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Wall Street empieza a cuestionar el modelo SaaS porque la IA no solo hace el software más eficiente, sino que amenaza con reducir el número de usuarios humanos sobre el que se construía su crecimiento.
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El mercado no sabe dónde termina este cambio: hoy castiga al software, pero teme que la misma lógica pueda extenderse a otros sectores intensivos en trabajo intelectual.
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Wall Street empieza a cuestionar el modelo SaaS porque la IA no solo hace el software más eficiente, sino que amenaza con reducir el número de usuarios humanos sobre el que se construía su crecimiento.
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El mercado no sabe dónde termina este cambio: hoy castiga al software, pero teme que la misma lógica pueda extenderse a otros sectores intensivos en trabajo intelectual.
Durante más de una década, el software —y en especial el modelo SaaS— fue uno de los sectores más beneficiados por el avance tecnológico. Márgenes altos, ingresos recurrentes y crecimiento casi ilimitado. Pero en las últimas semanas, los mercados han empezado a cuestionar ese relato. Las acciones de software han sufrido caídas abruptas y sincronizadas, no por malos resultados inmediatos, sino por una pregunta mucho más incómoda: ¿Y si la inteligencia artificial cambia de raíz el valor del software tradicional?
La venta masiva no responde a un solo factor, sino a la convergencia de tres miedos que ahora el mercado está empezando a poner precio.
El miedo central: la IA no solo mejora el software, también lo reemplaza
El temor que domina Wall Street no es que la IA haga a las empresas de software más eficientes, sino que haga innecesarias partes enteras de su modelo de negocio.
Durante años, las compañías SaaS cobraron por usuario, por licencia o por acceso a plataformas que estructuraban el trabajo humano: CRM, análisis de datos, gestión legal, marketing o finanzas. Pero los nuevos sistemas de IA —especialmente los agentes autónomos— prometen algo distinto: hacer el trabajo directamente.
Un buen ejemplo para entender el miedo del mercado es Salesforce, una de las mayores empresas de software del mundo, y que en el último mes sus acciones bajan un 20%. Salesforce vende sistemas de gestión de clientes (CRM) que utilizan los equipos comerciales y de atención al cliente para organizar contactos, registrar oportunidades de venta, hacer seguimiento de llamadas y generar propuestas. Su modelo de negocio se basa en cobrar licencias por usuario: cuantos más comerciales tenga una empresa, más paga.
El problema es que las nuevas herramientas de inteligencia artificial están empezando a realizar muchas de esas tareas de forma automática. La IA puede analizar correos, identificar clientes potenciales, redactar respuestas personalizadas o incluso preparar propuestas comerciales sin que un vendedor tenga que interactuar constantemente con el software. Si una IA puede hacer ese trabajo por sí sola, el número de usuarios humanos necesarios disminuye, y con ello el número de licencias que Salesforce puede vender.
Ese cambio es clave. Si una IA puede redactar contratos, analizar datos, preparar informes o ejecutar campañas sin intervención humana constante, el número de “usuarios” deja de ser una métrica sólida. Y si hay menos usuarios, el corazón del modelo SaaS empieza a fallar. Este miedo explica por qué el castigo ha sido especialmente duro en empresas de software empresarial y servicios de datos.
Anthropic y el momento que encendió la mecha
El detonante inmediato de la caída no fue un desplome de beneficios, sino un lanzamiento. Cuando Anthropic presentó nuevas herramientas de IA enfocadas en tareas legales, financieras y corporativas, el mercado lo interpretó como una señal clara: la IA es un sustituto potencial. Productos como Claude Code y Cowork demuestran que la IA está evolucionando más allá de los chatbots web hacia algoritmos capaces de automatizar una gran cantidad de flujos de trabajo empresariales.
Aunque el producto en sí no parecía revolucionario a primera vista, su simbolismo fue enorme. Los inversores entendieron que si hoy la IA entra en el trabajo legal, mañana puede hacerlo en ventas, marketing o contabilidad. Eso bastó para desatar una liquidación masiva de acciones de software, en lo que algunos analistas ya llaman una “SaaSpocalipsis”
Lo importante no es Anthropic en sí, sino lo que representa: empresas de IA atacando directamente las capas de valor donde antes vivía el software tradicional.
¿Exageración o cambio estructural? Lo que el mercado realmente está descontando
No todos creen que el castigo sea justo. Algunos ejecutivos como el consejero delegado de Nvidia, Jensen Huang, sostienen que la IA no eliminará el software, sino que lo hará más potente y más valioso. Huang argumenta que la IA necesitará productos de software y los mejorará, no los reemplazará. "¿Usarías un destornillador o inventarías uno nuevo?", preguntó.
De hecho, muchas grandes empresas ya están integrando IA en sus productos, y sus ingresos actuales no muestran todavía un colapso, ni mucho menos.
Sin embargo, los mercados no descuentan el presente, sino el futuro. Y lo que se está poniendo en precio es un escenario en el que:
- el crecimiento del SaaS se desacelera,
- los márgenes se presionan,
- y el poder de fijación de precios se reduce.
Además, la venta ha sido indiscriminada: no solo software puro, sino también consultoras tecnológicas, servicios profesionales y empresas con alta exposición al software empresarial han sufrido fuertes caídas. Pero el temor no se limita al software: muchos inversores empiezan a preguntarse si este mismo proceso podría extenderse a otros sectores como el financiero, el legal o los servicios profesionales, donde gran parte del valor también depende de procesos repetitivos y trabajo intelectual.
Incluso las acciones de Palantir, que está a la vanguardia de la tendencia de IA y fue una de las acciones con mejor rendimiento en Estados Unidos el año pasado, ha tenido dificultades.
Esto sugiere que el mercado está reajustando una narrativa completa, no reaccionando a un dato aislado.
La IA no supondrá el fin del software
La cuestión no es si el software va a desaparecer. No creemos que lo vaya a hacer. La cuestión es qué parte del valor seguirá capturando en un mundo donde la inteligencia artificial no solo ayuda a trabajar, sino que empieza a hacer el trabajo por sí misma.
Durante más de una década, el mercado asumió que el modelo SaaS era casi intocable: más usuarios, más licencias, más crecimiento. Hoy, esa relación ya no parece tan automática.
En las próximas semanas el mercado dejará de castigar a todo el sector por igual y empezará a distinguir con más claridad quiénes serán los ganadores y quiénes los perdedores en esta nueva fase. Empresas capaces de integrar la IA sin erosionar su modelo de negocio convivirán con otras que verán cómo su propuesta de valor se diluye.
El software se comió el mundo. Ahora, Wall Street intenta entender cuánto del plato le va a tocar a la inteligencia artificial.
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