- Corea se convierte en el nuevo foco de preocupación del mercado tras las caídas de Samsung y SK Hynix por el temor a nuevos impuestos sobre los beneficios ligados a la IA, afectando al sector tecnológico global.
- La presión sobre Reino Unido se intensifica con los bonos británicos en máximos de rentabilidad desde 1998, mientras los inversores temen un giro hacia políticas fiscales más expansivas tras la crisis política de Keir Starmer.
- La inflación vuelve a poner a prueba a Wall Street, con el petróleo, los alquileres y los cuellos de botella tecnológicos ligados a la inteligencia artificial manteniendo la presión sobre la Reserva Federal.
- Corea se convierte en el nuevo foco de preocupación del mercado tras las caídas de Samsung y SK Hynix por el temor a nuevos impuestos sobre los beneficios ligados a la IA, afectando al sector tecnológico global.
- La presión sobre Reino Unido se intensifica con los bonos británicos en máximos de rentabilidad desde 1998, mientras los inversores temen un giro hacia políticas fiscales más expansivas tras la crisis política de Keir Starmer.
- La inflación vuelve a poner a prueba a Wall Street, con el petróleo, los alquileres y los cuellos de botella tecnológicos ligados a la inteligencia artificial manteniendo la presión sobre la Reserva Federal.
El nuevo termómetro del mercado no es ni Irán ni EEUU, sino Corea. El temor a nuevos impuestos sobre los beneficios de la IA ha lastrado el comportamiento de Samsung y SK Hynix, lo cual ha tenido un efecto contagio negativo a nivel global, impulsando a la baja el ánimo de los inversores y penalizando los sectores tecnológicos mundiales.
El estancamiento entre Estados Unidos e Irán también pesa sobre el ánimo general, ya que el estrecho de Ormuz permanece cerrado tras más de dos meses de guerra y las negociaciones diplomáticas se encuentran paralizadas, a la espera del viaje de Donald Trump a China.
Rebote en el VIX con el mercado en máximos
El VIX subió en la sesión de ayer un 6,9% hasta los 18,37 puntos. Las fuertes subidas del VIX pueden indicar que los inversores anticipan turbulencias en el mercado bursátil durante los próximos 30 días. De hecho, este repunte del lunes fue el mayor del VIX desde el 15 de febrero, cuando subió un 11,5%, dos semanas antes del inicio del conflicto en Irán.
Retrospectivamente, desde la década de 1990, que el S&P 500 cierre en un máximo histórico el mismo día en que subió el VIX, no es algo extremadamente raro, pero antes del lunes solo había ocurrido 34 veces cuando la subida del VIX es de al menos un 5%, según los datos de Dow Jones Market Data. Tras esos episodios, el S&P 500 registró un descenso medio del -0,8% un mes después, un aumento del 1,6% tres meses después y una subida del 3,2% seis meses después.
La combinación de un aumento persistente del VIX con acciones en máximos históricos ha sido una característica observable de los repuntes de final de ciclo que precedieron al estallido de la burbuja de las puntocom y la crisis financiera mundial. Sin embargo, en este momento no se observa un aumento persistente de la volatilidad implícita.
El mercado empieza a castigar a Reino Unido
La presión política sobre Keir Starmer ya empieza a trasladarse directamente a los mercados financieros. Los bonos británicos han sufrido fuertes caídas y la rentabilidad de la deuda a 30 años ha alcanzado el 5,79%, su nivel más alto desde 1998, mientras crecen las dudas sobre la continuidad del primer ministro tras el desplome del Partido Laborista en las elecciones locales.
Lo importante no es únicamente la posible salida de Starmer, sino lo que podría venir después. Los inversores empiezan a temer que un nuevo liderazgo dentro del Partido Laborista implique un giro hacia políticas fiscales más agresivas, mayor gasto público y un aumento todavía mayor del endeudamiento británico en un momento extremadamente delicado para las cuentas públicas.
El mercado recuerda perfectamente lo ocurrido en 2022 con Liz Truss, cuando un programa fiscal percibido como insostenible provocó un colapso simultáneo de los bonos y de la libra esterlina. Desde entonces, los inversores internacionales vigilan con enorme sensibilidad cualquier señal de relajación fiscal en Reino Unido.
Y precisamente eso es lo que empieza a preocupar ahora. Las facciones más a la izquierda del Partido Laborista ya están proponiendo ampliar los objetivos de deuda, flexibilizar las reglas fiscales y aumentar la capacidad del Estado para endeudarse a largo plazo. El problema es que Reino Unido llega a este nuevo episodio político con mucho menos margen que hace una década: inflación elevada, crecimiento débil, costes energéticos todavía tensionados y una deuda pública cada vez más sensible a la subida de tipos.
Por eso los mercados están reaccionando con tanta violencia. Aproximadamente una de cada diez libras que gasta actualmente el gobierno británico ya se destina únicamente al pago de intereses de la deuda. Y cuanto más suban los rendimientos de los bonos, mayor será la presión sobre las finanzas públicas y más difícil resultará estabilizar la economía.
Además, esta crisis llega en el peor momento posible para Reino Unido. La guerra en Oriente Medio sigue manteniendo presión sobre la energía y la inflación, mientras el Banco de Inglaterra continúa atrapado entre el riesgo de recesión y la necesidad de mantener tipos elevados durante más tiempo.
El resultado es un escenario muy incómodo: crecimiento débil, inflación persistente y creciente inestabilidad política. La sensación del mercado es que Starmer representaba, al menos parcialmente, un intento de devolver cierta disciplina fiscal y estabilidad institucional después de años de caos político tras el Brexit.
Además, los inversores empiezan a analizar no solo si Starmer puede resistir, sino también quién podría sustituirle. El mercado teme especialmente un escenario de transición rápida que favorezca a figuras más inclinadas hacia políticas fiscales expansivas y mayor gasto público. Algunos analistas consideran que Angela Rayner sería la candidata que más inquietaría a los mercados, mientras que un proceso más largo podría abrir la puerta a perfiles percibidos como más pragmáticos y cercanos al mercado, como Andy Burnham.
El mercado ya no está votando sobre Starmer, sino sobre quién viene después. Y ahí aparece probablemente el mayor riesgo para Reino Unido: los bonos ya no conceden segundas oportunidades tan fácilmente como antes.
La inflación vuelve a poner a prueba al mercado
El dato de inflación de hoy vuelve a convertirse en una de las referencias más importantes para Wall Street después de varias semanas en las que el mercado ha intentado convencerse de que el shock energético provocado por la guerra en Irán será únicamente temporal.
Las previsiones apuntan a un nuevo repunte del IPC estadounidense, impulsado principalmente por la fuerte subida de la gasolina y de los costes energéticos. El precio del combustible sigue trasladándose rápidamente al consumidor y el mercado teme que el conflicto en Oriente Medio vuelva a retrasar el proceso de desinflación justo cuando la Reserva Federal empezaba a acercarse a nuevos recortes de tipos.
Sin embargo, la parte realmente importante del dato estará probablemente en la inflación subyacente y, especialmente, en los alquileres. Buena parte de la fortaleza esperada en el componente core no provendría únicamente de presiones reales de precios, sino también de un ajuste estadístico derivado del cierre parcial del gobierno estadounidense el año pasado.
Durante aquel periodo, parte de los datos inmobiliarios no pudieron recopilarse correctamente, generando una distorsión que ahora reaparece en los cálculos de abril. Eso significa que parte del repunte esperado en alquileres y “owners equivalent rent” podría ser más técnico que estructural. De hecho, varios medios consideran que sin este efecto puntual, la inflación subyacente habría mostrado un comportamiento relativamente moderado pese al fuerte impacto del petróleo y los billetes de avión.
Aun así, el dato también deja una lectura mucho más incómoda para la Fed: la inflación ligada a la inteligencia artificial y a los cuellos de botella tecnológicos sigue ganando fuerza. El encarecimiento de chips de memoria, procesadores y componentes vinculados a centros de datos empieza a trasladarse lentamente a productos tecnológicos y equipamiento informático, mostrando cómo la revolución de la IA también está generando presiones inflacionistas en determinadas cadenas industriales.
La paradoja actual del mercado es que conviven simultáneamente dos fuerzas opuestas. Por un lado, los precios energéticos y algunos componentes tecnológicos siguen presionando al alza la inflación. Pero al mismo tiempo, muchas categorías vinculadas al consumo discrecional —hoteles, alquiler de coches, ocio o servicios relacionados con viajes— continúan mostrando señales de debilidad e incluso caídas de precios.
Eso explica por qué el mercado todavía no está reaccionando de forma excesivamente agresiva ante un posible dato caliente. La sensación predominante es que una inflación elevada hoy puede atribuirse todavía a factores temporales como la guerra en Irán o este ajuste técnico en vivienda. El verdadero riesgo aparecería si las presiones inflacionistas comienzan a extenderse de forma más permanente durante los próximos meses.
Y ahí estará la clave para la Reserva Federal. Un dato fuerte hoy probablemente no cambiaría radicalmente el escenario del mercado. Pero si las próximas lecturas siguen mostrando que energía, alquileres y cuellos de botella industriales mantienen la inflación lejos del objetivo del 2%, los bonos podrían empezar a descontar un entorno de tipos altos durante mucho más tiempo del que Wall Street esperaba hace solo unas semanas, y las bolsas empezarán a reaccionar.
Comentario sobre valores españoles
Inditex
Inditex acumula ya tres sesiones consecutivas de caídas si contamos los descensos de hoy. Sin embargo, no es algo particular de la española, sino que el sector de la moda en general está sufriendo en los últimos días. Aunque no hay una gran nueva noticia, los inversores han vuelto a poner el foco en las dificultades que el sector textil puede atravesar si el conflicto en Oriente Medio no mejora.
El sector, y mucho más Inditex, requiere de cierta flexibilidad en el transporte. La mayoría de negocios fabrican en países asiáticos para después suministrar sus tiendas por todo el mundo, por lo que el transporte marítimo y aéreo es fundamental. Los costes del combustible se han disparado y la propia IATA (Asociación Internacional de Transporte Aéreo) reportó que a 8 de mayo, el precio medio semanal era un 80% superior al del año anterior, y a lo largo del 2026 han llegado a ser el doble que los del año anterior.
Inditex fabrica más del 50% de sus prendas cerca del punto de venta, pero aun así su modelo de tiradas cortas exige un transporte constante de mercancías. Además, también existe el riesgo de que el combustible escasee y se impongan restricciones de uso.
La debilidad en Oriente Medio y el turismo de compras: aunque Oriente Medio no sea la principal región del textil retail —obviando el lujo— sí que puede repercutir en las cuentas de algunos negocios, así como en las compras que suelen realizar los turistas en otras economías.
TSK
TSK saldrá a bolsa mañana y se ha generado cierta expectación por la alta demanda institucional.
Nosotros pensamos que es una empresa interesante, ya que está alineada con la megatendencia de las energías renovables, un sector que se ve impulsado por la necesidad de fuentes de energía limpias para alimentar centros de datos de Inteligencia Artificial (IA).
Además de la transición energética, el segmento de sistemas de transporte y almacenamiento de materiales tiene potencial, con un margen operativo superior. Se puede beneficiar del repunte del precio de las materias primas, dado que esto suele provocar un incremento de la inversión minera.
La empresa saldrá a cotizar al precio máximo y la demanda institucional ha sido muy alta, lo que supone un espaldarazo importante para la compañía. Sin embargo, la valoración es exigente, con un múltiplo PER superior a 18 veces los beneficios de 2025. Esto le hace muy sensible a las próximas presentaciones de resultados y el mercado será muy exigente.
Por tanto, si la compañía no cumple con las previsiones podríamos ver un duro castigo en su cotización, tal y como pasó con Puig después de presentar sus primeras cifras como cotizada, donde decepcionó a los inversores.
Creemos que los minoristas deberían ser cautos. Es preferible esperar a la publicación de sus próximas cifras para confirmar la tendencia del negocio, en lugar de entrar en un valor con una valoración tan exigente que podría sufrir un duro castigo si no cumple con las previsiones, aunque como siempre decimos, depende del perfil de cada inversor.
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