- Telefónica impulsa en Bruselas una flexibilización del control de fusiones de cara a 2026 para facilitar la consolidación del sector, clave para su estrategia y su presión financiera
- Su filial en Brasil supera por primera vez la valoración bursátil de la matriz, evidenciando el contraste entre ambos mercados
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Telefónica se ha situado en primera línea del lobby europeo para lograr que Bruselas flexibilice en 2026 el marco de control de concentraciones, con la vista puesta en una nueva ola de fusiones que redefina el mapa de las telecos en Europa. Para la operadora española, atrapada entre la presión inversora, la fragmentación regulatoria y un balance todavía exigente, la consolidación se ha convertido en una pieza central de su narrativa estratégica de cara a los próximos años, algo que están valorando los inversores con alzas de más del 1% en las acciones de Telefónica durante la sesión de hoy.
Un 2026 clave para las fusiones en Europa
El sector afronta meses decisivos en Bruselas, donde las grandes operadoras, incluida Telefónica, han intensificado contactos con la Comisión Europea para lograr una interpretación más laxa de la normativa de competencia. El objetivo no es tanto reescribir la ley de fusiones, cuyo cambio tardaría años, como modificar las directrices que guían su aplicación práctica, dando más margen a las integraciones sin desvirtuar completamente la competencia.
La revisión de las Merger Guidelines se perfila como el instrumento clave: Se espera un borrador en primavera de 2026 y una actualización completa hacia finales de año, horizonte que el propio grupo identifica como decisivo para ajustar el control de operaciones a la realidad de las inversiones que exige la nueva economía digital. En paralelo, la reciente propuesta de la Digital Networks Act (DNA) apunta ya a un entorno menos burocrático y más armonizado, que puede actuar como catalizador indirecto de la consolidación al reducir trabas regulatorias y simplificar el marco para operar en varios países.
¿Qué papel quiere jugar Telefónica?
En un documento corporativo reciente, Telefónica subraya que la Comisión trabaja intensamente para que las nuevas Merger Guidelines estén a la altura de su propósito y confía en que el regulador tome nota de las demandas de la industria, con unas directrices revisadas previstas para finales de 2026. El mensaje de fondo es claro: sin un marco más flexible que valore la inversión futura y la robustez de las redes, las telecos europeas seguirán en desventaja frente a gigantes estadounidenses y chinos con escalas mucho mayores.
España es uno de los mercados donde más claramente se ha visto el choque entre la realidad económica del sector y la ortodoxia regulatoria de Bruselas: la reciente fusión entre Orange y MásMóvil se aprobó condicionada a la cesión de espectro para garantizar la presencia de Digi como cuarto operador, restituyendo de facto la estructura de cuatro actores. La nueva regulación podría abrir la puerta a movimientos como una eventual adquisición de Vodafone España por parte de Telefónica o de Digi, lo que reduciría de cuatro a tres grandes operadores en el país. Para Telefónica, una operación de este calibre supondría un esfuerzo financiero notable: con un patrimonio neto de algo más de 22.000 millones de euros y una deuda financiera neta cercana a 28.200 millones (2,9 veces su EBITDA), cualquier intento de absorción de Vodafone España —valorada por su propietario Zegona en alrededor de 14.700 millones incluyendo deuda— exigiría una ampliación de capital relevante y pondría a prueba tanto su rating como su política de dividendo.
Nuevo equilibrio regulatorio en Europa
La DNA, presentada este mes por la Comisión, no contiene una “cláusula de fusiones” explícita, pero sí reequilibra el marco al reducir el peso burocrático, la fragmentación administrativa y las divergencias nacionales. La propuesta refuerza la coordinación sobre el espectro, introduce licencias más estables y otorga a Bruselas un rol de veto en ciertas decisiones, en línea con la idea de un mercado único más integrado en infraestructuras y servicios.
Para Telefónica, este giro tiene una doble lectura: por un lado, puede facilitar la planificación de inversiones a largo plazo. Por otro, sitúa a la Comisión en el centro del tablero, lo que hace aún más estratégico el trabajo de influencia actual sobre cómo se interpretarán fusiones y concentraciones bajo este nuevo paraguas. Además, la DNA da prioridad a la seguridad de la cadena de suministro y apunta a restricciones sobre proveedores de “alto riesgo” como Huawei o ZTE, un factor que avala el discurso de las telecos sobre la necesidad de tamaño y músculo financiero para renovar redes con equipamiento más seguro.
Riesgos para el accionista de Telefónica
La dirección de Telefónica ha manifestado su voluntad de participar de forma activa en el proceso de consolidación europeo y cuenta, según análisis recientes, con el respaldo de sus grandes accionistas de referencia (SEPI, el grupo saudí STC y Criteria/CaixaBank) para explorar operaciones estratégicas. Sin embargo, esta ambición abre también un frente de incertidumbre para el accionista minorista, que se enfrenta al riesgo de dilución vía ampliaciones de capital y a la posibilidad de nuevos ajustes en el dividendo si el grupo emprende compras de gran tamaño.
Para Telefónica, 2026 es una ventana delicada pero potencialmente transformadora: un entorno regulatorio más benigno en Bruselas podría darle margen para reposicionarse como consolidado europeo, cristalizando sinergias y ganando escala en España o en otros mercados clave.
Si por el contrario, la revisión de las normas se queda corta, la compañía deberá seguir jugando con las cartas actuales, centrada en disciplina financiera, rotación de activos y mejora orgánica de márgenes para tratar de cerrar la brecha de valoración frente a otros incumbentes europeos que ya han empezado a beneficiarse del ciclo de consolidación.
Cotización de las acciones de Telefónica
Las acciones de Telefónica repuntan un 1,4% en estos momentos. En el conjunto del año, no obstante, la "teleco" española rebaja un 4,15% su valor en bolsa. Recientemente, las acciones de Telefónica Brasil (VIV.US) han superado por primera vez en la historia la capitalización bursátil de su matriz Telefónica, un hito simbólico que refleja tanto la pujanza del negocio en Brasil como la debilidad de la percepción del grupo en el mercado europeo. Mientras las acciones de Telefónica han caído alrededor de un 13% en los últimos doce meses, arrastrada por el escepticismo del mercado sobre su crecimiento, su deuda y los recortes de dividendo, los títulos de la filial brasileña han subido en torno a un 40% en el mismo periodo, impulsados por un entorno operativo más favorable y mejores expectativas de beneficios. El resultado es que ayer la matriz se situó en torno a 18.800 millones de euros de valor en bolsa frente a unos 19.000 millones para la cotizada en São Paulo, reforzando la idea de que una parte relevante del valor del grupo está en América Latina y alimentando el debate sobre si el mercado está infravalorando de forma estructural el perímetro consolidado de Telefónica.

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