- Los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE. UU. vuelven a subir tras el alivio inicial provocado por las recompras de deuda del Tesoro, evidenciando que la intervención de Bessent solo ha dado un respiro temporal
- La elevada deuda, el déficit, la inflación y una Fed más restrictiva mantienen la presión sobre los rendimientos, las hipotecas y la renta variable, mientras el mercado espera nuevas señales en Jackson Hole y las próximas subastas de deuda
- Los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE. UU. vuelven a subir tras el alivio inicial provocado por las recompras de deuda del Tesoro, evidenciando que la intervención de Bessent solo ha dado un respiro temporal
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Menos de 24 horas después de que el Departamento del Tesoro estadounidense lograra frenar la sangría en el mercado de deuda, los rendimientos han vuelto a subir este jueves y han anulado buena parte del alivio conseguido ayer. El movimiento confirma que la intervención del secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha comprado tiempo, pero no ha resuelto el problema de fondo que empuja al alza el coste de financiación de Estados Unidos.
¿Qué ha ocurrido hoy?
El rendimiento del bono a 30 años, el más sensible a la maniobra del Tesoro, repunta hoy alrededor de 2-3 puntos básicos hasta situarse en torno al 5,22%-5,23%, después de haber caído cerca de 9-10 puntos básicos el día anterior hasta el entorno del 5,18%-5,20%. El bono a 10 años, la referencia clave para hipotecas y préstamos al consumo, subía hasta cerca del 4,67%-4,68%, tras haber cerrado el miércoles en el 4,65%. El 2 años, más ligado a las expectativas de tipos de la Reserva Federal, se mantenía prácticamente estable en el 4,17%-4,19%.
La intervención que provocó el respiro
El origen de este vaivén se remonta a ayer, cuando el Tesoro anunció que al menos duplicaría el tamaño de sus recompras de deuda de largo plazo, elevando el máximo por operación de 2.000 a al menos 4.000 millones de dólares, con el cambio en vigor entre el 9 de septiembre y el 4 de noviembre. La medida, dirigida a los tramos de 10 a 30 años —los más castigados por la falta de compradores desde finales de junio—, provocó una caída inmediata: el 30 años retrocedió su mayor descenso diario desde octubre de 2025 y el 10 años cedió más de 6 puntos básicos, en un movimiento que ayudó a que Wall Street rompiera su racha negativa. El dólar también se depreció cerca de un 0,8% frente a una cesta de divisas.
El contexto previo era de estrés notable: desde el estallido del conflicto con Irán, el 10 años había subido casi 70 puntos básicos hasta tocar un máximo del 4,74%, mientras el 30 años llegó a superar el 5,33% el martes, su nivel más alto desde 2007, en vísperas de la crisis financiera, elevando además las hipotecas a 30 años hasta cerca del 6,75%.
¿Por qué se ha esfumado el alivio tan rápido?
Varios factores explican que el mercado haya digerido con rapidez la noticia de las recompras. En primer lugar, las propias magnitudes del programa son limitadas, ya que el Tesoro tendrá que financiar estas recompras emitiendo más letras a corto plazo (el anuncio no explicó cómo se cubrirá el coste), lo que deja la duda de si la operación no es más que una redistribución del problema hacia el tramo corto de la curva. Por tanto, se trata de una operación temporal, de importe reducido, que no altera el vencimiento medio de la deuda en circulación y que no equivale a una expansión cuantitativa al estilo de la Reserva Federal.
En segundo lugar, las actas de la reunión de la Reserva Federal del 29 de julio, publicadas también el miércoles, mostraron un giro más hawkish de lo esperado: la decisión de mantener los tipos sin cambios se tomó por 9 votos contra 3, con varios miembros defendiendo ya entonces una subida de 25 puntos básicos y muchos advirtiendo de que los costes de financiación tendrán que subir si la inflación no regresa al objetivo del 2%. Ese mensaje reduce el margen para que los rendimientos de largo plazo bajen de forma sostenida, por mucho que el Tesoro intervenga en el mercado.
Tercero, firmas como JPMorgan han advertido de que la propia estrategia de recompras podría resultar contraproducente y terminar empujando los rendimientos al alza a medio plazo, precisamente por la necesidad de financiar la operación con más emisión de deuda a corto.
La tensión entre el Tesoro de Bessent y la Fed de Warsh
Detrás de este pulso hay una disputa institucional de fondo. El presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, ha defendido que el propio mercado de bonos ya estaba haciendo parte del trabajo de ajuste al elevar los rendimientos de largo plazo, y ha evitado subir tipos pese a reconocer una inflación que lleva más de cinco años por encima del objetivo. La intervención del Tesoro podría acercar a Washington a una lógica en la que el banco central termine apoyando objetivos fiscales, algo que podría suponer un gran error a largo plazo. Warsh tendrá ocasión de responder la próxima semana en el simposio de Jackson Hole.
El problema de fondo: deuda, déficit e inflación
Las cifras fiscales explican por qué el mercado se muestra escéptico ante soluciones parciales. La deuda federal en manos del público asciende a 32,2 billones de dólares, el déficit presupuestario se encamina a 2,1 billones de dólares este año según la Oficina Presupuestaria del Congreso, y el Gobierno ha pagado ya 963.000 millones de dólares en intereses netos en los diez primeros meses del año fiscal 2026, cerca del 15% del gasto federal. Además, las letras del Tesoro representan ya el 22,2% de la deuda en circulación, por encima del límite del 20% recomendado por el comité asesor TBAC, que insiste en que la emisión —no las recompras— debe ser la herramienta principal para gestionar el perfil de la deuda. A esto se suma el auge de la emisión corporativa vinculada a la inteligencia artificial por parte de las grandes tecnológicas, que compite por la demanda de los inversores en renta fija.
Implicaciones para los mercados
Para los inversores, el mensaje es que la volatilidad en la deuda soberana estadounidense seguirá siendo elevada mientras no se resuelva el pulso entre fiscalidad expansiva y política monetaria más restrictiva. Un dólar más débil, como el observado tras la intervención, tiende a encarecer las importaciones y alimentar la propia inflación que se intenta combatir. Las hipotecas a 30 años, ancladas al rendimiento del bono a 10 años, seguirán presionadas mientras este se mantenga por encima del 4,6%-4,7%, con la referencia actual próxima al 6,75%. Y para la renta variable, el episodio confirma que el mercado de bonos —no la Fed— se ha convertido en el catalizador dominante del sentimiento bursátil a corto plazo: el repunte de hoy vuelve a introducir cautela.
¿Qué vigilar a partir de ahora?
Los próximos catalizadores serán la intervención de Kevin Warsh en Jackson Hole la semana que viene, la evolución de las próximas subastas de deuda a largo plazo —la de 20 años de esta semana ya se calificó de “floja”— y si el propio mercado interpreta el programa de recompras, que arranca formalmente el 9 de septiembre, como una solución estructural o solo como un parche temporal ante un problema de sostenibilidad fiscal que sigue sin resolverse.
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