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13:47 · 18 de mayo de 2026

Las grandes oportunidades ocultas de la inteligencia artificial

Conclusiones clave
Conclusiones clave
  • La inteligencia artificial entra en una nueva fase: los grandes ganadores podrían no estar solo en los chips, sino en energía, centros de datos, conectividad y defensa.
  • Alphabet, CoreWeave e IREN representan tres formas distintas de invertir en la infraestructura de la IA: usuarios y cloud, capacidad computacional y energía.
  • Europa también busca su espacio en la revolución tecnológica con compañías como SAP, Capgemini e Indra, apoyadas en digitalización, soberanía tecnológica y defensa.

La inteligencia artificial ha estado dominada durante los últimos años por un pequeño grupo de compañías ligadas a semiconductores y capacidad computacional. Sin embargo, el mercado empieza a entender que la próxima fase de esta revolución tecnológica podría ser mucho más amplia y compleja.

Cada nuevo avance está creando un nuevo cuello de botella. Primero fueron los chips, después la memoria, más tarde la energía y los centros de datos. Ahora empiezan a aparecer nuevas necesidades vinculadas a la conectividad óptica, la refrigeración, el software empresarial, la automatización o incluso la defensa y la soberanía tecnológica.

Imagen de un dibujo de chips
 

Por eso, la gran pregunta para los inversores ya no es únicamente quién fabricará las GPUs, sino quién construirá la infraestructura física, energética y digital necesaria para sostener el próximo billón de dólares de inversión en inteligencia artificial.

En este artículo analizamos compañías internaciones, europeas y españolas, que puedan beneficiarse de este boom. Desde gigantes consolidados como Alphabet o SAP hasta nombres mucho menos conocidos como CoreWeave, Lumentum o IREN, el mercado empieza a descubrir que los grandes ganadores de la próxima década podrían encontrarse mucho más allá de Nvidia.

Alphabet

Alphabet puede seguir siendo una de las opciones más interesantes dentro de la inteligencia artificial porque, a diferencia de muchas compañías que solo están expuestas a una parte del ciclo, la matriz de Google controla prácticamente toda la cadena de valor: usuarios, datos, modelos, chips, cloud, aplicaciones y distribución.

El mercado temía que la IA pudiera destruir el negocio de búsquedas de Google, pero los últimos resultados han demostrado justo lo contrario. Los ingresos de búsqueda crecieron con fuerza, YouTube mantiene un crecimiento sólido y Google Cloud se ha convertido en uno de los grandes motores del grupo, con una aceleración muy relevante gracias a la demanda de computación vinculada a inteligencia artificial.

La clave está en que Alphabet no depende solo de Gemini. La compañía tiene una posición única porque puede integrar la IA directamente en productos que ya utilizan miles de millones de personas: Google Search, YouTube, Gmail, Maps, Android o Workspace. Esto le da una ventaja de distribución enorme frente a otros competidores que necesitan captar usuarios desde cero.

Además, Alphabet está muy bien posicionada en la parte de infraestructura. Sus chips propios, los TPU, permiten reducir dependencia de Nvidia y ofrecer capacidad de cómputo a través de Google Cloud. En un mundo donde el gran cuello de botella de la IA es la disponibilidad de computación, esta integración vertical se convierte en una ventaja estratégica.

Imagen de una sucursal de Google
 

Otro punto diferencial es su cartera de activos. Waymo empieza a consolidarse como uno de los líderes reales en conducción autónoma, mientras que sus inversiones en compañías como Anthropic o SpaceX añaden opcionalidad adicional al grupo.

El principal riesgo es el enorme aumento del capex. Alphabet va a gastar cantidades históricas en centros de datos, chips e infraestructura, lo que puede presionar el flujo de caja libre en los próximos años. Pero si la demanda de IA continúa creciendo al ritmo actual, ese gasto no debería verse como un problema, sino como una inversión para capturar el próximo gran ciclo tecnológico.

Por valoración, Alphabet sigue cotizando a múltiplos razonables frente a su crecimiento, especialmente si mantiene la aceleración en cloud y demuestra que la IA no destruye su negocio de búsqueda, sino que lo refuerza.

CoreWeave

CoreWeave se ha convertido en una de las compañías más seguidas del mercado tras el enorme rally vivido durante el año pasado y sus posteriores dudas por las fuertes emisiones de deuda. Y aunque los resultados recientes provocaron fuertes caídas en bolsa por el aumento del gasto y la presión sobre márgenes, creemos que hay una oportunidad estructural enorme detrás de la compañía.

El negocio de la empresa consiste en alquilar acceso masivo de GPUs y capacidad computacional a empresas que necesitan desarrollar inteligencia artificial sin construir su propia infraestructura desde cero. En otras palabras, CoreWeave quiere convertirse en una especie de “AWS de la IA”.

La demanda sigue siendo gigantesca. La compañía ha elevado su cartera de contratos hasta cerca de 100.000 millones de dólares, impulsada por acuerdos multimillonarios con Meta, Microsoft, Jane Street, Anthropic o Mistral. Además, el crecimiento ya no depende únicamente de las grandes tecnológicas: empresas financieras, laboratorios de IA y clientes corporativos empiezan también a demandar enormes cantidades de computación avanzada.

El gran problema es que todo esto requiere inversiones monstruosas. CoreWeave necesita construir centros de datos, asegurar energía, instalar miles de GPUs y financiar infraestructura antes de empezar a generar ingresos. Eso explica por qué el mercado sigue dudando de cualquier aumento del CapEx o cualquier retraso en convertir contratos futuros en ingresos reales, sin grandes flujos de caja que lo respalden.

Sin embargo, precisamente ahí aparece también parte de la oportunidad. El mercado teme que el modelo de negocio sea demasiado intensivo en capital, pero al mismo tiempo la demanda de computación ligada a IA continúa creciendo mucho más rápido que la capacidad disponible.

Y aquí existe un factor muy importante: la estrecha relación con Nvidia. La propia Nvidia no solo suministra GPUs a CoreWeave, sino que además es accionista relevante de la compañía. Eso le da una ventaja estratégica enorme en acceso prioritario a hardware en un momento donde la escasez de chips sigue siendo uno de los mayores cuellos de botella de toda la industria.

La gran apuesta de CoreWeave es que la inteligencia artificial terminará funcionando como internet o el cloud computing: cada vez más empresas necesitarán alquilar capacidad computacional de forma flexible en lugar de construirla internamente.

Evidentemente, el riesgo sigue siendo elevado. La deuda es enorme y el mercado será extremadamente sensible a cualquier desaceleración de la demanda o retraso en los despliegues. Pero si el ciclo de inversión en IA continúa acelerándose, CoreWeave podría convertirse en uno de los principales ganadores de toda la infraestructura global.

Lumentum

Durante los últimos dos años, Nvidia y los fabricantes de semiconductores han liderado prácticamente todo el rally de la inteligencia artificial. Sin embargo, el mercado empieza a descubrir que el siguiente gran cuello de botella de la IA podría no estar en los chips, sino en la capacidad de mover cantidades masivas de datos entre centros de datos a velocidades cada vez mayores. Y ahí es donde aparece Lumentum.

La compañía, especializada en tecnología óptica y conectividad avanzada, acaba de convertirse en uno de los nuevos miembros del Nasdaq 100, consolidando uno de los ascensos bursátiles más espectaculares de todo el mercado estadounidense. Sus acciones acumulan una subida cercana al 190% en 2026 después de haberse disparado ya más de un 300% el año anterior.

Pero probablemente lo más interesante es que el mercado empieza a entender que la inteligencia artificial no depende únicamente de potencia computacional, sino también de la infraestructura física necesaria para conectar miles de GPUs funcionando simultáneamente dentro de gigantescos centros de datos.

Cada nueva generación de modelos de IA necesita mover cantidades mucho mayores de información con menor latencia y menor consumo energético. Eso está convirtiendo la conectividad óptica en una de las partes más estratégicas de toda la cadena de valor tecnológica.

Lumentum fabrica precisamente algunos de los componentes más importantes para esa transición: láseres, transceptores ópticos y sistemas de interconexión de alta velocidad que permiten unir servidores, GPUs y centros de datos dentro de la nueva infraestructura.

La gran ventaja es que este mercado todavía podría encontrarse en una fase muy inicial. Muchas grandes tecnológicas están acelerando inversiones multimillonarias en centros de datos y redes de ultra alta velocidad, mientras la demanda de ancho de banda continúa creciendo prácticamente de forma exponencial.

Además, el auge de la IA está generando un efecto muy interesante: cada nuevo avance tecnológico crea un nuevo cuello de botella físico. Primero fueron los chips, después la memoria, luego la electricidad y ahora la conectividad. Y eso permite que compañías menos conocidas como Lumentum puedan convertirse en algunos de los grandes ganadores silenciosos de esta revolución tecnológica.

Evidentemente, tras semejante subida el riesgo y la volatilidad son elevados. Pero el mercado empieza a valorar que la próxima gran batalla de la inteligencia artificial ya no será únicamente quién tiene los mejores chips, sino quién puede conectar toda esa infraestructura de la forma más rápida y eficiente posible.

Imagen de la bandera de la Unión Europea
 

IREN

El mercado empieza a entender que IREN podría convertirse en uno de los grandes proveedores de infraestructura energética y computacional para la nueva economía de la IA.

Como decíamos antes los nuevos cuellos de botellas son varios. Uno de ellos se basa en la capacidad de alimentar, refrigerar y conectar gigantescos centros de datos capaces de entrenar modelos cada vez más potentes. Y ahí es donde IREN podría tener una ventaja estratégica muy difícil de replicar.

La compañía controla ya alrededor de 5 gigavatios de capacidad energética entre Texas, Oklahoma, Canadá y Europa, incluyendo nuevos proyectos en España. En un mercado donde conseguir acceso estable a energía y conexión a red puede tardar años, esta infraestructura empieza a convertirse en uno de los activos más valiosos de toda la industria de la IA.

Además, el reciente acuerdo con Nvidia ha cambiado completamente la dimensión de la empresa. IREN planea desplegar alrededor de 150.000 GPUs para finales de 2026 y generar cerca de 3.700 millones de dólares en ingresos recurrentes anualizados ligados a inteligencia artificial. Lo importante es que buena parte de ese despliegue está siendo financiado mediante acuerdos extremadamente favorables con clientes y financiación de hardware, reduciendo enormemente la presión financiera habitual en este tipo de proyectos.

Otro punto interesante es que la compañía ya no quiere limitarse únicamente a alquilar capacidad computacional a hiperescaladores. La compra de Mirantis le permite entrar en capas mucho más rentables del negocio, añadiendo servicios empresariales, gestión cloud, Kubernetes y soluciones completas de IA para empresas.

En otras palabras, IREN está intentando posicionarse en una de las partes más críticas de toda la cadena de valor de la inteligencia artificial: la infraestructura física necesaria para que la revolución de la IA pueda seguir creciendo.

Evidentemente, el riesgo sigue siendo elevado. La empresa necesita enormes cantidades de capital y el mercado será extremadamente exigente con los tiempos de ejecución y despliegue. Pero precisamente ahí reside también gran parte del potencial alcista: si la demanda de IA continúa creciendo al ritmo actual, cada gigavatio conectado y cada centro de datos operativo podrían valer mucho más dentro de dos o tres años que hoy.

SAP

SAP puede ser una de las formas más interesantes de invertir en inteligencia artificial desde Europa, pero con un perfil mucho más defensivo que el de los fabricantes de chips o las compañías de centros de datos. De hecho, en los últimos meses no levanta cabeza.

La clave está en que su negocio no depende de vender una promesa futura, sino de estar profundamente integrado en los sistemas críticos de las grandes empresas.

Su software ERP es esencial para procesos como finanzas, cadena de suministro, recursos humanos, compras o gestión operativa. Sustituir SAP en una gran multinacional no es sencillo ni barato. Por eso, aunque exista miedo a que la IA reduzca parte del gasto en software tradicional, parece poco probable que las grandes compañías vayan a reemplazar de golpe sus sistemas centrales por nuevas soluciones sin la misma trayectoria, seguridad y capacidad de integración.

Además, SAP está demostrando que la transición hacia la nube sigue avanzando. El crecimiento de ingresos cloud continúa acelerándose y su negocio de Cloud ERP se mantiene como el principal motor de la compañía. Esto es importante porque refuerza la idea de que sus clientes no están abandonando SAP por culpa de la IA, sino que están migrando hacia versiones más modernas de su propia plataforma.

La compañía también está utilizando la IA para mejorar su propia eficiencia. Mientras otros grupos de software sufren presión en márgenes por el aumento de costes o la ralentización del crecimiento, SAP ha conseguido mejorar su rentabilidad gracias a una mayor disciplina operativa y control de plantilla.

Otro punto atractivo es la valoración. Tras las caídas recientes, SAP cotiza en torno a 20 veces beneficios futuros, por debajo de otros grandes nombres de software como Microsoft u Oracle, pese a mantener un perfil de negocio muy recurrente y una fuerte posición competitiva. Además, el programa de recompra de acciones de 10.000 millones de euros ofrece soporte adicional al accionista.

El principal riesgo es que la monetización de la IA tarde más de lo esperado o que la transición desde el negocio tradicional hacia la nube genere más presión de la prevista. Pero si SAP consigue mantener el crecimiento cloud, mejorar márgenes e integrar la IA dentro de su ecosistema empresarial, podría seguir siendo uno de los grandes ganadores europeos de la digitalización corporativa.

Capgemini

Capgemini no es una de las compañías más explosivas dentro del universo de la inteligencia artificial, pero precisamente por eso puede ser una opción interesante para inversores que buscan exposición al sector sin asumir las valoraciones extremas de otras empresas vinculadas a chips, centros de datos o neocloud.

La compañía francesa se encuentra en una posición relevante dentro de la transformación digital de grandes empresas, gobiernos e industrias reguladas. Su negocio combina consultoría tecnológica, servicios cloud, ingeniería, mantenimiento, ciberseguridad y automatización, lo que le permite beneficiarse de la adopción progresiva de la inteligencia artificial en sectores tradicionales.

La tesis de inversión no está en que Capgemini sea “la próxima Nvidia”, sino en que muchas empresas necesitarán ayuda para integrar la IA en procesos reales: atención al cliente, cumplimiento regulatorio, eficiencia operativa, análisis de datos, automatización industrial o gestión interna. Y ahí los grandes proveedores de consultoría tecnológica pueden tener un papel importante.

Además, Capgemini cotiza con múltiplos inferiores a Accenture, pese a que sus previsiones de crecimiento de ingresos son razonables. El mercado la penaliza por su mayor exposición a Europa, la debilidad de algunos sectores industriales y los costes asociados a reestructurar y formar a su plantilla para la nueva etapa de IA generativa. Sin embargo, esos mismos costes pueden verse como una inversión necesaria para adaptar el negocio al cambio tecnológico.

Otro punto favorable es su generación de caja. La compañía mantiene un flujo de caja libre sólido, una política disciplinada de recompra de acciones y una posición relevante en sectores como defensa, industria, servicios financieros y sector público, donde la adopción de IA será más lenta, pero también más duradera y regulada.

El riesgo principal es que la inteligencia artificial presione los servicios de menor valor añadido y obligue a cambiar el modelo tradicional de facturación por horas hacia esquemas basados en resultados. Pero si Capgemini logra reposicionarse correctamente, podría convertirse en una de las formas más razonables y menos sobrecalentadas de invertir en la adopción corporativa de la IA.

Imagen de un tanque
 

Indra

Indra se está transformando rápidamente en una de las compañías más estratégicas de Europa dentro del nuevo ciclo de defensa, digitalización e inteligencia artificial.

Lo importante ya no es verla únicamente como una empresa de tecnología o consultoría, sino como un futuro líder europeo en sistemas de defensa avanzados, ciberseguridad, espacio y automatización militar.

El mercado empieza a entender que Europa ha entrado en un cambio estructural. El aumento del gasto en defensa ya no parece algo temporal, sino una tendencia de varios años impulsada por la necesidad de soberanía tecnológica y militar frente a un entorno geopolítico cada vez más inestable.

Además, Indra no solo quiere crecer en defensa tradicional. La compañía está apostando fuerte por inteligencia artificial aplicada al ámbito civil y militar con proyectos como IndraMind, una plataforma de IA que podría convertirse en uno de los pilares futuros del grupo.

La idea es clara: la próxima generación de defensa europea dependerá tanto del software, análisis de datos y automatización como de los sistemas físicos tradicionales.

Es cierto que los márgenes todavía no reflejan plenamente ese potencial. La empresa está realizando fuertes inversiones en contratación, nuevas capacidades industriales y adquisiciones para prepararse para un aumento mucho mayor de producción.

Eso está presionando temporalmente la rentabilidad y el flujo de caja. Pero precisamente ahí está una de las claves de la tesis: Indra está sacrificando parte de los beneficios de corto plazo para posicionarse en un ciclo de crecimiento que podría durar toda la década.

El mercado sigue valorando parcialmente a Indra como una empresa tecnológica tradicional, cuando cada vez se parece más a una mezcla entre defensa, inteligencia artificial, espacio y soberanía tecnológica europea.

Y si Europa acelera definitivamente el gasto militar y tecnológico, Indra podría convertirse en una de las grandes historias bursátiles españolas de los próximos años.

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