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La destitución de Nicolás Maduro por EE. UU. obliga a China a recalibrar su estrategia en Venezuela: pierde un socio político y queda expuesta a un reordenamiento del sector petrolero.
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El impacto se concentra en tres frentes: energía (crudo descontado), finanzas (préstamos y exposición bancaria) y contratos/activos (reservas y reglas de inversión).
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El episodio también actúa como señal geopolítica: Washington busca condicionar acceso a recursos y compradores, elevando la prima de riesgo para inversiones chinas en América Latina.
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La destitución de Nicolás Maduro por EE. UU. obliga a China a recalibrar su estrategia en Venezuela: pierde un socio político y queda expuesta a un reordenamiento del sector petrolero.
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El impacto se concentra en tres frentes: energía (crudo descontado), finanzas (préstamos y exposición bancaria) y contratos/activos (reservas y reglas de inversión).
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El episodio también actúa como señal geopolítica: Washington busca condicionar acceso a recursos y compradores, elevando la prima de riesgo para inversiones chinas en América Latina.
La destitución de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos altera de forma directa uno de los pilares de la estrategia china en América Latina. Venezuela no era solo un socio político, sino un proveedor energético clave, un deudor estratégico y una plataforma de influencia en el hemisferio occidental. La rapidez de la operación y la intención explícita de Washington de “reordenar” el sector petrolero venezolano obligan a Beijing a revisar una relación construida durante más de dos décadas.
Energía
En términos energéticos, China es, o era, el mayor comprador de crudo venezolano. En 2025 importó en torno a 389.000 barriles diarios, equivalentes a cerca de 4% de sus importaciones marítimas totales, según estimaciones de Reuters, una cifra modesta en volumen, pero relevante por calidad y precio. El crudo Merey venezolano, pesado y altamente descontado, es especialmente atractivo para refinerías independientes chinas y para la producción de bitumen, insumo clave en infraestructura.
Aunque los flujos oficiales se interrumpieron en marzo de 2025, datos de rastreo marítimo muestran que los envíos continuaron mediante transferencias barco a barco y rutas opacas, una dinámica que ahora queda en riesgo si EE.UU. redirige o condiciona esos barriles.
Finanzas
El frente financiero es aún más sensible. Desde 2007, China canalizó más de USD 60.000 millones en préstamos respaldados por petróleo a Venezuela, el mayor volumen otorgado por Beijing a cualquier país latinoamericano. Si bien se estima que cerca del 80% ya fue repagado, aún quedarían unos USD 12.000 millones pendientes, además de activos y compromisos asociados a proyectos energéticos e infraestructura.
Tras la caída de Maduro, el regulador financiero chino solicitó a los bancos reportar su exposición directa a Venezuela, una señal clara de preocupación por potenciales pérdidas o renegociaciones forzadas bajo un nuevo marco político.
Reservas y contratos
A esto se suma la exposición operativa de las petroleras estatales chinas. Según estimaciones de Morgan Stanley basadas en datos de Wood Mackenzie, Sinopec y CNPC tendrían derechos sobre aproximadamente 4.400 millones de barriles en reservas venezolanas bajo distintos acuerdos. El problema no es solo si esos contratos se respetarán, sino bajo qué reglas, especialmente si Estados Unidos impulsa un esquema en el que las futuras inversiones y exportaciones queden alineadas prioritariamente con compañías y mercados estadounidenses.
Geopolítica
En el plano geopolítico, el golpe es más amplio. China había elevado su relación con Venezuela al estatus de “asociación estratégica para todo clima” en 2023, y Caracas respaldó sistemáticamente a Beijing en temas sensibles como Taiwán y Hong Kong. La captura de Maduro, apenas un día después de reunirse con una delegación china de alto nivel, deja a Beijing expuesto diplomáticamente y refuerza la narrativa de Washington de limitar la presencia china en sectores críticos del hemisferio.
No es casual que la Casa Blanca haya reactivado explícitamente la doctrina de control del patio trasero y que funcionarios estadounidenses hablen de expulsar intereses chinos de Venezuela.
La señal y la palanca
A esto se suma el componente de señal. La operación en Venezuela actúa como recordatorio de hasta dónde está dispuesto a llegar Washington para desplazar influencia rival en su entorno, y China queda obligada a recalibrar su apuesta regional sin escalar a una confrontación directa. En esa línea, ABC News reportó que el secretario de Estado Marco Rubio describió una cuarentena sobre el petróleo venezolano como palanca central, con capacidad de incautación de embarcaciones sancionadas como herramienta de presión.
Ese diseño encaja con una estrategia que no busca solo cambiar gobierno, sino condicionar el acceso a recursos y el patrón de compradores.
Además, también en una exclusiva citada por ABC News, la Casa Blanca habría transmitido al gobierno interino de Delcy Rodríguez exigencias para expulsar presencia y vínculos económicos de China, Rusia, Irán y Cuba, y para privilegiar a Estados Unidos en producción y ventas de crudo pesado, junto con la idea de destrabar entre 30 y 50 millones de barriles bajo control operativo estadounidense. Si ese marco se consolida, el golpe para Pekín no sería únicamente perder barriles, sino perder posición, porque transforma un vínculo bilateral basado en petróleo por financiamiento en un tablero donde el factor decisivo pasa a ser la autorización política de Washington sobre qué sale, a quién y en qué condiciones.
Implicancias China–Estados Unidos
El episodio también tiene implicancias indirectas para la relación China–Estados Unidos. Beijing ha condenado la operación y la califica de “violación grave del derecho internacional”, pero evita cualquier confrontación directa, consciente de que una escalada pondría en riesgo el frágil equilibrio comercial con Washington.
Al mismo tiempo, la señal es incómoda, porque las inversiones chinas en América Latina podrían volverse más vulnerables a presiones políticas, elevando la prima de riesgo y encareciendo la expansión futura en energía, puertos y materias primas.
Tres capas de impacto para China
La destitución de Maduro afecta a China en tres capas concretas: energía, al amenazar un flujo de crudo descontado y flexible, finanzas, al reabrir la incertidumbre sobre miles de millones en préstamos y activos; y estrategia, al debilitar su posición en una región donde EE.UU. vuelve a marcar líneas rojas.
No es un golpe terminal para Beijing, pero sí una advertencia costosa sobre los límites de su influencia cuando los intereses estadounidenses entran en juego de forma directa.
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