- El S&P 500 vuelve a poner a prueba los 6.900 puntos mientras el VIX pierde impulso; si consolida ese nivel como soporte tras el festivo, podría activarse un nuevo rebote técnico de corto plazo, pero una pérdida clara abriría la puerta a una corrección más profunda.
- El S&P 500 vuelve a poner a prueba los 6.900 puntos mientras el VIX pierde impulso; si consolida ese nivel como soporte tras el festivo, podría activarse un nuevo rebote técnico de corto plazo, pero una pérdida clara abriría la puerta a una corrección más profunda.
Hoy el mercado de contado en Estados Unidos está cerrado por el Día de los Presidentes. No hay campana en Wall Street, no hay flujo real en acciones al contado, pero eso no significa que el mercado esté muerto. Los futuros siguen cotizando, Asia ha estado abierta en plena celebración del Año Nuevo chino y Europa ha digerido, a su manera, la última sacudida que dejó el sell-off tecnológico de la semana pasada.
Y lo interesante no es la calma aparente. Lo interesante es el punto técnico en el que estamos.
Después de la caída reciente del S&P 500, una caída que no fue un simple ajuste sino una descarga de tensión acumulada por miedo a la IA, dudas sobre beneficios, inflación y ese “riesgo de evento” constante que se ha convertido en rutina, el índice ha vuelto a detenerse en una zona que ya empieza a ser familiar: el entorno de los 6.900 puntos.
Fuente: xStation5
No es un número mágico, pero el mercado lo está tratando como si lo fuera.
El 20 de enero, cuando el mercado sufrió una primera sacudida tras máximos, vimos cómo el S&P se aproximaba a esta zona y, casi en paralelo, el índice de volatilidad implícita (VIX) dibujaba una figura de giro. La volatilidad dejó de escalar, se agotó, y el índice respondió con un rebote técnico bastante limpio.
El 6 de febrero volvió a ocurrir algo muy parecido. Nueva caída, nuevo test por debajo de la zona y, otra vez, el VIX marcando una especie de techo a corto plazo antes de girarse a la baja. La señal fue clara: el miedo se había sobreextendido y el mercado encontró gasolina para un nuevo tramo al alza.
Ahora estamos otra vez ahí. No exactamente en el mismo punto, sino ligeramente por encima. El S&P 500 se mueve en una franja en la que la resistencia de los 6.900 vuelve a ponerse a prueba. No es un desplome vertical como los anteriores, pero sí una corrección que ha erosionado confianza, especialmente en el Nasdaq y en los grandes nombres tecnológicos.
Lo que cambia esta vez es el contexto emocional. Venimos de un entorno donde el mercado ha aprendido a convivir con sobresaltos: aranceles anunciados de madrugada, cambios en política monetaria insinuados en entrevistas, tensiones geopolíticas que saltan sin previo aviso, informes de resultados que provocan movimientos del 15% en una sesión. El ruido es permanente. Y eso hace que los rebotes no sean tan impulsivos como antes. Sin embargo, técnicamente, la estructura empieza a sugerir que podríamos estar intentando construir algo parecido a un suelo de corto plazo.
El VIX, que se disparó con la última caída, ha dejado de hacer nuevos máximos en proporción al retroceso del índice. Eso es relevante. Cuando la volatilidad deja de acompañar la caída con la misma intensidad, el mercado empieza a descontar que el pánico puede estar agotándose. No es garantía de giro, pero sí una pieza del puzzle.
En gráfico horario, el S&P está intentando estabilizarse justo por encima de esa zona de 6.900. No hemos visto todavía una ruptura clara al alza, pero sí una desaceleración en la presión vendedora. Los mínimos ya no se perforan con la misma violencia, y el mercado parece más dispuesto a absorber oferta. Si el índice consigue cerrar con fuerza por encima de 6.900 y consolidar esa cota como soporte efectivo, es decir, que deje de ser zona de duda para convertirse en suelo confirmado, entonces podríamos estar ante la validación de un nuevo rebote técnico, similar a los de enero y principios de febrero. La clave no es solo superar 6.900 en intradía. La clave es sostenerlo.
Hay que recordar que el mercado viene de máximos históricos y que, pese a la volatilidad, el S&P sigue relativamente cerca de sus cotas récord. No estamos hablando de un mercado bajista estructural, sino de un mercado extremadamente sensible, donde cada titular sobre inteligencia artificial, inflación o Reserva Federal genera ondas expansivas. Además, esta semana es especial por dos razones: Estados Unidos celebra festivo y Asia continúa marcada por el Año Nuevo chino. Eso significa menor liquidez en ciertos tramos horarios y potencial para movimientos más erráticos cuando se reabra el mercado de contado con normalidad.
En entornos de baja liquidez, los niveles técnicos ganan aún más importancia. No porque sean mágicos, sino porque muchos operadores los miran al mismo tiempo. Y cuando todos observan el mismo número, ese número importa.
Si el mercado fracasa en sostener 6.900 y vuelve a perderlo con claridad, entonces el escenario cambia. El soporte se convertiría en resistencia y el rebote quedaría invalidado, abriendo la puerta a una corrección más profunda. Pero si, como en los episodios del 20 de enero y el 6 de febrero, el miedo se agota y la volatilidad empieza a relajarse mientras el precio aguanta, el rebote puede ganar tracción.
En un mercado dominado por el “riesgo de evento”, donde cada noticia parece capaz de borrar miles de millones en minutos, la mejor defensa no es adivinar titulares, sino entender estructuras. Y ahora mismo, la estructura gira en torno a un número muy concreto: 6.900.
Si el S&P 500 confirma por encima de ese nivel cuando vuelva la liquidez plena, el mercado estará enviando un mensaje claro: la corrección ha sido absorbida y los compradores vuelven a tener el control a corto plazo. Si no, el rebote será solo un descanso dentro de un proceso de ajuste mayor.
El festivo nos da una pausa. Pero la decisión técnica está muy cerca. Y cuando Wall Street vuelva a encender las luces, ese nivel va a ser el primero que miren todos.
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