- Wall Street mantiene el rally apoyado por la inteligencia artificial, pero el mercado de bonos vuelve a ganar protagonismo con el Treasury a 30 años por encima del 5% y crecientes dudas sobre el coste global del capital.
- La concentración ligada a IA ya alcanza cerca del 48% del mercado estadounidense, mientras la demanda real sigue acelerándose con exportaciones surcoreanas de DRAM creciendo un 148% y semiconductores un 223%.
- La llegada de Kevin Warsh a la Fed coincide con uno de los entornos más complejos de los últimos años: inflación persistente, presión en bonos, dudas sobre recortes y nuevas apuestas tecnológicas como computación cuántica y SpaceX.
- Wall Street mantiene el rally apoyado por la inteligencia artificial, pero el mercado de bonos vuelve a ganar protagonismo con el Treasury a 30 años por encima del 5% y crecientes dudas sobre el coste global del capital.
- La concentración ligada a IA ya alcanza cerca del 48% del mercado estadounidense, mientras la demanda real sigue acelerándose con exportaciones surcoreanas de DRAM creciendo un 148% y semiconductores un 223%.
- La llegada de Kevin Warsh a la Fed coincide con uno de los entornos más complejos de los últimos años: inflación persistente, presión en bonos, dudas sobre recortes y nuevas apuestas tecnológicas como computación cuántica y SpaceX.
Las principales bolsas mundiales abren la semana con avances, apoyadas por el progreso en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán y el descenso del precio del petróleo, factores que han permitido un cierto alivio en la renta fija.
Wall Street continúa cerca de máximos históricos y el S&P 500 acumula una de sus mejores rachas de los últimos años. La subida del 17% en el S&P 500 en las últimas 8 semanas es la vigésima mayor subida en 8 semanas en el índice desde 1950. Sin embargo, algunos datos empiezan a advertir que el calendario podría empezar a jugar en contra de la tendencia.
Históricamente, los años de elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos suelen mostrar un comportamiento más débil entre abril y septiembre. Según datos históricos recopilados por Dow Jones Market Data, el S&P 500 registra una caída media cercana al 2,8% durante ese periodo en años de “midterms”, mientras que en el resto de años es positivo.
La cuestión resulta especialmente interesante porque este patrón aparece justo cuando el mercado afronta simultáneamente varios riesgos: rentabilidades de bonos en máximos de muchos años, inflación ligada a energía, tensiones geopolíticas en Oriente Medio y dudas sobre el próximo movimiento de la Reserva Federal.
Además, el VIX continúa relativamente elevado pese a que las bolsas siguen marcando máximos. Esto podría sugerir que existe cierta incomodidad bajo la superficie y que parte del mercado mantiene coberturas activas pese al optimismo visible en los índices.
Nuestra visión es que el mercado podría entrar en una fase más compleja donde los resultados empresariales, que han sido históricos, pasen a un segundo plano, mientras la macro vuelve a ganar peso. Si esto ocurre, el foco podría desplazarse desde Nvidia y el crecimiento hacia bonos, inflación y política.
Si la inflación vuelve a dominar el relato, unos datos en general sólidos podrían interpretarse negativamente porque implicarían menos recortes y tipos altos durante más tiempo.
El mercado de bonos es el principal riesgo
Mientras Wall Street sigue celebrando el boom de la inteligencia artificial y los índices estadounidenses continúan cerca de máximos históricos, el mercado de bonos ofrece señales cada vez más preocupantes. La rentabilidad del bono estadounidense a 30 años ya supera el 5%, niveles que no se observaban desde 2007, mientras que el bono a 10 años ronda el 4,6%.
El problema ya no es únicamente la guerra con Irán o el repunte puntual del petróleo. El mercado empieza a asumir que podríamos estar entrando en un entorno de tipos estructuralmente más elevados debido al aumento de deuda pública, la desglobalización, el gasto militar y el enorme ciclo de inversión asociado a inteligencia artificial, semiconductores y centros de datos.
Al mismo tiempo, empieza a aparecer otro debate cada vez más presente entre estrategas e inversores: si la concentración ligada a inteligencia artificial se está acercando a niveles históricamente asociados a episodios de euforia financiera. Actualmente, las compañías relacionadas con IA ya representan cerca del 48% del mercado estadounidense, una cifra que empieza a aproximarse a algunos de los mayores ciclos especulativos observados en el pasado y que podría aumentar todavía más con las próximas salidas a bolsa.
Sin embargo, el mercado todavía encuentra argumentos para sostener el optimismo. El ciclo de inteligencia artificial continúa acelerándose y la demanda real sigue creciendo. Las exportaciones surcoreanas de memoria DRAM avanzan un 148% interanual, mientras que las ligadas a semiconductores suben un 223%, reflejando hasta qué punto la carrera por IA, centros de datos y capacidad computacional continúa ganando intensidad.
A esto se suma que algunos indicadores de posicionamiento y sentimiento empiezan a acercarse a zonas históricamente asociadas a excesos de optimismo y posibles tomas de beneficios.
Llegada a la FED de Kevin Warsh
Kevin Warsh se enfrenta a los rendimientos más altos de los bonos del Tesoro a 10 años en la fecha de su toma de posesión de cualquier presidente de la Fed desde Alan Greenspan en agosto de 1987.
La llegada de Kevin Warsh prometía inicialmente un cambio de rumbo hacia una política monetaria más flexible. Sin embargo, el mercado empieza a asumir el escenario contrario: menos recortes y una Fed obligada a mantener tipos altos durante más tiempo, e incluso a subirlos este año.
Además, el mercado de bonos está mandando una señal clara: o se actúa pronto contra la inflación o las rentabilidades seguirán subiendo, algo especialmente relevante en un momento en el que los gobiernos necesitan estímulos para afrontar el aumento de costes energéticos y las grandes tecnológicas continúan elevando el gasto en inteligencia artificial, centros de datos e infraestructura.
La inflación vuelve a situarse en el centro del debate tras el repunte energético asociado al conflicto con Irán y el impacto acumulado de los aranceles. Pero quizá lo más interesante sea que el mercado ya no solo mira el petróleo. Empieza a aparecer una nueva narrativa: la inteligencia artificial podría ser inicialmente inflacionaria.
El enorme gasto en energía, semiconductores, centros de datos e infraestructura podría elevar el coste del capital antes de generar ganancias de productividad, algo que empieza a preocupar especialmente al mercado de bonos.
Nuestra visión es que Warsh llega en uno de los momentos más complejos para dirigir la Reserva Federal. Si adopta una postura demasiado dovish podría aumentar la presión sobre dólar y bonos. Si mantiene el sesgo históricamente más hawkish que muchos le atribuyen, podría terminar frenando crecimiento, gasto fiscal y parte del entusiasmo actual del mercado.
Además, aparece una cuestión relevante para inversores: cuando el crecimiento era la principal preocupación, buenos datos económicos impulsaban simultáneamente bolsas y bonos. Ahora ocurre lo contrario. Si la inflación vuelve a dominar el relato, unos datos demasiado sólidos podrían interpretarse negativamente porque implicarían menos recortes y tipos altos durante más tiempo.
Tampoco ayudan las presiones de Kevin Hassett, principal asesor económico del presidente Donald Trump en la Casa Blanca, indicando este fin de semana que una eventual caída del petróleo derivada de una posible paz en Irán podría generar margen suficiente para que la Reserva Federal reduzca tipos.
Computación cuántica: ¿la próxima gran oportunidad?
Mientras el mercado sigue centrado en Nvidia, la inteligencia artificial y la carrera por centros de datos, una nueva temática comienza a ganar protagonismo en Wall Street: la computación cuántica.
Estados Unidos acaba de dar un paso importante al anunciar nuevas ayudas y financiación pública para acelerar el desarrollo del sector, en un movimiento que recuerda cada vez más a lo ocurrido con los semiconductores y el CHIPS Act.
El objetivo ya no es solo investigar. El foco empieza a desplazarse hacia la construcción de infraestructura, capacidad industrial y liderazgo tecnológico frente a China.
El mercado ha reaccionado con fuerza y varias compañías vinculadas al sector han registrado importantes subidas, como IBM, Rigetti Computing o D-Wave. Sin embargo, quizá lo más interesante no sea el movimiento bursátil, sino el cambio de narrativa: la computación cuántica empieza a pasar de laboratorio a industria.
La tecnología promete resolver problemas prácticamente imposibles para la informática tradicional, desde descubrimiento de fármacos y nuevos materiales hasta optimización logística, defensa o criptografía.
Muchos expertos creen que el primer paso llegará mediante sistemas híbridos, donde ordenadores cuánticos trabajen junto a CPUs y GPUs tradicionales para resolver cálculos extremadamente complejos.
Todavía estamos lejos de una adopción masiva, pero el respaldo público, la entrada de grandes compañías y el creciente interés inversor empiezan a situar a la computación cuántica como una de las grandes apuestas tecnológicas de la próxima década.
La gran pregunta para el mercado es si las bolsas podrán seguir ignorando durante mucho tiempo el encarecimiento global del capital o si finalmente el mercado de bonos terminará condicionando también las valoraciones tecnológicas y el crecimiento económico. Y quizá una cuestión todavía mayor: si estamos ante el nacimiento de un nuevo ciclo estructural impulsado por la IA o ante la fase más madura de la euforia.
Salida a bolsa de SpaceX
Creemos que SpaceX tiene capacidad para convertirse en la mayor salida a bolsa de la historia e incluso aspirar a marcar un nuevo referente en valoración. El mercado no está poniendo el foco en los resultados actuales, sino en el potencial futuro de la compañía.
Según sus propias estimaciones, el mercado total al que podría dirigirse alcanza los 28,5 billones de dólares, una cifra equivalente al PIB de la economía estadounidense.
La compañía reúne algo muy difícil de encontrar: liderazgo en un sector con enormes barreras de entrada, un negocio recurrente y creciente como Starlink, exposición directa a inteligencia artificial y una visión de largo plazo que va mucho más allá del negocio espacial tradicional. A esto se suma la prima que históricamente el mercado ha otorgado a Elon Musk.
Además, el mercado no valorará únicamente los resultados actuales, sino el ecosistema completo que está construyendo la compañía. SpaceX no es solo lanzamientos espaciales. Hablamos de conectividad global, infraestructura satelital, potencial desarrollo de computación ligada a IA e incluso mercados que hoy prácticamente no existen.
SpaceX podría convertirse para la economía espacial en lo que Nvidia ha sido para la inteligencia artificial: el activo que concentra durante sus primeras fases toda la narrativa de una nueva industria.
La historia también juega a su favor. Elon Musk ha demostrado capacidad para transformar industrias enteras y atraer capital hacia proyectos inicialmente considerados demasiado ambiciosos, lo que hace que muchos inversores estén dispuestos a valorar más el potencial futuro que la rentabilidad presente.
Por supuesto, existen riesgos y parte de la valoración dependerá de que proyectos como Starship, la expansión de Starlink o las nuevas líneas ligadas a IA consigan desarrollarse con éxito.
Otro de los puntos a vigilar es el crecimiento. Actualmente la compañía estaría creciendo alrededor del 15%, una cifra que no justificaría por sí sola múltiplos extremadamente elevados dentro del sector tecnológico.
A esto se suma un elemento adicional: la gobernanza. Musk mantendrá aproximadamente el 85% del poder de voto, dejando un margen limitado al accionista minoritario.
En definitiva, invertir en SpaceX no será únicamente apostar por cohetes o satélites. Será, sobre todo, apostar por que la visión de Musk sobre IA, conectividad global y economía espacial termine convirtiéndose en realidad.
SpaceX podría protagonizar la OPV del siglo, pero también convertirse en una de las mayores pruebas sobre cuánto está dispuesto a pagar el mercado por el futuro.
Eventos de la semana
EEUU
Los datos del PCE correspondientes al mes de abril, que se publicarán el jueves, serán analizados de cerca en una semana más tranquila y corta, ya que los mercados estadounidenses permanecerán cerrados el lunes por festividad.
El gasto general podría verse impulsado por el repunte del precio de la gasolina, aunque por el resto de componentes es probable que aparezcan algunos signos de debilidad.
Las cifras del PCE podrían aumentar las preocupaciones sobre inflación, especialmente en un entorno donde los costes logísticos y de transporte vuelven a repuntar por el encarecimiento energético.
Todo ello ocurre mientras los inversores empiezan a incorporar la posibilidad de que el próximo movimiento de la Reserva Federal vuelva a ser una subida de tipos, con parte del mercado descontando ya un incremento de 25 puntos básicos hacia finales de año.
El jueves también conoceremos la segunda estimación del PIB estadounidense del primer trimestre, junto a los pedidos de bienes duraderos, las ventas de viviendas nuevas y las solicitudes semanales de desempleo.
El martes se publicarán además el índice de confianza del consumidor del Conference Board y el Case-Shiller de precios de vivienda.
Eurozona
El calendario europeo comenzará relativamente tranquilo para ganar intensidad durante la segunda mitad de la semana.
El miércoles se conocerá la confianza del consumidor en Francia, mientras que el jueves llegarán las encuestas sobre consumo y actividad empresarial tanto en Italia como en la eurozona.
El viernes será probablemente el día más importante con la publicación de los datos preliminares de inflación de mayo en Francia, España, Alemania e Italia.
También conoceremos los datos de empleo en Francia, el desempleo de Alemania e Italia y las cifras revisadas del PIB italiano.
Además, el Banco Central Europeo publicará las actas de su reunión de abril, que podrían aportar pistas adicionales sobre el ritmo de los próximos movimientos de tipos.
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