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9:37 · 10 de abril de 2023

Tribuna de Pablo Gil para el diario Eleconomista

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La OPEP complica la lucha contra la inflación

La inesperada decisión de la OPEP de reducir la producción de petróleo en otros 1.2 millones de barriles diarios lanza un mensaje claro al mundo: "no queremos ver precios del crudo por debajo de 80 dólares el barril". Si hasta 2020 el cártel solía reunirse cada seis meses para ajustar la oferta de petróleo a la demanda existente, desde que sufrimos la pandemia del COVID, las cosas han cambiado mucho.

Ahora los principales productores de crudo están mucho más encima de las circunstancias que afectan al mercado energético, y toman decisiones en antelación en lugar de hacerlo de forma reactiva. Está claro que no están dispuestos a permitir desplomes del precio del petróleo como los que tuvieron lugar durante la crisis del año 2008 o la del 2020.

Y eso es un problema cuando la principal preocupación hoy es la lucha contra las presiones inflacionistas, porque si algo tenía de bueno una recesión económica, es que junto al desplome de la demanda también se producía un ajuste severo de los precios a la baja.

Pero ahora estamos en un entorno nuevo, donde se podría dar una desaceleración importante de la actividad económica, sin que ello traiga consigo una caída en el precio del petróleo, lo que dificultaría que la inflación revierta hacia el punto de equilibrio del 2% que se han marcado como objetivo los bancos centrales.

A este problema se suma el hecho de que EE UU lleva desde 2021 vendiendo parte de sus reservas estratégicas a fin de conseguir que el precio del petróleo baje, y con él, también el de la gasolina. Esas reservas, conocidas como SPR, se crearon a raíz del embargo petrolero árabe de 1973-74, cuando las naciones productoras de crudo de Medio Oriente detuvieron las exportaciones, lo que acabó provocando presiones inflacionistas enormes y finalmente la recesión económica de EE UU.

A raíz de aquello, nació el SPR, con una capacidad actual de 714 millones de barriles, que permite amortiguar el impacto de precios excesivamente altos durante un periodo de tiempo razonable. Pero desde hace un par de años, y a fin de contener la crisis inflacionista, el presidente J.Biden ha vendido aproximadamente la mitad de las reservas que tenía, es decir, que tan solo le quedan ya unos 371 millones almacenados, lo que equivale a las reservas que tenía en 1983.

De cara al próximo invierno es probable que EE UU tenga que plantearse si puede correr el riesgo de afrontarlo con uno de los niveles de existencias más bajos de las últimas décadas, o si por el contrario es prudente reponer parte de lo vendido. De ser este el caso, la primera potencia económica del mundo pasará de ser neto vendedor de crudo a comprador, lo cual podría alimentar precios cada vez más altos.

Pero además del factor puramente económico que tiene el movimiento de la OPEP, también hay que analizar el impacto político. Desde hace años las relaciones entre EE UU y Arabia Saudí, el miembro más poderoso del cartel, no han hecho más que deteriorarse, salpicadas por distintos hechos que han alejado las posturas de ambos países, como las polémicas suscitadas por el traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, el cierre del consulado de esta última, la muerte del columnista Yamal Khashoggi, residente estadounidense, en el consulado saudí de Estambul, y la acusación contra el príncipe heredero.

Y muestra de ello, son la falta de resultados de los recientes viajes del presidente estadounidense a los países de Oriente Medio solicitando un incremento de las exportaciones de crudo. En lugar de eso, las últimas medidas adoptadas han sido reducir la producción, lo que claramente beneficia a Rusia como miembro de la OPEP+ y ayuda a Putin a financiar más fácilmente la guerra que mantiene contra Ucrania.

Lo que ha acontecido tiene por tanto dos vertientes claramente negativas, una económica, que pronostica mayores dificultades futuras a la hora de revertir la inflación hacia el objetivo del 2%, y otra política, que muestra como poco a poco se va dividiendo el mundo en dos grandes facciones, una en defensa de Ucrania y contra Rusia, y otra donde no se respaldan las sanciones contra Putin y se mantienen las relaciones comerciales.

Durante las últimas décadas hemos vivido bajo dos corrientes tremendamente deflacionistas que nos han permitido disfrutar de un entorno de precios muy contenidos: el desarrollo tecnológico y la globalización.

El primero seguimos teniéndolo, y a tenor de como ha sido la historia del ser humano, podemos decir que es algo inherente a nuestra evolución como especie. Pero el segundo, la globalización, parece haberse terminado, al menos en los términos a los que estábamos acostumbrados. Entramos en una nueva fase donde el proteccionismo multilateral puede sustituir a la globalización, y de ser ese el caso, volver a entornos de inflación del 2% será mucho más difícil.

 

https://www.eleconomista.es/opinion/noticias/12218217/04/23/la-opep-complica-la-lucha-contra-la-inflacion.html

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