- El oro cayó cerca de 25% desde su máximo de 2026, pese a que el conflicto en Medio Oriente mantuvo elevada la incertidumbre.
- El principal golpe vino por el alza de los rendimientos reales, que elevan el costo de oportunidad de mantener un activo que no paga cupón.
- La guerra impulsó petróleo, inflación esperada y dólar, pero esa combinación terminó reforzando el escenario de una Fed más restrictiva.
- El oro cayó cerca de 25% desde su máximo de 2026, pese a que el conflicto en Medio Oriente mantuvo elevada la incertidumbre.
- El principal golpe vino por el alza de los rendimientos reales, que elevan el costo de oportunidad de mantener un activo que no paga cupón.
- La guerra impulsó petróleo, inflación esperada y dólar, pero esa combinación terminó reforzando el escenario de una Fed más restrictiva.
El oro (GOLD) vivió una de las correcciones más fuertes del año, luego después de haber alcanzado máximos históricos en enero, el precio perdió tracción y cayó hacia la zona de US$4.078 por onza, con un retroceso cercano al 25% desde su máximo acumulado de 2026. Lo llamativo es que esta caída no ocurrió en un entorno de calma, sino en medio de la guerra entre Estados Unidos e Irán, una situación que en teoría debería haber sostenido la demanda por activos refugio.
La explicación está en que el mercado dejó de valorar al oro solo como cobertura geopolítica y empezó a castigarlo como activo financiero sin rendimiento. El oro cruzó por encima de US$5.500 por onza intradía a comienzos de año, pero llegó a caer por debajo de US$4.000 a fines de junio, mostrando una sensibilidad muy alta a los cambios de sentimiento, tasas y dólar.
Los rendimientos reales fueron el enemigo principal
Cuando suben los rendimientos reales de los bonos del Tesoro, el oro pierde atractivo relativo porque no genera intereses. El inversor puede seguir viendo al oro como seguro, pero ahora ese seguro compite contra activos de bajo riesgo que sí ofrecen retorno real positivo.
Aunque varios factores influyen en el oro, los cambios en los rendimientos reales han sido uno de los principales motores del precio en las últimas décadas. Históricamente, un aumento de 100 puntos base en el rendimiento real a 10 años se ha asociado con una caída cercana a 18% en el precio real del oro.
En los gráficos, esa relación aparece con claridad, porque mientras el oro profundizó su drawdown, la tasa real del Treasury a 10 años subió hacia 2,35%, acumulando cerca de 45 puntos base desde el máximo del oro. En ese contexto, el mercado exigió un descuento mayor para mantener una posición en oro frente a alternativas con rendimiento real positivo.
La Fed redujo el espacio para un oro caro
El segundo motivo fue el cambio en la lectura de política monetaria, dado que el conflicto en Medio Oriente no solo elevó la demanda de cobertura, como también encareció la energía y volvió a presionar la inflación. La Fed reconoció en su informe de julio que la inflación medida por PCE subió a 4,1% interanual en mayo, frente a 2,5% un año antes, con un salto adicional desde marzo vinculado al conflicto y a la energía.
Eso complicó la tesis alcista del oro, porque si la guerra eleva petróleo e inflación, el mercado no necesariamente compra oro, porque también empieza a descontar menos recortes o incluso más endurecimiento monetario. La Fed mantuvo el rango de la tasa de fondos federales en 3,50% a 3,75% y señaló que la inflación seguía elevada respecto al objetivo de 2%, en parte por shocks de oferta ligados a energía.
El tramo de 2 años del Treasury capturó ese ajuste con más fuerza. En el gráfico, el rendimiento a 2 años sube hacia 4,21%, mientras la tasa efectiva de fondos federales permanece cerca de 3,63%. Esa brecha refleja un mercado que empezó a descontar una Fed con menos margen para relajar condiciones financieras. Para el oro, eso fue especialmente negativo, porque la cobertura geopolítica quedó subordinada al costo de oportunidad.
La prima geopolítica dejó de compensar el golpe financiero
El tercer motivo es que la guerra no desapareció, pero su capacidad para sostener el oro se debilitó. Al comienzo del conflicto, el oro todavía tenía una prima de refugio, sin embargo, a medida que el petróleo absorbió buena parte del shock geopolítico y el dólar se fortaleció, el oro dejó de ser el principal vehículo de cobertura.
La Fed también destacó que los precios de energía subieron con fuerza por las restricciones al transporte en el estrecho de Ormuz y daños a infraestructura regional, lo que mantuvo volátil al petróleo. Esa dinámica favoreció más al crudo y al dólar que al oro. Forbes reportó en junio que el oro cayó incluso durante episodios de tensión con Irán, presionado por un dólar más fuerte y expectativas de alzas de tasas.
El gráfico muestra bien esa desconexión, dado que desde el inicio del periodo analizado, el Brent sube cerca de 79%, mientras el oro cae alrededor de 5,9% y el VIX retrocede cerca de 18%. Es decir, el mercado no estaba comprando un shock de riesgo generalizado, estaba comprando un shock energético. Para el oro, eso cambia completamente la lectura, porque un petróleo más alto puede terminar reforzando inflación, tasas y dólar.
El oro cayó porque dejó de ganar la batalla contra las tasas
El colapso del oro en 2026 no se explica por falta de incertidumbre, se explica porque la incertidumbre llegó con una combinación poco favorable para el metal, petróleo alto, inflación persistente, dólar firme y rendimientos reales en aumento.
Mientras la guerra mantenga presión sobre energía, el oro podría recibir apoyo táctico como cobertura. Pero para recuperar una tendencia alcista más sólida, el mercado necesitaría ver una caída convincente de rendimientos reales, una Fed menos restrictiva o un deterioro más amplio del apetito por riesgo. Sin eso, el oro puede seguir funcionando como seguro, aunque con un costo de oportunidad demasiado alto para justificar los precios extremos vistos a comienzos de año.
Fuente: xStation5.
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