14:25 · 23 de julio de 2026

Peso colombiano alcanza su mejor nivel en 7 años: ¿qué viene ahora?

Conclusiones clave
Conclusiones clave
  • El peso colombiano se fortalece por las altas tasas de interés y el atractivo del carry trade
  • Las expectativas políticas y el precio del petróleo impulsan la confianza sobre la moneda colombiana
  • La continuidad de la apreciación dependerá de la disciplina fiscal el crecimiento y la inflación

Hay momentos en los que una moneda deja de reflejar únicamente la economía de un país y empieza a expresar una historia de expectativas. Eso es lo que está ocurriendo con el peso colombiano. En apenas un año, el dólar ha perdido aproximadamente una quinta parte de su valor frente a la moneda colombiana. La pregunta interesante ya no es por qué se ha apreciado el peso, sino cuánto de lo que el mercado espera puede convertirse realmente en resultados.

Conviene empezar por distinguir las referencias. La TRM es una tasa oficial calculada a partir de las operaciones del mercado cambiario del día anterior. Durante la negociación, el cruce puede moverse por encima o por debajo de esa referencia. Lo relevante es que tanto la TRM como el mercado al contado han convergido hacia la zona de 3.200 pesos, confirmando que no se trata de una oscilación aislada.

Política monetaria y el carry trade

La explicación más inmediata está en las tasas de interés. El Banco de la República elevó el 30 de junio su tasa de política monetaria en 75 puntos básicos, hasta el 12%. El movimiento reforzó el atractivo relativo de los activos denominados en pesos. Cuando un inversor puede financiarse en una moneda con menor rendimiento e invertir en deuda colombiana, obtiene una diferencia de intereses elevada mientras la tasa de cambio se mantenga estable. Esa operación, conocida como carry trade, genera demanda de pesos y puede alimentar su propia inercia.

La subida de tasas también transmitió un mensaje institucional. Durante la primavera surgieron dudas sobre la cohesión de la junta y sobre la capacidad del banco central para responder a la inflación. J.P. Morgan llegó a recomendar cautela con el peso después de que una decisión anterior fuera interpretada como insuficiente para recuperar credibilidad. El incremento hasta el 12% cambió parcialmente esa percepción. El mercado entendió que la autoridad monetaria estaba dispuesta a defender la estabilidad de precios, aunque el coste fuera mantener unas condiciones financieras muy restrictivas.

Ese matiz es fundamental. La fortaleza de una moneda apoyada en productividad, inversión y mejora fiscal suele ser más duradera que la sostenida principalmente por unas tasas altas. Colombia ofrece ahora una remuneración muy atractiva, pero esa remuneración existe porque la inflación y la incertidumbre todavía exigen una prima considerable. El peso puede continuar apreciándose mientras los inversores valoren el rendimiento por encima del riesgo. Si esa relación cambia, los flujos de cartera también pueden darse la vuelta con rapidez.

Expectativas políticas y el panorama internacional

El segundo motor es político. La reacción posterior a las elecciones ha mostrado que una parte del capital internacional espera una orientación económica más favorable a la inversión, mayor disciplina fiscal y una relación más previsible con las empresas. J.P. Morgan, UBS y Deutsche Bank han destacado oportunidades en activos colombianos, aunque sus análisis también advierten de que el entusiasmo necesita traducirse en decisiones concretas. Una elección puede modificar las expectativas en pocos días, pero reducir el déficit, atraer inversión productiva y aumentar el crecimiento potencial requiere años.

Por eso la apreciación actual contiene una especie de anticipo. El mercado está pagando hoy por reformas que todavía deben ejecutarse. La composición fragmentada del Congreso, las restricciones presupuestarias y la necesidad de preservar la autonomía del Banco de la República serán pruebas importantes. Si el nuevo gobierno presenta un marco fiscal creíble y evita promesas incompatibles con los ingresos públicos, la prima de riesgo podría seguir reduciéndose.

Si las reformas se bloquean o la disciplina presupuestaria se debilita, parte de la revalorización quedaría expuesta.

El petróleo aporta un tercer apoyo. Colombia continúa siendo un exportador relevante de crudo, de modo que un precio internacional elevado mejora los ingresos externos y la disponibilidad de dólares. El Brent ha vuelto a moverse cerca de 95 dólares por barril por la tensión entre Estados Unidos e Irán y por los riesgos sobre las rutas de Ormuz y el mar Rojo. Para Colombia, esa subida puede fortalecer la balanza comercial y las cuentas de las compañías energéticas. También tiene una cara menos cómoda, porque un shock petrolero persistente eleva la inflación mundial y puede retrasar la relajación monetaria.

La relación entre petróleo y peso no es mecánica. Una subida ordenada del crudo suele favorecer a la moneda colombiana, pero una escalada geopolítica extrema puede provocar aversión global al riesgo. En ese escenario, los inversores buscan dólares y reducen posiciones en mercados emergentes, incluso en países exportadores de energía. El mismo petróleo que mejora los ingresos externos puede terminar debilitando al peso si el miedo domina al rendimiento.

El entorno internacional también ha contribuido. El capital ha buscado monedas con rentabilidades reales elevadas en un momento en el que el mercado contempla una futura moderación de las tasas estadounidenses. Cuanto mayor sea la diferencia entre la tasa colombiana y la de la Reserva Federal, más atractivo resulta mantener pesos. Pero la operación funciona mientras la volatilidad sea contenida. Una sorpresa inflacionaria en Estados Unidos, un cambio de tono de la Reserva Federal o una apreciación general del dólar reducirían esa ventaja.

Beneficios y desventajas de un peso fuerte

La fortaleza cambiaria tiene beneficios claros. Abarata importaciones, reduce el coste en pesos de bienes de capital y limita la transmisión de las materias primas cotizadas en dólares. También facilita el servicio de obligaciones externas para compañías que generan ingresos en moneda local, aunque el efecto depende de sus coberturas. Para el Banco de la República, un peso fuerte puede ayudar a moderar la inflación y, con el tiempo, abrir espacio para bajar tasas sin perder credibilidad.

No todos ganan. Los exportadores que cobran en dólares y pagan salarios y costes en pesos ven comprimidos sus márgenes. El café, las flores, la industria manufacturera y determinados servicios internacionales pueden perder competitividad. Las familias que reciben remesas obtienen menos pesos por cada dólar enviado. El turismo extranjero también encuentra un país relativamente más caro. Si la apreciación se vuelve demasiado rápida, la mejora antiinflacionaria puede convivir con un deterioro de sectores que generan empleo y divisas.

Este reparto desigual explica por qué un peso fuerte no equivale automáticamente a una economía fuerte. La moneda está enviando una señal positiva sobre confianza y política monetaria, pero el crecimiento deberá demostrar que puede convivir con una tasa del 12%. El crédito caro frena inversión, vivienda y consumo financiado. Si la actividad se debilita demasiado, el banco central tendrá que valorar recortes. Cuando esa expectativa gane fuerza, parte del apoyo del carry trade empezará a reducirse.

Los desafíos fiscales y el rol de las instituciones

El frente fiscal es probablemente la prueba más importante. La deuda pública colombiana ofrece un rendimiento elevado, pero los inversores necesitan confiar en que el Estado podrá estabilizar su carga financiera. Tasas altas durante demasiado tiempo encarecen la refinanciación y consumen recursos presupuestarios. Una moneda apreciada alivia parte de la deuda en dólares, aunque no resuelve un desequilibrio estructural entre ingresos y gastos. La calidad del ajuste fiscal será más relevante que cualquier anuncio puntual.

Desde la perspectiva del Banco de la República, la apreciación abre un dilema. Permitir que el mercado actúe ayuda a contener precios importados, pero un movimiento excesivo puede endurecer las condiciones para exportadores. Una intervención directa no parece necesaria mientras exista liquidez y la negociación sea ordenada. La autoridad dispone de reservas y mecanismos cambiarios, pero su prioridad sigue siendo la inflación. Intentar fijar un nivel concreto podría resultar costoso y, además, contradecir el régimen de flotación.

Escenarios de futuro

La zona de 3.200 pesos tiene valor psicológico porque coincide con una referencia que el mercado no visitaba desde hace siete años. No conviene convertirla en una frontera exacta. Lo importante será observar si el cruce permanece cerca de ese nivel después de las próximas decisiones monetarias y fiscales. Una ruptura intradía dice poco. Varias semanas de estabilidad indicarían que empresas e inversores están aceptando un nuevo rango de valoración.

El escenario favorable combina inflación descendente, disciplina fiscal, petróleo firme sin una crisis global y una reducción gradual de las tasas. En ese caso, el peso podría conservar buena parte de su avance aunque disminuyera el diferencial de intereses, porque el carry sería reemplazado parcialmente por inversión más estable. El escenario intermedio sería una consolidación, con el USD/COP oscilando mientras el mercado espera pruebas del nuevo gobierno. El escenario adverso surgiría si el entusiasmo político se diluye, el déficit preocupa, el petróleo cae o la Reserva Federal vuelve a endurecer su mensaje.

También existe el riesgo de que el éxito de la moneda plante las semillas de su corrección. Un peso demasiado fuerte reduce los ingresos de exportadores y remesas, deteriora algunas cuentas externas y aumenta las peticiones de intervención. Al mismo tiempo, una inflación más baja permitiría recortar tasas, reduciendo el premio que atrajo los flujos. Esa dinámica no implica una depreciación inmediata, pero sí limita la idea de que el movimiento puede prolongarse indefinidamente al mismo ritmo.

El peso ha llegado a su mejor nivel desde 2019 porque varias fuerzas han coincidido: tasas excepcionalmente altas, recuperación de credibilidad monetaria, expectativas políticas favorables, petróleo caro y búsqueda internacional de rendimiento. La continuidad dependerá de que esos flujos financieros se transformen en inversión y mejora institucional. El mercado ya ha concedido a Colombia una parte del beneficio de la duda. Ahora necesita comprobar si el país puede convertir esa confianza en crecimiento, estabilidad fiscal y menor inflación.

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Alejandro de Luis

Editor de Hispatrading Magazine, revista de trading con mayor difusión en español, Alejandro ha trabajado como trader en diferentes sociedades de valores y firmas de trading propietario, así como en áreas de negociación y análisis durante casi dos décadas. Autor de varios libros de trading publicados en más de 5 países ha impartido conferencias formativas y programas de especialización ante audiencias de más de 40 países, entre ellas alumnos de varias universidades europeas de prestigio.

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