- El mercado de bonos lanza una advertencia global: petróleo, deuda, inteligencia artificial y bancos centrales vuelven a poner presión sobre la inflación y las rentabilidades.
- Crece el debate sobre si la Reserva Federal podría verse obligada en el futuro a intervenir el extremo largo de la curva de tipos, siguiendo estrategias similares al Yield Curve Control utilizado por Japón.
- Indra afronta una nueva etapa tras la salida de José Vicente De los Mozos, mientras ACS acelera su apuesta por centros de datos con una ampliación de capital y nuevas inversiones ligadas al auge de la IA.
- El mercado de bonos lanza una advertencia global: petróleo, deuda, inteligencia artificial y bancos centrales vuelven a poner presión sobre la inflación y las rentabilidades.
- Crece el debate sobre si la Reserva Federal podría verse obligada en el futuro a intervenir el extremo largo de la curva de tipos, siguiendo estrategias similares al Yield Curve Control utilizado por Japón.
- Indra afronta una nueva etapa tras la salida de José Vicente De los Mozos, mientras ACS acelera su apuesta por centros de datos con una ampliación de capital y nuevas inversiones ligadas al auge de la IA.
Los mercados financieros atraviesan uno de los momentos más extraños de las últimas décadas. Mientras Wall Street continúa marcando máximos históricos impulsado por la inteligencia artificial, el mercado de bonos lanza una señal muy diferente.
La semana pasada las rentabilidades a largo plazo se dispararon simultáneamente en Estados Unidos, Japón, Reino Unido y Francia. Cuatro economías, cuatro bancos centrales y cuatro sistemas políticos distintos, pero una misma preocupación: demasiada deuda, inflación persistente y cada vez menos margen para seguir financiando todo a bajo coste.
La divergencia empieza a ser llamativa. El S&P 500 sigue subiendo impulsado por Nvidia y el gasto en inteligencia artificial, mientras el mercado de bonos empieza a cuestionar si este entorno de dinero barato puede mantenerse.
De hecho, la rentabilidad del bono estadounidense a 10 años ya supera la rentabilidad implícita de beneficios del S&P 500 en niveles que no se observaban desde el estallido de la burbuja tecnológica de comienzos de los años 2000.
Durante el último mes, mientras el S&P 500 ha alcanzado 14 nuevos máximos históricos, no solo ha logrado máximos históricos diarios con cada vez menos acciones al alza, sino que la semana pasada 7 de los últimos 10 máximos históricos se han producido con una amplitud negativa.
Además, existe otro elemento que el mercado sigue de cerca. Históricamente, los cambios en la presidencia de la Reserva Federal suelen venir acompañados de periodos de mayor volatilidad. Desde 1930, el S&P 500 registró una caída media cercana al 12% en los tres primeros meses tras la llegada de un nuevo presidente, algo que también suele venir con rentabilidades más altas en los bonos.
5 razones por la que los bonos están lanzando una señal de alarma
La renta fija vuelve al centro de atención de los mercados. Mientras Wall Street continúa cerca de máximos impulsado por la inteligencia artificial, el mercado de bonos está enviando una señal muy distinta: las rentabilidades están subiendo con fuerza en todo el mundo y los inversores empiezan a cuestionar el escenario de inflación controlada y tipos bajos.
1. El petróleo y la guerra con Irán vuelven a impulsar la inflación
El conflicto en Oriente Medio y las tensiones sobre el estrecho de Ormuz han disparado el precio del petróleo, elevando el riesgo de un nuevo shock energético global. El Brent se mantiene por encima de los 110 dólares por barril, aumentando la presión sobre gasolina, transporte, fertilizantes e industria. El mercado teme que este encarecimiento termine trasladándose al conjunto de la economía y reabra el problema inflacionario.
2. La inteligencia artificial está generando nuevos cuellos de botella
La IA promete aumentar la productividad a largo plazo, pero en el corto plazo está provocando una explosión de inversión. Centros de datos, chips, memoria, redes eléctricas y capacidad energética están recibiendo cantidades históricas de capital. Esto está elevando la demanda de materias primas y componentes tecnológicos, hasta el punto de que algunos analistas empiezan a hablar de “chipflación”. La primera fase de la IA fue una historia de software. La segunda podría ser una historia de energía, materias primas y deuda.
3. El mundo tiene cada vez más deuda
Gobiernos de todo el mundo continúan prometiendo más gasto o menores impuestos en un entorno donde la deuda pública ya se encuentra en niveles históricamente elevados. El problema es sencillo: más gasto implica más emisión de deuda, y los inversores empiezan a exigir mayores rentabilidades para asumir ese riesgo. El mercado vuelve a mirar a los llamados “bond vigilantes”, inversores que castigan a los gobiernos cuando perciben un deterioro fiscal.
4. El mercado teme que los bancos centrales vayan por detrás
Durante meses el mercado descontó recortes de tipos. Sin embargo, el repunte del petróleo, la inflación de EEUU cercana al 4% y el conflicto con Irán han cambiado radicalmente el escenario.
La señal más interesante está llegando desde la deuda a corto plazo. El rendimiento del bono estadounidense a 2 años ha vuelto a situarse por encima del 4%, es decir, por encima del límite superior del rango objetivo actual de la Reserva Federal. En otras palabras: el mercado empieza a endurecer las condiciones financieras incluso antes de que actúe la Fed.
Además, los inversores empiezan a temer que la Reserva Federal vuelva a reaccionar tarde ante otro shock inflacionario.
Si el petróleo continúa presionando al alza y la inflación sigue sorprendiendo, el riesgo es que el mercado exija mayores primas de riesgo, provocando un nuevo empinamiento de la curva de tipos y elevando todavía más las rentabilidades. La gran advertencia del mercado es que quizá la Fed ya no esté liderando las condiciones financieras: podría ser el mercado de bonos quien esté tomando el control.
5. Japón empieza a preocupar al mercado de bonos
Uno de los movimientos más llamativos está llegando desde Japón.
El mercado teme que un mayor gasto implique todavía más emisión de deuda en un momento especialmente delicado. Las rentabilidades japonesas ya se encuentran en niveles no vistos desde hace décadas y algunos analistas empiezan a cuestionar hasta dónde puede seguir aumentando el endeudamiento sin provocar tensiones adicionales sobre el yen y la inflación.
La situación coloca además al Banco de Japón en una posición incómoda: Subir tipos ayudaría a frenar la inflación, pero también elevaría el coste de financiar una deuda gigantesca. Japón podría convertirse en uno de los grandes laboratorios del nuevo régimen económico: más inflación, más deuda y menos margen para los bancos centrales.
¿Podría la Fed terminar controlando la curva?
El fuerte repunte de las rentabilidades en Estados Unidos empieza a abrir un debate que hace apenas unos meses parecía improbable: ¿podría la Reserva Federal terminar interviniendo el extremo largo de la curva de tipos?
Estados Unidos acaba de colocar deuda a 30 años con rentabilidades superiores al 5%, niveles no vistos desde 2007.
La situación es especialmente interesante porque parte del mercado espera que Kevin Warsh adopte una postura más favorable a recortes si la inteligencia artificial termina generando ganancias de productividad.
El problema es que la Fed controla principalmente los tipos de corto plazo, pero no tiene una capacidad directa sobre las rentabilidades largas. Esto abre la puerta a un escenario donde la FED recorte tipos mientras el mercado mantiene o incluso eleva las rentabilidades a largo plazo. Aquí aparece el concepto de Yield Curve Control (YCC) o Control de la Curva de Rendimiento. A diferencia del QE tradicional, el YCC fija un objetivo de rentabilidad y compra deuda hasta mantener ese nivel.
Japón ya utilizó este sistema durante años.
Hoy parece un escenario lejano para Estados Unidos, pero si coinciden tipos cortos bajando, deuda pública creciente y bonos largos disparándose, el debate podría ganar importancia. El gran riesgo quizá no sea una nueva subida de tipos, sino que el mercado obligue a la Fed a elegir entre controlar la inflación, contener las rentabilidades o proteger la estabilidad del dólar.
Japón ya vivió algo parecido: durante años priorizó el control de la curva de tipos y terminó aceptando una fuerte debilidad del yen. Si Estados Unidos entrara en una situación similar, el debate dejaría de ser únicamente sobre inflación y pasaría a centrarse también en la credibilidad monetaria y la fortaleza del dólar.
Comentario del Ibex 35
Indra
La compañía ha anunciado hoy a la CNMV que su actual CEO, José Vicente De los Mozos, no continuará como CEO de la empresa cuando termine su mandato, el 30 de junio de este 2026.
Esto ha llamado la atención del mercado, ya que se esperaba que continuara su mandato. De hecho, ahora cogía una importancia mayor, dado que el presidente de Indra, Ángel Simón, no tiene cargo ejecutivo, a diferencia de lo que sí tenía Escribano.
Después de la salida de los Escribano del accionariado y el Consejo de Administración, con la salida de De los Mozos tendremos un mandato completamente nuevo.
De momento el mercado confía y está premiando la decisión. Sin embargo, el reto es importante: hablamos de una empresa en máximos históricos, con un sector defensa muy competido y con la necesidad de la empresa de buscar más allá de los contratos que le vengan directos de la administración española.
Si bien pensamos que Indra continuará beneficiándose de su migración a defensa, los inversores pueden exigir algo más aparte de los contratos españoles, con la vista puesta en Europa y otras partes del mundo.
ACS
La parte baja está copada por ACS.
La compañía presidida por Florentino Pérez ha anunciado un movimiento financiero reseñable.
ACS ha ejecutado una jugada simultánea para levantar capital a través de dos herramientas distintas. Por un lado, ha lanzado una ampliación de capital mediante la emisión de nuevas acciones por un valor de unos 700 millones de euros. Por otro lado, ha procedido a la liquidación de derivados mediante la cancelación anticipada de las permutas financieras (equity swaps) que mantenía con dos entidades bancarias, lo que le reportará un ingreso de unos 1.100 millones de euros.
Todos los recursos obtenidos se destinarán a acelerar su apuesta por el negocio de los centros de datos.
Este segmento se ha convertido en una pieza clave para el futuro de la constructora, ya que sigue incrementando exponencialmente su peso tanto en la cifra de negocios total de la compañía como en su cartera de pedidos global.
La ampliación ha contado con el respaldo total de sus dos socios de referencia, quienes han aprovechado la operación para elevar sus participaciones frente al resto del mercado. Florentino Pérez incrementa su control hasta el 14,72% del capital total, partiendo del 14,58% anterior. Al mismo tiempo, CriteriaCaixa sube con fuerza en el accionariado hasta alcanzar el 10,65%, frente al 9,36% previo.
El mercado está asimilando la operación con caídas debido a dos factores técnicos. En primer lugar, la emisión de nuevas acciones genera un efecto dilutivo para el resto de los accionistas. En segundo lugar, al haberse ejecutado la colocación a un precio cerrado de 125€ por acción, la cotización en bolsa tiende a corregir para ajustarse de forma natural a ese valor de referencia.
Pensamos que esta corrección entra dentro del cauce normal del mercado y no tiene una gran trascendencia negativa a largo plazo. Aunque la operación pone el foco en la alta concentración de riesgo en una sola división, la estrategia nos parece totalmente correcta. El sector de los centros de datos cuenta actualmente con una oportunidad de mercado muy atractiva, una demanda insaciable y una visibilidad excelente para generar flujos de caja libre consistentes.
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