- El oro confirma fortaleza estructural tras la ruptura de 5.113, pero el contexto exige pausa y disciplina antes de validar un nuevo tramo alcista.
- El oro confirma fortaleza estructural tras la ruptura de 5.113, pero el contexto exige pausa y disciplina antes de validar un nuevo tramo alcista.
Lo ocurrido tras la ruptura del nivel de 5.113, nivel que comentamos el día 27 para poder entrar, no ha sido magia ni casualidad. El planteamiento era sencillo, esperar. El precio llevaba tiempo comprimiendo justo bajo una resistencia clara, con el mercado descargando ansiedad, titulares y nervios sin resolver nada. Y cuando rompió, lo hizo con decisión, sin mirar atrás, dejando claro que no era un amago más.
Desde ese punto, el oro se movió como suelen moverse los activos cuando entran en modo huida hacia adelante. Casi un 10% de subida en muy poco tiempo no es una señal de tranquilidad, es una señal de urgencia. El dinero no entra así porque sí. Entra porque quiere estar dentro antes de que algo empeore, antes de que el riesgo se materialice, antes de que ya no haya refugio barato.
El contexto ayuda a entenderlo. El mundo no está precisamente en un momento de calma. Las tensiones geopolíticas vuelven a aparecer donde más duelen, con Irán en el foco y con un discurso cada vez más explícito por parte de Estados Unidos. Cuando se habla de “armadas masivas” y de consecuencias rápidas y violentas, los mercados no se paran a discutir semántica. Simplemente ajustan riesgo. El petróleo sube, sí, pero el oro no discute: corre.
A esto se le suma un ruido político en Estados Unidos que ya no es ruido de fondo. La duda sobre la independencia de la Reserva Federal ha dejado de ser un comentario de sobremesa para convertirse en un factor de mercado real. Investigaciones, posibles destituciones, nombramientos adelantados… Todo eso erosiona algo mucho más importante que un dato macro: la confianza institucional. Y cuando la confianza institucional se debilita, el oro deja de ser un activo alternativo para convertirse en un seguro.
Los números lo reflejan con claridad. Más de un 27% de subida en lo que va de año, después de un 2025 espectacular, no es un calentón de dos semanas. Es una tendencia que lleva años alimentándose en silencio. Desde las sanciones a Rusia en 2022, los bancos centrales, especialmente los de economías emergentes, han ido comprando oro de forma constante, casi aburrida. No persiguen rentabilidad, persiguen independencia. Y ese flujo no se da la vuelta por un mal dato de inflación.

El dólar tampoco ayuda a frenar el movimiento. Aunque ha tenido algún rebote puntual tras declaraciones oficiales defendiendo un “dólar fuerte”, la sensación de fondo es de fragilidad. Cada vez que el mercado percibe que la política pesa más que la estabilidad, el billete verde pierde parte de su aura. Y un dólar débil es gasolina directa para el oro.
La Reserva Federal, por su parte, ha optado por no tocar tasas. No ha sorprendido a nadie, pero sí ha confirmado algo importante: no hay prisa. Y cuando no hay prisa por endurecer, el coste de oportunidad de tener oro baja. Si las tasas reales no compensan, el oro vuelve a tener sentido incluso para carteras que, en teoría, no deberían necesitarlo.
Todo esto explica el rally. Lo que no explica, y ahí está la clave ahora, es el siguiente paso. Porque cuando un activo sube así, tan rápido, el riesgo ya no está en quedarse fuera, sino en entrar mal. La volatilidad ha aumentado, los rangos diarios se han ampliado y el mercado empieza a castigar la impaciencia. No sería la primera vez que el oro necesita parar, respirar y ordenar el exceso antes de seguir subiendo.
Ya lo ha hecho antes. El día 22 consolidó varios días antes de romper. El día 27 volvió a hacerlo justo antes de superar los 5.113. Es su forma de avanzar: tensión, pausa, ruptura. Pensar que ahora va a subir en línea recta sin mirar atrás es más un deseo que un análisis.
Por eso, el mensaje ahora es este: si alguien quiere subirse al oro en este contexto, no toca correr. Toca esperar. Esperar a que consolide, a que el precio se estabilice, a que la volatilidad se enfríe un poco. Si desde ahí vuelve a atacar y supera con claridad la zona de 5.600, el mercado estará diciendo que quiere seguir. Y si en el camino hace retrocesos ordenados que respeten las antiguas resistencias, también puede estar construyendo algo sano.
La plata, como siempre, ha ido un paso más allá. Más volatilidad, más emoción, más narrativa de “fiebre”. Ha superado los 120 dólares y ha atraído a todo tipo de participantes, desde inversores que buscan una alternativa al oro hasta operadores puramente especulativos. Eso la hace potente, pero también peligrosa. Aquí los giros son rápidos y las correcciones, cuando llegan, no piden permiso.
Mientras tanto, la renta variable duda. Los índices no caen con violencia, pero tampoco transmiten convicción. La temporada de resultados avanza, las grandes tecnológicas presentan números y el mercado empieza a preguntarse si todo el optimismo está realmente justificado. Esa duda, por sí sola, ya es un argumento a favor del oro.
En resumen, el movimiento que nació con la ruptura de 5.113 ha sido limpio, potente y coherente con el contexto. Pero precisamente por eso, ahora no es momento de euforia. Es momento de pausa. El oro está fuerte, el fondo sigue siendo alcista, pero el mercado necesita decidir cómo digiere esta subida.
Fuente: xStation5
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Alejandro de Luis
Editor de Hispatrading Magazine, revista de trading con mayor difusión en español, Alejandro ha trabajado como trader en diferentes sociedades de valores y firmas de trading propietario, así como en áreas de negociación y análisis durante casi dos décadas. Autor de varios libros de trading publicados en más de 5 países ha impartido conferencias formativas y programas de especialización ante audiencias de más de 40 países, entre ellas alumnos de varias universidades europeas de prestigio.
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