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En 2026 el comercio deja de ser solo economía y pasa a operar como palanca política, elevando la incertidumbre en la relación transatlántica.
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Groenlandia se convierte en condición para castigar o premiar aliados, con aranceles de 10% desde el 1 de febrero y amenaza de 25% desde el 1 de junio de 2026.
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El termómetro del episodio será si el conflicto se queda en retórica y listas arancelarias o si contamina el canal financiero y encarece el dinero a escala global.
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En 2026 el comercio deja de ser solo economía y pasa a operar como palanca política, elevando la incertidumbre en la relación transatlántica.
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Groenlandia se convierte en condición para castigar o premiar aliados, con aranceles de 10% desde el 1 de febrero y amenaza de 25% desde el 1 de junio de 2026.
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El termómetro del episodio será si el conflicto se queda en retórica y listas arancelarias o si contamina el canal financiero y encarece el dinero a escala global.
Desde 1945 la relación transatlántica se vendió como un pacto de seguridad y prosperidad, primero con la reconstrucción europea y después con la OTAN creada en 1949, donde Washington aportaba el paraguas militar y Europa consolidaba su integración económica. Nunca fue una historia idílica, hubo disputas por acero, agricultura, subsidios y competencia industrial, pero el conflicto tendía a quedar acotado porque la prioridad era estratégica, contener amenazas externas, sostener reglas de comercio y coordinar defensa y tecnología. La señal de que ese equilibrio cambió es que en 2026 el comercio deja de ser solo economía y pasa a operar como palanca política, cuando un socio usa aranceles para forzar un resultado geopolítico la relación deja de moverse en el terreno del desacuerdo administrable y entra en la lógica del adversario circunstancial.
Groenlandia como quiebre inmediato
El quiebre inmediato por Groenlandia, no solo tiene su peso geoestratégico en el Ártico, también se convirtió en condición para castigar o premiar aliados. La amenaza de imponer un arancel del 10% a partir del 1 de febrero de 2026 a ocho países europeos, con escalada al 25% el 1 de junio de 2026 si no hay acuerdo, transforma una disputa territorial en presión directa sobre cadenas de suministro, exportaciones y precios al consumidor, y además introduce un precedente incómodo, ya no se discute un déficit comercial o una práctica desleal, se discute soberanía y el arancel funciona como mecanismo de presión.
Interdependencia transatlántica
Fuente: Eurostat, Seeking Alpha.
Aun así el mayor riesgo está en el trasfondo, la relación entre Estados Unidos y la Unión Europea es estructuralmente interdependiente y por eso el choque no queda en un titular. En 2024 el intercambio total de bienes y servicios se movió en el orden de 1,6 a 1,7 billones de euros, y esa economía transatlántica ya no vive solo de contenedores, vive de servicios, datos y propiedad intelectual. Las exportaciones de servicios estadounidenses hacia la Unión Europea rondaron 295.000 millones de dólares, una base de ingresos clave para software, nube, publicidad digital, finanzas, consultoría y licencias.
A ese circuito se suma la inversión, con una posición de inversión extranjera directa en Estados Unidos cercana a 5,7 billones de dólares a fines de 2024 y con Europa como principal origen, lo que se traduce en fábricas, empleo, impuestos y beneficios corporativos distribuidos desde el cinturón industrial hasta polos tecnológicos. En una relación así, una guerra comercial no se queda en vinos, autos o maquinaria, termina filtrándose a márgenes empresariales, gasto de capital y valoraciones, por eso el costo potencial crece incluso si las medidas se aplican de forma selectiva.
Tres grietas superpuestas
El conflicto actual se entiende mejor como la suma de tres grietas que venían creciendo y ahora se superponen, comercio y aranceles, tecnología y regulación, y defensa y cargas. La tarifa deja de ser un instrumento económico para convertirse en mensaje político con calendario de castigo, mientras el choque regulatorio se extiende a competencia digital, privacidad, inteligencia artificial y contenidos, y la discusión de seguridad vuelve sobre quién paga y quién decide en un mundo más fragmentado, sin que eso elimine la cooperación militar pero sí erosionando confianza y previsibilidad.
En Groenlandia además pesa el componente jurídico y político, existe un acuerdo de defensa de 1951 que habilita presencia y facilidades militares estadounidenses en la isla bajo soberanía danesa y el marco de autogobierno de 2009 reconoce el derecho de autodeterminación de los groenlandeses. Eso significa que comprar o anexar no es un trámite, es una crisis institucional, y en ese contexto Europa mira su caja de herramientas y el Instrumento Anti Coerción vigente desde 2023 gana relevancia, porque habilita contramedidas más amplias que un arancel espejo, desde acceso a mercado y contratación pública hasta medidas sobre servicios, siempre que haya consenso interno.
Canal financiero
El canal financiero traduce todo esto en costo real, Europa no solo comercia con Estados Unidos, también lo financia y participa de su mercado de capitales, con tenencias de acciones y bonos que se cuentan en billones de dólares. No se trata de ventas inmediatas, se trata de riesgo de cola, si sube la tensión política pueden subir las primas por plazo, encarecerse el financiamiento y el dólar perder parte de su reflejo automático de refugio en ciertos episodios, además la sola discusión de este canal altera expectativas.
Señales de mercado
El mercado empezó a hablar antes que la diplomacia, en la semana del choque se vio presión en renta fija global, con el rendimiento del Treasury a 10 años cerca de 4,3%, tensiones fuertes en el tramo largo japonés con el bono a 40 años por encima de 4%, y repunte de rendimientos en Europa con el Bund alemán cerca de 2,8 a 2,9% y el OAT francés alrededor de 3,6% en momentos de estrés. Ese movimiento actúa como impuesto silencioso porque endurece condiciones financieras, enfría inversión y aumenta la sensibilidad bursátil justo cuando la política introduce incertidumbre adicional.
China como beneficiario silencioso de la fractura occidental
China aparece como beneficiario silencioso de esta fractura occidental, porque a medida que se normaliza que Estados Unidos use comercio y acceso a mercado como palanca política contra aliados, Europa gana incentivos para acelerar un desacople parcial y diversificar socios, desde materias primas críticas hasta acuerdos comerciales y cadenas de suministro alternativos. En el corto plazo Bruselas difícilmente girará hacia Pekín en seguridad, sin embargo puede profundizar un pragmatismo económico con más compras donde haya oferta, más inversión en autonomía industrial y más margen para negociar con terceros cuando Washington tensiona el vínculo, y para China el premio no pasa solo por vender más, también consiste en ganar espacio normativo y geopolítico en un mundo donde la cohesión transatlántica funcionaba como barrera a su influencia.
Escenarios 2026
De aquí en adelante la relación no se resume en si dejaron de ser aliados, en seguridad, inteligencia y tecnología crítica siguen compartiendo demasiado como para romper, pero aprendieron a tratarse como rivales en comercio y poder regulatorio, y esa mezcla vuelve inestable el vínculo porque convierte cada conversación en un pulso y cada titular en un evento de mercado. Los escenarios para 2026 van desde una desescalada negociada donde la amenaza se usa como palanca sin ejecución plena, a una guerra comercial acotada con daño sectorial, o a una escalada financiera de cola si la fricción se filtra a bonos, flujos y confianza, y el termómetro será si el conflicto se queda en retórica y listas arancelarias o si contamina el canal financiero y encarece el dinero a escala global.
Fuente: xStation5.
El EURUSD rompió la directriz bajista de corto plazo con un impulso fuerte y se mantiene por encima de las medias de 50 y 200, lo que mejora el sesgo mientras no vuelva a meterse bajo esa zona. Tras el rally, el precio está consolidando y dejando una corrección ordenada, con resistencia inmediata en 1.1740 y una zona intermedia relevante en 1.1696. Mientras sostenga 1.1696 la estructura favorece continuidad alcista, y una pérdida clara abre la puerta a un retroceso más profundo hacia 1.1647 y, más abajo, 1.1579. El RSI cerca de 60 sostiene momentum sin sobrecompra extrema, y la fuerza direccional elevada sugiere tendencia activa, aunque con riesgo de pullbacks antes de otro tramo al alza.
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