- El petróleo repunta por la persistencia de la guerra entre EE. UU./Israel e Irán, los ataques marítimos y el cierre de facto del Estrecho de Ormuz, que mantiene elevada la prima de riesgo.
- Las negociaciones para reabrir el estrecho avanzan lentamente, pero las fuertes discrepancias entre Irán y Washington y la falta de garantías mantienen la incertidumbre y el Brent alrededor de los 84 dólares.
- El petróleo repunta por la persistencia de la guerra entre EE. UU./Israel e Irán, los ataques marítimos y el cierre de facto del Estrecho de Ormuz, que mantiene elevada la prima de riesgo.
- Las negociaciones para reabrir el estrecho avanzan lentamente, pero las fuertes discrepancias entre Irán y Washington y la falta de garantías mantienen la incertidumbre y el Brent alrededor de los 84 dólares.
El precio del barril de petróleo mantiene en este inicio de semana la volatilidad de las últimas sesiones, con un nuevo repunte en estos instantes. El West Texas Intermediate (WTI) cotiza en los 79,3$ (+2,85%). Por su parte, el Brent avanza hasta los 84,7$ (+3%).
El repunte fluctúa sobre la prolongación de una crisis que dura ya casi seis meses. El Estrecho de Ormuz —por el que antes transitaban una quinta parte del petróleo y el gas natural licuado mundial— continúa prácticamente paralizado.
El petróleo repunta ante el bloqueo negociador entre EE. UU. e Irán
La subida de hoy se explica por la combinación de dos fuerzas que llevan semanas empujando el precio en direcciones opuestas: la esperanza de un acuerdo que reabra Ormuz y la evidencia, sesión tras sesión, de que ese acuerdo no llega o no basta. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, afirmó ayer que Irán y Omán se encuentran en las "etapas finales" de un pacto sobre nuevas rutas de navegación por el estrecho, pero insistió en que la vía marítima "no volverá a abrirse" hasta que Washington cumpla determinadas condiciones.
Ese anuncio, en teoría positivo, no ha logrado enfriar la prima de riesgo porque el mercado ya ha sido "engañado" varias veces en las últimas semanas por promesas de acuerdo inminente que después no se materializaron en tráfico marítimo normal. La falta de avances concretos mantiene la prima de riesgo. Aunque se anunciara un nuevo acuerdo, este podría ser frágil y el riesgo de que se revierta limitaría cualquier caída posterior del precio. Un fracaso de las negociaciones o nuevas interrupciones del suministro podrían reactivar rápidamente la prima de riesgo geopolítico.
A ello se suman nuevos incidentes de seguridad que refuerzan la percepción de riesgo: el sábado 8 de agosto, Emiratos Árabes Unidos condenó a Teherán por un supuesto ataque con misiles contra un buque de la petrolera estatal Abu Dhabi National Oil Company (ADNOC), que un día antes había informado de que 15 de sus buques habían sido atacados desde el inicio del conflicto al transitar por Ormuz. El domingo 9, los hutíes yemeníes, alineados con Irán, reivindicaron un ataque contra la refinería saudí de Jazan, propiedad de Saudi Aramco, apenas dos días después de que Arabia Saudí firmara un pacto de defensa con Turquía y Pakistán como respuesta a la creciente inestabilidad regional.
La Organización Marítima Internacional ha contabilizado al menos 64 incidentes violentos contra buques comerciales en la región desde el inicio de la guerra, con 17 fallecidos, la mayoría atribuidos a Irán.
¿Está entrando la guerra de Irán en una nueva fase?
Estados Unidos e Israel atacaron Irán a finales de febrero de 2026 y, en estos momentos, la prolongación del conflicto alcanza ya los seis meses sin una resolución clara. Lo que sí ha cambiado respecto a las fases más agudas de combates directos —como los ataques de finales de febrero o el repunte de hostilidades de julio, que llevó al Brent a superar los 102 dólares por barril— es que el frente militar directo entre Washington/Israel y Teherán se ha enfriado parcialmente, mientras el conflicto se desplaza hacia una guerra de desgaste marítimo y de aliados regionales: ataques a petroleros, incidentes atribuibles a Irán en el golfo, y la entrada en escena de los hutíes contra activos saudíes, en paralelo a la firma de un pacto defensivo entre Arabia Saudí, Turquía y Pakistán. Por ello, estamos viviendo un estancamiento militar combinado con una escalada de fricciones en el ámbito marítimo y regional.
¿Se están enquistando las posiciones negociadoras entre EE. UU. e Irán?
El mercado se inclina por el sí, especialmente tras escuchar a Araghchi, que ayer declaró que Teherán no se sentará a negociar mientras Washington siga incumpliendo un acuerdo provisional firmado en junio de 2026. Esto contrasta con el optimismo exhibido apenas cinco días antes: el 5 de agosto, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, había dicho a la CNBC que un acuerdo sobre Ormuz podría llegar "hoy o mañana", eco de las palabras del propio Donald Trump, mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, confirmaba que Washington participaba en conversaciones —no directamente con Irán, sino a través de Omán— para aumentar el tráfico por el estrecho.
Ese mismo día, el Ministerio de Exteriores iraní negó que estuviera negociando con Washington, mientras Trump insistía en que sí había conversaciones en marcha, un choque de versiones que ilustra bien el nivel de desconfianza mutua.
El principal punto de fricción técnico es económico: Irán exige entre el 5% y el 7% del valor de la carga a los buques que crucen el estrecho, Omán negocia una tasa intermedia cercana al 3%, y Washington quiere que no se cobre ninguna tasa. A esto se añade un proyecto de ley iraní que prohibiría el paso de buques con bandera estadounidense o israelí, y obligaría a otros buques que "hayan perjudicado a Irán" a pagar una compensación antes de transitar.
Las condiciones de fondo que exige Irán —alivio de sanciones, compensación o reparaciones de guerra, y el cumplimiento previo del acuerdo provisional de junio— no se aceptan por parte de Washington.
El resultado es un diálogo fragmentado: Teherán negocia rutas de navegación con Omán, pero se niega a hablar directamente con Estados Unidos hasta que este ceda en el terreno de las sanciones y las compensaciones.
¿En qué punto está el cierre del Estrecho de Ormuz?
El estrecho sigue, en la práctica, cerrado al tráfico normal, aunque hay un canal de negociación activo para reabrirlo de forma parcial y controlada. Según datos de la plataforma de seguimiento marítimo MarineTraffic, entre el 4 y el 6 de agosto cruzaron el estrecho entre 8 y 15 buques al día, frente a los aproximadamente 130 tránsitos diarios previos a la guerra. A esto se suma que el viernes 7 de agosto, el tráfico marítimo por Ormuz cayó un 33% respecto al día anterior, con la mayoría de los buques utilizando la ruta iraní del estrecho.
El mecanismo que se negocia actualmente entre Irán y Omán contempla que el tráfico de entrada discurra por aguas iraníes y el de salida por aguas omaníes, un esquema que otorgaría a Irán un control significativo sobre el tráfico entrante, algo que Washington ha rechazado históricamente porque supondría que Teherán controle una vía marítima internacional.
Aún si Irán y Omán logran cerrar ese mecanismo —que Teherán sitúa en sus "etapas finales"—, un acuerdo escrito no garantizaría automáticamente la normalización: persisten obstáculos prácticos como las sanciones cruzadas entre EE. UU. e Irán, las cláusulas restrictivas de las aseguradoras para cubrir el tránsito, la falta de garantías de acceso para buques vinculados a Estados Unidos, y la ausencia de un calendario de reanudación de las exportaciones normales del Golfo.
El patrón es claro: cada vez que se anuncia optimismo diplomático, el precio cae con fuerza (como el 5 de agosto o a comienzos de julio); y cada vez que ese optimismo se topa con la letra pequeña de las exigencias iraníes o con nuevos incidentes de seguridad, el precio rebota (como ocurrió el 6, el 7 y hoy mismo). El nivel actual del Brent implica un precio en torno a un 16% superior al vigente antes del estallido de la guerra a finales de febrero.
¿Cómo invertir en petróleo?
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