- El euro vuelve a situarse cerca de 1,1622, nivel cuya ruptura y posterior estabilización podrían confirmar la continuidad del movimiento alcista.
- La inflación de la eurozona aumentó al 3,3% en agosto, impulsada principalmente por la energía, reforzando la posibilidad de que el BCE vuelva a endurecer su política monetaria.
- El dólar todavía mantiene una ventaja de rentabilidad frente al euro, por lo que la evolución del diferencial entre la Fed y el BCE seguirá siendo determinante para el tipo de cambio.
- El euro vuelve a situarse cerca de 1,1622, nivel cuya ruptura y posterior estabilización podrían confirmar la continuidad del movimiento alcista.
- La inflación de la eurozona aumentó al 3,3% en agosto, impulsada principalmente por la energía, reforzando la posibilidad de que el BCE vuelva a endurecer su política monetaria.
- El dólar todavía mantiene una ventaja de rentabilidad frente al euro, por lo que la evolución del diferencial entre la Fed y el BCE seguirá siendo determinante para el tipo de cambio.
El euro vuelve a encontrarse ante una resistencia capaz de decidir su próximo movimiento. La cotización se mantiene muy cerca de los 1,1622 que venimos señalando como nivel de activación. La cuestión ya no es únicamente si conseguirá superarlo durante unos minutos, sino si será capaz de estabilizarse por encima y demostrar que la ruptura cuenta con demanda real.
El movimiento está siendo respaldado por un cambio importante en las expectativas de tipos de interés. Hace apenas unos meses, el debate consistía en determinar cuánto podría seguir bajando el Banco Central Europeo sus tasas. Ahora el mercado comienza a valorar la posibilidad contraria: que el siguiente movimiento del BCE vuelva a ser una subida.
El BCE vuelve a enfrentarse a una inflación por encima del objetivo
Este giro no aparece de la nada. El BCE ya elevó sus tres tipos oficiales en 25 puntos básicos durante su reunión de junio, situando la facilidad de depósito en el 2,25%, el tipo principal de refinanciación en el 2,40% y la facilidad marginal de crédito en el 2,65%. La decisión respondió al impacto inflacionario provocado por el encarecimiento de la energía y por la guerra en Oriente Medio. En julio mantuvo esos niveles, pero advirtió de que el efecto completo del choque energético todavía no se había trasladado a los precios.
Los últimos datos han reforzado esa preocupación. La inflación de la eurozona aumentó desde el 2,9% de julio hasta el 3,3% en agosto, alejándose nuevamente del objetivo del 2%. La energía fue el principal motor, con un avance interanual del 14,3%, frente al 10,3% del mes anterior. La inflación de los servicios se moderó ligeramente hasta el 3%, pero continúa siendo demasiado elevada como para que el BCE pueda confiarse.
Gráfico comparativo de la inflación de la eurozona y del componente energético durante julio y agosto.
El problema para Fráncfort no es solo que la energía suba. Un banco central no puede producir petróleo, ampliar la capacidad de refinación ni resolver un conflicto geopolítico elevando los tipos. Lo que sí puede intentar es evitar que esa subida inicial se propague hacia los salarios, los servicios y las expectativas de inflación.
Ahí se encuentra la verdadera posibilidad de una nueva subida. Si el BCE interpreta que las empresas están trasladando los costes energéticos a los precios finales y que los trabajadores comienzan a exigir mayores salarios para compensar la pérdida de poder adquisitivo, la institución podría actuar preventivamente. La inflación energética puede ser temporal; los efectos de segunda ronda son mucho más difíciles de eliminar.
Las proyecciones de junio ya anticipaban una inflación media del 3% para 2026 y del 2,3% para 2027. La inflación subyacente, excluyendo energía y alimentos, se situaría en el 2,5% durante ambos años. Esto implica que incluso antes del último repunte de agosto, el BCE no esperaba regresar rápidamente al objetivo.
La economía europea conserva margen para un mayor endurecimiento
Al mismo tiempo, la economía europea está mostrando más resistencia de la prevista. La eurozona creció un 0,4% durante el segundo trimestre, con una contribución positiva de la demanda interna. No estamos ante una economía especialmente dinámica, pero tampoco ante una contracción que impida cualquier endurecimiento monetario. Ese pequeño margen de crecimiento permite al BCE mantener una posición más firme frente a la inflación.
Este escenario favorece al euro mediante el diferencial de tipos. Cuando los inversores esperan mayores rentabilidades en los activos denominados en euros, aumenta el atractivo de mantener deuda europea y posiciones en la moneda común. No hace falta que el BCE suba inmediatamente: basta con que el mercado crea que puede hacerlo para que esa expectativa comience a reflejarse en el tipo de cambio.
Además, el endurecimiento no depende únicamente de las tasas oficiales. Las carteras de los programas APP y PEPP continúan reduciéndose porque el Eurosistema ya no reinvierte los bonos que vencen. Esa contracción gradual del balance retira liquidez y añade un componente restrictivo, aunque resulte menos visible que una subida de 25 puntos básicos.
El choque energético también representa un riesgo para el euro
Sin embargo, hablar de una nueva subida no equivale a considerarla asegurada. El choque energético también representa una amenaza para el euro. Europa es importadora neta de energía, por lo que un petróleo y unos combustibles más caros deterioran su balanza comercial, reducen la renta disponible de los hogares y presionan los márgenes empresariales. Lo que inicialmente refuerza las expectativas de tipos puede terminar debilitando el crecimiento.
El BCE tendrá que distinguir entre una inflación persistente y un aumento temporal provocado por la energía. Si los servicios continúan moderándose, los salarios pierden intensidad y el crecimiento se deteriora, mantener los tipos podría ser suficiente. Si la energía empieza a contaminar el resto de la cesta, una nueva subida resultaría mucho más probable.
La Fed todavía ofrece una mayor rentabilidad que el BCE
También importa lo que suceda al otro lado del Atlántico. La Reserva Federal mantiene su tipo entre el 3,50% y el 3,75%, todavía claramente por encima de la facilidad de depósito del BCE. Además, tres miembros defendieron una subida adicional en la reunión de julio. Por tanto, el dólar conserva una ventaja de rentabilidad que el euro todavía debe compensar.
Gráfico comparativo de los tipos oficiales del BCE y el rango de los fondos federales de la Reserva Federal.
Para que el euro desarrolle una tendencia alcista más amplia no basta con que el BCE parezca restrictivo. Es necesario que las expectativas europeas se endurezcan más deprisa que las estadounidenses. Si ambos bancos centrales terminan subiendo tipos, el diferencial podría seguir favoreciendo al dólar. Si el BCE endurece su mensaje mientras la economía estadounidense comienza a enfriarse, el euro tendría un escenario mucho más favorable.
Análisis técnico del euro: 1,1622 vuelve a ser la referencia clave
Desde el punto de vista técnico, el comportamiento reciente resulta constructivo. El precio ha retrocedido hacia la zona comprendida entre 1,1576 y 1,1557 y ha encontrado compradores. Esa franja continúa actuando como soporte y demuestra que, al menos por ahora, el mercado está aprovechando las correcciones para reconstruir posiciones alcistas.
Gráfico del euro frente al dólar en temporalidad de cuatro horas, con media móvil de 200 periodos y principales niveles técnicos. Fuente: xStation5.
El siguiente paso debe producirse en 1,1622. Una ruptura de este nivel seguida por cierres y estabilización por encima confirmaría que la demanda ha conseguido absorber la oferta situada en la zona de máximos. En ese escenario, la estructura favorecería la continuidad alcista y los retrocesos posteriores hacia la resistencia superada podrían ofrecer nuevas oportunidades de incorporación.
La palabra importante es estabilización. Como decimos, perforar 1,1622 durante unos minutos no sería suficiente. Las rupturas próximas a máximos suelen atraer compras tardías y pueden revertirse con rapidez. Lo interesante sería observar que el precio rompe, se mantiene por encima y convierte la antigua resistencia en soporte.
Si el euro supera 1,1622 pero regresa inmediatamente por debajo, aumentaría el riesgo de una ruptura falsa. En ese caso, habría que comprobar nuevamente la capacidad de la zona 1,1576–1,1557 para contener la presión vendedora. Mientras esa franja permanezca intacta, el sesgo seguiría siendo alcista, aunque dentro de una consolidación.
La pérdida clara de 1,1557 cambiaría la lectura inmediata. El mercado dejaría de presentar una simple pausa debajo de resistencia y comenzaría a mostrar una estructura lateral o bajista. Hasta que eso suceda, las correcciones hacia el soporte continúan pareciendo retrocesos dentro del movimiento principal.
¿Puede el euro confirmar la ruptura alcista?
Por tanto, el euro llega a 1,1622 con argumentos fundamentales para intentar la ruptura. La inflación ha regresado al 3,3%, el BCE ya subió los tipos en junio, la economía conserva cierta resistencia y el mercado contempla que el endurecimiento monetario todavía no haya terminado.
Pero la confirmación debe proporcionarla el precio. Por encima de 1,1622 y con consolidación, el movimiento alcista tendría continuidad. Entre ese nivel y el soporte de 1,1576–1,1557, el mercado continúa acumulando fuerzas. Por debajo de 1,1557, habría que abandonar temporalmente la expectativa alcista.
El BCE ha vuelto a poner las subidas de tipos sobre la mesa. Ahora corresponde al euro demostrar que puede aprovecharlo.
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Alejandro de Luis
Editor de Hispatrading Magazine, revista de trading con mayor difusión en español, Alejandro ha trabajado como trader en diferentes sociedades de valores y firmas de trading propietario, así como en áreas de negociación y análisis durante casi dos décadas. Autor de varios libros de trading publicados en más de 5 países ha impartido conferencias formativas y programas de especialización ante audiencias de más de 40 países, entre ellas alumnos de varias universidades europeas de prestigio.
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