- EE. UU. ha impulsado una fuerte desregulación bancaria y Europa empieza a seguir su ejemplo, revisando requisitos de capital y supervisión para mejorar la competitividad de sus bancos.
- Bruselas podría liberar capital y favorecer préstamos, dividendos y recompras, aunque la resistencia del BCE al “suelo de capital” mantiene la incertidumbre y limita el impacto inmediato en bolsa.
- EE. UU. ha impulsado una fuerte desregulación bancaria y Europa empieza a seguir su ejemplo, revisando requisitos de capital y supervisión para mejorar la competitividad de sus bancos.
- Bruselas podría liberar capital y favorecer préstamos, dividendos y recompras, aunque la resistencia del BCE al “suelo de capital” mantiene la incertidumbre y limita el impacto inmediato en bolsa.
Estados Unidos marcó el camino y ahora Europa empieza a seguirlo. La admnistración Trump quiere aplicar ese lema en todos los ámbitos, pero en este caso hablamos de la agenda desregulatoria impulsada en el sector financiero estadounidense, que está inspirando a Bruselas a suavizar sus propias exigencias de capital y supervisión a la banca, en un giro que los grandes bancos europeos llevan años reclamando.
El símbolo de una batalla ganada en Washington
En Estados Unidos, los grandes bancos consiguieron revertir de forma abrupta un aumento amenazado del 16% en los requisitos de capital, una medida que, según estimaciones, habría supuesto un coste conjunto de 160.000 millones de dólares para el sector. A ese éxito se sumaron una supervisión menos intrusiva y revisiones de otras normas, todo enmarcado en el compromiso de la Casa Blanca de “liberar” a la banca de restricciones consideradas excesivas desde la crisis financiera de 2008.
Bruselas responde con su propio paquete
Tras años de lo que Krupa califica de avance demasiado lento, la Comisión Europea presentó el pasado mes de julio un paquete de propuestas que aborda algunas de las principales quejas del sector. Estas medidas podrían liberar cientos de miles de millones de euros en capital y liquidez que hoy permanecen “atrapados” por el fraccionamiento regulatorio entre países (el llamado ring-fencing nacional), y abren la puerta a modificar partes del acuerdo global de capital más resistidas por la banca local.
El paquete, presentado formalmente el 17 de julio por la comisaria europea de Servicios Financieros, Maria Luis Albuquerque, aborda cuestiones tan sensibles como el seguro de depósitos y la libre circulación de capital dentro del bloque. En sus propias palabras: “los bancos de la UE carecen de la escala necesaria para competir tanto a nivel internacional como doméstico”, y “las barreras son significativas y superarlas requiere un cambio igualmente significativo en nuestro sistema”.
El resultado más concreto hasta el momento ha sido el aplazamiento por parte de la UE de una sección de las nuevas normas globales conocidas como Fundamental Review of the Trading Book (FRTB), a la espera de que Washington aclare sus propios planes. La FRTB eleva los requisitos de capital para la actividad de trading, un terreno en el que la banca europea compite directamente con Wall Street y en el que una adopción anticipada la dejaría en desventaja.
El “suelo de capital” es la batalla pendiente
Uno de los puntos que más ha sorprendido gratamente al sector es que Bruselas haya abierto la puerta a revisar el llamado output floor o suelo de capital, una pieza clave y muy conflictiva del acuerdo final de Basilea III. Esta norma se introdujo para evitar que los bancos manipulasen sus modelos internos de riesgo con el fin de reducir sus exigencias de capital.
A principios de este año, Estados Unidos anunció que no aplicaría esta regla, una decisión con impacto interno limitado —ya que la banca estadounidense apenas utiliza modelos internos para calcular el riesgo de su cartera de préstamos—, pero que sirvió como argumento a la banca europea, mucho más afectada por la medida, para exigir una revisión en nombre de la igualdad de condiciones. Esa revisión es la que la Comisión, con sede en Bruselas, ha concedido ahora.
Wim Mijs, director general de la EBF, calificó la iniciativa europea de “punto de inflexión”, mostrándose especialmente satisfecho por este movimiento sobre el suelo de capital. Sin embargo, el Banco Central Europeo sigue siendo un obstáculo importante: Sus responsables creen que el "suelo de capital" debería mantenerse tal cual está. La propia comisaria Albuquerque reconoció que “tendremos que mantener también un diálogo adecuado con nuestros supervisores, y necesitamos encontrar el equilibrio correcto".
Dos años “perdidos” y una brecha de valoración que persiste
Krupa, que asumió la presidencia de la EBF en febrero de 2025 y lidera SocGen desde 2023, se muestra crítico con la lentitud europea: “Creo que hemos perdido dos años”, afirmó en referencia a los esfuerzos del sector por lograr una reforma significativa. La ofensiva de la banca estadounidense contra la regulación ya estaba en pleno apogeo cuando Krupa tomó el cargo.
En paralelo, Europa se vio marcada por dos informes de referencia —el de Mario Draghi (expresidente del BCE) y el de Enrico Letta (exprimer ministro italiano)— que expusieron los problemas de financiación y crecimiento de la región, argumentos que la banca aprovechó para exigir reformas de competitividad que le permitieran prestar más. Pese al impulso regulatorio, la banca europea sigue cotizando con descuento frente a sus homólogas estadounidenses, aunque esa brecha se ha reducido en los últimos tiempos.
Christian Sewing, consejero delegado de Deutsche Bank, se mostró animado en la presentación de resultados del banco alemán el mes pasado por el creciente foco en simplificación y crecimiento que percibe en la agenda regulatoria europea.
Cabe destacar que, pese a todo, las acciones bancarias europeas no repuntaron tras el anuncio de la Comisión, algo que Mijs atribuye a la falta de certidumbre regulatoria en comparación con EE. UU.: “todo es cuestión de certeza, porque en Estados Unidos, cuando habla Michelle Bowman, todo el mundo cree lo que dice, y especialmente el mercado”, señaló en referencia a la vicepresidenta de Supervisión de la Reserva Federal.
No todos ven con buenos ojos el cambio de rumbo
En contraste, varios altos cargos de bancos centrales y supervisores europeos manifiestan que el enfoque estadounidense ha contaminado incluso las reuniones de foros internacionales como el Comité de Basilea. Probablemente estamos ante la brecha más grande entre la postura de EE. UU. y la de Europa sobre las amenazas a la estabilidad financiera, la visión sobre la inteligencia artificial y el crédito privado.
Paul Tucker, exsubgobernador del Banco de Inglaterra, es muy crítico con los planes de la Reserva Federal para reformar las normas de liquidez —que podrían permitir a la banca desplazar fondos desde activos de baja rentabilidad, como la deuda del Tesoro, hacia activos más arriesgados. Estas propuestas aún no están finalizadas; en junio, Bowman explicó ante el Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes que el objetivo era garantizar que “los bancos puedan cumplir sus obligaciones bajo tensión manteniendo la capacidad de proporcionar liquidez a clientes y comunidades”.
¿Qué implica para el inversor europeo?
Para el mercado, la lectura es de fondo positivo a medio plazo pero sin catalizador inmediato: la posible liberación de capital regulatorio en entidades como Société Générale, Deutsche Bank o los grandes bancos españoles del EBF podría traducirse en mayor capacidad de préstamo, recompras de acciones o dividendos, pero el propio sector reconoce que el proceso será más gradual y menos agresivo que en EE. UU., y que la resistencia del BCE al recorte del suelo de capital introduce un elemento de incertidumbre que, de momento, el mercado no ha descontado en las cotizaciones bancarias europeas.
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