- Septiembre presenta históricamente un comportamiento desfavorable para el S&P 500, con caídas más intensas que las subidas durante los últimos diez años.
- El índice llega al mes cerca de máximos históricos, respaldado por el crecimiento de beneficios, pero con riesgos ligados a las valoraciones, la concentración y la Reserva Federal.
- Desde el punto de vista técnico, 7.638 puntos se mantiene como soporte estructural y 7.755,8 como nivel de confirmación para una posible continuidad alcista.
- Septiembre presenta históricamente un comportamiento desfavorable para el S&P 500, con caídas más intensas que las subidas durante los últimos diez años.
- El índice llega al mes cerca de máximos históricos, respaldado por el crecimiento de beneficios, pero con riesgos ligados a las valoraciones, la concentración y la Reserva Federal.
- Desde el punto de vista técnico, 7.638 puntos se mantiene como soporte estructural y 7.755,8 como nivel de confirmación para una posible continuidad alcista.
Septiembre llega a Wall Street acompañado por una reputación difícil de ignorar. Mientras la
mayoría de los meses presenta históricamente una rentabilidad positiva, septiembre es la gran
excepción: el único periodo del calendario que ha conseguido mantener un comportamiento
claramente desfavorable durante generaciones, atravesando guerras, recesiones, crisis
financieras y todo tipo de políticas monetarias.
Pero ¿existe realmente algo especial en septiembre o estamos intentando encontrar una
explicación racional a una simple coincidencia estadística?
Septiembre y la estacionalidad del S&P 500 (US500)
La gráfica estacional de los últimos diez años ofrece una primera señal interesante. Durante este
periodo, el S&P 500 terminó septiembre con ganancias en cinco ocasiones y con pérdidas en
otras cinco. La distribución parece equilibrada, pero la intensidad de las caídas fue superior a la de
las subidas, dando como resultado una rentabilidad anualizada del −13,54%.
Conviene explicar correctamente esta cifra. No significa que el S&P 500 haya perdido un 13,54%
cada mes de septiembre. La rentabilidad mensual media de ese periodo se ha proyectado como si
el mismo comportamiento se repitiera durante doce meses consecutivos. La anualización permite
comparar diferentes tramos del año, pero puede producir cifras visualmente mucho mayores que
el movimiento realmente experimentado durante un único mes.
Lo importante no es tanto el −13,54% aislado como lo que revela: durante los últimos diez años, el
balance de septiembre fue negativo porque los años bajistas causaron bastante más daño que el
avance generado por los años positivos.
La secuencia comprendida entre 2020 y 2023 resulta especialmente significativa. El S&P 500
perdió un 5,42% en septiembre de 2020, un 3,64% en 2021, un 8,23% en 2022 y un 5,04% en
2023. Cuatro ejercicios consecutivos con caídas suficientemente importantes como para reforzar
la fama del mes.
Además, estos retrocesos no respondieron a una única causa. En 2020, el mercado corrigió
después de la extraordinaria recuperación tecnológica posterior al confinamiento. En 2021
aparecieron preocupaciones relacionadas con la inflación, la retirada de estímulos y los problemas
del sector inmobiliario chino. En 2022, la Reserva Federal estaba desarrollando uno de los
procesos de endurecimiento monetario más agresivos de las últimas décadas. En 2023, el
aumento de las rentabilidades de la deuda volvió a presionar las valoraciones bursátiles.
Septiembre no creó ninguno de esos problemas. Simplemente coincidió con el momento en el que
dejaron de ser ignorados. La debilidad tampoco se limita a la última década. Desde 1928, el S&P 500 ha perdido alrededor
de un 1,2% de media durante septiembre y ha terminado el mes en negativo aproximadamente el
56% de las ocasiones. Ningún otro mes presenta una combinación tan desfavorable entre
frecuencia de caídas y rentabilidad media.
Esto no significa que septiembre tenga que caer todos los años. De hecho, ha sido positivo en
cerca del 44% de los casos. La estacionalidad no funciona como una ley física, sino como una
ligera inclinación de las probabilidades. Ofrece contexto, pero no sustituye el análisis del precio,
los beneficios empresariales o la política monetaria.
El peor tramo de la última década y el efecto de 2020
La propia gráfica introduce otro matiz importante. Si buscamos el peor periodo de
aproximadamente un mes durante los últimos diez años, no aparece septiembre, sino el tramo
comprendido entre el 15 de febrero y el 15 de marzo.
El resultado, sin embargo, está profundamente distorsionado por 2020. Durante aquel intervalo, el
S&P 500 llegó a perder un 33,61% como consecuencia del estallido de la pandemia y de la
paralización repentina de la economía mundial. Un acontecimiento excepcional puede alterar por
completo el promedio cuando solamente se utilizan diez observaciones. Por tanto, debemos distinguir entre dos afirmaciones. El periodo comprendido entre mediados de
febrero y mediados de marzo ha sido el peor tramo móvil de la última década debido
principalmente al desplome de 2020. Septiembre, en cambio, presenta una debilidad mucho más
persistente, repetida en diferentes ciclos y también visible en muestras históricas cercanas a un
siglo.
Esta diferencia resulta fundamental. El primer resultado está dominado por un acontecimiento
extraordinario. El segundo parece reflejar una combinación más estable de comportamiento
institucional, menor liquidez y concentración de riesgos macroeconómicos.
Por qué septiembre suele ser un mes débil en Wall Street
No existe una explicación única y completamente demostrada para el llamado efecto septiembre.
Una de las teorías apunta al regreso de los grandes inversores después del verano. Durante julio
y agosto disminuye la actividad, se reduce el volumen y muchas tendencias continúan
desarrollándose sin una revisión profunda de las carteras. En septiembre, los gestores regresan,
actualizan previsiones y ajustan posiciones para el último tramo del ejercicio.
También influye el calendario de determinados fondos de inversión, cuyos ejercicios fiscales
terminan durante septiembre u octubre. Los gestores pueden vender posiciones perdedoras,
materializar minusvalías y reorganizar sus carteras antes del cierre. Esta limpieza incrementa
temporalmente la presión vendedora.
A ello se añaden los periodos de restricción de recompra de acciones. Muchas compañías
reducen sus operaciones antes de publicar los resultados del tercer trimestre. Cuando desaparece
parcialmente uno de los compradores más constantes del mercado, cualquier aumento de las
ventas puede tener un efecto mayor sobre el precio.
Septiembre suele concentrar además reuniones relevantes de la Reserva Federal, revisiones de
previsiones económicas, negociaciones presupuestarias en Estados Unidos y el comienzo de la
discusión sobre los resultados del último trimestre del año. Los inversores dejan de valorar
únicamente lo sucedido durante el verano y comienzan a preguntarse si las previsiones anuales
podrán cumplirse.
Ninguna de estas explicaciones justifica por sí sola casi un siglo de debilidad. Probablemente el
efecto septiembre sea el resultado de varias fuerzas pequeñas que coinciden durante el mismo
periodo. Y una vez que el patrón es conocido, también puede influir sobre el comportamiento de
los propios operadores. Si suficientes inversores esperan volatilidad, reducen riesgo
anticipadamente y terminan contribuyendo a crearla.
Cómo llega el S&P 500 a septiembre
Este año el S&P 500 llega a septiembre en una situación especialmente interesante. El índice se
mueve cerca de máximos históricos, después de haber alcanzado la zona de 7.799 puntos y
acumular una subida aproximada del 14% desde enero. No llega debilitado ni inmerso en una
tendencia bajista. Llega después de un avance importante y con unas expectativas empresariales
exigentes.
Los beneficios continúan siendo el principal argumento alcista. Goldman Sachs estima que el
beneficio por acción del S&P 500 podría alcanzar los 340 dólares en 2026, un 24% más que el
año anterior, y subir hasta 385 dólares en 2027. Si estas previsiones se cumplen, parte de la
subida del índice estaría respaldada por un crecimiento real de los resultados y no únicamente por
una expansión de las valoraciones.
La temporada del segundo trimestre también ha sido fuerte. La mayoría de las empresas superó
las estimaciones y sectores como tecnología, energía, servicios de comunicación y finanzas
presentaron incrementos importantes de beneficios. Nvidia, las compañías de semiconductores, el
software y la infraestructura de inteligencia artificial continúan sosteniendo buena parte del
crecimiento.
No obstante, las cifras agregadas necesitan cierta prudencia. FactSet calcula un crecimiento
interanual extraordinario de los beneficios, pero una parte se explica por ganancias contables
vinculadas a inversiones de Alphabet y Amazon. Incluso excluyendo estos efectos, el crecimiento
continúa siendo elevado, aunque menos espectacular de lo que sugiere el titular.
Valoraciones y concentración del mercado
La valoración tampoco es barata. El S&P 500 cotiza alrededor de 20 veces los beneficios
esperados para los próximos doce meses. El múltiplo ha descendido desde niveles superiores a
23 veces porque las estimaciones de beneficios están aumentando más rápidamente que el
precio, pero continúa dejando poco margen para decepciones.
Pagar una valoración elevada no representa necesariamente un problema mientras los beneficios
sigan creciendo. El riesgo aparece cuando el mercado descuenta simultáneamente un fuerte
crecimiento, márgenes elevados y unas condiciones financieras favorables. Si falla una sola de
esas variables, el ajuste puede ser rápido.
La concentración añade otra vulnerabilidad. Las mayores compañías continúan representando
una parte extraordinariamente elevada del índice. Esto permite que el S&P 500 suba incluso
cuando la mayoría de sus integrantes retrocede. En la última gran sesión alcista de agosto, el
índice ponderado por capitalización avanzó alrededor de un 0,7%, mientras la versión
equiponderada cayó y solamente 171 de sus aproximadamente 500 componentes terminaron con
ganancias.
Un índice impulsado por unas pocas compañías puede continuar subiendo durante mucho tiempo,
pero depende cada vez más de que esas empresas no decepcionen. Si Nvidia, Microsoft,
Alphabet, Amazon o los principales semiconductores corrigen simultáneamente, el resto del
mercado puede no disponer de fuerza suficiente para compensarlo.
La situación no es completamente negativa. A comienzos de agosto, más del 70% de las
compañías del S&P 500 cotizaba por encima de su media de 200 sesiones, una de las mejores
lecturas de amplitud desde finales de 2024. Existe concentración en la parte superior, pero
también una mejora interna más amplia que la observada en otras fases del mercado alcista.
La Reserva Federal, los tipos de interés y la deuda
El segundo gran riesgo para septiembre será la Reserva Federal. Los tipos permanecen en el
intervalo del 3,50% al 3,75%, mientras la inflación continúa por encima del objetivo. El mercado ha
vuelto a contemplar la posibilidad de nuevas subidas, algo que apenas se consideraba unos
meses atrás.
Las actas de la última reunión mostraron que los futuros llegaron a descontar completamente una
subida de 25 puntos básicos para septiembre. Las expectativas han seguido oscilando con cada
dato, pero el cambio de fondo es evidente: los inversores ya no discuten cuándo comenzarán los
recortes, sino si la Fed tendrá que endurecer nuevamente su política.
Esto importa especialmente para un índice que cotiza cerca de 20 veces beneficios. Cuando
suben las rentabilidades reales, aumenta la remuneración ofrecida por los bonos y disminuye el
valor presente de los beneficios futuros. Las compañías de crecimiento y tecnología, cuyos
precios dependen de ganancias esperadas durante muchos años, son particularmente sensibles.
La deuda estadounidense añade otra fuente de incertidumbre. Las rentabilidades de los bonos de
largo plazo continúan elevadas y el Tesoro ha ampliado sus recompras para mejorar la liquidez. Si
septiembre trae una nueva subida de los rendimientos, el mercado podría enfrentarse
simultáneamente a un endurecimiento monetario y a una mayor preocupación fiscal.
También habrá que vigilar el petróleo y el resto de las materias primas. El conflicto en Oriente
Medio, las interrupciones del mar Negro y el encarecimiento de algunos alimentos amenazan con
mantener elevada la inflación. El peor escenario para la bolsa no sería necesariamente una
recesión inmediata, sino una combinación de inflación persistente, tipos altos y desaceleración
gradual del crecimiento.
Análisis técnico del S&P 500
Desde el punto de vista técnico, el S&P 500 continúa por encima de sus medias de 50 y 200
sesiones, situadas aproximadamente en 7.550 y 7.110 puntos. La tendencia principal sigue siendo
alcista y la proximidad de septiembre no basta para cambiarla.
La zona de máximos alrededor de 7.800 representa la primera referencia. Una ruptura
acompañada por una participación más amplia permitiría favorecer la continuidad del movimiento.
Por el contrario, la pérdida de la media de 50 sesiones indicaría que la estacionalidad negativa
comienza a coincidir con un deterioro real del precio.
Fuente: xStation5.
La conclusión de la gráfica no debe ser que haya que vender automáticamente el último día de
agosto. La estacionalidad ayuda a identificar momentos en los que conviene exigir mayores
confirmaciones, reducir la complacencia y vigilar con más atención la gestión del riesgo.
Septiembre presenta un historial negativo. En los últimos diez años ha alternado cinco subidas y
cinco caídas, pero las pérdidas fueron más intensas y produjeron una rentabilidad anualizada del
−13,54%. Entre 2020 y 2023 acumuló cuatro retrocesos consecutivos importantes. Y cuando
ampliamos la muestra hasta 1928, continúa apareciendo como el peor mes del calendario.
Pero la historia solamente establece el terreno. Los beneficios, la amplitud del mercado, las
rentabilidades de la deuda y la Reserva Federal decidirán si este septiembre vuelve a hacer honor
a su reputación.
La estacionalidad no provoca las caídas. Lo que hace es señalar el periodo en el que Wall Street
parece encontrar más razones para dejar de ignorar sus problemas.
Niveles técnicos clave: 7.638 y 7.755,8
Fuente: xStation5.
Desde el punto de vista técnico, mientras el S&P 500 se mantenga por encima de 7.638 puntos, la
estructura continúa favoreciendo la tendencia alcista. Después de la corrección iniciada desde los
máximos de mediados de agosto, el índice parece estar intentando desarrollar un cambio de
dirección a favor de la tendencia principal. Este escenario se activaría con la superación de
7.755,8. Si el precio consigue romper y mantenerse por encima de este nivel, podrían volver a
buscarse incorporaciones alcistas si todavía no se está dentro del movimiento. Por el contrario,
mientras permanezca por debajo de 7.755,8 faltaría confirmación, y una ruptura sostenida de
7.638 obligaría a cambiar la expectativa de alcista a lateral-bajista.
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Alejandro de Luis
Editor de Hispatrading Magazine, revista de trading con mayor difusión en español, Alejandro ha trabajado como trader en diferentes sociedades de valores y firmas de trading propietario, así como en áreas de negociación y análisis durante casi dos décadas. Autor de varios libros de trading publicados en más de 5 países ha impartido conferencias formativas y programas de especialización ante audiencias de más de 40 países, entre ellas alumnos de varias universidades europeas de prestigio.
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