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Metales siguen en máximos gracias a múltiples catalizadores: el oro y la plata han alcanzado nuevos máximos históricos en 2026, impulsados por la fuerte demanda como activo refugio en un contexto de incertidumbre geopolítica, expectativas de recortes de tipos de la Fed y presiones políticas sobre la independencia del banco central, lo cual ha debilitado el dólar y potenciado la compra de metales preciosos.
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Expectativas alcistas persistentes: analistas y casas de inversión están revisando al alza sus previsiones, con proyecciones que contemplan al oro rondando niveles aún más altos y la plata alcanzando o superando los 100 dólares.
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Metales siguen en máximos gracias a múltiples catalizadores: el oro y la plata han alcanzado nuevos máximos históricos en 2026, impulsados por la fuerte demanda como activo refugio en un contexto de incertidumbre geopolítica, expectativas de recortes de tipos de la Fed y presiones políticas sobre la independencia del banco central, lo cual ha debilitado el dólar y potenciado la compra de metales preciosos.
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Expectativas alcistas persistentes: analistas y casas de inversión están revisando al alza sus previsiones, con proyecciones que contemplan al oro rondando niveles aún más altos y la plata alcanzando o superando los 100 dólares.
Los metales extienden su histórico comienzo de año con el oro, la plata o el cobre alcanzando nuevos máximos históricos ante diversos catalizadores positivos que están impulsando su precio.
El precio de la plata y el oro sigue subiendo
El precio de la plata subió hasta un 5,3%, superando los 90 dólares la onza por primera vez en su historia, mientras que el del oro alcanzó otro nuevo máximo histórico. Muchos metales se están beneficiando de las perspectivas de una mayor demanda manufacturera, incluso en sectores en crecimiento como la inteligencia artificial, pero en el caso concreto de los metales preciosos, estos se benefician de los renovados ataques a la Fed por parte de la administración Trump y de un contexto geopolítico cada vez más tenso.
Esto ha llevado a las casas de análisis a subir su expectativa de precios sobre ambas. Una de ellas ha sido Citigroup, que prevé como escenario base que en menos de tres meses el oro alcance un precio de 5.000 dólares y la plata los 100 dólares.
La llamada "operación de devaluación" —en la que los inversores evitan los bonos gubernamentales y las divisas debido a la preocupación por el aumento de la deuda— ha impulsado el repunte en los últimos meses, especialmente en el caso de los metales preciosos. Un dólar más débil abarata las materias primas denominadas en dólares para muchos compradores internacionales. El precio del oro subió un 65% el año pasado, mientras que el de la plata se disparó casi un 150%, registrando ambos su mejor rendimiento anual desde 1979.
Aumenta la demanda
El temor a que se agreguen aranceles a la plata ha provocado que una gran cantidad de plata se quede atrapada en Estados Unidos, lo que limita los flujos hacia el mercado global, y ha generado fuertes momentos de estrés en los mercados cuando el resto de participantes han demandado plata en el corto plazo.
La demanda de activos refugio también se ha visto impulsada por la captura del líder venezolano, Nicolás Maduro por parte del presidente estadounidense Donald Trump, sus renovadas amenazas de tomar Groenlandia y las violentas protestas en Irán que podrían conducir al derrocamiento del régimen islámico.
La demanda de oro y plata como protección contra la inflación o la inestabilidad financiera debería continuar este año, aunque es poco probable que las ganancias sean tan fuertes como en 2025. De hecho, entre ambas el oro debería tener una mayor perspectiva alcista debido a las recientes incertidumbres geopolíticas, y las presiones inflacionarias como los estímulos fiscales, monetarios, desregulación, o las nuevas alzas del precio del petróleo.
Los ataques a la FED: el mayor catalizador para el oro y la plata
Pero quizás el evento más importante sea el ataque de Trump sobre la independencia de la FED, hecho mucho más grave de lo que podríamos pensar. Atacar a Powell no acelera el crecimiento ni abarata el crédito. Introduce una prima de riesgo institucional que Estados Unidos no necesitaba. Si la independencia del banco central se convierte en una variable política más, el coste no lo pagará Powell, sino la economía estadounidense.
La Fed —como el resto de los bancos centrales— nació para vigilar y corregir la irresponsabilidad económica y fiscal. Politizarla acerca a Estados Unidos a dinámicas propias de países emergentes y lo aleja de lo que Wall Street ha sido durante el último siglo: el epicentro financiero global.
El riesgo no está en la decisión puntual de la Fed hoy, sino en erosionar la credibilidad que hace que la política monetaria funcione, y eso penaliza la confianza en el dólar, permitiendo que otros activos ganen un mayor protagonismo como es el caso del oro o la plata.
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