10:18 · 1 de junio de 2026

Las claves de la semana: ¿hasta dónde puede llegar Wall Street?

Conclusiones clave
Conclusiones clave
  • Wall Street vive una de sus mejores rachas de las últimas décadas, con el S&P 500 acumulando una subida cercana al 20% desde los mínimos de abril y nueve semanas consecutivas de avances, impulsado por la relajación geopolítica, unos beneficios empresariales sólidos y el paso del FOMO al FEMO, el entusiasmo respaldado por el crecimiento real de los resultados.
  • La inteligencia artificial sigue siendo una historia de chips: casi el 80% de la subida del S&P 500 procede de solo diez compañías y siete pertenecen al sector de semiconductores, reflejando la enorme dependencia del mercado de Nvidia, Micron, SK Hynix y el resto del ecosistema tecnológico.
  • Junio podría convertirse en el primer gran examen para las bolsas, con datos clave de inflación, reuniones de la Fed, el BCE y el Banco de Japón, mientras el mercado de bonos empieza a cuestionar el actual ciclo monetario y aumentan las dudas sobre cuánto tiempo podrá mantenerse el actual rally bursátil.

Wall Street afronta una nueva semana en máximos históricos y con el optimismo de los inversores cerca de niveles extremos. La mejora del escenario geopolítico en Oriente Medio, la fuerte caída del petróleo y unos resultados empresariales que continúan sorprendiendo positivamente han permitido a la renta variable protagonizar uno de los rebotes más intensos de los últimos años.

Wall Street arranca junio en máximos

El S&P 500 acumula una subida cercana al 20% desde los mínimos registrados durante el conflicto entre Irán e Israel y encadena nueve semanas consecutivas de avances, la racha más larga desde 2023. Históricamente, movimientos de esta magnitud son poco frecuentes. Desde la Segunda Guerra Mundial, sólo cuatro de las once ocasiones en las que el índice logró una secuencia similar consiguieron extender las ganancias durante una décima semana consecutiva. Por su parte, el Nasdaq se encamina a registrar su mejor período de dos meses desde noviembre de 2002, reflejando la extraordinaria fortaleza que sigue mostrando la renta variable estadounidense.

Detrás de estas subidas se encuentra una combinación poco habitual de factores favorables. La relajación de las tensiones geopolíticas ha reducido los temores sobre la inflación, mientras que los beneficios empresariales siguen mostrando una fortaleza superior a la esperada. De hecho, cada vez más analistas consideran que el mercado ha pasado del FOMO, el miedo a quedarse fuera de las subidas, al FEMO, el entusiasmo generado por un crecimiento real de los beneficios empresariales.

En los futuros de la sesión de hoy vemos nuevas subidas lideradas en esta ocasión por Nvidia, que ha vuelto a acaparar la atención del mercado durante el fin de semana tras anunciar su entrada en el negocio de los ordenadores personales con nuevos chips diseñados específicamente para ejecutar aplicaciones y agentes de IA directamente en los dispositivos de los usuarios. El movimiento supone un desafío directo a Intel, AMD e incluso Apple, y refuerza la idea de que la carrera por la inteligencia artificial comienza a extenderse a prácticamente todos los segmentos de la industria tecnológica.

Sin embargo, el verdadero examen para los mercados podría llegar durante las próximas semanas. Junio concentra una combinación poco habitual de eventos capaces de poner a prueba el optimismo actual de los inversores. En apenas unos días se conocerán nuevos datos de inflación en Estados Unidos que podrían superar el 4%, nivel que en anteriores ocasiones ha sido crítico para los mercados. Además, sabremos las decisiones de política monetaria del BCE, la Reserva Federal y el Banco de Japón, además de la reunión del G7 y varios acontecimientos políticos relevantes a nivel internacional, como la salida a bolsa de SpaceX.

Todo ello llega en un momento especialmente sensible para Wall Street. Los inversores mantienen uno de los posicionamientos más alcistas de los últimos años, las expectativas de beneficios continúan en máximos y las bolsas descuentan un escenario prácticamente perfecto de crecimiento económico, moderación de la inflación y estabilidad geopolítica. Cuando el consenso es tan elevado, cualquier sorpresa negativa tiene capacidad para generar movimientos bruscos en los mercados.

La gran incógnita es si esta combinación de crecimiento de beneficios, inteligencia artificial y relajación geopolítica será suficiente para prolongar el rally o si junio acabará convirtiéndose en el primer gran test para unas bolsas que acumulan una de las mejores rachas alcistas de los últimos años.

Imagen de una placa tecnológica
 

Una historia de chips

La fortaleza de Wall Street sigue descansando sobre una base sorprendentemente estrecha. Aunque el S&P 500 acumula una subida cercana al 20% desde los mínimos de abril, casi el 80% de ese avance procede de únicamente diez compañías. Más llamativo aún es que siete de ellas pertenecen al sector de semiconductores.

Nvidia sigue siendo el gran símbolo de la revolución de la inteligencia artificial, pero ya no está sola. Compañías como Micron, SK Hynix o Samsung se han convertido en algunos de los mayores beneficiados del auge de la memoria HBM, un componente esencial para entrenar y ejecutar los nuevos modelos de IA. El resultado es que el índice de semiconductores de Filadelfia (SOX) se encamina a registrar el mejor trimestre de su historia tras dispararse cerca de un 70% en apenas dos meses.

Las acciones de Micron acumulan una revalorización superior al 200%, mientras que SK Hynix se ha disparado cerca de un 260% y Samsung más de un 160%. Detrás de estos movimientos se encuentra una realidad sencilla: cada nueva generación de modelos de inteligencia artificial requiere más capacidad de memoria, más potencia de cálculo y una infraestructura de centros de datos cada vez más compleja.

La gran pregunta para los inversores es si esta concentración representa una fortaleza o un riesgo. Mientras los beneficios continúen creciendo, el mercado seguirá justificando valoraciones cada vez más exigentes. Sin embargo, la dependencia de un número tan reducido de compañías implica que cualquier decepción en el sector podría tener un impacto desproporcionado sobre el conjunto del mercado.

¿Estamos ante una nueva burbuja?

El espectacular comportamiento de los valores ligados a la inteligencia artificial ha reabierto uno de los debates clásicos de los mercados: cuándo una tendencia estructural pasa de estar respaldada por fundamentales a convertirse en una burbuja especulativa.

El entusiasmo actual recuerda a algunos de los episodios más extremos de las últimas décadas. Sin embargo, muchas de las señales que históricamente han marcado el final de los grandes mercados alcistas todavía están ausentes.

Entre ellas destaca la ausencia de una contracción significativa de los márgenes empresariales, una política monetaria restrictiva o un deterioro evidente de la actividad económica. De hecho, los beneficios empresariales continúan creciendo y la mayoría de las compañías vinculadas a la inteligencia artificial siguen batiendo las expectativas del mercado.

Precisamente por ello, el debate actual no gira tanto en torno a si existe una burbuja, sino sobre cuánto tiempo puede seguir expandiéndose. La historia demuestra que las burbujas rara vez terminan cuando todo el mundo las identifica. En muchos casos continúan creciendo durante años antes de alcanzar su punto máximo.

Para los inversores, la cuestión más importante no es si la inteligencia artificial está cara, sino si el crecimiento de beneficios será capaz de seguir justificando unas valoraciones que ya descuentan escenarios extraordinariamente optimistas.

Imagen de un Nokia
 

¿Vuelven a estar de moda los 90?

Uno de los fenómenos más sorprendentes de este año es que algunos de los grandes ganadores de la inteligencia artificial no son nuevas empresas ni startups revolucionarias, sino compañías que ya protagonizaron la burbuja tecnológica de finales de los años noventa.

Mientras toda la atención se concentra en Nvidia, OpenAI o los grandes nombres de la nueva economía digital, empresas como Dell, Cisco, Nokia, Intel, Texas Instruments o Micron están viviendo una auténtica segunda juventud gracias al enorme despliegue de infraestructura que exige la inteligencia artificial.

La razón es sencilla. Cada nuevo centro de datos necesita servidores, equipos de red, sistemas de almacenamiento, chips de memoria, componentes industriales y conexiones de alta velocidad. En otras palabras, la revolución de la inteligencia artificial no solo está beneficiando a quienes desarrollan los modelos, sino también a quienes suministran los "picos y palas" necesarios para construir toda la infraestructura.

El resultado está siendo espectacular. Las acciones de este grupo de compañías acumulan una revalorización media cercana al 160% durante el último año, añadiendo alrededor de 1,7 billones de dólares en valor bursátil. Empresas que durante años fueron consideradas negocios maduros o incluso en declive vuelven a ocupar un lugar destacado en las carteras de los inversores.

Quizá el ejemplo más llamativo sea Nokia. Tras perder cerca del 98% de su valor después del estallido de la burbuja puntocom, la compañía vuelve a beneficiarse del auge de las redes y de la creciente necesidad de conectar infraestructuras de inteligencia artificial. Dell, por su parte, está registrando una demanda récord de servidores para IA, mientras que Cisco ha conseguido superar los máximos que marcó durante el año 2000 gracias a su exposición a redes y centros de datos.

La historia recuerda una lección que se repite en cada gran revolución tecnológica. Los mayores beneficiados no siempre son quienes acaparan los titulares. A menudo, quienes terminan generando más valor son las compañías que proporcionan la infraestructura necesaria para que esa revolución pueda extenderse a escala global.

Imagen de varias fichas en las que se lee la palabra Bond
 

El mercado de bonos vuelve a desafiar a la Reserva Federal

Si existe un riesgo capaz de alterar el actual equilibrio del mercado, lo tenemos en los bancos centrales y la renta fija.

La Reserva Federal continúa defendiendo una postura prudente ante la inflación, pero algunos indicadores del mercado de bonos empiezan a lanzar señales de advertencia. Históricamente, cuando el rendimiento del Treasury a dos años se ha situado de forma persistente por encima del tipo oficial de la Fed, el banco central ha terminado ajustando su política monetaria hacia los niveles que anticipaba el mercado.

La razón es sencilla. El bono a dos años suele reflejar mejor que ningún otro activo las expectativas de crecimiento, inflación y tipos de interés de los próximos ejercicios. Cuando los inversores exigen una rentabilidad superior al tipo oficial, están enviando el mensaje de que consideran insuficiente la política monetaria existente para las condiciones económicas del momento.

Al mismo tiempo, la fortaleza de Wall Street está generando un potente efecto riqueza sobre los hogares estadounidenses. El aumento del valor de las carteras impulsa el consumo y dificulta la moderación de la inflación, precisamente el objetivo que persigue la Reserva Federal.

Esta situación deja al banco central en una posición incómoda. Si mantiene los tipos elevados durante demasiado tiempo, corre el riesgo de provocar una desaceleración económica más intensa. Pero si actúa demasiado pronto, podría alimentar nuevas presiones inflacionistas y reforzar aún más los excesos que algunos analistas empiezan a detectar en determinados segmentos del mercado.

A nivel global la situación también está cambiando. Aunque las autoridades monetarias mundiales han recortado los tipos de interés en 31 ocasiones durante este año, frente a 12 subidas, la tendencia se está frenando rápidamente. En los últimos tres meses apenas se han producido tres recortes más que subidas a nivel global, la diferencia más estrecha desde 2023.

De hecho, en las economías desarrolladas ya se han registrado más subidas que bajadas de tipos durante ese periodo, reflejando la preocupación por el reciente repunte de las presiones inflacionistas.

Este cambio de tendencia recuerda que la batalla contra la inflación podría estar lejos de haber terminado. Para ponerlo en perspectiva, durante el pico de la crisis inflacionaria de 2022 los bancos centrales llegaron a subir los tipos cerca de 90 veces más de lo que los recortaron en apenas tres meses. Aunque el escenario actual es diferente, la evolución reciente muestra que el ciclo global de relajación monetaria está perdiendo fuerza y que algunos bancos centrales podrían verse obligados a endurecer nuevamente su política si la inflación continúa sorprendiendo al alza.

Eventos de la semana

EEUU

Los datos clave de la semana serán las cifras del mercado laboral en Estados Unidos, culminando con el informe de nóminas no agrícolas de mayo, que se publicará el viernes.

Las cifras de empleo de marzo y abril fueron inesperadamente sólidas y coincidieron con otros indicios de que la economía estadounidense se mantiene relativamente bien, incluso a pesar del aumento de la inflación debido a los elevados precios de la energía provocados por el conflicto en Oriente Medio y el resto de fuerzas inflacionarias.

Esto ha llevado a los inversores a anticipar que la próxima medida de la Reserva Federal probablemente será aumentar los tipos de interés. Los mercados actualmente estiman una probabilidad del 59% de una subida de tipos para finales de año.

De hecho, un mercado laboral sólido probablemente aumentaría las expectativas de nuevas subidas de tipos, sobre todo si hay indicios de un crecimiento salarial significativo. Sin embargo, si los datos muestran que el conflicto en Oriente Medio está afectando negativamente al mercado laboral, esas expectativas podrían reducirse.

Otros datos relevantes incluyen las cifras de ofertas de trabajo JOLTS (martes), las cifras de empleo privado ADP (miércoles) y las solicitudes semanales de subsidio por desempleo (jueves).

Otro indicador clave para las perspectivas de la Reserva Federal serán las últimas encuestas del ISM manufacturero (lunes) y del ISM de servicios (miércoles). Estas encuestas ofrecerán una evaluación actualizada del estado de la economía y podrían convertirse en un factor importante para determinar la evolución futura de los tipos de interés.

Eurozona

El lunes se publicarán los PMI manufactureros de mayo en España, Italia, Francia, Alemania y la zona euro, seguidos el miércoles por los PMI del sector servicios.

El martes se conocerán las estimaciones preliminares de la inflación de la eurozona, probablemente el dato más importante de la semana para la región. Estas cifras serán una de las últimas referencias clave con las que contará el Banco Central Europeo antes de su reunión de junio.

La próxima decisión del BCE se anunciará el 11 de junio y los mercados descuentan una probabilidad del 93% de una subida de 25 puntos básicos.

Japón

Los inversores seguirán muy de cerca el discurso que pronunciará el miércoles el gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda, en busca de pistas sobre el momento de la próxima subida de tipos.

Los recientes comentarios de los responsables del banco central han mostrado una creciente preocupación por la evolución de la inflación subyacente. Cualquier señal que apunte a una mayor inquietud por los riesgos inflacionistas podría reforzar todavía más las expectativas de una nueva subida de tipos durante las próximas semanas.

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