- La intervención conjunta entre Estados Unidos y Japón busca estabilizar el yen, proteger la competitividad comercial y evitar nuevas tensiones en el mercado de deuda estadounidense.
- El principal riesgo para los mercados no es únicamente la evolución del yen, sino el posible desapalancamiento de estrategias financiadas durante años con tipos de interés extremadamente bajos en Japón.
- La intervención conjunta entre Estados Unidos y Japón busca estabilizar el yen, proteger la competitividad comercial y evitar nuevas tensiones en el mercado de deuda estadounidense.
- El principal riesgo para los mercados no es únicamente la evolución del yen, sino el posible desapalancamiento de estrategias financiadas durante años con tipos de interés extremadamente bajos en Japón.
La intervención conjunta entre Estados Unidos y Japón para frenar la caída del yen supone uno de los acontecimientos más relevantes para el mercado de divisas de los últimos años. Acostumbrados a que este tipo de actuaciones recaigan únicamente sobre el Banco de Japón, la participación activa de Washington cambia por completo el mensaje que reciben los inversores: la debilidad de la moneda japonesa ha dejado de ser un problema exclusivamente nacional para convertirse en una cuestión de estabilidad financiera global.
Según las estimaciones del Banco de Japón, la intervención habría alcanzado 8,45 billones de yenes, equivalentes a unos 53.000 millones de dólares, lo que la convertiría en la mayor actuación diaria de la historia del banco central japonés. El resultado fue inmediato: el cruce USD/JPY llegó a caer más de un 4%, provocando uno de los movimientos más intensos del mercado de divisas en los últimos años.
Estados Unidos también tiene motivos para defender al yen
Aunque la intervención pueda parecer una ayuda a Japón, Estados Unidos también tiene importantes incentivos para participar.
El primero es comercial. Un yen excesivamente depreciado mejora la competitividad de las exportaciones japonesas frente a las estadounidenses, tanto en el comercio bilateral como en terceros mercados. Limitar esa depreciación contribuye a reducir parte de ese desequilibrio competitivo.
Sin embargo, existe también un importante componente estratégico. Tras la guerra en Oriente Medio, Japón ha incrementado significativamente sus compras de petróleo y gas natural licuado procedentes de Estados Unidos, convirtiéndose en uno de sus principales clientes energéticos. Mantener la estabilidad financiera de uno de sus mayores socios comerciales también favorece la demanda de energía estadounidense y refuerza la relación entre ambas economías.
El segundo motivo es financiero. Japón continúa siendo el mayor tenedor extranjero de deuda pública estadounidense, con alrededor de 1,19 billones de dólares en bonos del Tesoro.
En intervenciones anteriores, Tokio financiaba parte de sus compras de yenes mediante la venta de bonos estadounidenses, una estrategia que terminaba elevando las rentabilidades de los Treasuries y encareciendo el coste de financiación para el propio Gobierno estadounidense, las empresas y los consumidores.
En esta ocasión, la operación parece haber sido diferente. El Tesoro estadounidense habría participado financiando la compra de yenes mediante ventas de euros, evitando así añadir presión adicional sobre el mercado de deuda estadounidense, precisamente en un momento en el que las rentabilidades de los bonos se encuentran cerca de máximos de las últimas dos décadas.
El verdadero riesgo está ahora en el desapalancamiento global
La intervención aumenta notablemente su credibilidad. Cuando dos de las mayores economías del mundo actúan conjuntamente, el mercado entiende que existe una voluntad mucho más firme de estabilizar el tipo de cambio y reducir los movimientos especulativos. No obstante, conviene no confundir una intervención puntual con un cambio estructural de tendencia.
La evolución del yen seguirá dependiendo de factores como el diferencial de tipos de interés entre Estados Unidos y Japón, la inflación, la política monetaria del Banco de Japón y la evolución de la economía japonesa. Mientras esos fundamentales no cambien de forma significativa, la intervención puede ganar tiempo, pero difícilmente modificará por sí sola la tendencia de largo plazo.
Desde nuestro punto de vista, la gran incógnita no es únicamente qué ocurrirá con el yen, sino qué consecuencias puede tener un yen más fuerte sobre los mercados financieros.
Durante décadas, los bajos tipos de interés japoneses han convertido al yen en una de las principales monedas para financiar operaciones altamente apalancadas mediante estrategias de carry trade. Miles de millones de dólares se han invertido en activos de mayor rentabilidad utilizando financiación barata en yenes.
Si la moneda japonesa continúa apreciándose, parte de esas posiciones podrían comenzar a deshacerse de forma acelerada. El reciente colapso del hedge fund Situational Awareness, obligado a vender gran parte de su cartera para hacer frente a llamadas de margen, podría representar únicamente el primer episodio de un proceso de desapalancamiento mucho más amplio. Si otras posiciones similares empiezan a liquidarse, la volatilidad podría extenderse a distintos mercados financieros durante los próximos meses.
En definitiva, la intervención conjunta entre Estados Unidos y Japón envía una señal muy potente al mercado, pero el verdadero reto comenzará cuando los inversores tengan que adaptarse a un escenario en el que el yen deje de ser una fuente tan barata de financiación global. Ese proceso podría marcar buena parte del comportamiento de los mercados durante la segunda mitad del año.
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