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El petróleo y el dólar se consolidan como los grandes ganadores del conflicto, mientras Europa y los mercados emergentes registran caídas más pronunciadas que EE. UU.
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El encarecimiento de la energía y las dudas sobre el crédito privado aumentan la incertidumbre, recordando parcialmente al contexto previo a 2008.
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En España, Repsol y las utilities lideran las subidas, mientras bancos y sectores cíclicos sufren por el temor a una desaceleración económica.
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El petróleo y el dólar se consolidan como los grandes ganadores del conflicto, mientras Europa y los mercados emergentes registran caídas más pronunciadas que EE. UU.
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El encarecimiento de la energía y las dudas sobre el crédito privado aumentan la incertidumbre, recordando parcialmente al contexto previo a 2008.
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En España, Repsol y las utilities lideran las subidas, mientras bancos y sectores cíclicos sufren por el temor a una desaceleración económica.
El comportamiento del precio del petróleo se ha convertido en el principal termómetro de la guerra en Irán. Desde el inicio del conflicto, los mercados energéticos han reaccionado con fuertes movimientos ante cualquier noticia relacionada con el Estrecho de Ormuz, una de las rutas más estratégicas para el comercio mundial de energía. Ni siquiera los esfuerzos de la Agencia Internacional de la Energía han sido suficientes para calmar a los mercados.
Los inversores han dejado de pensar que la guerra sería un episodio puntual y empiezan a descontar la posibilidad de un shock energético global. La duración del conflicto será el factor que determine las consecuencias que pueda tener para la economía real.
A pesar de este contexto, los índices financieros han logrado mantenerse a flote pese a los episodios de volatilidad. Europa ha mostrado un mejor comportamiento que los mercados emergentes, que se ven presionados por la fortaleza del dólar. Por su parte, Estados Unidos centra su atención en los riesgos de impago dentro del crédito privado. Similar a lo que ocurre con las divisas, siendo el dólar el gran ganador desde el estallido del conflicto, convirtiéndose en el principal activo refugio de los inversores. Las posibles subidas de tipos de la FED, una menor desaceleración económica que en otros países, y el papel de Estados Unidos como exportador de materias primas energéticas en lugar de importador, nos ayudan a explicar estos motivos. De hecho, la relación histórica del dólar con las crisis petroleras derivadas de la reducción de la oferta sugiere que aún puede existir margen para que continúe su apreciación.
En Europa, los descensos alcanzan el 6,5% desde el inicio del conflicto, mientras que los emergentes acumulan pérdidas superiores al 7%. En el caso de Estados Unidos, las caídas son más moderadas, situándose en torno al 3%. Esto se debe en parte a su menor dependencia del petróleo y del gas de Oriente Medio, ya que desde 2013 el país es exportador neto de materias primas energéticas.
Mercado de crédito privado
Además, en el mercado estadounidense no solo el petróleo ha influido en el comportamiento bursátil, sino también las dudas en torno al crédito privado, que han generado incertidumbre entre los inversores.
En este contexto, el mercado vuelve a mostrar señales que recuerdan, al menos parcialmente, a los meses previos a la crisis financiera de 2008. El repunte del petróleo en medio de tensiones geopolíticas y el creciente nerviosismo en torno al crédito privado están empezando a preocupar. El comportamiento de ciertos activos empieza a parecerse al observado entre 2007 y 2008, un periodo en el que el encarecimiento de la energía coincidió con un deterioro progresivo de las condiciones financieras.
Aun así, el sistema financiero está hoy mejor preparado que entonces. Los bancos cuentan con más capital y regulaciones más estrictas, lo que reduce el riesgo de un colapso inmediato. Sin embargo, el rápido crecimiento del crédito privado —gran parte del cual se sitúa fuera del sistema bancario tradicional— plantea interrogantes sobre dónde podrían aparecer las próximas tensiones si las condiciones financieras continúan endureciéndose. En este contexto, más que un estallido repentino, podríamos asistir a un proceso de ajuste más lento en los mercados.
En cuanto al comportamiento de los distintos activos, aquellos inversores con carteras diversificadas han logrado resultados relativamente mejores que los mercados de renta variable. Las criptomonedas son un buen ejemplo de ello: el bitcoin ha sorprendido al mercado con revalorizaciones superiores al 7,5%, motivado por las nuevas entradas netas en los ETFs, el hito de haber llegado a los 20 millones minados, el crecimiento de la demanda en Oriente Medio ante el posible colapso financiero, y las nuevas amenazas de Trump sobre la FED.
Mientras tanto, el petróleo —el activo estrella del año— acumula una subida cercana al 40% desde el estallido del conflicto. Por el contrario, el oro, tradicional activo refugio, ha mostrado un comportamiento más débil debido a la fortaleza del dólar, con descensos superiores al 3%.
Impacto en España
En España, el Ibex 35 ha conseguido cerrar por encima de los 17.000 puntos, liderado por Repsol, que se beneficia del crecimiento del precio del barril de petróleo. En el lado opuesto se sitúan los sectores más cíclicos de la economía, especialmente las empresas vinculadas al turismo, que sufren el aumento de los costes y una posible desaceleración de la actividad.
Las utilities también suben ante el crecimiento en el precio de las materias primas energéticas, y su carácter defensivo. Entre las empresas de renovables ha destacado Solaria, que sube en bolsa animada por la mejora de recomendación y precio de una casa de análisis.
Uno de los valores que más sufre es Puig. La compañía de fragancias se ve impactada por el conflicto porque produce principalmente en Europa y después tiene que transportar sus productos al resto del mundo. Esto le hace especialmente dependiente de los costes del transporte, que se están viendo afectados por el aumento de los precios del petróleo. Además, el incremento generalizado de precios también puede afectar al sentimiento del consumidor y a su propensión a comprar sus productos.
Liderando las subidas del selectivo se encuentra la petrolera Repsol, que avanza cerca de un 20% impulsada por el encarecimiento del crudo. A este factor se suma la reciente presentación de su nuevo plan estratégico, en el que la compañía ha anunciado un crecimiento de su rentabilidad por dividendo.
El sector bancario acumula pérdidas medias que se aproximan al 9% desde el inicio del conflicto ante la desaceleración económica prevista y el impacto que podría tener el aumento del precio del petróleo sobre la actividad económica. La industria cotiza a múltiplos exigentes, lo que lo hacía más sensible a futuras caídas.
Dentro del sector, Santander lidera los descensos con correcciones del 12%, afectado especialmente por la debilidad de las divisas emergentes frente al dólar. A pesar de ello, en el conjunto de 2026 las acciones del banco siguen siendo las que mejor comportamiento registran dentro del sector, a pesar de su mayor exposición internacional, algo que también ocurre con BBVA.
A nivel macroeconómico, la confianza del consumidor estadounidense cayó a su nivel más bajo en tres meses ante el creciente temor por el impacto de la guerra con Irán en los precios de la gasolina. El producto interior bruto se expandió a una tasa anualizada del 0,7% en el cuarto trimestre —cuando el gobierno sufrió un cierre gubernamental de duración récord— frente a una estimación inicial del 1,4%. Mientras tanto, el índice de precios de los gastos de consumo personal subyacentes —el PCE, el indicador de inflación preferido de la Reserva Federal— coincidió con las estimaciones, y muestra que hasta ahora la FED podría haber estado en el camino correcto.
La próxima semana será clave para la economía global. Algunos de los principales bancos centrales del mundo se reunirán para adoptar nuevas decisiones de política monetaria en un contexto de aumento de los precios. Este factor podría provocar un cambio de rumbo en los mercados y, eventualmente, poner fin a la actual tendencia alcista.
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