- Las expectativas de nuevas subidas de tipos en Japón y el cierre de posiciones contrarias al yen refuerzan la recuperación de la divisa.
- Una apreciación rápida puede provocar ventas de activos internacionales y aumentar la competencia por el capital entre los bonos japoneses, estadounidenses y europeos.
- Las expectativas de nuevas subidas de tipos en Japón y el cierre de posiciones contrarias al yen refuerzan la recuperación de la divisa.
- Una apreciación rápida puede provocar ventas de activos internacionales y aumentar la competencia por el capital entre los bonos japoneses, estadounidenses y europeos.
El yen ha llegado a situarse en 152,89 unidades por dólar, su nivel más fuerte desde febrero, y acumula una apreciación cercana al 4% en septiembre. Tras las intervenciones para sostener la moneda, los inversores están prestando cada vez más atención a las posibles subidas de tipos del Banco de Japón durante los próximos meses.
Para que la recuperación sea duradera, el mercado necesita confiar en que el banco central está dispuesto a combatir la inflación. Una intervención puede frenar temporalmente la depreciación, pero resulta más difícil sostener su efecto si la política monetaria continúa favoreciendo la financiación barata en yenes.
A ese cambio de expectativas se añade un efecto técnico. La ruptura del nivel de 155 yenes por dólar ha favorecido el cierre de posiciones que apostaban por una depreciación de la moneda. Al recomprar yenes para limitar sus pérdidas, estos inversores refuerzan la apreciación.
También puede contribuir el desmantelamiento del carry trade: operaciones que consisten en pedir prestado en yenes para invertir en activos con mayor rentabilidad en otros mercados. Si financiarse en Japón resulta más caro y el yen sube, estas estrategias pierden atractivo por partida doble.
No descartamos nuevas intervenciones si reaparece una depreciación desordenada. Japón depende ampliamente de las importaciones energéticas, por lo que la combinación de petróleo y gas caros con una moneda débil amplifica las presiones inflacionistas.
El riesgo para las bolsas y los bonos está en la velocidad del movimiento
Una recuperación gradual del yen permite ajustar las carteras, una apreciación brusca puede obligar a vender. Quienes deshacen operaciones financiadas en la moneda japonesa necesitan vender activos y comprar yenes para devolver sus préstamos. Ese proceso puede trasladar presión a las bolsas internacionales, aunque las perspectivas de las empresas no hayan cambiado.
Dentro de Japón, las compañías exportadoras pueden sufrir porque sus ingresos exteriores valen menos al convertirlos a yenes. Esto podría favorecer una rotación hacia empresas vinculadas a la demanda interna o beneficiadas por unas importaciones más baratas, aunque el impacto dependerá de sus coberturas y de dónde produzcan.
En renta fija, una mayor rentabilidad de los bonos japoneses puede atraer parte del ahorro que hasta ahora se destinaba al extranjero. Estados Unidos y Europa podrían tener que ofrecer mayores rendimientos para captar inversores justo cuando necesitan colocar grandes cantidades de deuda. Francia sería uno de los mercados que vigilaríamos por la importancia histórica de la demanda japonesa.
Sin embargo, el efecto no es automático. También influyen el coste de cubrir la divisa y la posible búsqueda de refugio, que podría favorecer a los bonos estadounidenses o alemanes durante un episodio de tensión.
Nuestra atención está en que la normalización de Japón no se convierta en una retirada brusca de capital de los mercados internacionales. El yen puede afectar a una cartera europea incluso aunque no incluya inversiones japonesas.
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