- El oro cotiza alrededor de 4,650 dólares por onza y la plata cerca de 68.50 dólares, después de avances cercanos a 14% y 18% durante el último mes, respectivamente.
- La deuda estadounidense, la intervención del Tesoro en el mercado de bonos, la debilidad del dólar y las compras de bancos centrales están entre los principales factores que respaldan el movimiento del oro.
- Los fundamentales apoyan la continuación alcista en ambos metales, pero el corto plazo se encuentra agotado, con resistencias importantes, indicadores en sobrecompra y Jackson Hole como catalizador inmediato.
- El oro cotiza alrededor de 4,650 dólares por onza y la plata cerca de 68.50 dólares, después de avances cercanos a 14% y 18% durante el último mes, respectivamente.
- La deuda estadounidense, la intervención del Tesoro en el mercado de bonos, la debilidad del dólar y las compras de bancos centrales están entre los principales factores que respaldan el movimiento del oro.
- Los fundamentales apoyan la continuación alcista en ambos metales, pero el corto plazo se encuentra agotado, con resistencias importantes, indicadores en sobrecompra y Jackson Hole como catalizador inmediato.
Dónde está el precio hoy
El oro cotiza alrededor de 4,650 dólares por onza y toca máximos de más de tres meses, con un avance cercano a 14% en el último mes y de 37% frente al mismo periodo del año pasado, mientras la plata se mueve cerca de 68.50 dólares después de subir 18% en el mes y 79% en términos anuales, de manera que ambos metales están cerrando el verano con uno de los movimientos más fuertes del año.
Ninguno de los dos ha recuperado todavía su máximo histórico, el oro marcó récord el 28 de enero de 2026 en 5,602 dólares y la plata tocó niveles cercanos a 115 dólares en esas mismas jornadas de enero, así que lo que estamos viendo ahora es una recuperación posterior a la corrección del segundo trimestre y no una extensión del movimiento anterior, considerando que el oro llegó a caer hasta 4,050 dólares a finales de julio y la plata hasta 55, lo que significa que la subida de agosto arranca desde una base bastante castigada y no desde niveles ya estirados. Entre los dos metales sumaron cerca de 5 billones de dólares en valor de mercado durante este mes.
Por qué están subiendo: el problema de la deuda estadounidense
El detonante de esta última subida no fue la inflación ni la guerra sino el mercado de bonos, porque los rendimientos del bono estadounidense a 30 años llegaron a 5.337%, un nivel que no se veía en 19 años, lo cual significa que el gobierno de Estados Unidos tiene que pagar cada vez más caro por financiarse, con una deuda que ya supera los 40 billones de dólares, un déficit anual arriba de 2 billones y pagos de intereses que pueden llegar a 1.2 billones al año, es decir más de lo que ese mismo gobierno gasta en defensa.
Ante esa presión el Departamento del Tesoro anunció el 19 de agosto que va a duplicar sus operaciones de recompra de bonos de largo plazo llevando cada operación a un mínimo de 4,000 millones de dólares, con la intención de contener los rendimientos y darle liquidez al mercado, pero el mercado lo interpretó justo al revés de lo que buscaba el Tesoro, porque si el gobierno tiene que salir a comprar su propia deuda para sostener el costo de financiarse eso no resuelve el problema fiscal sino que lo vuelve más visible, y esa lectura terminó pegándole al dólar, que cayó hasta 98.55 en el índice el 22 de agosto, su nivel más bajo desde mediados de mayo, después de haber estado en 101.40 a finales de julio, casi 3% de caída en menos de un mes.
Un dólar más débil abarata el metal para los compradores fuera de Estados Unidos y aumenta la demanda, y ese es el motor directo del rally de agosto, aunque el punto de fondo que conviene entender es que el oro no está subiendo porque el mercado espere recortes de tasas sino porque empieza a dudar de que la situación fiscal estadounidense tenga solución dentro de la política monetaria convencional, y en ese escenario el activo que gana no es el bono largo sino el metal que no depende de que nadie le pague.
La Fed está descontando alza, no recorte
Esta es la parte que más contradice lo que uno esperaría de un rally del oro, porque la tasa está en 3.50% a 3.75%, donde quedó después de tres recortes de un cuarto de punto en septiembre, octubre y diciembre de 2025, y desde entonces no se ha movido, mientras que para la reunión del 16 de septiembre el mercado le asigna apenas 1% de probabilidad a un recorte contra 30% de probabilidad de un alza, lo que representa un escenario poco común donde el oro sube pese a que el costo del dinero puede encarecerse.
La razón de ese posicionamiento está en la inflación, que en julio salió en 3.4% anual con el núcleo en 2.5%, ambas lecturas una décima por debajo de junio, cifras que van bajando pero que siguen por arriba del objetivo de 2% que persigue la Fed, con la energía todavía 14.7% más cara que hace un año por efecto de la guerra con Irán que empezó el 28 de febrero, y esa combinación explica que en la reunión de julio el comité mantuviera tasas con una votación de 9 a 3, con tres presidentes regionales pidiendo un alza inmediata, además de que en junio nueve de dieciocho participantes proyectaron al menos un alza antes de que termine el año.
Esos dos datos suaves de inflación son justamente lo que permitió el rally del oro, porque las probabilidades de alza cayeron de 82% a mediados de julio hasta 30% actualmente, y cuando bajan las expectativas de alza también bajan las tasas reales que son el costo de oportunidad de mantener oro, dado que mientras menos rinde un bono después de descontar inflación, menos caro resulta tener un metal que no paga intereses.
El factor que sigue abierto es Kevin Warsh, quien tomó la presidencia de la Fed el 22 de mayo tras ser confirmado por el Senado 54 a 45, la votación más apretada en la historia del cargo, y que además eliminó la práctica de anticipar decisiones antes de las reuniones y ni siquiera publicó su propia proyección de tasas en junio, de manera que el mercado no tiene una referencia clara de dónde está parado, y por eso su primer discurso en Jackson Hole este viernes 28 de agosto a las 10 de la mañana hora de Nueva York funciona como el evento que puede definir el corto plazo, porque un tono duro devolvería las expectativas de alza y presionaría a ambos metales, mientras que un tono neutral o suave liberaría la presión que los ha contenido desde marzo.
Los bancos centrales son el piso del oro
Este es el fundamental más sólido del lado del oro y el que explica por qué las caídas han encontrado soporte, considerando que los bancos centrales compraron 288.9 toneladas en el segundo trimestre de 2026, 62% más que las 177.9 toneladas del mismo periodo de 2025 y la cifra más alta registrada para un segundo trimestre, con Polonia comprando 51 toneladas para acumular 82 en el semestre camino a su meta de 700 toneladas totales, China sumando 33 toneladas en su mayor compra trimestral desde finales de 2023 para llevar sus reservas a 2,346 toneladas, y con Uzbekistán aportando 16 toneladas, Kazajistán 15, Jordania 6 y República Checa otras 6.
Lo que hace valiosa esa cifra no es su tamaño sino el momento en que se dio, porque durante ese mismo trimestre el oro cayó 16% en su peor desempeño trimestral desde 2013 y aun así los bancos centrales aceleraron sus compras, lo cual marca una diferencia de comportamiento importante frente a cualquier otro tipo de comprador, dado que un fondo de inversión reduce posición cuando el precio le va en contra mientras que un banco central aprovecha para acumular más barato, y esa diferencia es lo que convierte a la demanda oficial en un piso estructural del mercado en lugar de un flujo pasajero que aparece y desaparece según el momento.
La encuesta del World Gold Council refuerza esa idea, con 89% de los banqueros centrales esperando aumentar sus reservas de oro en los próximos doce meses y 74% anticipando tener menos dólares en los próximos cinco años, aunque el contrapeso también existe y conviene mencionarlo, porque la demanda total del semestre fue de 345 toneladas, la más baja desde 2022, debido a que Rusia vendió 22 toneladas para cubrir su déficit presupuestal mientras Turquía y Azerbaiyán también vendieron, lo que indica que la demanda oficial se está concentrando en menos compradores sin que eso signifique que esté desapareciendo, dado que quienes venden lo hacen por necesidad fiscal inmediata mientras quienes compran responden a una decisión estratégica de diversificación de largo plazo.
Los ETFs y de dónde viene el dinero
Los fondos de oro globales sumaron 3,000 millones de dólares en julio revirtiendo dos meses seguidos de salidas, con tenencias de 4,068 toneladas que siguen por debajo del récord de 4,176 toneladas alcanzado en febrero, y con 11,000 millones de dólares acumulados en lo que va del año, cifras que muestran una recuperación pero todavía sin la fuerza del ciclo anterior.
El detalle regional de esos flujos aporta bastante contexto sobre quién está sosteniendo el precio, porque Asia atrajo 12,000 millones en el primer semestre en su mejor registro histórico y Europa sumó 3,000 millones, mientras que Norteamérica perdió 7,700 millones y en julio apenas agregó 71 millones, y ese dato importa porque fue exactamente el comprador norteamericano el que dominó el ciclo previo llevando al oro de 3,865 dólares en octubre de 2025 hasta 5,595 en enero de 2026, un 45% en cuatro meses, y cuando la guerra con Irán cambió el escenario de tasas en marzo ese mismo dinero salió y provocó la corrección que estamos terminando de digerir.
Existe además una oferta pendiente que funciona como techo del mercado, dado que aproximadamente 298 toneladas de oro dentro de ETFs están en pérdida en niveles cercanos a 4,000 dólares y esos tenedores tienden a vender conforme el precio les permite salir sin pérdida, de manera que cada recuperación va encontrando resistencia hasta que ese inventario termine de liquidarse, y si en ese proceso Norteamérica regresa a comprar mientras Asia sostiene el ritmo y los bancos centrales continúan acumulando, sería la primera vez desde enero que las tres fuentes de demanda empujan en la misma dirección.
La relación entre M2 estadounidense y el oro
La oferta monetaria M2 alcanzó un récord de 23.05 billones de dólares en mayo de 2026 creciendo 5.6% anual, el ritmo más rápido desde julio de 2022, y ha subido todos los meses de este año desde los 22.43 billones de enero hasta los 23.2 billones de junio, al tiempo que la Fed regresó a comprar bonos por 40,000 millones de dólares mensuales, lo cual significa que la liquidez está creciendo otra vez después del periodo de contracción de 2022 y 2023.

El ratio que compara M2 contra el precio del oro dice algo distinto del precio nominal y por eso conviene revisarlo, porque mide cuántas onzas de oro compra la masa monetaria y sube cuando se crea dinero más rápido de lo que sube el metal, mientras que baja cuando el oro se revaloriza frente al dinero existente, de manera que funciona como un termómetro de qué tan cara o barata está la onza en relación con todo el dinero que hay circulando.
La trayectoria histórica de ese ratio ayuda a ubicar el momento actual, ya que tocó su mínimo cerca de 2 en 1980 justo al final de la gran revalorización del oro de los setenta, subió durante los siguientes veinte años hasta llegar a 20 alrededor de 2001 cuando el metal estaba completamente fuera del radar de los inversionistas, y desde entonces viene bajando en una tendencia de largo plazo que hoy lo ubica alrededor de 5 con un repunte reciente desde niveles de 4.3.
Ese recorrido permite sacar dos conclusiones que conviene tener presentes, la primera es que el oro ya avanzó la mayor parte del camino de esta fase porque el ratio se encuentra mucho más cerca del piso histórico de 2 que de su promedio de largo plazo, lo cual explica por qué el metal duplicó su precio en apenas año y medio, y la segunda es que el repunte reciente del ratio no viene de que el oro esté cayendo sino de que M2 está creciendo con fuerza mientras el metal corrigió desde enero, de manera que la expansión monetaria sigue construyendo soporte hacia adelante.
Hay un matiz que evita exagerar el argumento monetario, porque entre 2024 y 2026 el oro subió 135% mientras M2 creció apenas 9%, es decir el metal va muy por delante de la creación de dinero, y lo que explica esa diferencia son las compras de bancos centrales y la prima geopolítica más que la impresión de dinero, así que quien esté calculando objetivos de precio únicamente con M2 va a quedarse corto en el diagnóstico, aunque el marco de largo plazo siga apoyando al oro en una fase que ya es madura y donde las correcciones serán más profundas y más frecuentes que las que vimos entre 2024 y 2025.
La plata tiene sus propios fundamentales
La plata no funciona como un oro apalancado sino que tiene una estructura de oferta y demanda completamente distinta con una prima monetaria encima, empezando porque el mercado va a registrar un déficit de 46.3 millones de onzas en 2026 que se amplía desde el faltante de 40.3 millones de 2025 en el sexto año consecutivo de escasez, con un acumulado que ha drenado 762 millones de onzas de los inventarios existentes entre 2021 y 2026, una cifra que se aproxima a un año completo de producción minera mundial.
Lo llamativo de este año es que el déficit se está ampliando mientras la demanda cae, porque la demanda solar bajó 19% hasta 151 millones de onzas desde 186.6 millones debido a que los fabricantes de paneles están reduciendo el contenido de plata por celda ante el precio alto, la demanda industrial total cae 3% hasta 639.6 millones de onzas, la joyería se desploma 16% hasta un mínimo de cinco años en 159.4 millones y la platería cae 20%, de manera que la demanda total baja 2% hasta 1,110 millones de onzas, pero la oferta también se contrae 2% y cuando los dos lados del balance se encogen al mismo ritmo la brecha entre ellos no se cierra sino que se mantiene, por eso el déficit sigue creciendo.
La razón de fondo está en la rigidez de la oferta, ya que la producción minera ronda las 830 millones de onzas anuales desde 2015 sin moverse, debido a que la mayor parte de la plata sale como subproducto de minas de cobre, plomo y zinc y los productores no ajustan su producción según el precio de la plata sino según el metal principal que están extrayendo, lo cual implica que un precio de 68 dólares no genera oferta nueva relevante en el corto plazo, algo que sí ocurriría en prácticamente cualquier otra materia prima industrial, y el reciclaje tampoco cierra la brecha porque el contenido de plata en la chatarra es tan pequeño que recolectarla apenas resulta rentable, mientras que el reciclaje de paneles solares no va a producir volúmenes significativos antes de la década de 2030 cuando los paneles instalados en los años diez lleguen al final de su vida útil.
Lo que sostiene el déficit pese al retroceso industrial es el dinero financiero, con el inversionista minorista entrando fuerte a monedas, barras y fondos, y una demanda de inversión física que crece 7% este año absorbiendo el metal que la industria va dejando libre, un cambio de comprador que modifica el carácter del mercado porque el comprador industrial es sensible al precio y ajusta su consumo cuando sube, mientras que el comprador financiero es sensible al movimiento y compra más justamente cuando el precio sube, y eso vuelve a la plata más volátil en ambas direcciones.
El ratio oro-plata: cómo se lee y qué dice ahora
El ratio indica cuántas onzas de plata cuesta una onza de oro, de manera que cuando sube significa que la plata se está abaratando frente al oro y cuando baja significa que la plata se está encareciendo, y las señales aparecen en los extremos, porque por arriba de 80 la plata está barata en términos relativos y esa es la zona donde históricamente conviene acumularla, mientras que por debajo de 50 la plata está cara y esa es la zona donde tiene sentido tomar utilidades y rotar peso hacia el oro.
En el gráfico de largo plazo, con datos desde 1976, el ratio se ha movido dentro de una banda que va de 15 hasta poco más de 105 con un promedio de las últimas décadas ubicado entre 65 y 70, así que la lectura actual cercana a 67 coloca al mercado justo en el centro de ese rango, en zona neutral y sin señal de valor extremo hacia ningún lado.
El gráfico de diez años muestra el ciclo completo y sirve como ejemplo directo de cómo se aplica el indicador, porque el ratio marcó 123 en 2020, pasó los siguientes años oscilando entre 62 y 95, y volvió a subir hasta 104 a inicios de 2025, momento que funcionó como señal de compra de plata y donde el metal terminó subiendo 144% ese año, mientras que desde ese pico el ratio cayó de manera sostenida hasta tocar la zona de 45 a 47 en enero de 2026, mínimo de todo el periodo que coincide exactamente con el máximo histórico de la plata cerca de 115 dólares, y ese punto funcionó como señal de venta porque la plata corrigió después hasta 55.
Hoy el ratio viene subiendo desde aquel mínimo de enero y se ubica cerca de 67, lo que significa que la plata está devolviendo terreno frente al oro pero todavía no alcanza niveles que la vuelvan atractiva en términos relativos, de manera que en este momento el indicador no favorece con claridad a ninguno de los dos metales, y la conclusión práctica es que quien ya tenga plata no tiene razón para venderla mientras que quien quiera acumular más tendría sentido esperar a que el ratio se acerque a la zona de 75 a 80 donde vuelve a aparecer la asimetría, considerando que la oportunidad grande de este ciclo ya ocurrió en 2025 con el ratio arriba de 100 y que desde 67 lo que queda es una posición razonable de mediano plazo apoyada en el déficit físico y no una operación de valor relativo.
Análisis técnico del oro
El precio cotiza en 4,652 dólares después de romper al alza el canal bajista que venía marcando máximos y mínimos descendentes desde marzo, y esa ruptura invalida la estructura correctiva de los últimos cinco meses devolviendo el sesgo alcista al corto plazo, aunque el punto de cuidado está en la velocidad con la que llegó hasta aquí, porque el RSI de 14 periodos se ubica en 72.4 ya dentro de zona de sobrecompra mientras el precio se aproxima a la resistencia de 4,747 dólares que es el primer nivel relevante de la estructura anterior, y esa combinación de indicador estirado con resistencia inmediata reduce la probabilidad de una continuación limpia desde estos niveles, por lo que resulta más razonable esperar un rechazo o cuando menos una consolidación en esa zona.
Si el precio logra superar 4,747 los siguientes objetivos quedan en 4,802 y 4,863 dólares, mientras que el nivel de 5,000 sería el que definiría si el mercado va realmente a buscar de nuevo el máximo histórico, y del lado contrario una corrección después de un avance de esta magnitud llevaría el precio hacia la zona de 4,431 a 4,446 dólares donde se encuentra el primer soporte relevante y donde el retroceso seguiría siendo saludable dentro de la tendencia alcista, con soportes posteriores en 4,341 y en 4,190 dólares si esa primera zona no aguanta.
La lectura operativa es que no conviene perseguir el precio en estos niveles sino esperar el retroceso hacia 4,430 para buscar entrada con una relación riesgo beneficio más favorable, considerando que los fundamentales siguen apoyando la continuación del movimiento y lo único que se encuentra agotado es el impulso de corto plazo.
Análisis técnico de la plata
La plata cotiza en 68.51 dólares y está entrando a la zona que concentra el mayor volumen de negociación de todo el ciclo, el rango que va aproximadamente de 68 a 75 dólares donde el precio pasó meses acumulando entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, y esa zona genera dos efectos que conviene considerar, porque por un lado funciona como imán y atrae al precio hacia ella, pero por otro lado frena la velocidad del movimiento debido a que ahí quedó atrapada mucha gente durante la corrección y esa oferta va saliendo conforme el precio les permite recuperar su nivel de entrada.

El nivel concreto a vigilar es 71.39 dólares que corresponde a la referencia de máximos de esa zona, y mientras el precio no cierre por encima con volumen que lo respalde el movimiento seguirá siendo una recuperación dentro del rango y no una ruptura con continuidad, a lo que se suma que el RSI de 7 periodos se ubica en 69.5 y en el gráfico diario aparece divergencia bajista, es decir el precio marcó máximos más altos mientras el indicador no lo acompañó, lectura que suele anticipar pausas o retrocesos antes que reversiones completas de tendencia.
Los soportes quedan en 62.40 dólares como primer nivel y en 54.89 como referencia mayor que corresponde a la base del rebote de julio, mientras que por arriba la resistencia siguiente después de la zona de volumen se ubica en 85.35 dólares y ese sería el objetivo natural si la plata consigue cerrar sobre 71.39, de manera que el escenario más probable en el corto plazo es un retroceso hacia la zona de 62 antes de intentar de nuevo la ruptura, con la diferencia frente al oro de que aquí el potencial al alza es mayor porque el máximo histórico está bastante más lejos del precio actual.
Qué puede romper la tesis
Conviene cerrar con los contrapesos porque el escenario no apunta en una sola dirección, y el primero de ellos es la Fed, ya que si Warsh sale con un tono duro el viernes y las expectativas de alza regresan a los niveles de mediados de julio las tasas reales subirían y ambos metales corregirían, con la plata cayendo más rápido por su mayor volatilidad natural.
El segundo contrapeso es la oferta pendiente de los ETFs, esas 298 toneladas que permanecen en pérdida y que van actuando como techo en cada recuperación hasta que terminen de liquidarse, y el tercero es geopolítico en sentido inverso, porque cualquier avance real en la reapertura del Estrecho de Ormuz bajaría el precio del petróleo y con él parte del argumento inflacionario que sostiene la demanda de refugio.
El cuarto tiene que ver con la propia plata, dado que un déficit de 46.3 millones de onzas sobre una demanda de 1,110 millones equivale a poco más de 4% del mercado, cifra que importa en términos estructurales pero que no justifica cualquier precio por sí sola, de manera que quien construya toda su tesis únicamente sobre el déficit está ignorando que el precio actual ya descuenta buena parte de esa escasez.
Conclusión
Los fundamentales apoyan la continuación alcista en ambos metales, porque la deuda estadounidense por arriba de 40 billones de dólares, la intervención del Tesoro en el mercado de bonos, el dólar en mínimos de tres meses, las compras récord de bancos centrales y el sexto año consecutivo de déficit de plata son factores estructurales que no se resuelven en cuestión de semanas.
Lo que se encuentra agotado es el corto plazo, ya que ambos metales llegan a resistencias importantes con indicadores en sobrecompra después de subir 15% y 19% en un solo mes, y el catalizador inmediato que puede acelerar el movimiento o provocar el retroceso es el discurso de Jackson Hole del viernes.
El ratio en 67 no otorga ventaja clara a ninguno de los dos, de manera que la decisión entre oro y plata se resuelve por lectura técnica y por perfil de riesgo, y los niveles de entrada más razonables se ubican en el retroceso, 4,430 dólares para el oro y 62 dólares para la plata, en lugar de comprar directamente contra resistencia.
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Raúl Ojeda Espino, Analista Colaborador en XTB LATAM, especializado en Instrumentos Derivados.
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