- El enfriamiento del rally de la inteligencia artificial y el aumento de la incertidumbre macro están devolviendo protagonismo a los bonos del Tesoro como activo refugio.
- Aunque el entorno favorece a los Treasuries, riesgos como la debilidad del dólar, la menor demanda extranjera y un posible repunte de la inflación podrían limitar su recorrido.
- El enfriamiento del rally de la inteligencia artificial y el aumento de la incertidumbre macro están devolviendo protagonismo a los bonos del Tesoro como activo refugio.
- Aunque el entorno favorece a los Treasuries, riesgos como la debilidad del dólar, la menor demanda extranjera y un posible repunte de la inflación podrían limitar su recorrido.
Los inversores afrontan una acumulación de dudas que va desde el futuro de la inteligencia artificial hasta la evolución de los tipos de interés en Estados Unidos, pasando por tensiones geopolíticas y señales de agotamiento en la bolsa. En este contexto, a diferencia de lo que ha ocurrido en los últimos años, el dinero está regresando a un viejo conocido: los bonos del Tesoro estadounidense. La pregunta es si se trata de un simple movimiento defensivo o de una oportunidad real.
La fatiga del rally impulsado por la inteligencia artificial
El entusiasmo por la inteligencia artificial ha sido el gran motor de las bolsas en los últimos trimestres. Sin embargo, empiezan a surgir dudas sobre si las valoraciones han ido demasiado lejos y si las expectativas de beneficios son sostenibles. La pérdida de impulso en el S&P 500 y el giro del índice a terreno negativo en el año reflejan una erosión progresiva de la confianza en esa narrativa.
Las caídas han sido más abruptas en compañías de software, seguros, logística, distribución, servicios financieros, videojuegos e incluso servicios industriales que se beneficiaron de la narrativa de eficiencia, automatización y mejora de márgenes gracias a la IA. Sin embargo, en las últimas semanas ese entusiasmo se ha erosionado, y el mercado se pregunta cuáles serán las próximas en generar fuertes picos de volatilidad.
Cuando el principal argumento alcista se debilita, los inversores tienden a buscar activos menos expuestos al ciclo y a la volatilidad, donde cobran protagonismo los bonos del Tesoro.
El giro en las expectativas sobre los tipos de interés
Otro factor determinante es el cambio en las apuestas sobre la Reserva Federal. El mercado comienza a descontar que lo peor de la inflación ya ha pasado, y se estiman entre dos y tres recortes de tipos en el futuro. En este escenario, los rendimientos de los bonos bajan y el precio de los Treasuries sube, reforzando su atractivo.
Aunque no tenga una repercusión directa en los bonos, las expectativas de inflación si lo tienen, y en los últimos datos publicados de la semana pasada el crecimiento de los precios muestra una clara desaceleración, que favorece a las presiones políticas de Trump a la hora de bajar los tipos de interés.
El bono a 10 años acercándose al 4% refleja precisamente esa búsqueda de estabilidad en un entorno de menor confianza en el crecimiento.
Geopolítica: el riesgo que nunca desaparece
Las tensiones en Oriente Medio, con las maniobras militares de Irán en el estrecho de Ormuz y las negociaciones nucleares con Estados Unidos en el horizonte, añaden un componente adicional de incertidumbre. En momentos así, el mercado suele reaccionar reduciendo exposición a activos de riesgo.
Los bonos del Tesoro, pese a las dudas estructurales sobre la deuda pública estadounidense, siguen siendo percibidos como el activo refugio por excelencia.
Menor liquidez global y señales de agotamiento en bolsa
El cierre de los mercados chinos por el Año Nuevo Lunar reduce temporalmente la liquidez en varios mercados, incluidos metales preciosos y criptomonedas. A esto se suma un retroceso del S&P 500 superior al 2% en apenas diez días, una señal de que el impulso alcista empieza a debilitarse.
En un entorno de menor liquidez, los movimientos defensivos tienden a amplificarse.
El regreso del activo que nadie quería
Resulta llamativo que los bonos del Tesoro vuelvan a ganar protagonismo después de meses dominados por la narrativa del “sell América” y las advertencias sobre el crecimiento de la deuda pública, que podría alcanzar niveles récord en la próxima década.
Sin embargo, cuando el mercado entra en modo cautela, los inversores priorizan liquidez, profundidad y seguridad jurídica. Y en ese terreno, el mercado de Treasuries sigue siendo difícil de sustituir.
Los riesgos que no conviene ignorar
Aun así, pensar que el regreso a los bonos del Tesoro es un movimiento libre de riesgos sería simplificar demasiado el escenario. Existen varios factores que podrían complicar la tesis defensiva en los próximos meses.
Uno de ellos es la debilidad del dólar. Si la divisa estadounidense pierde tracción frente a otras monedas, el atractivo relativo de los activos denominados en dólares podría verse afectado, especialmente para inversores internacionales. Un dólar más débil puede aliviar condiciones financieras globales, pero también puede restar parte del componente refugio que tradicionalmente acompaña a los Treasuries, si el precio de los bonos sube pero el dólar se devalúa, nuestra inversión no es del todo satisfactoria.
Otro elemento relevante es el comportamiento de China. El gigante asiático ha reducido progresivamente su exposición a deuda estadounidense en los últimos años. Si esa tendencia continuara o se acelerara, podría añadir presión estructural sobre el mercado de bonos, especialmente en un contexto de elevado déficit fiscal en Estados Unidos.
A ello se suma Japón. El progresivo repunte de los rendimientos de la deuda japonesa, tras años de política ultraexpansiva, podría incentivar la repatriación de capitales por parte de inversores japoneses, que históricamente han sido grandes compradores de bonos estadounidenses.
Si ambos inversores dejan de adquirir bonos, y la Reserva Federal también lo hace, es normal pensar que en un entorno en el que la oferta de nuevas emisiones se dispara para sufragar la deuda, si la demanda no lo hace de la misma manera, la rentabilidad a exigir será superior.
Por último, el riesgo de inflación no está completamente disipado. Si en los próximos meses se produjera un repunte de precios —ya sea por tensiones energéticas, efecto riqueza, estímulos, crecimiento económico, efectos de segunda ronda o reactivación de la demanda—, los rendimientos podrían volver a tensionarse y poner presión sobre el precio de los bonos. En ese escenario, el movimiento actual hacia los Treasuries podría demostrarse más táctico que estructural.
Los bonos del tesoro: ¿oportunidad táctica o refugio temporal?
La gran cuestión es si este movimiento es simplemente defensivo o si puede convertirse en una oportunidad estructural. Si el crecimiento se desacelera y la Reserva Federal adopta un tono más flexible, los bonos podrían consolidar su atractivo.
Pero si el mercado recupera el apetito por riesgo y la inflación vuelve a tensionarse, la ventana podría cerrarse rápidamente.
Por ahora, como ese viejo impermeable que uno nunca termina de reemplazar, los bonos del Tesoro están cumpliendo su función: ofrecer cobertura en medio de la tormenta. La diferencia es que, esta vez, podrían estar haciendo algo más que proteger; podrían estar marcando un cambio de fase en el ciclo.
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