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10:21 · 6 de abril de 2026

Las claves de la semana: el mercado sube, pero algo no encaja

Conclusiones clave
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Conclusiones clave
  • El rebote del S&P 500 se apoya en expectativas de menor tensión geopolítica y cierre de cortos, pero su sostenibilidad depende de tres factores: inflación a la baja, una Reserva Federal más flexible y crecimiento sólido de beneficios.
  • El principal riesgo no es solo el petróleo (impactado por Irán y el Estrecho de Ormuz), sino un posible error de política monetaria: subidas de tipos que frenen la economía y acaben derivando en desaceleración o incluso deflación.

El S&P 500 acaba de registrar su mejor semana del año, con una subida del 3,4% impulsada por el cierre de posiciones cortas y la especulación sobre un posible final de las operaciones militares estadounidenses. Este movimiento ha dejado al índice a apenas un 5,7% de sus máximos históricos, justo al inicio de abril, un mes que históricamente ha sido uno de los más favorables para la renta variable.

Sin embargo, para que este rebote se consolide, el mercado necesita reconstruir la confianza en tres pilares clave: una inflación a la baja, expectativas creíbles de relajación monetaria por parte de la Reserva Federal y la certeza de que los beneficios empresariales seguirán creciendo.

 

El principal riesgo a largo plazo, no es solo el petróleo, sino la reacción de los bancos centrales. Históricamente, gran parte del daño económico asociado a crisis energéticas proviene del endurecimiento monetario posterior. Subir tipos para combatir la inflación en este entorno aumenta el riesgo de cometer un error de política y provocar una desaceleración más profunda.

De hecho, el mercado empieza a reflejar un escenario más incierto: aumentan tanto las probabilidades de políticas más restrictivas como las de futuros recortes de tipos. Este equilibrio inestable refleja el riesgo de que una respuesta agresiva hoy obligue a una corrección aún mayor mañana. Si la economía global entra en una desaceleración prolongada, el riesgo podría pasar rápidamente de inflación a deflación.

En la sesión de hoy los futuros cotizan al alza, ya que los inversores están más tranquilos tras un informe que indicaba que Irán está presionando para que se declare un alto el fuego. Si el presidente Trump rechaza las esperanzas de un alto el fuego en su discurso de hoy lunes, este optimismo se revertirá. Pero por ahora, en medio de la escasa liquidez, es la noticia principal en la que los inversores deben centrarse.

Desconfianza en el efecto Trump

La semana pasada volvió a evidenciar un patrón claro: optimismo al inicio, corrección al final. Hasta mediados de semana, el mercado descontaba un final próximo del conflicto, lo que impulsó las subidas. Sin embargo, a medida que avanzaban los días, el tono cambió y volvieron las dudas.

Sin embargo, los inversores comienzan a mostrar fatiga ante los constantes cambios de mensaje desde la Casa Blanca. La capacidad del presidente para impulsar los mercados con declaraciones pierde eficacia en un entorno saturado de titulares.

La saturación de titulares se ha instalado, con un creciente ruido mediático y la confianza en su capacidad para reactivar los mercados está disminuyendo. Los constantes cambios de postura de las últimas semanas han mermado la capacidad, antes infalible, del presidente para sacar a la bolsa de las crisis.

Banco Central más importante del mundo

El cierre de Ormuz ha provocado la mayor disrupción de oferta de la historia reciente, manteniendo el crudo cerca de niveles críticos y poniendo en riesgo la recuperación económica.

El control del estrecho de Ormuz y la capacidad de influir en el suministro de petróleo sitúan a Irán en una posición clave para determinar precios energéticos globales, con impacto directo sobre inflación, política monetaria y crecimiento de todos los bancos centrales del mundo.

Mientras que durante las últimas décadas las decisiones de EEUU marcaban el rumbo del resto, la actual guerra en Irán, y la posición actual del país como miembro más importante a nivel energético del mundo, dejan al resto de organismos de política monetaria a expensas de lo que hagan las materias primas.

En cualquier caso, si Irán se sale con la suya desafiando la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar al negar el libre tránsito a los buques comerciales mediante el cobro de un peaje por navegar a través del Estrecho de Ormuz, es probable que otros gobiernos y grupos armados sigan su ejemplo. ¿Por qué no se debería cobrar a los buques por transitar por el Bab el Mandab? ¿El Estrecho de Malaca? ¿El Estrecho de Gibraltar? ¿El Bósforo? ¿El Canal de la Mancha? ¿El Estrecho de Taiwán?

 

Señales de burbuja: de rascacielos a centros de datos de IA

Históricamente, los grandes símbolos de prosperidad han coincidido con los momentos de mayor exceso en los mercados. Según Bank of America, la finalización de los edificios más altos del mundo ha tendido a marcar techos económicos, reflejando períodos de euforia, mala asignación de capital y posterior corrección. El Edificio Chrysler se completó en 1930, en pleno estallido de la Gran Depresión; la Sears Tower en 1974 coincidió con una década de estanflación; las Torres Petronas en 1996 precedieron a la crisis asiática; el Burj Khalifa en 2009 se inauguró en el pico de la burbuja de materias primas y la crisis financiera global; y la Shanghai Tower en 2014 llegó antes del colapso del mercado bursátil chino y el deterioro inmobiliario.

Hoy, ese mismo patrón parece trasladarse a un nuevo símbolo de exceso: la inteligencia artificial. La “torre” de esta década ya no es un rascacielos, sino los megacentros de datos. Proyectos como el Delta Gigasite de Utah, que aspira a convertirse en el mayor del mundo con más de 10 gigavatios de capacidad, reflejan una inversión masiva en infraestructura tecnológica cuya primera disponibilidad no llegará hasta 2027. Este nivel de capex está obligando a gigantes como Microsoft, Meta u Oracle a recortar costes y empleo para financiar su expansión, mientras algunos analistas comienzan a reducir exposición al crédito corporativo vinculado a los hiperescaladores.

La historia sugiere que cuando la inversión alcanza estos niveles de escala y confianza, el mercado podría estar más cerca de un punto de inflexión que de una nueva fase de crecimiento sostenido.

 

El riesgo invisible: EE.UU. pierde el control del mar

El conflicto con Irán está erosionando uno de los pilares clave del orden global: la confianza en Estados Unidos como garante de las rutas marítimas. Más allá del impacto inmediato en el petróleo, el mercado empieza a cuestionar la capacidad de Washington para asegurar puntos estratégicos clave y gestionar las consecuencias de un conflicto que afecta directamente al comercio mundial.

Si Estados Unidos pone fin a su intervención sin reabrir el estrecho de Ormuz, el precedente sería significativo. En la práctica, enviaría una señal de debilidad que podría legitimar las reivindicaciones territoriales de China en los mares de China Meridional y Oriental. No es casualidad que desde el sudeste asiático ya se advierta de un golpe a la credibilidad estadounidense. En este contexto, el equilibrio geopolítico podría desplazarse progresivamente hacia Pekín, reforzando el papel de Xi Jinping y su capacidad para ejercer una mayor influencia sobre las rutas comerciales globales.

Esta es una de las pruebas sobre las que hace referencia Ray Dalio, a la hora de analizar la caída de los imperios. Una de las principales dudas de los inversores internacionales, que ha servido de justificación para el inicio del conflicto no es tanto el ahogar a China sin petróleo barato, sino limitar el uso del yuan en el comercio internacional, que poco a poco iba ganando terreno eliminando parte del reinado del petrodólar.

El regreso del “value”

El gap entre crecimiento y valor se está cerrando. En lo que va de año, el índice MSCI Growth acumula una caída cercana al 8%, mientras que el MSCI Value aún mantiene avances del 1,4%. Esta divergencia ha reducido de forma significativa la prima de valoración que durante años justificaba el posicionamiento en compañías de crecimiento. Sin embargo, lejos de invalidar la tesis del value, el entorno actual está empezando a reforzar por múltiples frentes.

En primer lugar, el conflicto con Irán introduce un factor clave: el encarecimiento estructural de la energía. Esto beneficia directamente a sectores tradicionalmente ligados al value, como el energético, y al mismo tiempo eleva las presiones inflacionarias. Este contexto incrementa la probabilidad de tipos de interés más altos durante más tiempo, un escenario que penaliza especialmente a las compañías de crecimiento, cuyo valor depende en mayor medida de beneficios futuros descontados.

En segundo lugar, los flujos globales también podrían cambiar. Históricamente, los países del Golfo han reinvertido sus petrodólares en activos financieros estadounidenses, especialmente en tecnología. Sin embargo, el aumento de sus necesidades internas de financiación en un entorno de tensión geopolítica podría reducir estos flujos, afectando de forma directa al sector growth.

A esto se suma la creciente disrupción dentro del propio sector tecnológico. Los avances en inteligencia artificial están intensificando la competencia y generando volatilidad, con innovaciones que reducen barreras de entrada y cuestionan el dominio de las grandes compañías. El mercado empieza a percibir que el liderazgo en tecnología puede no ser tan estable como en la última década.

Además, el entorno regulatorio y financiero también favorece al value. La relajación de los requisitos de capital bancario en EE.UU. impulsará el crédito hacia empresas con activos tangibles, típicamente dentro de este segmento

Eventos de la semana

EEUU

Los inversores estarán muy atentos a los datos de inflación de Estados Unidos correspondientes a marzo, que se publicarán el viernes, para intentar hacerse una idea de cómo el repunte de los precios de la energía debido a la guerra en Oriente Medio ha influido en la inflación general, pero sobre todo es probable que se preste mucha atención a la cifra subyacente, que excluye los volátiles precios de los alimentos y la energía, para hacernos una idea de si la inflación se está extendiendo a otros sectores de la economía.

La próxima lectura del IPC mostrará el impacto inicial del alza vertiginosa de los mercados energéticos, incluso si Estados Unidos está protegido por ser un exportador neto de petróleo y gas.

Esto podría dar pistas sobre si la Reserva Federal tiene probabilidades de subir los tipos de interés para hacer frente a la creciente inflación. Las actas de la Fed, que se publicarán el miércoles, también serán objeto de especial atención en busca de señales sobre la probabilidad de subidas de tipos, y el impacto de la guerra en Irán sobre sus proyecciones. Los mercados actualmente prevén tipos sin cambios en los próximos meses, con una probabilidad del 27 % de una reducción de tipos para finales de 2026.

Se seguirán de cerca otros datos para detectar indicios sobre el desempeño de la economía estadounidense durante la guerra en Oriente Medio. La encuesta del ISM sobre el sector servicios correspondiente a marzo se publicará el lunes, las solicitudes semanales de subsidio por desempleo el jueves, mientras que la encuesta preliminar de consumo de la Universidad de Michigan correspondiente a abril se publicará el viernes.

El martes también se publicarán las cifras de bienes duraderos correspondientes a febrero, seguidas el jueves por la tercera estimación del producto interior bruto del cuarto trimestre y los datos de inflación del PCE de febrero.

Eurozona

Los datos finales de marzo sobre los gestores de compras del sector servicios para España, Italia, Francia, Alemania y la eurozona se publicarán el martes. Serán los primeros datos en una semana corta tras las vacaciones de Semana Santa. Alemania publicará los datos de pedidos de fabricación de febrero el miércoles, seguidos de los datos de producción industrial alemana y española de febrero el jueves y los de producción industrial italiana el viernes.

Los datos definitivos de inflación de Alemania correspondientes a marzo se publicarán el viernes.

China

El primer dato sobre la inflación en China desde que comenzó la guerra acapara la atención este viernes, mientras los mercados observan para evaluar el impacto del aumento de los precios de la energía. El crecimiento de los precios al consumidor se podría mantener en un 1,3% interanual el mes pasado, mientras que los precios al productor finalmente volvieron a terreno positivo tras más de tres años en territorio negativo. Los economistas pronostican un IPP del 0,5% en marzo, frente al -0,9% de febrero.

También hay que estar atentos a las fluctuaciones de los precios locales de la gasolina, ya que el ajuste quincenal vence el 7 de abril. Los precios han subido desde el inicio de la guerra, pero a un ritmo mucho más lento que el del petróleo crudo en general.

Tras un largo período de presión deflacionaria, un repunte en el crecimiento de los precios podría parecer bienvenido, pero los analistas señalan que si la demanda sigue siendo débil, la inflación por el lado de la oferta se convertirá en un obstáculo.

Por ahora, China parece estar en mejor posición que la mayor parte de Asia, ya que puede protegerse del impacto de los precios gracias a factores como sus considerables reservas estratégicas y la capacidad de aumentar la capacidad de producción de carbón si fuera necesario.

Los analistas siguen proyectando que la economía china crecerá un 5% este año, previendo pocas perturbaciones por la guerra con Irán y unas exportaciones sólidas.

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