El progresivo aumento del coste de vida y las últimas reformas de las pensiones plantean dudas sobre cómo podrá la generación de entre 30 y 50 años, la generación NEM, mantener su nivel de vida al jubilarse. En este artículo, repasamos qué es el coste de vida y cómo podemos ahorrar para mitigar su impacto.
El progresivo aumento del coste de vida y las últimas reformas de las pensiones plantean dudas sobre cómo podrá la generación de entre 30 y 50 años, la generación NEM, mantener su nivel de vida al jubilarse. En este artículo, repasamos qué es el coste de vida y cómo podemos ahorrar para mitigar su impacto.
Los precios de alquiler, la cesta de los alimentos, las facturas: en los últimos años, hemos visto cómo estas partidas presupuestarias han ido poco a poco en aumento. El coste de vida en España no es hoy el mismo que hace una década, ni mucho menos. Solo la vivienda, un gasto que suele llevarse la mayor parte de nuestros ingresos, se ha encarecido alrededor de un 40% en los últimos diez años, pasando de 1.476 euros por metro cuadrado en el segundo trimestre de 2015 a más de 2.093 euros por metro cuadrado en 2025. Algo semejante ocurre con la cesta de la compra, que también ha ido encareciendo con el paso de los años: así, entre 2020 y 2024, un estudio de Kantar apunta a que esta partida se incrementó un 47%, mientras que un reciente estudio de Nielsen señala que en 2025 este coste aumentó, en promedio, un 3,2%. En contraposición, los salarios de los españoles apenas han crecido un 2,7% en los últimos treinta años, según apuntan desde la OCDE.
La conclusión es clara: vivir en España es cada vez más caro. El aumento de los salarios no sirve para compensar el incremento que han experimentado los bienes y servicios básicos. Este escenario no solo está lastrando la capacidad adquisitiva de los ciudadanos, sino que también plantea dudas sobre el estilo de vida que podrá permitirse la generación NEM, es decir, las personas de entre 30 y 50 años, de cara a la jubilación, un periodo en el que los ingresos tienden, por naturaleza, a disminuir. Si el coste de vida aumenta, ¿cómo podremos hacer frente a estos gastos en el momento en el que abandonemos el mercado laboral? ¿Serán las pensiones suficientes para cubrir estos gastos? ¿Y cómo podemos prepararnos para afrontar este periodo de retiro con mayor tranquilidad?
¿Qué es el coste de vida?
El coste de vida es un concepto teórico que hace referencia al coste estimado de los bienes y servicios esenciales que los hogares necesitan consumir para conseguir un cierto grado de satisfacción o nivel de vida. O lo que es lo mismo: se trata de un indicador que representa la cantidad media de dinero que los hogares deben destinar para cubrir sus necesidades básicas, como pueden ser la alimentación, la vivienda, la educación o el transporte, entre otros. Este término está estrechamente relacionado con el concepto de poder adquisitivo, es decir, con la capacidad económica que una persona posee para obtener bienes y servicios, ya que ambos resultan clave para medir la calidad de vida de los países.
Dada su naturaleza, el coste de vida puede verse influenciado por multitud de factores: desde el lugar de residencia hasta el tipo de vivienda en el que se reside o los propios hábitos de consumo. Por norma general, el coste de vida siempre será más elevado en las ciudades que en los pueblos, ya que los precios, ya sean de transporte, vivienda o incluso ocio, suelen ser más elevados. Este indicador, además, puede verse afectado por fenómenos macroeconómicos como la inflación o el precio de la energía, dos variantes que pueden encarecer los productos y servicios básicos y, consecuentemente, impactar en los bolsillos de los ciudadanos. Por ello, no permanece estático con el paso del tiempo, sino que evoluciona en consonancia con los precios.
¿Qué gastos afectan al coste de vida?
El coste de vida puede verse influenciado por multitud de variables, aunque, por norma general, hay ciertas variables
- Vivienda: el precio de la vivienda, ya sea de alquiler o de hipoteca, suele representar la mayor partida presupuestaria de los hogares, y tiene un impacto directo sobre el coste de vida. Dependiendo del lugar de residencia, este coste puede ser mayor o menor, siendo, por norma general, más elevado en las grandes ciudades.
- Alimentación: el coste de la cesta de la compra también tiene un impacto en el coste de vida. Aunque los precios de los alimentos suelen permanecer estables, fenómenos como la inflación o problemas en la cadena de suministro pueden elevarlos.
- Transporte: los precios de la gasolina y de los abonos del transporte público también afecta al coste de vida. Generalmente, optar por el transporte privado suele tener un mayor impacto en nuestros presupuestos frente al uso del transporte público, aunque los precios de estos servicios varían dependiendo de la zona en la que nos situemos.
- Servicios: servicios básicos como la luz, la electricidad, el agua, la línea de telefonía móvil e internet representan una partida importante dentro de los presupuestos de los hogares y, consecuentemente, dentro del coste de vida. Estos precios, que se asumen mes a mes, pueden variar en función de la temporada o mantenerse fijos, dependiendo de las tarifas que se hayan contratado.
- Ocio, ropa y otras actividades: comprar nuevas prendas, salir a cenar fuera, acudir al cine, abonar una suscripción a las plataformas de streaming o pagar una suscripción en el gimnasio son factores que también influyen en el coste de vida, aunque a diferencia los productos y bienes esenciales, estos gastos pueden reducirse.
Más allá de estas partidas presupuestarias, el coste de vida también puede verse influenciado por nuestro modelo familiar: una familia con hijos tendrá, generalmente, un coste de vida más elevado que una pareja sin descendencia. De igual manera, una pareja sin hijos también suele tener un coste de vida más reducido que el que asumen los solteros, ya que los gastos, por norma general, suelen repartirse, reduciendo así la carga sobre los bolsillos.
¿Cuál es el coste de vida en España?
El coste de vida en España fluctúa enormemente dependiendo de la región: mientras que zonas como Madrid o Barcelona experimentan una mayor presión económica, otras menos congestionadas muestran un coste más asumible, al asumir unos precios más reducidos que los de las grandes capitales. Aun así, a nivel general, el gasto medio de vivir en nuestro país se ha visto incrementado con el paso de los años.
Los últimos datos del INE, publicados en junio de 2025 y referidos al ejercicio de 2024, reflejan que el gasto medio anual por hogar en nuestro país se sitúa en 34.044 euros, mientras que el gasto medio anual por persona alcanza los 13.626 euros. Ambas partidas experimentaron un crecimiento con respecto al ejercicio anterior: en concreto, el de los hogares aumentó un 4,4%, mientras que el individual creció un 3,9%.
Por comunidades autónomas, el País Vasco muestra la mayor partida de gasto medio del país, con 15.504 euros, mientras que Extremadura registra el menor, con 11.398 euros. La mayor partida del presupuesto de los hogares españoles se destina, según las cifras del INE, a la vivienda y los suministros básicos, con un gasto medio de 11.029 euros por hogar que representa más del 30% del gasto de las familias. Le siguen la alimentación, que con un gasto medio de 5.391 euros representa el 15,8% del gasto medio de las familias, y el transporte, que representa el 11,4% del gasto con un importe medio por familia de 3.877 euros.
¿Cómo prepararnos para asumir el coste de vida en la jubilación?
El incremento sostenido del coste de vida tiene un impacto directo sobre nuestras finanzas: cuanto mayores sean los gastos esenciales que debemos asumir para mantener nuestro estilo de vida, menor será nuestra capacidad de ahorro. Este hecho puede tener un efecto directo sobre nuestra calidad de vida en la jubilación, un periodo en el que los ingresos percibidos suelen reducirse al pasar del mercado laboral al sistema de pensiones. Y es que a pesar de que esos sistemas de pensiones proporcionan una prestación económica a los jubilados, estas son muchas veces insuficientes para mantener el poder adquisitivo.
Esto se debe a la incapacidad de los indicadores oficiales de inflación para reflejar plenamente el encarecimiento real del coste de la vida. La propia naturaleza de estos indicadores, basados en una “cesta de la compra” estándar, tiende a infravalorar partidas clave como la vivienda o los suministros básicos. Además, incorporan ajustes técnicos como el ajuste hedónico, por el cual no se computa la totalidad de una subida de precio si el producto presenta una supuesta mejora de calidad. Todo ello contribuye a subestimar el aumento real de los gastos esenciales que afrontan los hogares.
Veámoslo con un ejemplo. Imaginemos a un hombre de 35 años, con unos gastos fijos de 1.200 euros mensuales, que alcanza la jubilación a los 67 años con una vivienda en propiedad y que en el futuro percibirá lo que hoy se considera una pensión media en España, situada en torno a 1.300 euros netos al mes, según datos de Moncloa. Asumiendo una inflación real del 2% anual y una revalorización de las pensiones del 1 %, un escenario razonablemente optimista ya que subestima implícitamente la caída de la tasa de reemplazo, la pensión pública cubriría únicamente el 72 % del total de los gastos durante la jubilación.
En términos agregados, esta persona alcanzaría la edad de jubilación con un valor actualizado de las pensiones percibidas cercano a los 295.000 euros, frente a unos gastos totales superiores a los 400.000 euros a lo largo de ese mismo periodo. Una brecha que, de no corregirse con ahorro complementario, se traduciría inevitablemente en una pérdida sustancial en el nivel de calidad de vida.
Para afrontar este problema, resulta clave empezar a ahorrar de cara a la jubilación, pero este ahorro no debería hacerse solo a través de nuestra cuenta corriente, es decir, acumulando fondos. Para poder protegernos de los efectos de la inflación, la inversión activa se posiciona, junto al ahorro puro, como una de las vías para el crecimiento potencial de nuestro capital.
Los ETF: un instrumento de apoyo a la jubilación
Uno de los instrumentos más populares en España de cara a ahorrar para la jubilación son los planes de pensiones, un producto de ahorro a largo plazo administrado por gestores profesionales, que se encargan de invertir las aportaciones realizadas por los usuarios con el objetivo de obtener rentabilidad. Sin embargo, las sucesivas modificaciones normativas han diluido el ya limitado atractivo que ofrecían estos productos como complemento a la pensión pública. A la extensa lista de condiciones y requisitos se suman comisiones elevadas, un rendimiento discreto en los últimos años y, además, un límite de aportación anual muy reducido, lo que restringe notablemente su capacidad para convertirse en una herramienta eficaz de planificación financiera a largo plazo. Con un límite máximo de aportación anual de tan solo 1.500 euros, la utilidad de los planes de pensiones se ha visto reducida a un papel meramente residual.
Ante este escenario, hay otros productos que, poco a poco, están ganando peso como complemento para la jubilación. Este es el caso de los ETF (Exchange Traded Funds), unos instrumentos que, pese a no contar por el momento con las ventajas fiscales de los planes de pensiones, se han consolidado como una de las alternativas más atractivas para el ahorro a largo plazo, ya sea a través de su contratación directa como mediante los Planes de Inversión (Savings Plans).
De hecho, en España más de 2,6 millones de personas ya invierten en ETFs y, solo en los últimos tres años, más de 1,6 millones de nuevos inversores se han incorporado a este tipo de producto. Esto supone un crecimiento del 169 %, situando a nuestro país entre los mercados europeos con mayor expansión en este segmento. Además, según estimaciones de BlackRock y YouGov, durante el próximo año más de 8 millones de europeos comenzarán a invertir en ETFs, de los cuales más de un millón corresponderían a ciudadanos españoles.
Ahorrar de cara a la jubilación es vital, especialmente ante el incremento del coste de vida. Combinar el ahorro con la inversión en productos financieros como los ETF puede ayudarnos a prepararnos para abandonar el mercado laboral con un colchón económico que nos permitirá mantener nuestro nivel de vida incluso aunque las pensiones sean insuficientes. Comenzar cuanto antes marcará la diferencia para lograr vivir nuestra jubilación con estabilidad independientemente del aumento de los precios.
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