- l petróleo cae más de 2% ante señales de una posible distensión entre EE.UU. e Irán, diluyendo la prima geopolítica. Sin embargo, el riesgo de escalada militar en el Golfo Pérsico sigue latente. El mercado oscila entre un escenario de acuerdo, que podría llevar el crudo hacia los 55 dólares, y uno de conflicto, que implicaría picos bruscos pero potencialmente transitorios en los precios.
- l petróleo cae más de 2% ante señales de una posible distensión entre EE.UU. e Irán, diluyendo la prima geopolítica. Sin embargo, el riesgo de escalada militar en el Golfo Pérsico sigue latente. El mercado oscila entre un escenario de acuerdo, que podría llevar el crudo hacia los 55 dólares, y uno de conflicto, que implicaría picos bruscos pero potencialmente transitorios en los precios.
Irán y Estados Unidos iniciaron una nueva ronda de conversaciones indirectas en Ginebra, a través de mediadores. Las tensiones entre Washington y la República Islámica habían escalado a niveles no vistos en mucho tiempo desde las protestas internas en Irán a fines de diciembre y comienzos de enero.
Irán abrió las negociaciones con un nuevo gesto de presión, cerrando parcialmente el Estrecho de Ormuz bajo el argumento de ejercicios militares. Sin embargo, a lo largo del día, declaraciones, principalmente desde el lado iraní, apuntaron a una posible disposición al compromiso. No hubo compromisos formales ni fechas para una próxima ronda, pero el mercado interpretó el tono como una señal de eventual distensión. Como resultado, la “prima geopolítica” comenzó a disiparse.
¿Qué está en juego?
Persisten varias preguntas clave:
- ¿Cuál es el objetivo real de las negociaciones?
- ¿Es tangible el riesgo de conflicto?
- ¿Qué implicancias tendría para el mercado?
Las posiciones de ambas partes siguen siendo contradictorias. EE.UU. busca desmantelar el programa nuclear iraní y limitar su capacidad misilística y de drones. Irán, por su parte, pretende mantener el statu quo sin realizar concesiones sustanciales, apostando a que el paso del tiempo o una crisis externa distraiga la atención estadounidense.
La administración de Donald Trump parece intentar evitar los errores del acuerdo nuclear impulsado durante el mandato de Barack Obama, que Teherán fue incumpliendo progresivamente. El nuevo marco buscaría ser más amplio y con supervisión estricta. Aun así, autoridades iraníes han dejado claro que abandonar completamente el enriquecimiento de uranio no está sobre la mesa.
Señales contradictorias
Comentaristas de diversos círculos señalan el deseo declarado de Donald Trump de "llegar a un acuerdo", uno de los rasgos característicos del presidente. Sin embargo, la política, especialmente la exterior, debe juzgarse por los hechos, no por las palabras. Las acciones de la administración estadounidense apuntan a una concentración sin precedentes de fuerzas armadas en el Golfo Pérsico. Casualmente, el aumento de tropas no solo no se ha detenido, sino que ni siquiera ha disminuido, y cada día se despliegan más recursos militares en la región. Independientemente de la gravedad de la situación interna de Irán, sus representantes no quieren acuerdos. Quieren que su estrategia y sus programas armamentísticos tengan éxito, cueste lo que cueste.
Estados Unidos lo sabe, pero los estadounidenses "juegan en otra liga". Para Estados Unidos, la victoria debe ser rápida, relativamente "limpia" y total. Es muy probable que Estados Unidos ya haya decidido atacar. Las negociaciones actuales son principalmente performativas y, en parte, buscan calmar a Irán y a los aliados restantes. Estados Unidos atacará cuando las condiciones sean ideales; sin embargo, eso requiere recursos sustanciales. Irán es un adversario mucho más serio que Libia, Irak o Venezuela.
Atacar a Irán sería una operación a corazón abierto en el mercado petrolero. La región está repleta de oleoductos, plataformas de producción y puertos. Además, representa más del 30% del volumen mundial de petróleo y gas, y más del 20% del petróleo mundial, y un volumen similar de gas natural, pasa por el Estrecho de Ormuz.
Incluso un intercambio de disparos breve y localizado podría provocar un aumento significativo de los precios del petróleo. Esto, independientemente de los fundamentos, podría alarmar a los mercados financieros, ya que los responsables de la toma de decisiones de los bancos centrales siguen obsesionados con la desinflación.
Escenarios para el petróleo
Actualmente, el mercado percibe una oferta abundante de crudo, aunque algunos analistas consideran que ese exceso está sobredimensionado. Incluso si hubiera interrupciones temporales en el Estrecho de Ormuz, el impacto macroeconómico podría ser limitado y los repuntes de precios, transitorios.
En contraste, si contra todo pronóstico se alcanzara un acuerdo sustancial, el petróleo podría registrar una caída significativa, con el WTI regresando hacia los 55 dólares por barril. El oro también podría retroceder ante la desaparición de la prima de riesgo geopolítico.
El escenario base sigue siendo que las negociaciones tienen un carácter más retórico que sustancial. Bajo esa premisa, un ataque sería más una cuestión de “cuándo” que de “si”. La volatilidad en el mercado petrolero podría ser elevada, aunque probablemente de corta duración.
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