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19:13 · 6 de abril de 2026

Crisis de fertilizantes se intensifica: el bloqueo de Ormuz dispara precios y amenaza el suministro global de alimentos

Plaguicidas para pulverización de tractores en el campo de maíz con pulverizador en primavera
Conclusiones clave
Conclusiones clave
  • El bloqueo del Estrecho de Ormuz está interrumpiendo el comercio global de fertilizantes y elevando sus precios de forma acelerada.
  • El encarecimiento energético y logístico está presionando los costos agrícolas y anticipa alzas en los alimentos.
  • Economías emergentes son las más vulnerables, con riesgo de inflación y problemas de abastecimiento.

La guerra en Oriente Medio está dejando de ser un shock energético para convertirse en una disrupción directa del sistema agroalimentario global. A inicios de abril, el bloqueo casi total del Estrecho de Ormuz, una de las rutas comerciales más críticas del mundo, está interrumpiendo el flujo de fertilizantes, con más de un tercio del comercio marítimo global de estos insumos transitando por este corredor estratégico.

Más de un millón de toneladas de fertilizantes permanecen retenidas en la zona, mientras las cadenas logísticas enfrentan retrasos, desvíos y mayores costos operativos. Este cuello de botella afecta el suministro físico e introduce un shock de incertidumbre que se transmite rápidamente a precios y decisiones de producción agrícola a nivel global. En paralelo, el transporte marítimo se ha encarecido drásticamente, con aumentos de hasta 90% en tarifas de flete y un fuerte incremento en los costos de seguros por riesgo de guerra, lo que agrava aún más la disrupción en la oferta.

Los precios de los fertilizantes se disparan

En apenas un mes, los fertilizantes han registrado subidas superiores al 28%, con algunos productos clave como la urea mostrando incrementos cercanos al 45% o incluso superiores en determinadas regiones. A nivel global, los precios han escalado hasta un 50% desde el cierre efectivo de Ormuz, evidenciando un shock comparable a episodios críticos como la invasión de Ucrania en 2022. El encarecimiento está directamente vinculado al aumento del gas natural, principal insumo en la producción de fertilizantes nitrogenados, y al repunte del petróleo, lo que genera un efecto multiplicador en los costos de producción. En este entorno, el sistema entra en una dinámica circular: energía más cara implica fertilizantes más caros, y estos, a su vez, elevan los costos agrícolas, trasladándose eventualmente a los precios de los alimentos.

Grafico del encarecimiento de los fertilizantes
 

Fuente: La República

Europa en alerta

En Europa, la presión ya comienza a materializarse en el sector industrial, esto porque los fabricantes de fertilizantes advierten que, si el conflicto se prolonga, podrían verse obligados a detener la producción debido al encarecimiento energético y la falta de insumos. El problema de suministro hace debilitar la competitividad dado que los costos energéticos en Europa se mantienen estructuralmente por encima de otras regiones, lo que deja a la industria en desventaja frente a productores del Golfo o de Asia.

El carácter global del mercado implica que cualquier disrupción en un nodo clave como Ormuz se traduce rápidamente en precios más altos a nivel internacional. De hecho, se estima que los fertilizantes podrían encarecerse hasta un 20% en Europa durante la primera mitad de 2026 si persisten las tensiones. Este escenario ha llevado a asociaciones del sector a advertir sobre posibles problemas de abastecimiento en la próxima campaña agrícola, lo que podría afectar directamente la producción y los márgenes de los agricultores.

El riesgo se traslada al sistema alimentario global

Organismos internacionales como la FAO ya advierten de un efecto cascada que podría derivar en una crisis más grave que la vivida durante la pandemia si la situación se prolonga más de dos meses. Los fertilizantes son un insumo esencial para la producción agrícola moderna, y su encarecimiento o escasez impacta directamente en las decisiones de siembra. Los agricultores, enfrentados a costos más altos, tienden a reducir el uso de fertilizantes o a cambiar hacia cultivos menos intensivos, lo que disminuye los rendimientos por hectárea y, en consecuencia, la oferta global de alimentos.

Este efecto no es inmediato, pero sí inevitable ya que existe un desfase de entre seis y nueve meses entre el uso de fertilizantes y la llegada de los productos al mercado, lo que implica que el impacto más severo podría materializarse hacia finales de 2026. En este sentido, el mercado ya comienza a anticipar un escenario de presión sostenida sobre los precios de alimentos, especialmente en economías emergentes altamente dependientes de importaciones.

Las economías más expuestas a la crisis son las emergentes

Los países en desarrollo, particularmente en Asia, África y América Latina, enfrentan una exposición significativamente mayor debido a su dependencia de fertilizantes importados y a sus limitaciones fiscales. En estos mercados, el encarecimiento de insumos no solo afecta la producción agrícola, sino también las cuentas externas, la inflación y la estabilidad social.

Brasil, por ejemplo, importa más del 90% de la urea que utiliza, mientras que países como Colombia dependen en gran medida del mercado internacional para abastecer su demanda agrícola. Aunque algunos cuentan con inventarios para cubrir el corto plazo, la persistencia del conflicto podría traducirse en mayores costos de producción, menor productividad y presión inflacionaria en los próximos meses.

Dado el punto anterior, gobiernos y organismos multilaterales comienzan a reaccionar, ejemplo de ello es Italia que ha propuesto la creación de un corredor humanitario para fertilizantes en Ormuz, mientras que autoridades estadounidenses aseguran estar trabajando en medidas para estabilizar los precios y garantizar el suministro, sin embargo, estas iniciativas aún dependen de la desescalada del conflicto.

Un shock geopolítico que redefine el equilibrio global

Más allá del corto plazo, la crisis actual está poniendo en evidencia la fragilidad estructural de las cadenas globales de suministro, donde la alta concentración de producción de fertilizantes y energía en el Golfo Pérsico convierte a esta región en un punto crítico cuyo colapso tiene efectos sistémicos en toda la economía mundial.

Lo que comenzó como una crisis energética está evolucionando hacia un shock multisectorial que conecta petróleo, gas, fertilizantes y alimentos en una misma cadena de transmisión. Este efecto dominó ya está siendo visible en los mercados y podría intensificarse si el conflicto se prolonga, elevando el riesgo de un escenario de estanflación global. Es en este punto que el mercado enfrenta una transición compleja, desde un shock geopolítico puntual hacia una crisis estructural que afecta directamente la seguridad alimentaria. La evolución del conflicto en Oriente Medio y la reapertura, o no, del Estrecho de Ormuz serán determinantes para definir si este episodio se convierte en una disrupción temporal o en el inicio de un ciclo prolongado de presión sobre los precios globales.

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