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Oriente Medio concentra cerca del 20% de las exportaciones mundiales de gas natural y alrededor del 15-20% del comercio global de fertilizantes nitrogenados, lo que convierte a la región en un punto crítico para el suministro agrícola mundial.
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Cualquier disrupción en gas o fertilizantes podría trasladarse rápidamente a los precios de los alimentos, un componente que representa entre el 15% y el 20% de la inflación en las principales economías.
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Oriente Medio concentra cerca del 20% de las exportaciones mundiales de gas natural y alrededor del 15-20% del comercio global de fertilizantes nitrogenados, lo que convierte a la región en un punto crítico para el suministro agrícola mundial.
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Cualquier disrupción en gas o fertilizantes podría trasladarse rápidamente a los precios de los alimentos, un componente que representa entre el 15% y el 20% de la inflación en las principales economías.
Cada vez que aumenta la tensión en Oriente Medio, los mercados reaccionan de forma casi automática mirando al petróleo. Sin embargo, existe otra materia prima energética cuyo impacto puede extenderse mucho más allá de los mercados energéticos: el gas natural.
Y detrás de ese movimiento aparece un sector que muchos inversores están pasando por alto: la agricultura.
Oriente Medio: clave para el gas… y para los fertilizantes
La región no solo es estratégica para el petróleo. Oriente Medio representa aproximadamente entre el 18% y el 20% de las exportaciones mundiales de gas natural y más del 30% del comercio global de gas natural licuado (GLN). Qatar, por ejemplo, es uno de los mayores exportadores de GNL del mundo.
Pero su papel no termina ahí.
Gracias a su abundancia de gas barato, la región también se ha convertido en un importante productor de fertilizantes nitrogenados. En conjunto, Oriente Medio representa alrededor del 15-20% del comercio mundial de fertilizantes nitrogenados, especialmente en productos como la urea y el amoníaco.
Países como Qatar, Arabia Saudí, Irán, Omán o Emiratos Árabes Unidos se han convertido en grandes exportadores de estos productos gracias a su acceso a gas natural barato.
Esto significa que cualquier interrupción energética, logística o geopolítica en la región puede afectar simultáneamente a dos mercados clave: el gas y los fertilizantes.
Un momento especialmente sensible: comienza la temporada agrícola
El momento tampoco es menor. Con la llegada de la primavera en el hemisferio norte comienza una de las fases más importantes del calendario agrícola mundial.
Durante estos meses, agricultores de Europa, Estados Unidos, China o India realizan gran parte de las compras de fertilizantes necesarias para la siembra de primavera y para el desarrollo inicial de los cultivos.
Esto provoca que la demanda global de fertilizantes tienda a concentrarse en este periodo del año. Si en este momento se produjera una interrupción en el suministro o un aumento fuerte del coste del gas, el impacto en precios podría amplificarse rápidamente.
En otras palabras, los mercados agrícolas entran ahora en una fase del año en la que la sensibilidad a cualquier shock en fertilizantes es especialmente elevada.
El vínculo oculto entre energía y fertilizantes
La agricultura moderna depende profundamente de los fertilizantes, y la producción de estos está estrechamente ligada al gas natural. De hecho, el gas es el principal insumo para fabricar fertilizantes nitrogenados como el amoníaco o la urea.
En muchos casos, el gas natural representa entre el 70% y el 80% del coste total de producción de fertilizantes. Por eso, cualquier subida significativa del gas suele trasladarse casi de forma inmediata al precio de estos insumos agrícolas.
Cuando el gas se encarece de forma brusca, algunas plantas de fertilizantes —especialmente en Europa— reducen producción o incluso detienen operaciones si los márgenes se vuelven negativos. Esto ocurrió durante la crisis energética de 2022, cuando varias instalaciones europeas redujeron actividad ante el aumento del coste energético.
El resultado fue claro: una reducción de la oferta global de fertilizantes y un aumento de precios.
Un efecto dominó en la agricultura
El encarecimiento de los fertilizantes tiene consecuencias directas en el sector agrícola. Para muchos agricultores, estos productos representan uno de los mayores costes de producción.
Cuando los fertilizantes suben de precio, los agricultores deben decidir entre asumir mayores costes o reducir su uso. En ambos casos, el efecto termina trasladándose al precio final de los cultivos.
Este fenómeno suele provocar subidas en los precios agrícolas meses después de los shocks energéticos, generando un ciclo que se repite con frecuencia en los mercados de materias primas.
El impacto en la inflación
El efecto tampoco se limita al sector agrícola. En la mayoría de economías desarrolladas, los alimentos representan una parte significativa de la inflación.
En Estados Unidos, los alimentos suponen alrededor del 13-14% del índice de precios al consumo, mientras que en la zona euro el peso se sitúa cerca del 20% del IPC, y en países como España supera el 20%.
Esto significa que cualquier subida prolongada en los precios de los alimentos puede tener un impacto directo sobre la inflación general.
De hecho, durante la crisis energética de 2022 el aumento del precio del gas provocó una fuerte subida de los fertilizantes, lo que terminó trasladándose al precio de los alimentos. El índice global de precios alimentarios de la Food and Agriculture Organization alcanzó entonces máximos históricos.
Si las tensiones geopolíticas vuelven a presionar los precios del gas y los fertilizantes, el impacto podría terminar reflejándose de nuevo en la inflación global.
Los países más expuestos
Las regiones más sensibles a este tipo de disrupciones son aquellas que dependen fuertemente de fertilizantes importados.
Entre los países más expuestos destacan:
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Brasil, que importa más del 80% de sus fertilizantes
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India, uno de los mayores compradores de urea del mundo
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Europa, donde la producción local depende en gran medida del gas natural
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Diversos países africanos, muy dependientes de fertilizantes importados
Un shock en la oferta global de fertilizantes o en los precios del gas puede traducirse rápidamente en mayores costes agrícolas a escala mundial.
La oportunidad que el mercado podría estar ignorando
Actualmente, la mayoría de los inversores centran su atención en el petróleo y en los posibles riesgos para el transporte marítimo global. Sin embargo, el impacto indirecto sobre fertilizantes y agricultura podría ser igual de relevante si las tensiones energéticas continúan.
El mecanismo es sencillo:
Gas más caro → fertilizantes más caros → mayores costes agrícolas → alimentos más caros.
Para los inversores, esta cadena abre un ángulo interesante que todavía recibe poca atención: las compañías agrícolas podrían beneficiarse de un nuevo ciclo de precios al alza en los productos agrícolas.
Mirando más allá del petróleo
Si las tensiones en Oriente Medio terminan presionando los precios de la energía durante más tiempo, el impacto podría extenderse mucho más allá del petróleo.
Los fertilizantes y la agricultura podrían convertirse en algunos de los sectores más sensibles a este nuevo entorno de materias primas.
Y mientras el mercado sigue mirando a los barriles de petróleo, la verdadera historia podría estar desarrollándose en los fertilizantes… y en los campos.
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