- La inteligencia artificial ha pasado de ser un catalizador incuestionable de crecimiento a convertirse en un factor de riesgo para las valoraciones. El mercado ha entrado en una fase de mayor selectividad, donde se evalúa qué compañías realmente podrán monetizar la IA y cuáles podrían ver presionados sus márgenes. Tras la euforia inicial, comienza una etapa de verificación, con más volatilidad y diferenciación entre ganadores y perdedores.
- La inteligencia artificial ha pasado de ser un catalizador incuestionable de crecimiento a convertirse en un factor de riesgo para las valoraciones. El mercado ha entrado en una fase de mayor selectividad, donde se evalúa qué compañías realmente podrán monetizar la IA y cuáles podrían ver presionados sus márgenes. Tras la euforia inicial, comienza una etapa de verificación, con más volatilidad y diferenciación entre ganadores y perdedores.
No hace mucho, la inteligencia artificial era símbolo de crecimiento prácticamente ilimitado. Las compañías vinculadas a la IA batían récords de valoración y predominaba la narrativa de que esta tecnología se convertiría en un motor universal de beneficios en casi todos los sectores de la economía.
Hoy, el ánimo ha cambiado claramente. En lugar de entusiasmo, el mercado se pregunta cada vez más qué empresas podrían salir perjudicadas y cuáles beneficiadas por la revolución de la IA. Cada incertidumbre, cada sombra de duda, hace que el mercado se asemeje a un campo minado donde cada movimiento puede implicar riesgos. El capital ya no fluye de manera masiva, sino selectiva, separando a los potenciales ganadores de quienes podrían no sobrevivir a la transformación tecnológica.
El cambio de sentimiento es especialmente visible en el sector tecnológico. Empresas que hasta hace poco eran las principales receptoras de flujos de capital ahora atraviesan correcciones significativas en sus valoraciones. Surgen dudas sobre si las enormes inversiones en el desarrollo de IA generarán retornos reales y rápidos. Como consecuencia, los índices con una elevada ponderación tecnológica han quedado bajo presión y la volatilidad ha aumentado notablemente.
También existe incertidumbre respecto a la rapidez con la que los modelos básicos de IA se volverán ampliamente accesibles y de bajo coste. Si eso ocurre, la ventaja competitiva basada únicamente en tecnología podría resultar efímera.
En ese escenario, lo que marcará la diferencia será:
- Datos únicos
- Escala operativa
- Fortaleza de marca
- Capacidad de integración de IA en procesos existentes
Las preocupaciones ya no se limitan al sector tecnológico. Se analiza el grado de susceptibilidad a la automatización en servicios financieros, consultoría, derecho, bienes raíces y logística. Si la IA puede ejecutar ciertas tareas más rápido y a menor coste que los humanos, los márgenes de negocios tradicionales podrían verse presionados, provocando ventas más amplias y mayor cautela en el mercado.
En el entorno actual predomina la regla de “ante la duda, vender”. El capital fluye hacia industrias resistentes a la automatización o hacia aquellas que se benefician directamente del aumento en la demanda de herramientas y servicios vinculados a la IA.
Los mercados financieros están entrando en una fase en la que la inteligencia artificial ya no es solo una promesa de crecimiento, sino también un factor de riesgo en las valoraciones. Esta es una etapa natural en la maduración de cualquier tecnología disruptiva: tras la euforia llega el momento de la verificación. Esto implica mayor selectividad, análisis más profundos de los modelos de negocio y un enfoque más prudente respecto a las valoraciones.
La revolución de la IA no se está desacelerando, pero los mercados ya no la interpretan en términos absolutos. En lugar de un escenario “win-win”, crece la brecha entre quienes lograrán adaptarse con éxito a la tecnología y quienes podrían convertirse en víctimas de ella. La incertidumbre hace que los mercados bursátiles se parezcan hoy más a un terreno de disparos precisos y nerviosos que a un rally unidireccional. Cada decisión de los inversores puede ser determinante para el valor futuro de las compañías
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