000 millones de dólares durante la próxima década, frente a los 400.000 millones de dólares estimados hace sólo un año.
Otro de los activos que más se han beneficiado de este conflicto ha sido el uranio que ya ha superado los precios previos al desastre de Fukushima, impulsado por la creciente demanda de la energía nuclear como solución a la dependencia energética de Rusia y a las preocupaciones sobre el cambio climático. En la actualidad, la energía nuclear contribuye aproximadamente al 10% de la electricidad global. El repunte podría extenderse aún más, ya que se espera que la demanda casi se duplique para 2040, y los principales países del mundo están invirtiendo en nuevas centrales o reactores nucleares.
A nivel geográfico la economía que peor parada ha salido ha sido sin lugar a dudas el motor de Europa, Alemania. Su economía se encuentra en recesión técnica, tras sufrir dos trimestre consecutivos con crecimiento del producto interior bruto en negativo, y algunas de las industrias punteras del país como el sector químico han sufrido las consecuencias del conflicto bélico.
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