11:26 · 16 de junio de 2026

Comentario diario | La paz en Oriente Medio reabre la gran rotación en los mercados

Conclusiones clave
Conclusiones clave
  • La reapertura del Estrecho de Ormuz podría acelerar una gran rotación global desde Estados Unidos hacia Europa, Asia y los sectores más vinculados al crecimiento económico.
  • Divisas como la rupia india, la corona sueca, el yen japonés o el dólar australiano aparecen entre las principales beneficiadas por la caída del petróleo y la recuperación del apetito por el riesgo.
  • El oro vuelve al radar de los inversores gracias a la debilidad del dólar, las compras récord de los bancos centrales y las crecientes dudas sobre la sostenibilidad fiscal de Estados Unidos.

La guerra que ha condicionado a los mercados durante más de tres meses parece acercarse a su final. El acuerdo alcanzado entre Estados Unidos e Irán para reabrir el Estrecho de Ormuz no solo está impulsando a las bolsas mundiales, sino que podría desencadenar una nueva rotación entre activos, sectores, divisas y regiones.

Ahora los inversores estarán menos pendientes de las publicaciones en redes sociales y titulares sobre el estrecho de Ormuz, y en cambio, habrá mucho más análisis de datos, comentarios de bancos centrales, el superciclo de la IA, la política británica, expectativas de gasto fiscal de Japón y cualquier otra cosa que no sea el estrecho de Ormuz.

 

La paz acelera la rotación y devuelve a China al foco

En los meses transcurridos desde el inicio de la guerra el 28 de febrero, los mercados de valores habían revertido drásticamente la rotación, pasando de Europa y Asia a Estados Unidos, y de sectores más cíclicos a las acciones tecnológicas de alto múltiplo.

Estos cambios tenían sentido, ya que se preveía que Europa y Asia sufrirían más que Estados Unidos las consecuencias de los altos precios de la energía, y porque las acciones tecnológicas se consideraban, con razón o sin ella, invulnerables tanto a la recesión como a la inflación. Estos argumentos, vigentes en tiempos de guerra, para aumentar la exposición a los activos estadounidenses y tecnológicos, deberían ahora revertirse.

Así como Europa, Asia y los sectores cíclicos experimentaron salidas de capital durante la guerra, la rotación previa al conflicto, desde activos estadounidenses hacia activos europeos y asiáticos, debería reanudarse. Aún más importante para la asignación de capital a largo plazo y la construcción de carteras, la ineficacia de las garantías de seguridad estadounidenses a sus aliados del Golfo debería intensificar dos tendencias globales que ya estaban muy presentes antes del inicio de la guerra: limitar la sobreexposición a activos estadounidenses y reducir la dependencia del dólar como único medio de pago internacional.

China, que se ha quedado completamente al margen del mercado alcista mundial de acciones a pesar de su posición de liderazgo mundial en tecnología, IA y energías alternativas, puede ver la diversificación global fuera de los activos estadounidenses como una oportunidad para desarrollar sus propios mercados de capitales y atraer mayores flujos de inversión internacional.

Además, varias de sus grandes compañías tecnológicas cotizan con descuentos significativos frente a sus comparables estadounidenses a pesar de estar realizando fuertes inversiones en inteligencia artificial. Empresas como Alibaba, Tencent o Baidu presentan múltiplos muy inferiores a los de gigantes como Amazon, Alphabet o Nvidia, una situación que creemos que puede considerarse como una de las oportunidades más interesantes dentro de la temática de la IA a nivel global.

 

¿En qué divisas invertir ahora?

El mercado de divisas también podría verse profundamente afectado por el nuevo escenario geopolítico. Durante los meses de conflicto, el dólar actuó como activo refugio, beneficiándose de la búsqueda de seguridad por parte de los inversores.

En este contexto, el dólar podría seguir perdiendo terreno frente a aquellas divisas más vinculadas al crecimiento económico global. Entre las principales beneficiadas destacan las monedas de países importadores de petróleo, que se verían favorecidos por la caída de los costes energéticos y por unas mejores perspectivas de crecimiento.

La rupia india aparece como una de las grandes candidatas a beneficiarse de este escenario. India es una de las economías más dependientes de las importaciones energéticas y una reducción sostenida del precio del petróleo tendría un impacto muy positivo sobre su balanza comercial y sus perspectivas económicas.

También destacan la corona sueca, tradicionalmente muy ligada al ciclo económico global y al comportamiento de la industria europea, así como el euro, impulsado recientemente por la subida de 25 puntos básicos de los tipos de interés del BCE.

También puede hacerlo bien el peso chileno, respaldado por una recuperación del cobre en un entorno de mayor crecimiento económico mundial. El rand sudafricano también podría ganar atractivo si el nuevo escenario impulsa tanto el precio del oro como el apetito por los mercados emergentes.

Entre las divisas desarrolladas, el yen japonés podría recuperar parte del terreno perdido durante los últimos años gracias a sus reducidas valoraciones históricas y a las subidas de tipos de interés. Por su parte, el dólar australiano aparece como otro de los potenciales ganadores al ser una de las monedas más sensibles al crecimiento global y a la demanda de materias primas.

Por el contrario, algunas monedas tradicionalmente ligadas a las materias primas energéticas podrían perder parte del apoyo recibido durante el conflicto. El real brasileño y el peso mexicano podrían verse relativamente perjudicados por la caída del petróleo, ya que tanto Brasil como México son importantes productores y exportadores de crudo.

En definitiva, podríamos asistir a una nueva fase en el mercado de divisas caracterizada por una menor fortaleza del dólar y un mejor comportamiento de las monedas más vinculadas al crecimiento económico, los mercados emergentes y el ciclo global.

 

El retorno del oro

El oro vuelve a situarse entre los activos más interesantes del mercado tras las fuertes correcciones registradas durante los últimos meses. El metal precioso se vio penalizado por el repunte del petróleo, el aumento de las expectativas de inflación y la posibilidad de que los bancos centrales mantuvieran los tipos de interés elevados durante más tiempo del previsto. Sin embargo, gran parte de esos factores comienzan ahora a revertirse.

La reapertura del Estrecho de Ormuz y la caída del petróleo reducen significativamente el riesgo de una nueva crisis energética y alivian las presiones inflacionistas. Este escenario disminuye la necesidad de mantener una política monetaria restrictiva durante más tiempo y favorece a activos que, como el oro, suelen beneficiarse de menores rendimientos reales.

A ello se suma la debilidad del dólar, que continúa perdiendo atractivo en un entorno de mayor apetito por el riesgo y de creciente diversificación internacional de las carteras. Históricamente, un dólar más débil ha sido uno de los principales catalizadores alcistas para el metal precioso.

Además, persisten las dudas sobre la sostenibilidad fiscal de Estados Unidos y sobre la capacidad de la Reserva Federal para mantener una política monetaria tan restrictiva en una economía que empieza a mostrar signos de desaceleración.

Por si fuera poco, los bancos centrales continúan respaldando la demanda. Según una encuesta del Consejo Mundial del Oro, el 45% de las autoridades monetarias prevé aumentar sus reservas durante los próximos doce meses, el porcentaje más elevado desde que existen registros.

La corrección de los últimos meses podría haber reducido parte de los excesos acumulados, pero los principales motores estructurales del oro permanecen intactos.

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